El 3 de abril se cumplieron 3 meses del ataque militar de Estados Unidos a Venezuela, iniciando una nueva etapa de la revolución bolivariana, que parece oscilar entre las concesiones, condicionadas por la fuerza imperial, y la pasiva resistencia.
Por Ricardo Pose
Analizar esta Venezuela después de lo sucedido el tres de enero (3E), como corresponde, excede las posibilidades de éste artículo, debido al espacio disponible; sin embargo, los pueblos solidarios con el proceso revolucionario iniciado por Hugo Chávez a fines del siglo pasado, piden respuestas para poder comprender que es lo que esta sucediendo, en ésta realidad que se torna, con respeto a otras revoluciones conocidas, totalmente inusual.
La dinámica política generada a partir del ataque militar estadunidense en Venezuela, posiblemente encuentre más respuestas cercanas a la realidad pudiendo escuchar de primera mano a sus dirigentes, a los cuadros intermedios, a los dirigentes comunales y al pueblo que anda en Metro, las conversaciones en los centros de trabajo, en los diálogos de ocasionales clientes con los buhoneros (vendedores ambulantes), con los conductores de los diversos servicios de transporte, más que por los titulares o materiales que circulan en las redes.
En éste artículo como adelantamos, para evitar caer en esquematismos de temas que obligan a un desarrollo, dejaremos pendientes algunas respuestas, en lugar de categóricas afirmaciones.
En definitiva, si bien estos tres meses han tenido un vertiginoso cambio de escenario, aún es pronto para poder visualizar el rumbo que tomará la revolución, pues más allá de las distintas posturas y la decidida (¿decisiva?) gestión institucional de la presidenta Delcy Rodríguez, la bruma generada por la invasión del 3E y las políticas condicionadas a partir de esa situación, siguen sobre el horizonte.

¿Cambio o continuismo?
El secuestro del presidente Nicolás Maduro es el primer elemento de carácter inusual del actual proceso, que hay que poner arriba de la mesa.
La constitución venezolana ya tiene establecido, que, en caso de ausencia del presidente, su vicepresidente asume la presidencia por un plazo establecido (tres meses con opción a prolongarse 3 más) y de seguir la ausencia del primer mandatario, convocar a elecciones.
Así pasó con Hugo Chávez a su fallecimiento, pero ningún escenario tenía previsto el secuestro de un presidente y el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) debió determinar el rol presidencial de Delcy Rodríguez ante la peculiar situación.
Si Delcy Rodríguez podrá terminar el mandato que le fue otorgado a Nicolás Maduro hasta el 2030, o deberá convocar a elecciones anticipadas, es parte de la bruma.
Trump termina su mandato en el 2028 y habrá que ver como habrán evolucionado, entre otras medidas, las nuevas políticas de extracción del petróleo venezolano.
Dicho esto, la primera pregunta a intentar responder, es si las medidas tomadas por Rodríguez en éste periodo (reforma parcial de la Ley de Hidrocarburos y liberación de presos, entre las de mas impacto), es un cambio en la política que venía impulsando Nicolás Maduro.
Si nos atenemos a lo declarado por Maduro en la entrevista del primero de enero del 2026 (dos días antes de su secuestro) al periodista Ignacio Ramonet, Delcy Rodríguez viene ejecutando lo anunciado por el presidente constitucional.
Consultado sobre el relacionamiento con Estados Unidos a pesar de la evidente escalada, respondió Maduro a Ramonet: “Si algún día hubiera racionalidad y diplomacia, pudieran perfectamente conversarse todos los temas que ellos quieran. Nosotros tenemos la madurez y la altura. Además, somos gente de palabra, gente seria. Y algún día todo pudiera conversarse con el gobierno estadounidense actual o con quien venga después (…) El gobierno de Estados Unidos lo sabe, porque se lo hemos dicho a muchos de sus voceros: si quieren conversar seriamente sobre un acuerdo de lucha contra el narcotráfico, estamos listos. Si quieren petróleo, Venezuela está lista para inversiones estadounidenses como con Chevron. Cuando quieran, donde quieran y como quieran. Y si desean acuerdos integrales de desarrollo económico, también aquí en Venezuela, estamos listos”.
Para el gobierno de Nicolás Maduro y el actual, una cosa es la ultraderecha fascista representada por María Corina Machado y Edmundo González, y otra cosa el resto de la oposición que, dicho sea de paso, al 2026, tiene representación en la Asamblea Nacional y algunas alcaldías y Estado en su poder.
La agresión militar estadounidense iniciada con el cerco sobre el mar caribe desde octubre del 2025, generó un clima de un sentimiento soberanista que trascendió al partido de gobierno y que permite arribar a ésta medida de liberación de presos y el cierre de la cárcel del Helicoide como una poderosa señal política.
Cabe recordar que a las últimas elecciones de legisladores y gobernadores se presentaron 54 partidos políticos, que trascienden los que integran el oficialista Gran Polo Patriótico Simón Bolívar, siendo mucho de estos grupos políticos, pertenecientes a la oposición.
Si bien el discurso de Maduro era más intenso en cuanto a los planes de construcción del Estado Comunal, bajo la consigna de Chávez de “Comuna o nada”, el gobierno de Delcy Rodríguez gestionó la primera consulta nacional popular del 2026, en lo que parece ser un camino que no se va a desandar, y que, para los sectores más fieles del chavismo, es donde residen las bases y el alma de la revolución bolivariana.
Quizás, el fuerte discurso antimperialista de Maduro no permitía avizorar la apuesta a terminar con años de agresión imperial constante que venía soportando el pueblo venezolano desde al menos el 2014, con etapas criminales producto del bloqueo económico y los intentos insurreccionales de la extrema derecha.
La consigna de Unidad y Paz, viene siendo sostenida desde el gobierno de Nicolás Maduro, hasta el presente, una apuesta honesta que quizás pecó de ingenuidad frente al imperio, un rumbo estratégico que pretende mejorar las condiciones de vida del pueblo venezolano, al costo probablemente, de tomarse una pausa en un proceso de transformaciones profundas, como las que soñó Chávez. Quizás.
Liberación Nacional
Lo primero es recordar que Venezuela se encontraba en una etapa de Liberación Nacional desde la insurrección y gobierno del comandante Hugo Chávez.
La construcción del tránsito hacia el socialismo a la “venezolana”, se desarrollaba en un marco de “convivencia” con sectores de la burguesía nacional y una apuesta por buena parte de la clase trabajadora de resolver sus ingresos, no haciendo del salario, el reducto natural en la redistribución del ingreso y la riqueza.
Las urgencias de agenda a las que vinieron obligando todos estos años las medidas coercitivas por parte del imperialismo, operaron como un freno de mano en la construcción del proceso del Estado Comunal, que, a pesar de todo, hoy sobrevive como una alternativa y lucecita al final del camino.
Si este análisis es acertado, Venezuela no ha tenido otro derrotero que el sufrido en el siglo pasado por las revoluciones en Guatemala, Bolivia, República Dominicana, y el de todos aquellos procesos que, por distintos motivos, los diversos gobiernos yanquis han entendido que “amenazaban su seguridad nacional”, fuesen Republicanos o Demócratas quienes estuvieran al frente del imperio.
En la cantidad de hemoglobina venezolana derramada, está la diferencia entre Obama y Trump.
La liberación nacional, la batalla por la recuperación de soberanía, como en el juego del ludo, retrocedió algunos casilleros luego del 3E.

Conceder resistiendo, resistir concediendo
¿Cómo se expresa “la bruma” en la vida cotidiana venezolana?
Quizás lo primero es comprender que como atraviesa a todas las fuerzas políticas del planeta, distintas corrientes políticas y liderazgos conviven a la luz de la acumulación de fuerzas dentro del PSUV y del Gran Polo Patriótico, fuerzas políticas en el gobierno.
Ante lo inusual de la situación creada a partir del 3E, los matices se expresan con mayor o menor intensidad y los temas centrales vuelven a estar en debate, sin demostrar ante el enemigo la posibilidad de un quiebre de la convocatoria a una unidad política, que ahora también se extiende a los sectores demócratas de la oposición, actitudes de conceder una suerte de segunda oportunidad, que se acompaña por la profunda convicción cristiana de muchos de los militantes y cuadros de la revolución.
Pero también convivían y conviven las diferencias de visiones entre los cuadros institucionales y los dirigentes comunales, en los tiempos políticos del proceso visualizado por los militantes de los partidos en cargos de gobiernos y los militantes de los movimientos sociales, entre el mundo académico, intelectual y el rudo mundo militante con presencia en los territorios, entre la población politizada y la de escaso desarrollo político.
También cargaban la mochila de la revolución bolivariana, los que entendían hubo una revolución con Chávez, y los que entienden hubo otro proceso liderado por Nicolás Maduro, que debió ganarse su lugar de liderazgo, y que paradojalmente, es a partir de su secuestro, que se construye su propia épica.
Nada nuevo (ni extraño) bajo el sol.
El relato de que el “gobierno” lo maneja Estados Unidos, de que Venezuela va rumbo a ser un estado asociado, viene calando en sectores despolitizados, y es azuzado por la extrema derecha y el oportunismo de algunos sectores de izquierda.
Para buena parte de la población despolitizada, la mejora de la economía venezolana se inicia a partir del secuestro de Nicolás Maduro.
Esa impresión en la gente común, esa síntesis a fórceps, demuestra una dificultad de la revolución para difundir sus logros y sus dificultades; Venezuela viene creciendo económicamente, según informe de la CEPAL, en forma sostenida a razón de un 3% anual de su PBI, siendo la de mayor crecimiento en los últimos años en toda América Latina, al tiempo que arrastra las consecuencias de las más de mil sanciones económica impuestas por Estados Unidos y la Unión Europea.
En un artículo en mi blog El Tábano, titulado Es la guerra, estúpido, analizo el ataque militar y sus fases, desde la guerra cognitiva hasta el ataque cinético contra Venezuela, y como el método de guerra quirúrgica, aparentemente no fue tomado en cuenta por las FANB.
Lo cierto es que esa población que se alistó en las milicias, los militantes que durante casi más de dos décadas se vienen preparando para hacer de Venezuela, el Vietnam del siglo 21, siguen aturdidos.
Muchos y muchas me han expresado que no logran comprender como es que cada día pueden asistir a sus trabajos habituales y no están resistiendo en los montes; hay quienes se ponen en estado de alarma al escuchar el motor de un avión o de una explosión no identificada, y la sensación de que cada día el imperio puede encontrar un motivo para un nuevo ataque, es permanente.
Es que muchas veces desde fuera de Venezuela, se le ha impuesto la vara de no llevar adelante una resistencia militar, que sin presencia física de los gringos en el territorio (salvo esas dos horas para el secuestro), no hay contra quién hacerla, salvo entrar en la trampa de una guerra civil, ¿o se pretendía que Venezuela fuera Irán?
El gobierno de la presidenta encargada Delcy Rodríguez con el apoyo muchas veces unánime de la Asamblea Nacional que preside su hermano, Jorge Rodríguez, ha legislado en temas sensibles: modificación parcial de la ley de hidrocarburos, sosteniendo la soberanía del recurso, pero habilitando su explotación a empresas extranjeras, la ley de explotación de las minas de oro y otros minerales, una posible modificación a la ley de tierras de 1999 y la ley de amnistía, entre otras.
Al mismo tiempo, mantuvo contactos con la CIA y se reinauguró la embajada yanqui en Caracas, se amplió una política exterior que el gobierno de Nicolás Maduro tenía bastante ceñida, y realizó cambios en la más de la mitad del gabinete de gobierno, designando hasta el momento más de 14 ministros.
Todo apunta a una política de “buenos modales”, una aceptación del condicionamiento impuesto por la toma de un rehén y una superioridad militar, que lleva a estas pragmáticas concesiones, que podrían incluir en un tiempo no muy lejano, un escenario electoral.
O quizás sea todo lo contrario.
Si la idea al menos de Marco Rubio, de que el ataque militar colaborara una vez más, con la movilización de la ultraderecha para un escenario de subversión, no lo logró.
Hasta el propio Trump desestimó el liderazgo interno de Corina Machado y a pesar de las alabanzas del presidente estadunidense a Delcy Rodríguez, el chavismo sigue gobernando, incluido en la cartera del interior, Diosdado Cabello (por el que han pedido recompensa), y la reciente designación de un hombre duro al frente del ministerio de defensa, como es Gustavo González López.

El lucero en el horizonte
Con respecto a Venezuela, el gobierno de Trump hace gala del refrán, “Dios aprieta, pero no ahorca”; lo hace porque necesita acceder sin mayores costos políticos ni militares al petróleo venezolano, y porque ahora anda “distraído” con Cuba e Irán.
Si la economía venezolana sigue creciendo y es de esperar crezca aún más en la medida ingresen divisas por la venta de petróleo, combata eficazmente la especulación a pequeña y gran escala, y decida una distribución justa del ingreso y la riqueza, tiene la oportunidad única de reimpulsar el sueño del comandante Hugo Chávez de construcción definitiva del Estado Comunal.
Es en las comunas, que han desarrollado sus propias lógicas de funcionamiento político participativo, en la sustentabilidad de su producción y economía, que reside el gérmen del socialismo venezolano.
Ese desarrollo, en algún momento, obligará a nuevas redefiniciones, si bien no ya para “decretar” el inicio del socialismo, la necesaria consolidación de una etapa de soberanía y liberación nacional.
No son tiempos sencillos para ese proyecto dado el marco de gobierno reaccionarios en la región y Cuba priorizando su imperiosa resistencia, a pesar de seguir colaborando con recursos humanos en planes sociales en Venezuela.
Cuando Venezuela se alzó con el campeonato mundial de béisbol en Estados Unidos, la gente en la calle salió a festejar en un clima de “desquite”, una suerte de revancha de lo sufrido el 3E, que no tiene mayor dimensión que el triunfo en una contienda deportiva, pero que permitió percibir por parte de una buena parte de la población, un aprehendido espíritu antimperialista.
(Tomado de el Otro País)
(*) Ricardo Pose, es Periodista en: Mate Amargo, Caras & Caretas, Ceiba Periodismo con Memoria; Coordinador WEB Telesur; Columnista de El Otro País, periódico España; y radial en Cadena del sol (Rocha-Uruguay), Radio Gráfica de (Bs. As.-Argentina), Voces en Conversa (Maracaibo-Venezuela). Blog personal «El Tábano». Participa en Foros de debates de Lauicom (Universidad de la comunicación Venezuela). Integra la RedH capítulo Uruguay y la Dirección (suplente) del Sector Prensa Escrita de la Asociación de la Prensa Uruguaya (APU).