Sobre la frágil tregua armada y la derrota simbólica de Trump frente a Irán
La pausa de hostilidades entre EU e Irán durante dos semanas alivia momentáneamente la tensión, pero deja claro que las principales contradicciones entre ambas partes siguen sin resolverse, lo que crea el riesgo de una nueva escalada.
Por Carlos Fazio (*)
El martes 7 de abril de 2026 pasará a la historia como un día negro para Donald Trump. Por la mañana, desde la Casa Blanca, con su insensible y caótico estilo de negociación que lleva la marca de un gangster despiadado acostumbrado a salirse con la suya mediante la coacción y la imprevisibilidad, pero que ahora no está consiguiendo lo que quiere, Trump amenazó con la destrucción masiva de Irán si no cedía a su ultimátum postrero. Dijo: “Toda una civilización morirá esta noche, para no volver más”.
La advertencia, que de consumarse constituiría un crimen de guerra según del derecho internacional, fue publicada con total naturalidad en la red de su propiedad. Truth Social, junto a anuncios de bolígrafos con forma de bala, sombreros patrióticos y una cena de gala en Mar-a-Lago. Y agregaba: “Ahora que tenemos un Cambio de Régimen Total y Completo [en Irán], en el que prevalecen mentes diferentes, más inteligentes y menos radicalizadas, quizá pueda ocurrir algo revolucionariamente maravilloso, QUIÉN SABE. Lo averiguaremos esta noche, uno de los momentos más importantes de la larga y compleja historia del mundo”.
El mensaje, según consignó Katie Rogers, corresponsal del New Yorl Times en Washington, se difundía dos días después de que Trump conmemorara el Domingo de Pascua pidiendo a los iraníes que pusieran fin a su bloqueo del estrecho de Ormuz: “Abran el puto Estrecho, locos bastardos, o vivirán en el Infierno — SOLO VEAN. Alabado sea Alá”, escribió. En la mente del presidente y de sus asesores, el ultimátum pretendía poner fin a un conflicto autoinfligido y persuadir a Teherán para que abriera el estratégico estrecho.
Pero el martes por la noche todo cambió. Trump volvió al modo diplomático, canceló la “destrucción de la civilización” persa y anunció que había aceptado una propuesta mediadora de Pakistán, que exigía un alto al fuego de “doble vía” de dos semanas y el reinicio de negociaciones. Después de 39 días de haber desatado junto con el régimen sionista de Israel una guerra de agresión, traicionera e ilegal, fue, tácitamente, el reconocimiento de que había sufrido una enorme derrota estratégica. Aunque como buen productor de telerrealidad,dijo que EU había alcanzado y superado todos los objetivos militares en Irán y veía viable víaun acuerdo de paz, la tregua armada lo exhibe en su locura enfermiza, sociopática, de amenazar, asesinar, destruir, masacrar, sin pensar en lo que viene después de una guerra fracasada. Trump condicionó el alto al fuego a la “apertura completa, inmediata y segura” del estrecho de Ormuz y confirmó la recepción de una propuesta iraní de 10 puntos.
Por su parte, Irán aseveró que la aceptación de sus condiciones para una tregua de dos semanas significó para Washington y Tel Aviv “una derrota innegable, histórica y aplastante”. Según las autoridades de Teherán, a pesar de desplegar una fuerza abrumadora, Estados Unidos e Israel se vieron obligados a aceptar su propuesta, que incluye: un compromiso fundamental de no agresión; el mantenimiento del control iraní sobre el estrecho de Ormuz; la aceptación del enriquecimiento de uranio; el levantamiento de todas las sanciones primarias y secundarias, y el fin de todas las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU y de la Junta de Gobernadores de la AIEA; el pago de compensaciones a Irán; la retirada de las fuerzas de combate estadunidenses de la región y el fin de la guerra en todos los frentes, incluido el de la resistencia islámica en el Líbano.
El Consejo Superior de Seguridad Nacional de Irán, indicó que siguiendo las recomendaciones del nuevo líder supremo, el ayatolá Mojtabá Jameneí, se había decidido celebrar negociaciones con EU en Islamabad (capital de Pakistán) para ultimar los detalles, de manera que en un plazo máximo de 15 días, “una vez finalizada la victoria de Irán en el campo de batalla, esta pueda consolidarse también en las negociaciones políticas”. No obstante, advirtió: “Tenemos el dedo en el gatillo y, en cuanto el enemigo cometa el más mínimo error, responderemos con toda nuestra fuerza».

Claves de una derrota estratégica
Si bien las negociaciones que comenzarán el viernes 10 en Islamabad no significan el fin de la guerra, cabe consignar que Trump y el sionista Benjamín Netanyahu no lograron ninguno de sus objetivos declarados. Cometiendo traición y perfidia, lanzaron la guerra de agresión el 28 de febrero en medio de conversaciones nucleares indirectas entre Teherán y Washington. El objetivo inicial de Trump y su compinche israelí era la fantasía de un cambio de régimen en Irán. Por eso, la primera oleada de ataques se dirigió específicamente contra el líder de la Revolución Islámica, el ayatolá Seyed Ali Jamenei, quien fue asesinado junto con varios altos mandos militares. Las oleadas posteriores se dirigieron contra jefes castrenses y altos funcionarios iraníes. Sin embargo, el sistema de la República Islámica, que ha sobrevivido a casi cinco décadas de complots y conspiraciones, y cuya estructura institucional no se sustenta en un solo individuo, no sólo no colapsó sino que, esgrimiendo la legítima defensa según las normas del derecho internacional, contraatacó, infligiendo graves daños a sus enemigos y a las monarquías del Golfo Pérsico aliadas de Estados Unidos e Israel, que hospedaban las ahora destruidas bases militares del Pentágono en Medio Oriente.
Otro de los objetivos de Trump y Netanyahu era el programa nuclear iraní, definido como una amenaza existencial por el régimen expansionista de apartheid de Tel Aviv. Antes de la guerra del Ramadán (conflicto actual), engatusado por el aventurero Netanyahu, Trump amenazó con una acción militar para desmantelarlo, a pesar de que, tras la guerra de 12 días de junio de 2025, afirmó que el programa ya estaba “aniquilado”. Su intento, ahora, de infiltrar comandos especiales y atacar las instalaciones nucleares de Isfahán fracasó estrepitosamente, ya que el Pentágono perdió varios aviones sin lograr ningún resultado. Tampoco lograron diezmar el programa de misiles balísticos iraníes, otro objetivo estratégico israelí.
Trump también estaba obsesionado con el estratégico estrecho de Ormuz, que conecta el golfo Pérsico con el mar Arábigo, y por el que transitan buques petroleros y gasísticos de Arabia Saudita, Baréin, Catar, Emiratos Árabes Unidos, Irak, Irán y Kuwait, que llevan sus productos a través del océano Índico a países como la India o China. Había prometido abrirlo por la fuerza, pero fracasó. La Armada iraní había cerrado de facto la vía marítima a los buques estadunidenses y aliados tras el inicio de la guerra no provocada. Cualquier intento de cruzar el estrecho sin el consentimiento de Irán era una receta para el desastre. Trump lanzó varias amenazas: reabrir el estrecho o enfrentarse a ataques contra las centrales eléctricas, las plantas desalinizadoras, los puentes y otras infraestructuras críticas civiles iraníes. Los plazos se modificaron de 48 horas a cinco días, luego a diez días y finalmente a 48 horas, antes de que finalmente cediera y aceptara sentarse a negociar la propuesta de 10 puntos de Irán. Un par de horas antes de su anuncio, Trump había fracasado, también, en el Consejo de Seguridad de la ONU, gracias al veto de China y Rusia a una propuesta de resolución de Baréin, donde respaldado por Washington no se denunciaba los ataques de Israel y EU a Irán y sí la aceptación a abrir el Estrecho de Ormuz por la fuerza; lo que de hecho significaba castigar a la víctima y aceptar la criminalidad del victimario.
En síntesis, los cambios constantes en los objetivos de la inútil campaña militar estadunidense/israelí, desde el primer día hasta el cuadragésimo, revelaron una asombrosa falta de estrategia y claridad.
Millonarias pérdidas del Pentágono
Más allá del fracaso estratégico, Estados Unidos sufrió graves daños militares y económicos a causa de los ataques de represalia de la “Operación Verdadera Promesa 4” de Irán: 100 ataques en 40 días. Según informes especializados, solo durante la primera semana, los ataques de represalia iraníes costaron a los contribuyentes estadunidenses más de mil millones de dólares. El despliegue de portaviones y aviones de combate representó 630 millones de dólares, mientras que la pérdida de aviones F-15 E en Kuwait sumó casi 300 millones de dólares, según un análisis de Press TV.
La guerra se había convertido en una trampa costosa para la administración Trump, ampliamente considerada un error de cálculo estratégico sin ganancias, solo pérdidas. Precisamente, por eso, el papel del criminal de guerra y prófugo de la justicia internacional, Benjamín Netanyahu, fue clave. Como no podía hacerlo solo, arrastró a Trump a una guerra innecesaria. Pero un total de 100 oleadas de ataques con misiles y drones iraníes arrasaron bases militares estadunidenses en toda la región, obligando a las fuerzas del Pentágono a abandonar sus posiciones fortificadas y refugiarse en hoteles y oficinas, donde también fueron golpeados. Y si bien Washington ha minimizado el número de bajas, especialmente el de muertos, estimaciones independientes cifran las muertes en cientos.
La Quinta Flota del Pentágono en Baréin, bastión de la presencia militar estadunidense en el Golfo Pérsico, sufrió los daños más graves. Los ataques iraníes impactaron repetidamente su cuartel general en Manama, demostrando un nuevo modelo de guerra asimétrica e infligiendo daños irreparables a la infraestructura, los depósitos de municiones y los edificios de mando.
El poder aéreo de EU también sufrió grandes pérdidas, amén de que el espacio aéreo iraní pertenece a Irán, y cualquier nueva intrusión será respondida con el mismo fuego. El 27 de marzo, el Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica (CGRI) destruyó un avión E-3 Sentry AWACS valorado en 700 millones de dólares en la base aérea Príncipe Sultán, en Arabia Saudí, junto con varios aviones de guerra electrónica y aviones de reabastecimiento en vuelo. Días antes, Irán y las fuerzas de la Resistencia iraquí derribaron seis aviones cisterna KC-135 Stratotanker, pilares fundamentales del reabastecimiento aéreo. Días después, Irán logró derribar un caza furtivo F-35 Lightning II por primera vez en su historia. Ese activo multimillonario del ejército estadunidense fue atacado en el centro de Irán. Varios F-15, F-16, F-18, más de una docena de drones MQ-9 Reaper y más de 170 drones también fueron derribados o dañados. Cuatro radares AN/TPY-2 THAAD y una instalación de alerta temprana de Catar, valorada en mil millones de dólares, también fueron alcanzados.
El 3 de abril, considerado un viernes negro, la Fuerza Aérea de EU perdió un F-15 E Strike Eagle, un A-10 Thunderbolt II, varios drones MQ-9 Reaper y plataformas de reconocimiento Hermes también fueron derribadas por las defensas aéreas iraníes, que han mejorado considerablemente desde la guerra de los 12Días. Pero como veremos, el domingo 5 sería peor.

Los dos factores que empujan a Trump a negociar
El martes 7, el canal panárabe Al Mayadeen citó a una fuente militar de alto rango iraní que reveló los dos factores que empujaban a Trump a negociar: la situación en el estrecho de Bab ElMandeb y la fallida operación de Isfahán, el domingo anterior. Según el mando castrense, a pesar de las fanfarronadas de Trump, Washington tomaba muy en serio las amenazas de cierre del estrecho de Bab El-Mandeb por el movimiento de Resistencia Ansarolá de Yemen, especialmente tras detectar movimientos operativos relacionados con ellas. Además, dijo que Trump y su entorno, pese a sus habituales exageraciones propagandísticas, eran plenamente conscientes de la magnitud del revés estratégico sufrido en la fallida operación de Isfahán. La fuente señaló además que la administración Trump reconocía que no tiene margen para avanzar sobre el terreno ni para sostener un enfrentamiento exitoso con Irán en el ámbito marítimo, y que anticipaba un incremento significativo en los precios de los hidrocarburos..
El domingo 5, las Fuerzas Armadas iraníes destruyeron varias aeronaves enemigas al sur de Isfahán. Falsamente, ese día Trump declaró que el Ejército estadunidense realizaba operaciones de búsqueda y rescate del segundo piloto del caza F-15 derribado el viernes 3, afirmando que “decenas de aeronaves” participaron en esa misión. Tras ese episodio, el portavoz de la Cancillería iraní, Ismail Baghaei, destacó las interrogantes que rodeaban la acción estadunidense, sugiriendo que podría estar vinculada a un intento de apoderarse de uranio enriquecido iraní. Subrayó que la operación violó la soberanía de Irán y que persistían dudas sobre la versión estadounidense debido a la distancia entre el punto de aterrizaje de las aeronaves estadunidenses en Isfahán y el lugar señalado oficialmente en la provincia de Kohgiluyeh y Boyer Ahmad.
En paralelo, información publicada por The Washington Post coincidía con esas sospechas: el diario reportó que el Ejército propuso a Trump un plan para incautar unos 450 kilogramos de uranio altamente enriquecido en territorio iraní. Dicho plan contemplaba el traslado aéreo de equipos de perforación y la construcción de una pista de aterrizaje para aviones de carga C 130, con el fin de extraer y sacar del país el material radiactivo. A ello se sumaba que parte del uranio iraní se encuentra en instalaciones fortificadas, entre ellas un emplazamiento cercano a Isfahán ubicado en túneles profundos, cuyo acceso requeriría operaciones de perforación complejas y estrictos protocolos de seguridad, posiblemente acompañados de un despliegue terrestre de gran escala.
A su vez, el martes, información exclusiva obtenida por Press TV, citada por los medios árabes Hispantv y Al Mayadeen, reveló que fuerzas especiales de EU cayeron en una trampa tendida por Teherán, al intentar infiltrarse en las instalaciones nucleares iraníes en Isfahán y sufrieron una vergonzosa y aplastante derrota estratégica.
Según Press TV, la operación de EU en Isfahán no tenía ninguna relación con la supuesta misión de rescate de un piloto del caza F-15 Eagle derribado. El fallido ataque se produjo después de que la aviación estadunidense llevara a cabo extensas operaciones de reconocimiento aéreo en los días previos a la incursión. Durante esas misiones iniciales de infiltración y reconocimiento, Estados Unidos, y posiblemente el régimen sionista, perdieron un número significativo de aeronaves, incluyendo al menos un A-10 Thunderbolt II y dos helicópteros Black Hawk. La información obtenida por Press TV revela que la “hora cero” de la fallida operación de Isfahán se fijó durante una reunión secreta en la Casa Blanca bajo la supervisión directa del propio presidente Trump.
El lugar de aterrizaje para dos aviones de transporte Hércules C-130, elegido tras un reconocimiento previo, era una pista abandonada situada peligrosamente cerca de una de las instalaciones nucleares. El medio sostuvo que el error de cálculo de los estadunidenses fue creer que la defensa aérea iraní no podría contrarrestar las aeronaves implicadas en esa operación. Asimismo, algunos indicios apuntan a que generales estadunidenses destituidos habían advertido seriamente al secretario de Guerra,Pete Hegseth, sobre el alto riesgo de una operación de ese tipo. Sin embargo, debido a la falta de conocimientos militares y a la insistencia de Trump en seguir adelante, los generales fueron destituidos apenas días antes de la operación de Isfahán. Aun así, se desplegaron múltiples aeronaves para la operación, mientras que las Fuerzas Armadas y de seguridad iraníes se encontraban en estado de máxima alerta, esperando su llegada.
De hecho, los comandos especiales de EU cayeron directamente en una trampa tendida por las fuerzas iraníes, que inicialmente no mostraron una reacción seria ante el aterrizaje del primer C-130 que transportaba a decenas de soldados de élite. La evidencia muestra que esa aeronave se desvió ligeramente al aterrizar en la pista de tierra abandonada. Minutos después, se aproximó un segundo avión C-130 que transportaba vehículos especializados, cuatro helicópteros MH-6 Little Bird, dos MQ-9 Reaper y cuatro helicópteros modelo UH-60 Black Hawk que fueron derribados. En ese momento, las fuerzas iraníes ya desplegadas en el lugar atacaron al segundo avión antes de que pudiera aterrizar, convirtiendo su aterrizaje normal en uno de emergencia. Dos helicópteros Black Hawk llegaron poco después. Fue en ese momento cuando los aviones, helicópteros y comandos que habían desembarcado del primer avión se convirtieron en objetivos perfectos para las Fuerzas Armadas iraníes.
Después de que las fuerzas especiales de EU se dieron cuenta de que habían caído en la trampa, la sala de crisis de la Casa Blanca tomó una decisión crucial: la operación principal para infiltrarse en el sitio nuclear se transformó en una operación de rescate desesperada para las decenas de comandos estadunidenses atrapados bajo el fuego iraní. El Pentágono envió inmediatamente varios aviones más pequeños para evacuar a sus fuerzas, logrando a duras penas reunir a los comandos y sacarlos de la situación mortal. La operación de rescate se llevó a cabo con tanta prisa que algunos soldados y oficiales abandonaron su equipo, incluyendo, según las pruebas en poder de Press TV, el documento de identificación de un oficial estadunidense que había quedado en la zona, para salvar sus vidas.
Tras la evacuación de los comandos, cazas estadunidenses establecieron una línea de fuego con un radio de 5 kilómetros para impedir que las fuerzas iraníes se acercaran a los C-130 abandonados en la pista de aterrizaje. Los cazas también bombardearon intensamente su propio equipo para evitar que cayera en manos iraníes. Las fuerzas especiales ni siquiera tuvieron la oportunidad de volar con los helicópteros especiales Little Bird; algunos fueron destruidos en tierra, mientras que otros fueron destruidos dentro del segundo avión C-130.
Pero hay algo aún más grave. Según declaró el domingo el portavoz del Cuartel General Central de Jatam al-Anbia, “las aeronaves fueron derribadas por la defensa aérea iraní, y las propias fuerzas de Estados Unidos terminaron bombardeando a sus propios soldados”. “La humillación del presidente Trump y de su ejército derrotado no podrá repararse con retórica, guerra mediática ni operaciones psicológicas”, apostilló el vocero castrense iraní. Según fuentes militares iraníes, al menos cinco militares estadunidenses murieron en la operación.
La aplastante derrota de la operación de Isfahán, habría provocado que Trump celebrara apresuradamente y de forma caótica varias ruedas de prensa para encubrir el fracaso y presentarlo, falsamente, como una operación de rescate de pilotos. La información obtenida por Press TV describe estas maniobras propagandísticas lideradas por Trump y su poco informado secretario de Guerra, Hegseth, como reminiscencias de las películas de Hollywood: “mentiras al estilo Goebbels” que ni siquiera han sido aceptadas por gran parte del público estadunidense. Burlándose de las afirmaciones de Trump, el presidente del Parlamento iraní, Mohamad Baqer Qalibaf, publicó una imagen de los restos destruidos del C-130 en su cuenta X, escribiendo con sarcasmo: “Si Estados Unidos consigue tres victorias más como esta, quedará completamente arruinado”.
“¿Cómo es posible que un país que supuestamente no tiene defensa aérea ni ejército ni fuerzas armadas haya logrado derribar y destruir tantos aviones de combate y diversas aeronaves, y que siga ampliando su lista de diferentes tipos de aviones de combate, aviones, helicópteros y drones destruidos?”, declaró a Press TV una fuente de alto nivel en Teherán. Según señaló, la fallida operación de Isfahán podría registrarse como el peor y más humillante fracaso del ejército estadunidense, incluso peor que la fallida operación de Tabas de 1980, en la que un intento de rescate fallido acabó en desastre para Washington. La información obtenida por Press TV, señala que las fuertes repercusiones de este gran fiasco de Trump afectarán no solo el curso de la guerra, sino también el futuro político del imprudente e ignorante inquilino de la Casa Blanca, su partido republicano y el panorama político de Estados Unidos durante años.
En el plano estratégico, Irán ha ido más allá del campo de batalla. El control del Estrecho de Ormuz ha cambiado las reglas del juego. Ya no se trata solo de misiles o aviones, sino del control de una arteria clave de la economía global.

El factor yemení
En el marco de la desesperada y furiosa guerra psicológica de Trump, quien había amenazado con atacar y destruir puentes, centrales eléctricas e instalaciones desalinizadoras iraníes, “abrir las puertas del infierno”, “acabar con una civilización” y devolver al país a la “edad de piedra” a las 20 horas de Washington del 7 de abril si Irán no se sometía a sus designios, autoridades de Teherán habían advertido que si la situación “se sale de control”, toda la región y Arabia Saudita quedarán en “completa oscuridad” y sus aliados cerrarán el estrecho de Bab el-Mandeb, que, al igual que el de Ormuz, reviste una gran importancia económica al constituir la ruta marítima que une Asia con Europa.
El viernes 3 de abril, el presidente del Parlamento iraní, Mohamad Baqer Qalibaf, preguntó en una publicación en X: “¿Qué porcentaje de los envíos mundiales de petróleo, gas natural licuado, trigo, arroz y fertilizantes pasa por el estrecho de Bab El-Mandeb?”
Un par de días antes, después de más de cuatro semanas de lo que podría describirse como una ambigüedad constructiva, un alto funcionario del movimiento de resistencia popular de Yemen, Ansarolá, afirmó que todas las opciones seguían sobre la mesa, incluido el cierre del estrecho de Bab El-Mandeb a los buques pertenecientes a países implicados en agresiones contra Irán y los grupos del frente de la Resistencia regionales.
El estrecho de Bab El-Mandeb conecta el mar Rojo con el Golfo de Adén y el Mar Arábigo, sirviendo como una puerta de entrada crucial entre Asia, África y Europa a través del Canal de Suez. Según cifras citadas en análisis recientes, más de ocho millones de barriles de petróleo transitan diariamente por el estrecho, junto con 58 buques metaneros. Alrededor del 40 % del comercio entre Asia y Europa se realiza a través de esta ruta. Ese corredor también transporta aproximadamente el 20 por ciento del comercio marítimo mundial de arroz, el 20 por ciento del comercio marítimo mundial de trigo y el 40 por ciento del comercio marítimo de fertilizantes. Se estima que el valor anual de los bienes y servicios que transitan por esta ruta supera los 800 mil millones de dólares.
Si bien Yemen enfatizó que sus acciones se dirigen únicamente contra fuerzas estadunidenses y sionistas, y no contra poblaciones musulmanas, también lanzó una advertencia a Arabia Saudí y a los Emiratos Árabes Unidos, instándolos a no tomar medidas que puedan endurecer aún más el bloqueo sobre Yemen. Esta advertencia parece ligada a la postura de Riad y Abu Dabi en medio de los cambios de alineamiento en la región.
Los yemeníes perciben la guerra como existencial. Creen que la agresión militar ilegal y no provocada contra Irán forma parte de un plan más amplio que amenaza a múltiples países de la región y allanan el camino hacia el proyecto sionista del “Gran Israel”. El liderazgo yemení parece creer que todavía cuenta con opciones estratégicas y palancas de influencia, especialmente al entrar la guerra en su segundo mes. Existen varias herramientas y estrategias disponibles para Ansarolá, muchas de las cuales han sido probadas con éxito en conflictos anteriores. Anticipando que esta ronda de la guerra podría prolongarse más de lo esperado, Yemen parecía estar modulando sus acciones y reservando posibles sorpresas adicionales. Ansarolá también posee capacidad para realizar operaciones navales significativas a lo largo de una amplia región que se extiende desde el Mar Rojo hasta el Océano Índico, incluyendo el estrecho de Bab El-Mandab, el golfo de Adén y el mar Arábigo. Frente al genocidio israelí en Gaza y en solidaridad con los palestinos, el frente militar de Ansarolá que incluyó el bloqueo del mar Rojo, llevó al puerto sionista de Eilat a la bancarrota.
La intervención militar de Yemen refleja un principio de acción colectiva frente a una amenaza común y contribuye a lo que considera un frente defensivo más amplio en toda la región. Este paso también subraya su transición de la unidad ideológica y política hacia una coordinación militar plena dentro del Eje de la Resistencia. En la actual coyuntura, el enfoque de Ansarolá en la guerra ha sido definido en la doctrina “Golpear primero. Golpear fuerte. Antes de que el enemigo se mueva, la batalla ya está decidida”.
Antes del alto al fuego del martes, la misión naval europea Aspides había advertido a los buques mercantes que evitaran las aguas yemeníes, lo que refleja la creciente preocupación por la seguridad del corredor. Cualquier interrupción en el transporte marítimo a través de este paso probablemente obligaría a los barcos a desviarse rodeando el Cabo de Buena Esperanza, lo que añadiría entre ocho y nueve días a los viajes y aumentaría los costes de transporte, las primas de los seguros y los precios de los productos en Europa y Asia.
El veto de China y Rusia en el Consejo de Seguridad
El martes 7, China y Rusia vetaron un proyecto de resolución sobre la seguridad de la navegación en el estrecho de Ormuz, presentado por Baréin y respaldado por Estados Unidos, que recibió 11 votos a favor, con las abstenciones de Pakistán y Colombia.
Durante la reunión del Consejo de Seguridad en la que se evaluaba la crisis en Medio Oriente, el embajador de Irán ante la ONU, Mir-Saeid Iravani, había rechazado categóricamente un alto al fuego temporal. Explicó que la decisión iraní respondía a lo ocurrido en junio del año pasado, cuando Washington y Tel Aviv también atacaron al territorio de la nación persa y “las hostilidades se reanudaron bajo un pretexto falso”. Agregó que en este contexto, “un alto el fuego solo serviría (a los agresores) para rearmarse y prepararse para seguir cometiendo crímenes”.
En su intervención, Iravani calificó como “retórica impropia de cualquier líder político” las declaraciones del presidente Trump, en las que amenazó con desaparecer “una civilización entera”, refiriéndose a los ataques a Irán. “Recurrió a un lenguaje no solo profundamente irresponsable, sino también sumamente alarmante. Declaró que toda la civilización morirá esta noche, para no volver jamás. Tal retórica es impropia de cualquier líder político y mucho menos del jefe de un [Estado que es] miembro permanente del Consejo encargado del mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales”.
A su vez, el representante permanente de Rusia ante la ONU, Vasili Nebenzia, explicó que la decisión del Kremlin de vetar el proyecto de resolución sobre el estrecho de Ormuz se debió a que Moscú no puede apoyar un documento que sentaría un peligroso precedente. “La Federación de Rusia no ha podido respaldar un texto que sentaría un peligroso precedente para el derecho internacional, para el derecho internacional del mar, para cualquier iniciativa internacional en favor de la paz, así como para la autoridad del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas” destacó el alto diplomático ruso. En este contexto, enfatizó que Moscú había pedido un enfoque “equilibrado” y “objetivo” en discusiones previas. Nebenzia sostuvo que la raíz de la crisis en Medio Oriente está en los “actos ilegales e imprudentes” de Washington y Tel Aviv. “Atacar a Irán no es posible y no es aceptable”, aseveró, al añadir que esos llamados “cayeron en oídos sordos”.
El alto diplomático también resaltó que Rusia entiende la situación de los países del Consejo de Cooperación del Golfo y de Jordania, y explicó que por ese motivo se abstuvo en la votación de una resolución anterior, la 2817. “No fue una decisión fácil para nosotros”, señaló. Sobre el texto vetado, Nebenzia afirmó que Baréin y sus socios “fueron mucho más lejos” al presentar lo que describió como un enfoque “fundamentalmente erróneo y peligroso”. Dijo que “casi cada párrafo del borrador que propusieron abundaba en elementos desequilibrados, inexactos y confrontacionales”. Y agregó que la resolución impulsada por Baréin “daba carta blanca” a acciones agresivas contra Irán.
Por su parte, el embajador de China ante la ONU, Fu Cong, también rechazó enérgicamente el borrador, advirtiendo que su aprobación podría exacerbar aún más la situación. Aseveró que la resolución era “altamente susceptible de ser malinterpretada o incluso de ser objeto de abuso”. Fu añadió que aprobar la resolución “enviaría un mensaje equivocado y tendría consecuencias graves, muy graves”, haciendo hincapié en el riesgo de agravar el conflicto en lugar de resolverlo. Según reveló TheNew York Times la noche del martes, Irán aceptó la propuesta de alto al fuego debido a intensos esfuerzos diplomáticos pakistaníes y la intervención de última hora de China, un aliado clave. Otras fuentes aseveraron que China garantizaría el curso de las negociaciones. No obstante, en dos oportunidades anteriores ha quedado claro, que Trump y Netanyahu fingen negociar, para después traicionar.
El miércoles 8, al hacer un breve control de daños, el jefe del Estado Mayor Conjunto de EU, general Dan Caine, declaró que la tregua de dos semanas pactada con Irán solo marca “una pausa” y que las fuerzas conjuntas de EU “permanecen preparadas para reanudar las operaciones de combate si se les ordena, con la misma velocidad y precisión que hemos demostrado en estos 39 días”. A su vez, el vicepresidente J.D. Vance, describió como “frágil” el acuerdo de alto al fuego. Por su parte, en su alegato de victoria, el siempre histriónico y desmesurado secretario de Guerra, Hegseth, aseguró que el país persa “suplicó por un cese al fuego y todos los sabemos”. (sic)
Medios sionistas exhiben la rendición de EU e Israel
En rigor, Trump buscaba desesperadamente una salida del atolladero que él mismo había contribuido a crear, y el mundo presenció algo sin precedentes: la derrota de una superpotencia a manos de una nación que, en defensa de su autodeterminación y soberanía, se niega a ceder. Pero también, como arguyó el miércoles 8 el líder de la oposición israelí, Yair Lapid, fue una derrota para Netanyahu, quien “fracasó y no alcanzó ninguno de sus objetivos”,
Lapid arremetió contra el primer ministro Netanyahu, por el alto el fuego y el fracaso estratégico que sufrió en la guerra con Irán. “Nunca en nuestra historia se había producido un desastre diplomático semejante”, escribío en X. Lapid criticó que Israel ni siquiera estuvo presente en las negociaciones cuando se tomaron decisiones relativas al núcleo de su seguridad. Denunció, además, que Netanyahu “fracasó diplomáticamente, fracasó estratégicamente y no alcanzó ninguno de los objetivos que él mismo se había fijado (…) Nos llevará años reparar el daño diplomático y estratégico que Netanyahu causó debido a su arrogancia, negligencia y falta de planificación estratégica”.
Según medios israelíes, los iraníes “hicieron lo que quisieron con la administración Trump” y lo sucedido “no es solo un logro iraní, sino una gran victoria”. El Canal 14 criticó al presidente Trump, preguntándole: “¿En qué mundo vive cuando promueve un acuerdo de rendición como un logro?” Agregó que “lo más preocupante es que Israel no niega esta locura”. Según el medio, Trump “se ha convertido en el hazmerreír del mundo y no ha podido soportar la presión”, describiéndolo como un “hombre débil”. El anuncio del alto el fuego coincidió con el lanzamiento de misiles desde Irán hacia Israel, por lo que el medio consideró que “esto refleja una burla hacia nosotros”.
Por su parte, Maariv aseveró que Israel y EU emergen de la batalla con un acuerdo que es esencialmente una “rendición estratégica”, expresando que Irán y sus aliados parecen ser los únicos vencedores del enfrentamiento. Según el diario hebreo, 40 días de combates terminaron con una rotunda victoria iraní, e Irán logró involucrar a Israel y EU en un acuerdo que incluye elementos de rendición por ambas partes, explicando que Washington y Tel Aviv abandonaron la mayoría de sus objetivos bélicos y crearon una nueva realidad regional. Al comparar los objetivos y principios de la guerra con los resultados, queda claro que Irán se alzó como la parte superior. Además, mencionó que Irán no entregó su uranio enriquecido, al tiempo que continúa con su programa nuclear civil.
En ese sentido, un periodista israelí escribió en X el “significado” del acuerdo: “después de aproximadamente un mes y medio de guerra, la amenaza de destruir toda una civilización, y finalmente la retirada y la aceptación de todas las condiciones principales de la parte contraria que amenazaba con bombardear y destruirla. Extraño, vergonzoso y especialmente muy malo para Israel”.
(*) Carlos Fazio, escritor, periodista y académico uruguayo residente en México. Doctor Honoris Causa de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo. Autor de diversos libros y publicaciones. Miembro de la Red de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad (Capítulo México)
Foto portada gentileza de TeleSur