Por Maribel Acosta Damas (*)
El pasado lunes 16 de marzo, poco después del mediodía, el sistema eléctrico cubano se desconectó totalmente. El país quedó a oscuras. Sin averías en las plantas generadoras funcionando, el déficit de generación era de máxima gravedad. Sin combustible desde que Trump anunciara el bloqueo energético a Cuba, la red perdió su frágil estabilidad y resultó en otro apagón general en menos de 15 días. Inmediatamente comenzó la conexión a través de islas creadas en todo el territorio, pero de mucha complejidad dada la falta de combustible en el país que auxiliara el proceso. Ya Cuba está nuevamente interconectado pero la fragilidad de la red es tal, que podría ocurrir nuevamente en cualquier momento. Continúan el déficit y los largos apagones.
La información pública da cuenta de que, tras el secuestro de Maduro, la administración de Donald Trump activó las medidas de máxima presión diseñadas para forzar un colapso sistémico en la isla, de donde provenía el 60% del combustible destinado al funcionamiento del sistema eléctrico y la economía nacional.

Análisis recientes ratifican que “el bloqueo no se limitó a la prohibición de suministro de petróleo a Cuba. Incluyó una campaña de intercepción física de buques tanque en el Caribe y otras regiones. El Comando Sur de los Estados Unidos y el Comando del Indo-Pacífico coordinaron la captura de al menos diez tanqueros vinculados a la red de suministro cubana entre diciembre de 2025 y febrero de 2026 (…) Estas acciones, denominadas por la Casa Blanca como una «cuarentena de buques sancionados», cortaron efectivamente las arterias vitales del sistema eléctrico cubano. Al momento del apagón del 16 de marzo, Cuba no había recibido un solo cargamento de petróleo extranjero en más de tres meses.”
La apuesta al colapso cubano incluye la persecución financiera sobre la infraestructura eléctrica de la isla dónde las termoeléctricas tienen más de 40 años de explotación sin que hayan podido recibir mantenimientos ni modernización tecnológica profunda. Las piezas altamente especializadas que requieren no pueden llegar a Cuba, por la designación de la isla por Estados Unidos como país patrocinador del terrorismo. Empresas globales como Siemens, GE o Alstom, no pueden comerciar con Cuba por este mandato y la activación del Título III de la Ley Helms-Burton.
“Los datos son elocuentes: 40 bancos extranjeros se negaron a realizar operaciones con Cuba, bloqueando 140 transferencias bancarias relacionadas con la compra de insumos para el sistema eléctrico. En 2023, una empresa europea canceló el suministro de repuestos para turbinas que habrían aportado 100 MW al sistema nacional, alegando temor a sanciones de la OFAC, a pesar de que Cuba ya había garantizado el financiamiento (…) Adquirir un sensor técnico que cuesta 500 dólares en el mercado internacional puede implicar un costo de hasta 10.000 dólares para Cuba debido a la necesidad de utilizar terceros y cuartos países para evadir la persecución financiera. Especialistas extranjeros han rehusado viajar a la isla para supervisar reparaciones críticas en plantas como la de Cienfuegos debido a amenazas directas de revocación de visados y sanciones personales.”
“Cuba se encuentra atrapada en un modelo energético de la era soviética, físicamente incapaz de sostener una economía moderna bajo sanciones.”
Las consecuencias arrojan una crisis humanitaria sin precedentes. El impacto se extiende a toda la vida de la isla: la alimentación, la salud y el agua. En los hospitales se han reducido drásticamente los servicios. “El oxígeno médico se raciona. Las cirugías programadas se suspenden. El 80% de los equipos de bombeo de agua están paralizados. La falta de electricidad impide el llenado de tanques elevados y el bombeo a las redes urbanas.”
Las familias pierden sus alimentos por la falta de refrigeración. La falta de combustible para camiones recolectores genera focos infecciosos en las ciudades y las universidades han cerrado temporalmente ante la imposibilidad de abrir sus instituciones.
La contraparte es que el gobierno de Trump utiliza el colapso del sistema eléctrico como una herramienta de negociación directa para forzar cambios políticos en una genocida estrategia no solo para ahogar a Cuba sino “para expandir la influencia comercial y política de Estados Unidos en el Caribe.”
“El colapso del sistema eléctrico cubano el 16 de marzo de 2026 no fue un accidente. Es el resultado previsible y calculado de una estrategia de asfixia total. Lo que las estadísticas de la Unión Eléctrica registran como un «déficit de capacidad» es, en realidad, el reflejo en los hogares, hospitales y escuelas de una guerra energética declarada.”
“Este escenario no es un daño colateral de la geopolítica, sino la manifestación más cruda del uso del bloqueo como arma de guerra. Al impedir la entrada de combustible y paralizar la capacidad de generar electricidad, se busca desarticular no solo la economía, sino la vida misma de la nación. La oscuridad no es solo física: es la oscuridad de un futuro negado por la coerción.”
El colapso energético cubano es la apuesta genocida por una muerte anunciada.
(*) Maribel Acosta Damas, Dra. en Ciencias de la Comunicación Social, Periodista cubana y docente de la Universidad de La Habana, trabaja y colabora con varios medios de su país y de otros países.
(**) Fotografía de portada gentileza de Adán Iglesias