Bordaría su nombre

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Por Juana Francisca Gómez

 

Acostumbradas siempre al quehacer de la historia pero en contadas ocasiones aparecer nombradas en ella, un grupo de mujeres toma una vez más el tema de la memoria en sus manos. En este caso el llamado llegó desde la otra orilla. Hoy nos brindaron un espacio para zurcir la palabra colectivamente.

M.A.: ¿Cuándo aprendieron a bordar?

Maria Elia: Aprendí a bordar, en jardinera, en el colegio de las monjas. Es decir, tuve que aprender a bordar

Adriana: Aprendí a bordar en “la cana”, la que sabía, compartía ese saber.

Tere: Aprendí a bordar a los 19 años para bordarle a mi hijo su primera batita y luego en Punta de Rieles para hacer alguna manualidad. Ahora fue como volver a aprender

Helena: Yo también aprendí a bordar con una monja en mi escuela. Después me llevaba el bordado para hacerlo al lado de mi abuelo muy viejito y en su cama. A él le gustaba mucho que yo me sentara allí con él.

Susana: Aprendí a bordar siendo niña. Nos enseñó mi madre, la abuela, las tías. M.A.: ¿Cuál era la consigna inicial?

Ana Maria: Era comenzar una intervención por Memoria, Verdad y Justicia. Bordar una trama de resistencia con el nombre de los 30 mil desaparecidos y mantener siempre vivo el Nunca Más

María Elia: Cuando me llegó el nombre para bordar, lo primero que hice fue ir a la historia del compañero. Porque no conozco todas las historias. Me enteré de su edad, un joven. De su oficio, un jornalero de Paso de los Toros. Paso de los Toros fué dónde pasé cinco años presa. Muchos recuerdos. Pensé entonces en buscar una imagen, algo que agregar al nombre para marcar el origen. Porque, al decir de una compañera, Paso de los Toros es un pueblo de «milicos y quilombos», así que ser militante allí no fue cualquier cosa.

Tere: La consigna en nuestra caso fue hacerlo en familia, nieta, hijas y abuela. Pensamos que esa era una forma de traer a nuestras y nuestros compañeros al presente y al bordarlos quedaban como parte de nosotras.

Adriana: Me pareció una propuesta muy viva, creativa y llena de colores. Honrar a nuestros compañeros sin esa carga de angustia que acompaña los carteles.

M.A.: ¿Qué pensaban mientras iban bordando?

Maria Elia: Mientras bordaba, seguía pensando en los pagos del compañero y a la vez concentrada en las puntadas, porque nunca más bordé después de la escuela de las monjas.

Helena: Mientras bordaba pensaba mucho en su hermana, Nibia Bentancurt. Una compañera muy humilde y muy cercana. En lo que habrá significado para esa familia la desaparición de ese hijo. También en la importancia y el valor de recordarlo de la importancia de la Memoria. Y de la fuerza que tiene la Memoria colectiva. Y que eso siga en las nuevas generaciones. Que ya la han tomado y la van tomando.

Susana: Ese nombre, ese ser humano desaparecido, ilumina cada puntada, cada color del bordado. Que está Presente y su lucha y sus sueños continúan y continuarán. Porque son Vida. Están en los ríos, en los árboles, en los pájaros.

Adriana: Lo que sentí mientras bordaba es que mis manos eran un canal por el cual ellos se expresaban.

Ana María: En esa misma noche aparece un recuerdo como jugando, haciendo labores de 6to. año en el colegio de monjas, de mi hermana del corazón de la que bordaría su nombre

Susana: Ser parte de ese decir: «PRESENTE». Gigantesco y humano, que nace en los canales más profundos de la memoria y el amor.

M.A.: ¿Qué importancia tiene la iniciativa?

Maria Elia: La iniciativa es fantástica. Nos permitió un acto de memoria colectiva desde diferentes lugares, a pesar de las distancias.

Tere: Esta iniciativa dió la posibilidad de reunirnos y construir de forma organizada con nuestras manos, la memoria colectiva de lo que vivieron nuestros pueblos, de lo que vivimos

Susana: Que la lucha por «¿Dónde están? «, y por «Nunca más » no la callarán jamás. Si no hay palabras, lo gritaremos con las manos, con los ojos.

Adriana: En el grupo coincidimos en que esta propuesta es buenisima por ser: colectiva, anónima, participativa y llena de colores que expresan vitalidad

Ana María: La propuesta de bordar los nombres de nuestros desaparecidos despierta el deseo de participar y saberme ignorante en esa tarea.

M.A.: ¿Qué le dirían a las futuras generaciones que encuentren esos bordados?

Maria Elia: A las futuras generaciones, no sé qué les diría. Tendrán que descubrir la importancia de estas pequeñas pero intensas actividades de memoria. El nieto que elaboró el video lo entendió.

Helena: Debemos recordar todos sus nombres. Buscarlos y buscarlos. Que ninguno quede en el olvido.

Susana: Les diría que si fuera parte de generaciones futuras seguiría caminando por las Avenidas. Dejaría fluir mis pensamientos y sentimientos. Levantaría bien alto los carteles:

¡PRESENTE!

Ana María: Les diría que esos bordados son pedacitos de vida que fuimos recreando, tejiendo sus nombres entre muchas generaciones, para que estén con nosotros siempre. Para no olvidar.

Las integrantes de la iniciativa en Uruguay son: Cristina, Angeles, Susana, Elizabeth, Graciela, Helena, Mary, Beatriz, Luz, María Elia, Ana Maria, Tere, Cecilia, Mónica y Adriana.

(*) Juana Francisca Gómez es escritora y miembro del Capítulo uruguayo de la Red de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad (RedH)

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