Resonancias de la marcha del 8M.

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Entrevista a las compañeras Carolina Spilman y Gabriela Cultelli

 

Por Claudia Suárez Delgado(*)

 

Mientras todavía reverberan las emociones, las imágenes, los cuentos de este 8M, fuimos en búsqueda de la palabra de dos grandes compañeras para compartirlas.

La diversidad de los movimientos feministas uruguayos, pero también su capacidad de diálogo y aprendizaje colectivo hacen a su fortaleza y templanza. Hoy Carolina Spilman y Gabriela Cultelli nos brindan su visión y con ellas se habilita e impulsa el llamado a continuar construyendo juntas.

Carolina Spilman: Vicepresidenta del PIT-CNT y Responsable de la Secretaría de Género Equidad y Diversidad del PIT-CNT

Gabriela Cultelli: Licenciada en Economía Política (Universidad de La Habana), Mag. Licenciada en Historia Económica (UdelaR), escritora, columnista y co- Directora de Mate Amargo. Coordinadora del Capítulo uruguayo de la Red de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad (REDH)

 

Mate Amargo (M:A.)- Pasados unos días: ¿cómo estuvo para vos este 8M?

Carolina Spilman (C.S) – Este 8 de marzo lo viví con mucha intensidad y también con mucha esperanza. Fue una jornada de mucha participación, con una presencia muy fuerte de mujeres trabajadoras en la calle, en los sindicatos, en los colectivos feministas. Y eso es muy importante en un momento del mundo donde los derechos de las mujeres no están garantizados y donde vemos avances de discursos conservadores que intentan retroceder conquistas.

Creo que este 8M volvió a mostrar que el feminismo sigue siendo una fuerza social muy potente, que interpela a la sociedad y que tiene capacidad de organización.

En nuestro caso, además, fue muy significativo el Encuentro Nacional de Mujeres y Diversidades Sindicalistas, porque permitió que compañeras de distintos sindicatos y territorios se encontraran para pensar colectivamente la agenda feminista dentro del movimiento sindical y cómo seguimos fortaleciendo la organización de las mujeres trabajadoras.

Gabriela Cultelli(G.C) – Cómo ya nos acostumbra Montevideo, y el Uruguay en general, fue otra marea humana. Gigante, diversa y unida. Antipatriarcal y por tanto Antimperialista. Maravillosa

 

M.A. – ¿Qué desafíos enfrentan al día de hoy los movimientos y espacios feministas? y ¿cuáles te parece que son las temáticas, los enfoques, los énfasis en los que hay que centrarse para avanzar?

C.S. – Creo que hay varios desafíos importantes. Por un lado, disputar el sentido del feminismo. Para nosotras es clave sostener un feminismo de clase, que no se limite a la representación simbólica o a los lugares de poder, sino que ponga en el centro las condiciones de vida de las mujeres.

Eso implica hablar de salarios, de precarización laboral, de cuidados, de distribución de la riqueza y de trabajo no remunerado. Porque si no discutimos el modelo económico que organiza la desigualdad, es muy difícil avanzar en igualdad real.

Otro desafío es defender las conquistas logradas. Estamos en un contexto internacional donde vemos cómo derechos que parecían consolidados vuelven a ser cuestionados.

Y también está el desafío de seguir ampliando el movimiento, incorporando a mujeres jóvenes, a trabajadoras precarizadas, a mujeres migrantes, a compañeras trans y a todas aquellas que muchas veces quedan más en los márgenes de las organizaciones.

Creo que hay algunos ejes centrales.

Uno es el sistema de cuidados, porque ahí se juega una parte enorme de la desigualdad estructural entre hombres y mujeres.

Otro es la feminización de la pobreza, que tiene que ver con salarios más bajos, con trayectorias laborales más interrumpidas y con menor acceso a patrimonio y recursos a lo largo de la vida.

Y también creo que tenemos que hablar mucho más de la distribución de la riqueza. Porque cuando discutimos quién produce la riqueza y quién la concentra, también estamos hablando de feminismo.

En ese sentido, debates como gravar a los sectores más ricos de la sociedad también son debates feministas, porque la desigualdad económica impacta de forma directa en la vida de las mujeres.

 

G.C. – Las temáticas y enfoques son los de siempre, pero también los que se dinamizan con la historia. Y esto es el desafío, su capacidad de voz colectiva, de organización en el seno del pueblo, de los pueblos.

Cuando pienso en las temáticas siempre me viene a la mente aquel feminismo temprano, tal vez sin conciencia de sí mismo o sí, pero con otros nombres y más aislado. Pienso, por ejemplo, en aquella pionera mexicana Sor Juana Inés de la Cruz que por aquellos años (siglo XVII) tuvo que encerrarse en un convento para poder dejarnos sus enseñanzas… ¡Cuánta agua corrió bajo el puente!, aquí mismo en nuestra América, y también en el mundo, para poder empoderarnos con temas hasta no hace mucho «ajenos», como por ejemplo la soberanía de nuestros territorios atado indiscutiblemente a la soberanía de nuestros cuerpos, o este último como parte del primero. ¡Cuánta sangre invisibilizada en nuestras luchas independentista! (Mariana Grajales, Juana Azurduy, Manuelita Saenz, María Remedios del Valle, Melchora Cuenca y tantas, tantas otras). Los temas en definitiva y en esencia, vienen de atrás, retumban en la historia, y se renuevan con las nuevas agresiones imperialistas. Es como ese todo que nos envuelve y nos quiere socavar por partes. Muchas veces asumimos ésta o aquella parte, pero cuando además de las distintas partes asumimos el todo, ahí sí ¡que se cuide el patriarcado! Y creo que un poco eso pasó desde la marcha pasada, cuando volvimos a levantar nuestra voz contra el fascismo y en ésta cuando la consigna tocó temas como nuestro antimperialismo y nuestras luchas por la soberanía de nuestros pueblos, y aquel «No pasarán» comprendido a futuro (como me enseñó una compañera joven) pero también cantado en referencia a nuestras luchas anticoloniales: «el Español no pasará/con mujeres tendrá que pelear» (título: Juana Azurduy. Compositores: A. Ramírez/F. C. Luna, interpretada por Mercedes Sosa), o aquel grito fuerte de la guerra civil española, y una Madrid que contaba con todas para su defensa Antifascista.

M.A. – ¿Cómo ves hoy la organización de los colectivos feministas?

C.S. – Creo que el movimiento feminista tiene una enorme riqueza porque es diverso y plural. Hay colectivos territoriales, sindicales, estudiantiles, culturales, y eso hace que el feminismo esté presente en muchos lugares de la sociedad.

Al mismo tiempo, el desafío es seguir construyendo articulación. Encontrar agendas comunes, coordinar luchas y fortalecer espacios colectivos que nos permitan avanzar juntas.

En el movimiento sindical, por ejemplo, cada vez hay más mujeres organizándose, discutiendo agenda propia y disputando espacios de decisión. Y eso es muy importante para transformar también nuestras organizaciones.

G.C. – Las colectivas feministas, sobre todo las de corrientes populares, comunitarias, y/o clasistas, dan la impresión de colmena. Enjambre, sí, pero colmena. Buscan y buscan sus propias formas y poco tienen que ver con otras organizaciones del pueblo. Estas colectivas las forman mayormente mujeres, aunque haya algunas que puedan incluir varones, en tanto que se comprende al patriarcado como una forma social de explotación y flagelo. Y las mujeres si quieren organizarse y pelear por la paz y por ese otro mundo posible, por ellas, por sus hijes y la sociedad toda, o se dibujan y desdibujan en formas diferentes o se las come la vorágine patriarcal. Y demostraron que pueden y quieren. Y esto ya dejó de ser una ola más, ahora es permanente. Creo que hemos tenido un salto en conciencia, un aprendizaje que hizo carne y de hecho en organización como reflejo de lo primero, o tal vez al revés, aunque como siempre lo nuestro sea invisibilizado, pero por ahora. Somos cada vez más y no van a tener más remedio que vernos.

 

M.A. – ¿Qué más te gustaría agregar?

C.S. – Creo que este 8M también nos obliga a mirar el contexto internacional en el que estamos viviendo. En distintas partes del mundo estamos viendo el avance de nuevas derechas que buscan cuestionar derechos conquistados por las mujeres, por las diversidades y por la clase trabajadora en general.

Son proyectos políticos que intentan reinstalar discursos profundamente conservadores, que atacan al feminismo, que niegan la desigualdad estructural y que buscan disciplinar nuevamente los cuerpos y la vida de las mujeres.

Pero además ese avance no es solo cultural o ideológico. También está vinculado a intereses económicos y geopolíticos, a formas de dominación que muchas veces se sostienen desde lógicas imperiales que buscan mantener modelos de concentración de la riqueza y de subordinación de nuestros pueblos.

Por eso, para nosotras es importante afirmar un feminismo de clase, antiimperialista e internacionalista, que entienda que las luchas de las mujeres no están separadas de las luchas por la soberanía de los pueblos, por la justicia social y por la democracia.

Porque no miramos para el costado frente a la guerra, el saqueo de recursos o la desigualdad extrema, eso también tiene consecuencias concretas sobre la vida de las mujeres.

Por eso seguimos organizándonos, construyendo alianzas y fortaleciendo el movimiento feminista y sindical, con la convicción de que la salida siempre es colectiva.

G.C. – El mundo, la realidad agresiva en que vivimos, vuelve a reclamarnos. Las guerras, los genocidios, los bloqueos asfixiantes, vuelven a ponernos en la calle como pioneras que hemos sido a través de la historia en las luchas por la paz, por la vida. El imperialismo yanqui, sus aliados, el propio Netanyahu (si es que está vivo aún) nos provocan. Pero sobre todo la sororidad, la solidaridad hoy con Cuba, Palestina, Venezuela, y aquella consigna tan nuestra se trastoca en un grito desesperado y de lucha: «Si tocan a una, tocan a todas», «Si tocan a una, respondemos todas», sea de donde sea esa «una», sea cubana, palestina, venezolana, iraní, agredidas con toda la bestialidad patriarcal del imperialismo en decadencia.

Carolina Spilman

Gabriela Cultelli

 

(*) Claudia Suárez Delgado es licenciada en Psicología, ceramista,  especialista en Gestión Cultural, integrante de la Red de intelectuales y artistas en defensa de humanidad (REDH) y de la Fdim, parte del colectivo Libertadoras antifascistas.uy

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