Por Ricardo Pose (*)
Lexa (L) es una periodista venezolana de 30 años que vive con su pequeña hija; Lexa es hija de una de las fundadoras del Movimiento Pobladores y vive en el campamento Amatina de Pioneros, un urbanismo construido en un terreno que tenía sin uso la Empresa Polar, en la Yaguara, al oeste de Caracas, que fue tomado por el movimiento en una medida de expropiación que decretó el comandante Hugo Chávez.
Allí se construyeron 9 torres y viven alrededor de 200 familias.
Lexa cuenta para Mate Amargo (R.P.), como fue afrontar el bombardeo yanqui contra Caracas, aquella madrugada del 3 de enero de éste año.
R.P.: Cóntame cómo se iban viviendo los días previos al ataque, cuando se empezó a saber que se acercaba una flota militar en el Mar Caribe y se hablaba de las posibilidades de una invasión.
L: Bueno, entendiendo el contexto de que yo soy periodista, uno está como más al tanto de lo que está pasando. Ya yo venía como preparando a mi hija de un posible escenario bélico ante esto y le había dado como unas instrucciones, más o menos lo que uno ve con las noticias de Gaza, de Palestina, de cuáles son los lugares más fuertes, o sea que resisten más unas bombas, aunque nada está escrito. Pero sí ya venía como presintiendo esto y no era presentirlo.
R.P.: ¿Cuáles eran las instrucciones que le dabas y cómo se le explicaba a una niña que tiene cuánto?
L: Nueve años. Le expliqué primero el tema de Trump, que quería lograr Trump, pero muy por encima, porque yo a ella no le hablo mucho de política porque nosotros vivimos todo este conflicto desde que Chávez llegó prácticamente.
Yo le dije: “hija, si en algún momento llegan a caer unas bombas o cualquier cosa, yo te voy a dar un casco que yo tengo en la casa, si estamos en la casa, y tú vas a hacer exactamente todo lo que yo te diga. No me puedes desobedecer en nada. Si yo te digo, nos vamos para acá, nos vamos para acá. Si te digo, haz silencio, haz silencio”.
Le expliqué que los lugares más seguros de la casa son las columnas, debajo de la escalera, que es lo que uno más o menos ve en las fotos, que es lo que queda sobreviviendo de las estructuras en Palestina. Entonces ya ella sabía cómo todo esto previo.
R.P.: Imagino ibas calculando las perspectivas reales de un ataque
L: Una ya escuchaba las amenazas y veía como el panorama geopolítico internacional de que vienen por nosotros, por nuestra energía, por el petróleo, por las tierras raras, por los minerales, etc. Entonces, obviamente, es algo que no hay que ser muy inteligente para saber que eso podía pasar, pero lo que no se sabía era cuándo, porque es como que “ahí viene el lobo, ahí viene el lobo”. Entonces, ¿cuándo viene el lobo? Ya teníamos años escuchando que el lobo iba a venir.

R.P.: ¿En algún momento pensaste que finalmente no iba a pasar nada o tenías la sensación de que sí iba a pasar?
L: Cuando vi que se acercaban las tropas navales de Estados Unidos, sí sentí que iba a pasar. Por eso le dije a mi hija, y por primera vez el año pasado fue que a ella yo la entrené con esto.
R.P.: Aparte participaste de los cursos de la milicia
L.: Sí, yo fui una de las fundadoras de la milicia universitaria.
Después no seguí porque, bueno, eso fue hace muchos años atrás y no siguieron ahí. Pero sí recibí entrenamiento militar en ese momento.
R.P.: ¿A nivel de la comunidad tenían algo organizado, previsto?
L.: Alguna cosa, porque la gente está sumergida en una violencia psicológica. Entonces es como te digo, que ahí viene el lobo y el lobo nunca llega. Obviamente la gente dice: “no, no va a pasar nada, no va a pasar nada”.
Entonces, obviamente agarró a alguna gente desprevenida, mucha gente incrédula. Habían otros que sí creían, personas que están conscientes porque Chávez nos educó.
Cada vez que hablaba Chávez en una cadena era una clase magistral, de cultura, de política, geopolítica, de todo. Entonces él nos vino preparando, por lo menos a mí, que yo era muy niña en ese aspecto, ya yo escuchaba e investigaba. Y bueno, a la gente como que la agarró desprevenida porque tantos años y no pasaba nada, así como contundente.
R.P.: Salvo los duros años del bloqueo económico
L.: Hay que tomar en cuenta que a la gente la tienen con el tema de la crisis económica, entonces es una constante lucha por el día a día, por el tengo que reunir para tal cosa. O sea, nos dividieron en el sentido de que cada quien estaba optando por su individualidad, por salvarse a sí mismo y a su familia.
Antes estábamos como más unidos, que comprendíamos más la cosa, pero cuando tú divides a un pueblo que busque de salvarse individualmente como persona y a su núcleo familiar, obviamente cada quien va a ser como la ley del más fuerte, o sea, cada quien va a ver su mundo interior.
R.P.: Cóntame de la noche del 3 de enero
L.: El día estaba transcurriendo con normalidad. Seguían las noticias de que estaba en el mar Caribe la flota estadounidense y todo fino. O sea, la gente en Caracas normal.
De repente llegó la noche, la mayoría estábamos durmiendo.
Yo estaba totalmente dormida. En eso que estoy dormida siento como que vibra todo el edificio.
Las vibraciones eran tan fuertes que me paro y como estábamos saliendo de diciembre, yo estoy creyendo que era una celebración de algo posterior a diciembre, que seguía como la parranda. Entonces me paro y escucho, me asomo por la ventana y veo hacia el cielo a ver si eran unos fuegos artificiales, pero resulta que no era eso. Entonces es cuando me hago la pregunta de qué es lo que está pasando, porque está vibrando todo y está sonando un sonido más fuerte que los fuegos artificiales.
Tengo una llamada de mis tías que estaban en Guatire y ellas tenían mayor información que yo porque mi hermano estaba en Sabana Grande y por allí pasaron, sobrevolando unos aviones estadounidenses. Entonces él le dijo a mis tías que ellos vieron esos aviones y además otros familiares estaban como en otras partes de la ciudad y sintieron las detonaciones. Entonces ellas fueron las que me aclararon ahí mismo cuando a mí me entró la duda de que estos no son unos fuegos artificiales.
Nosotros vivimos al otro lado de la Montaña donde esta Fuerte Tiuna que fue uno de los puntos bombardeados.
Ellas me dijeron: ¿están bombardeando Venezuela? Yo entro en sí y lo que hice fue despertar a mi hija y vestirla, prepararla y le dije: “hija, ¿te acuerdas lo que te había dicho la otra vez, las otras veces? Bueno, llegó el momento que tienes que hacerme totalmente caso, agarrar el bolso, meter aquí tales cosas”, agua, lo que ya yo le había indicado, la lámpara solar, esas cosas imprescindibles para un momento de primeros auxilios. Entonces ella me hizo caso, yo fui arreglando otras cosas, el bolsito de ella y yo el bolsito mío y bajamos.
Cuando yo abro la puerta, veo a todo el mundo desorientado, en eso la niña seguía guardando, yo abro para ver cómo está la gente, todo el mundo voltea a mirarme a mí porque todos saben que yo trabajo como periodista, y confirme que están bombardeando Venezuela, y ahí empezaron como a buscar y todo esto. Entonces yo salgo y se escuchaba el ruido de los aviones, que de verdad es algo muy terrorífico porque uno piensa: será que va a caer la bomba aquí, uno no sabe qué es lo que va a pasar, porque uno puede hablarlo, pero tú nunca estás preparado para un momento así, por muy defensa personal que sepas, por muy entrenado que estés, o sea, somos vulnerables ante una situación así.
Porque además no somos un país bélico, nosotros no vamos a otros países a crear guerras, entonces cuando salgo digo: “están bombardeando Venezuela”, grito a toda la comunidad, “agárrenlo como si fuese un terremoto, se resguardan debajo de las columnas”, o sea, las instrucciones como si fuese un terremoto, busquen agua, primeros auxilios y nos vemos en el sótano porque la comunidad tiene un galpón que tiene un sótano.
Y yo les dije: “nos podemos resguardar en el sótano, vayan bajando y agarren todos esos bolsos y vamos a resguardarnos”, porque uno no sabe, y se escuchaban los aviones y las explosiones.
Yo lo que recuerdo es que los niños tenían mucho miedo, y yo veía a los niños y como ellos vieron que yo di como unas instrucciones, ellos como que te identifican, como pensando “ella sabe que hay que hacer”, pero en realidad yo no sabía nada, yo simplemente hice lo que creí que había que hacer.
Nosotros vivimos en la subida del algodonal, ese es un hospital de enfermedades respiratorias de Caracas, esto es una zona de hospitales, eso no lo pueden agredir pensaba por un lado, pero luego me acordé, que ellos no respetan nada de eso. Ellos atacan escuelas, hospitales, todo lo que les parezca, como que estábamos a la buena de Dios.
El líder de la comunidad nos convocó a estar en la zona alta del campamento, porque ya después no se escuchaba nada, solo el silencio.
Al amanecer, la gente estaba como incierta, no sabía si iban a volver a atacar o qué iba a pasar.
R.P.: ¿Cuándo sintieron que podía estar todo tranquilo?
L.: Pasó como la mitad de la semana siguiente, los niñitos me veían y me preguntaban: “¿ya acabó la guerra?”.
Yo conozco a compañeros que quedaron como nerviosos después de eso, que no pueden escuchar nada que se asemeje a aquellos sonidos. Porque fue fuerte.
O sea, fue una conmoción.
(*) Ricardo Pose, es Periodista en: Mate Amargo, Caras & Caretas, Ceiba Periodismo con Memoria; Coordinador WEB Telesur; Columnista de El Otro País, periódico España; y radial en Cadena del sol (Rocha-Uruguay), Radio Gráfica de (Bs. As.-Argentina), Voces en Conversa (Maracaibo-Venezuela). Blog personal «El Tábano». Participa en Foros de debates de Lauicom (Universidad de la comunicación Venezuela). Integra la RedH capítulo Uruguay y la Dirección (suplente) del Sector Prensa Escrita de la Asociación de la Prensa Uruguaya (APU).