Por Carlos Fazio (*)
Dibujo de portada, Adán Iglesias Toledo (**)
Entre los días 5 y el 7 de marzo, cuando las bases militares estadunidenses en el Golfo Pérsico pasaban de ser activos estratégicos a blancos pasivos y fáciles de los misiles iraníes y el conflicto en Medio Oriente parecía deslizarse de un paseo de fin de semana a una guerra de desgaste subregional con las consiguientes alzas del gas licuado y el petróleo, Donald Trump y su cohorte de aventureros supremacistas convocaron a un puñado de mandos castrenses y jefes de Estado latinoamericanos lacayunos y sumisos a sendas reuniones en Miami, Florida.
“La cumbre de la genuflexión”, como la definió con tino el periódico mexicano La Jornada, tuvo dos escenarios simbólicos: el cuartel general del Comando Sur (SouthCom) del Pentágono y el Trump National Doral Miami, el campo de golf y hotel propiedad del clan Trump, convertido en virtual cuarto de guerra (war room) para las rapaces “hazañas” genocidas y de castigo colectivo y decapitación del actual inquilino de la Casa Blanca, planificadas e instigadas por su cómplice, el talmúdico y prófugo criminal de guerra sionista, Benjamín Netanyahu.
¿Objetivo? Bajo la fachada del pomposamente denominado “Escudo de las Américas” (Shield of the Americas), se trata de impulsar una nueva arquitectura militar y de seguridad que tiene como enemigo estratégico en el subcontinente a la República Popular China, y que, eventualmente, podría echar mano de una “coalición de los dispuestos” (en clave verde olivo) para aventuras intervencionistas y/o golpistas del Pentágono y la Agencia Central de Inteligencia en países no alineados del área, y/o buscar contar con la “legitimidad” política de gobiernos cipayos (una reedición del Grupo de Lima) para acciones clandestinas desestabilizadoras (incluidos procesos electorales) en países que mantienen ciertos márgenes de soberanía y autodeterminación (México, Brasil, Colombia) frente a los ukases imperiales.
En una nueva ofensiva militarista y punitivista para exigir vasallaje e intentar ralentizar y frenar el declive de la hegemonía estadunidense, el “escudo” es una estructura defensiva encubierta de la administración Trump 2.0; un paso más en la visión geopolítica de los que toman las decisiones en el Estado profundo (deep state), que intenta dotar de una herramienta articuladora a la Doctrina Monroe con esteroides del actual jefe de la oficina oval, pero que carece de las “unanimidades” regimentadas de la época de la guerra fría, cuando Washington, a través de su ministerio de colonias (la Organización de Estados Americanos, OEA), en sendas reuniones de cancilleres en Punta del Este, Uruguay (1962 y 1964), logró imponer una “cuarentena” y la ruptura de relaciones diplomáticas con Cuba, con la excepción de México.
Seleccionados a dedo por su afinidad ideológica y su servilismo y colaboracionismo político con sus anfitriones y su comandante en jefe, los asistentes: Javier Milei (Argentina), Rodrigo Paz (Bolivia), Santiago Peña (Paraguay), el narcotraficante Daniel Noboa (Ecuador), Rodrigo Chaves (Costa Rica), José Mulino (Panamá), Luis Abidaner (República Dominicana), Nayib Bukele (El Salvador), Irfaan Ali (Guyana), Nasry Asfura (Honduras), Kamla Persad-Bissessar (Trinidad y Tobago) y el pinochetista neonazi chileno José A. Kast, no acudieron al lanzamiento del “escudo” en condición de iguales, sino como perritos falderos del casi octogenario narcisista maligno, quien ha decidido convertir el Hemisferio Occidental (como lo denomina el Departamento de Estado) en coto de caza exclusivo de Washington, bajo la excusa de la seguridad nacional de Estados Unidos.
Con la vieja y gastada fórmula de la “guerra a las drogas” (Richard Nixon, 1971) y al “narco-terrorismo” −o “narco-guerrilla”, según el término acuñado por el ex embajador de EU en Costa Rica y Colombia, Lewis Tambs, uno de los intelectuales orgánicos del Comité de Santa Fe y acusado de traficar drogas en la trama del escándalo Irán/contras− de anteriores administraciones estadunidenses, la minicumbre reaccionaria y neocolonial de Trump y su séquito de aduladores incompetentes (los secretarios de Guerra, Estado, Comercio y del Tesoro, Marco Rubio, Pete Hegseth, Howard Lutnick y Scott Bessent, respectivamente; su asesor de seguridad nacional, Stephen Miller, y la recién defenestrada Kristi “la caza migrantes” Noem, nombrada enviada especial al evento) exhibe las limitaciones del autócrata lenguaraz en la coyuntura.

A manera de ejemplo, a diferencia de la treintena de mandos uniformados que acudieron al cónclave de ministros de Defensa de las Américas de Williamsburg, Virginia, que en 1995 siguieron al pie de la letra la Doctrina Cheney que buscaba la militarización de Latinoamérica bajo el ala de las fuerzas armadas de Estados Unidos, ahora solo asistieron representantes castrenses de 17 países. A su vez, el documento fundacional de la nueva coalición militar solo contó con la aprobación de 12 de los 34 mandatarios del área. Entonces, como ahora, los señuelos para la transnacionalización y militarización de la “guerra a las drogas” eran los ‘cárteles’ de la economía criminal, el narcoterrorismo y el movimiento migratorio ilegal.
La retórica encendida de Trump y sus cruzados mesiánicos exhibió una vez más, en Miami, el “efecto Dunning-Kruger”, fenómeno psicológico que describe esencialmente la paradoja de que las personas con poca capacidad o conocimientos tienden a sobrestimar su propia competencia y criterio. Tal como los desnudó el observador geopolítico chino Hua Bin a propósito de la pérfida agresión de EU e Israel a Irán, Hegseth, Rubio, Miller y el propio Trump “son un grupo de personas estúpidas y poco cualificadas” que se creyeron tan “inteligentes” para lanzar un ataque sorpresa contra la República Islámica y ganar fácilmente. Igual en Miami.
Presa del “síndrome” de Barack Obama −quien en las reuniones semanales de Terror Tuesday [los martes de terror] contaba con una lista negra (la eufemísticamente llamada ‘matriz de disposición’) de presuntos terroristas a asesinar de manera selectiva mediante ataques con drones en Pakistán, Somalia o Yemen−, Trump dijo que podría utilizar “misiles sumamente precisos” para eliminar, ahora, a jefes de cárteles latinoamericanos. Con su narrativa simplista de siempre, dijo: “Pum, directo a la sala. Será el fin de esa persona”. A su vez, su asesor de seguridad, Stephen Miller, enfatizó que los cárteles sólo pueden ser derrotados con poder militar, no con soluciones judiciales, y que los narcotraficantes deben ser tratados “sin piedad, con la misma brutalidad con que tratamos a al Qaeda y al Estado Islámico (ISIS)”. Por su parte, el jefe del Pentágono, Hegseth (definido por Alfredo Jalife como “evangelista sionista”), caracterizó a los países y dignatarios presentes como “naciones cristianas bajo Dios” e “hijos de la civilización occidental”. Y advirtió: “Estados Unidos está preparado para ir a la ofensiva solo, si fuera necesario”.
Rememorando sus tiempos de presentador del reality show The Apprentice (El aprendiz), ante un coro de aplaudidores “yes man” ad hoc, Trump parodió de manera grosera a la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, cuando después de decir que es una “muy buena persona” con una “voz hermosa”, cambió a un habla aguda, y en lo que parecía una burla, expresó: ‘“Presidente, presidente, presidente’. Dije: ‘Déjeme erradicar los cárteles’. ‘No, no, no por favor, presidente”. Tras esa condescendencia misógina, Trump disparó su veneno: “México es el epicentro de la violencia de los cárteles”. En realidad, Sheinbaum ha colaborado ampliamente con el gobierno de Trump, pero se ha negado a permitir que Estados Unidos lleve a cabo una acción militar unilateral, extraterritorial, con tropas sobre el terreno en suelo mexicano.
Al concluir su discurso, el amo hemisférico −quien autorebautizó la vieja Doctrina Monroe (“América para los americanos”) como Doctrina Donroe− repitió las amenazas de las últimas semanas contra Cuba, seguro de que la ‘fruta madura’ (John Quincy Adams dixit, 1823) finalmente caerá en el regazo imperial. Dijo: “Cuba está al final del camino. No tienen dinero, no tienen petróleo. Tienen una mala filosofía y un mal régimen que lleva ahí demasiado tiempo”. Añadió que el gobierno de La Habana está “negociando” con Marco Rubio, pero no dio más detalles al respecto.
Envalentonado con la criminal incursión en Venezuela y con sus supuestos triunfos en Irán, Trump cree que mediante la política de máxima presión, incluida la asfixia energética a la isla, podrá lograr lo que no consiguieron las catorce administraciones estadunidenses precedentes, incluido él durante su primer mandato. Sin embargo, como señaló una declaración de Casa de las Américas desde La Habana, “sabemos que los títeres de Trump serán barridos más temprano que tarde por los pueblos que dicen representar. El propio Trump será expulsado de la Casa Blanca por el pueblo estadunidense. La Revolución Cubana, en cambio, seguirá venciendo, contra viento y marea, todas las dificultades y amenazas. Y, con ella, se mantendrá firme el ideal latinoamericanista y caribeño, bolivariano y martiano, de Fidel y de Chávez, que vencerá a vendepatrias y lacayos y a sus amos.”
A pesar de los sueños de dominación imperial y la complicidad de las plutocracias y oligarquías locales, como sucede desde el triunfo de los barbudos de la Sierra Maestra en 1959, en Nuestra América, Cuba no está sola.
(*) Carlos Fazio, escritor, periodista y académico uruguayo residente en México. Doctor Honoris Causa de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo. Autor de diversos libros y publicaciones. Miembro de la Red de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad (Capítulo México)
(**) Profesor Adán Iglesias Toledo, Dibujante Gráfico Cubano, Caricaturista Editorial y Director del Medio humorístico DEDETE del Periódico Juventud Rebelde, miembro de la UNEAC, la UPEC y la REDH (Capitulo Cuba). Colabora con varios medios de prensa en su país y en el extranjero. Autor de varios logotipos, y campañas publicitarias, posee en su haber múltiples exposiciones individuales y colectivas, talleres e intervenciones nacionales e internacionales y ha sido premiado por más de 40 veces en su país y otros países.
