Las aparentes derrotas. Daniel Chavarría por la huella de Raúl Sendic

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Por Javier Gómez Sánchez (*)

Dibujo Adán Iglesias Toledo (**)

 

Dos hombres están concentrados en un ejercicio de escritura. En sus mentes, la búsqueda de palabras, frases y estructuras es muy distinta, como lo son sus circunstancias, pero ambos se debaten en la necesidad de poner sobre el papel las ideas en las que creen.

Uno de ellos, uruguayo, lo hace a escondidas en una celda húmeda y fría. Trasladado constantemente, vigilado a toda hora, con el riesgo permanente de enfermar por las condiciones de su encierro, es mucho más lo que se mueve en su mente que lo que puede llegar a escribir. Escribe párrafos apretados en pequeños fragmentos de papel de cigarrillo. En la próxima visita, los familiares irán sacando los papelillos para armar la obra con extrema paciencia e intentar publicarla en el exterior. Hará falta una lupa, y por momentos imaginación, para discernir el minúsculo trazo de algunas palabras.

A miles de kilómetros de ahí, otro uruguayo empuja mil veces -con la punta de sus dedos- el teclado de una máquina de escribir. Los impactos sobre el rodillo hacen aparecer las letras en el papel y repican en la habitación como si fueran disparos. A diferencia del frío húmedo que enferma a su compatriota, el calor le hace correr por la espalda líneas de sudor.

El primero es Raúl Sendic Antonaccio, El Bebé para sus compañeros, líder del Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros (MLN-T), con un expediente en los archivos activos de la dictadura militar uruguaya más grueso que una novela. El segundo es Daniel Chavarría Bastélica, con un rastro de hojas dispersas en los archivos policiales antisubversivos del propio Uruguay, Argentina, Brasil y Colombia, y a quien sus amigos escritores terminarían llamando El Chava. Uno escribe en Uruguay, el otro en Cuba. No se habían visto nunca, pero no importaba.

Curiosamente ambos habían caminado por las mismas calles de La Habana, viviendo la experiencia de ser testigos de una Revolución en toda marcha. El Bebé la vio en sus primeros momentos cuando la dictadura batistiana acababa de caer por el empuje de la guerrilla triunfante y el movimiento clandestino. El Chava llegaría diez años después y viviría el difícil proceso de construir una sociedad distinta.

Sendic fue escribiendo y sacando a pedacitos lo que sería “Reflexiones sobre política económica: Apuntes desde la prisión”, que pudo publicarse en 1984, acompañado de valoraciones de varios economistas, siendo posiblemente el único texto sobre economía en el mundo prologado por un poeta: Mario Benedetti.

Para Sendic y el grupo de militantes tupamaros mantenidos como rehenes por la dictadura uruguaya -a los que hay que sumar una lista de combatientes mujeres en igual condición-, más de una década de la historia del mundo había transcurrido fuera de las paredes de sus celdas, dispersos individualmente en cuarteles por todo el país. El propio Benedetti diría en su prólogo, retomando un artículo que había publicado un año antes para movilizar la presión internacional sobre la dictadura uruguaya:

“Piénsese por un instante que estos presos están incomunicados desde cuatro días antes del golpe de Pinochet y recórrase mentalmente la nómina de algunos hechos acumulados en estos últimos diez años. Dos Juegos Olímpicos y tres Copas del Mundo; crisis del petróleo y guerra del Líbano, con matanza de Sabra y Chatila incluida; revolución de los claveles en Portugal; apogeo de la Trilateral y fracaso de la Escuela de Chicago; premios Cervantes a Carpentier, Onetti, Rulfo, y premios Nobel a García Márquez y Pérez Esquivel; muerte de Franco y recuperación democrática de España; derrocamiento de Idi Amin, Bokassa I, Somoza, el Sha de Irán, Galtieri, Ríos Montt; revoluciones triunfantes en Angola, Mozambique, Etiopía, Irán, Nicaragua, Granada; instalación de Maradona en Barcelona y de Julio Iglesias en Miami; asesinatos de Michelini, Anuar-el-Sadat, monseñor Romero, John Lennon; transformación de la Guayana Holandesa en Surinam y de Karol Josef Wojtyla en Juan Pablo II; Brizóla en Río y el Guernica en España; desaparición de Henry Miller y reaparición del Hombre de Orce; contundentes plebiscitos contra la dictadura uruguaya; guerra de las Malvinas y réquiem para el panamericanismo; tropas soviéticas en Afganistán y norteamericanas dondequiera; desaparición en Argentina de Haroldo Conti y otros treinta mil; publicación de La guerra del fin del mundo y orgía de misiles para confirmarlo; desaparece la P-2 y aparece el gas nervioso; muerte de Mao, Perón, Makarios, Tito, Agostinho Netto, Boumedienne, Kenyata, Breznev; fin del síndrome de colza e inauguración del síndrome de inmunodeficiencia; muerte de Neruda, Ingrid Bergman, René Clair, Carpentier, Buñuel; crisis polaca; crisis centroamericana, crisis del Chad; segunda generación de cacerolas chilenas. Eso y mucho más aconteció en el mundo desde 1973 hasta 1983 sin que los nueve prisioneros pudieran enterarse de nada”.

Las condiciones en las que Sendic escribió y pudo enviar al exterior sus textos sobre economía –en años posteriores también se publicaron sus cartas enviadas desde la cárcel-, hacen pensar en las que de manera similar vivió Fidel Castro cuando en el interior de cajas de fósforos y papelitos minúsculos escribió su discurso La Historia me absolverá, que se convertiría en el programa político del Movimiento 26 de julio. Tanto Chavarría como Sendic tendrían oportunidad de conversar personalmente con el líder cubano en años posteriores.

El aislamiento deliberado que vivió Sendic y la privación de acceso durante años a papel, lápiz, libros, o cualquier periódico, recuerdan igualmente las que sufrió Antonio Gramsci antes de poder escribir más tarde, al mejorar un poco sus condiciones, los Cuadernos de la Cárcel.  La intención de los carceleros era la misma. En el juicio a Gramsci, el fiscal fascista Michele Isgró declaró «Por veinte años debemos impedir que ese cerebro funcione». El oficial de la dictadura que fungía como director del penal uruguayo paradójicamente llamado Libertad, dijo sobre los prisioneros tupamaros: “No nos atrevimos a liquidarlos a todos cuando tuvimos la oportunidad, y en el futuro tendremos que soltarlos. Debemos aprovechar el tiempo que nos queda para volverlos locos”.

Aunque con secuelas profundas para la salud de todos, que años más tarde se revelaría en enfermedades, no solo no lograron llevarlos al estado de incapacidad mental que pretendían -aunque casi lo logran en esos días en que Benedetti comentaba que cada prisionero “sabe ya de memoria las sombras del muro, las arrugas del piso, las manchas del techo”-, sino que Sendic, paralelamente a otros de sus compañeros, reflexionó sobre el camino futuro en la lucha y cual debía ser el programa político del MLN-T.

En 1984, cuando aún estaba preso, se publicó en México, Nicaragua y Argentina –este último país había salido poco antes de su propia dictadura-, su libro Manual práctico de economía. Sendic comenta, en el prólogo para la edición, que en 1989 se realizó en Uruguay: “Este libro lo elaboré en la cárcel y lo saqué clandestinamente a fines del año 1983. Fue sobre todo después del Plebiscito donde triunfó el NO en 1980, que los rehenes tuvimos más libertad de lectura, lo que en materia económica significaba que podíamos leer tratados sobre economía de Estados Unidos pero no sobre la de Uruguay. Podíamos leer las interesantes revistas de los bancos suizos pero no la de los estudiosos de Latinoamérica”.  Y añadía: “Solo le he hecho una corrección de erratas (que fueron muchas en las ediciones anteriores debido a la letra milimétrica que hubo que usar en el original)”.

En ese tiempo, Chavarría fue convirtiéndose en un popular escritor entre los lectores cubanos. Sus novelas, con tramas de espionaje, planes de la CIA y agentes cubanos, se agotaban de las librerías en pocos días. Ni Sendic ni sus compañeros de encierro, como tampoco muchos de los militantes en el exilio, salvo los que vivían en Cuba, conocieron de la publicación de Joy en 1978, Completo Camagüey en 1983, ni La sexta isla en 1984. Pero él sí sabía de ellos y con otros exiliados uruguayos en La Habana, entre el mate y el café cubano, hablaba de los tupamaros presos.

Donde quiera que Chavarría había vivido, ya fuera en Argentina tratando de integrarse a la guerrilla, huyendo a través de Brasil tras el golpe contra João Goulart, como viajero pobre y casi polizón por Europa, en sus años en Colombia, y más tarde como profesor universitario en la Universidad de La Habana, novelista leído en toda Cuba y traducido a los idiomas del Campo Socialista, el escritor había seguido siempre lo que iba apareciendo en la prensa sobre su país. Años más tarde, El Chava recordaría: “A Sendic lo oí mencionar a fines de los 60 cuando colaboraba con guerrillas colombianas. Luego, en el 70, ya exiliado, me ufané de que los tupamaros se fugaran de Punta Carretas y secuestraran a Dan Mitrione, tierno amante de los perros y profesor de tortura para los esbirros de la policía en Montevideo”. Pero reconocía que la colosal estatura política e intelectual de Raúl Sendic solo llegaría a aquilatarla mucho después.

Mientras tanto, quizás fuera el potencial literario de las acciones de la guerrilla urbana las que más llamaran su atención, como relatara al periódico Granma: “Pueden servir de ejemplo el Abuso, como los tupas llamaron a la célebre fuga de la cárcel de Punta Carretas en la que 111 presos se evadieron por un túnel excavado con cucharas; o la incautación de una enorme caja fuerte en el domicilio de los Mailhos, familia de la alta rosca monopolista, vendepatria, lacaya de los gringos, promotora  de contubernios especulativos, evasión de capitales, violadora impenitente de la Constitución y otras gracias. Y la tal caja fuerte se la llevaron una mañana, de un edificio céntrico. Emplearon una grúa que bajó el armatoste desde un cuarto piso hasta una rastra que esperaba al pie”.

Sendic y sus compañeros serían liberados en marzo de 1985, tras 12 años de prisión. Chavarría no regresaría a Uruguay hasta 1987, luego de 24 años ausente. Solo entonces lo conoció personalmente, cuando este se encontraba en la vorágine de organizar la integración del MLN-T al nuevo curso político del país. Un momento en la vida del luchador revolucionario que el novelista describiría así: “Fue delineando ese NO a convertirse en partido político a la usanza tradicional, para no perder atributos que consideraba esenciales en la lucha; para no perder unidad, al acceder a pactos oficiales con miras de formar gobierno; para no perder proyección de futuro, al aceptar compromisos y mediaciones con fines electoreros; para no dilatarse en debates parlamentarios, y quizás lo más importante: no perder efectividad en las medidas, al carecer del factor sorpresa y velocidad de ejecución, naufragados en los avatares de los diálogos políticos”.

En ese encuentro conoció más de cerca lo que muchos años después describió en Sendic como: “Erudición visionaria, me refiero a un lector polilla, universal y memorioso, con un caudal enorme de conocimientos, y para analizar cualquier momento político, estaba dotado de la vista larga de las águilas. Incluso, muchos hechos del presente, los previó en los años sesenta y setenta”.

A esto agregaría en otro momento: “Desde entonces veneré al Bebe Sendic, como al héroe nacional que es hoy; pero cuando ya me acerco a los 80, veo con tristeza que ni siquiera en Cuba se lo conoce bien. Y me decidí a difundir su vida pasmosa para presentarlo a un gran público latinoamericano que simpatiza y apoya las causas justas, aunque jamás lea ensayos ni literatura política”.

Durante los años posteriores Chavarría investigó la vida de Sendic y con la visión de tener 13 novelas a cuestas y el Premio Nacional de Literatura de Cuba, lo calificó como “el personaje total”.

En 2007 su libro Yo soy el Rufo y no me rindo. Biografía novelada de Raúl Sendic estuvo entre la lista de los diez títulos más vendidos en las librerías cubanas en ese año. Más tarde aparecería en Uruguay como Raúl Sendic: Por la huella de Artigas o Don Sendic de Chamangá.

Sin dudas fue la apuesta literaria más arriesgada de Chavarría. La veneración, de la que siempre es difícil despojarse, separa a Sendic y los tupamaros de los personajes y tramas cargadas de humor, sensualidad y atmósferas sórdidas que caracterizan la obra del escritor, haciendo de este un libro “aparte” en su carrera literaria, que extrañaría al lector del Chavarría más habitual. Pero, en definitiva, fue una obra motivada por homenaje, y movida por la convicción de que las ideas del líder revolucionario sabrán siempre recomponerse a través de los diferentes tiempos y escenarios. En sus páginas, a través del relato quijotesco de la lucha de Sendic, está la certeza de que cuando se actúa bajo los principios que lo guiaron en su lucha “siempre se triunfa, incluso en las aparentes derrotas”.

(*) Javier Gómez Sánchez (La Habana, 1983) Periodista, profesor e investigador. Máster en Ciencias Políticas en Estudios sobre Estados Unidos y Geopolítica Hemisférica por la Universidad de La Habana. Licenciado en Comunicación Audiovisual por la Universidad de las Artes de Cuba. Ha escrito numerosos artículos sobre comunicación política, guerra mediática y cultural, redes sociales e internet.  Es autor de los libros Las Flautas de Hamelin. Una batalla en internet por la mente de los cubanos (2020), La Dictadura del Algoritmo. Guerra mediática y redes sociales en Cuba (2021), Los que curan y los que envenenan. Páginas de una pandemia mediática (2023). Realizó los documentales La Dictadura del Algoritmo (2020) y El insomnio del Hombre Nuevo (2024). Profesor de Comunicación Transmedia y Documental en la Universidad de las Artes de Cuba.

(**) Prof. Adán Iglesias Toledo, Director del Medio humorístico DEDETE del Periódico Juventud Rebelde, miembro de la UNEAC. Colabora con varios medios de prensa en su país y en el extranjero.

 

 

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