Apuntes sobre el ‘susto’ de los mercados y el lamento de la intelectualidad orgánica de la ultraderecha mexicana

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Por Carlos Fazio (*)

El 2 de junio Claudia Sheinbaum y el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) arrasaron en México; ganaron por paliza. Además, junto con sus aliados de la coalición Sigamos Haciendo Historia, los partidos Verde y del Trabajo, están a un paso de obtener la mayoría calificada en ambas cámaras del Congreso.

El miércoles 5, al cierre de esta edición de Mate Amargo, el Consejo General del Instituto Nacional Electoral (INE) no había concluido los cómputos para obtener los resultados oficiales y legales de los comicios, los más grandes en la historia del país con 20 mil cargos en juego. Los datos preliminares al filo de la medianoche del domingo 2 dieron a Sheinbaum 30 puntos de ventaja sobre Xóchitl Gálvez, abanderada de la alianza conformada por los partidos Revolucionario Institucional (PRI), Acción Nacional (PAN) y de la Revolución Democrática (PRD), otrora acérrimos rivales ideológicos.

Con casi 34 millones de votos (18 millones más que Gálvez), de ser validada su victoria por el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación antes del 6 de septiembre, la candidata de centroizquierda se perfila a ser la primera mujer en llegar a la Presidencia de México para continuar con los programas reformistas del actual mandatario Andrés Manuel López Obrador. Y como dijo Sheinbaum la noche de la victoria, el principal objetivo de su misión es construir el “segundo piso de la Cuarta Transformación”.

Sheinbaum, de 61 años, y cuya relación con López Obrador se remonta a cuando él ganó la jefatura de Gobierno de la Ciudad de México en el año 2000, es licenciada en Física, maestra en Ingeniería Energética y doctora en Ingeniería Ambiental. Politizada desde niña por sus padres que participaron en el movimiento estudiantil de 1968, cuando estudiaba la licenciatura integró el Consejo Estudiantil Universitario (CEU) en la UNAM, que se opuso a la privatización de la educación pública.

En los últimos 24 años Sheinbaum ha alternado su vocación científica con el servicio público y sus actividades político-partidarias, participando en la fundación del Morena en 2012. En el año 2000 se desempeñó como secretaria de Medio Ambiente de la ciudad capital. Entonces, López Obrador también le encomendó dos proyectos estratégicos: la construcción de los segundos pisos en un tramo del Anillo Periférico de la ciudad, una vía que hasta ahora es gratuita, y el Metrobús, clave en la movilidad capitalina. A partir de diciembre de 2018, cuando ganó la jefatura de Gobierno, Sheinbaum mejoró los índices de seguridad de la Ciudad de México, y llevó a cabo una modernización en la Línea 1 del Metro, en el Metrobus y el Trolebús. No obstante, durante su Gobierno también tuvo que lidiar con el desplome de la Línea 12 del Metro ocurrido el 3 de mayo de 2021, que dejó 27 fallecidos y 80 heridos, un accidente que apuntó a daños estructurales en el tramo siniestrado.

Ahora, desde la máxima magistratura, Sheinbaum tendrá la llave legislativa adecuada para aprobar reformas constitucionales que López Obrador no quiso o no pudo impulsar en su primer trienio de gobierno, cuando tenía una mejor aritmética camaral, y que en el segundo tramo ya no pudo, por la imposibilidad de armar una mayoría calificada, que brinda la facultad de realizar reformas profundas a la Constitución sin la necesidad de los votos de la oposición.

Los mercados se pusieron “nerviosos”

Debido a que la arrolladora voluntad popular expresada en los comicios no establece “contrapesos”, estos fueron asumidos por el gran capital, que tiene capacidad de condicionar, modificar y frenar cualquier emoción poselectoral de tonalidad progresista.

Así, a media mañana del lunes 3 de junio, después de que hacia la medianoche del domingo 2 y luego de una dilatada y tensa espera el Programa de Resultados Electorales Preliminares del INE diera como virtual ganadora de la contienda a Claudia Sheinbaum, los mercados financieros en México generaron una “gran turbulencia”: el índice de precios y cotizaciones de la Bolsa Mexicana de Valores cayó 6.1 por ciento, la peor caída para un solo día desde el 9 de marzo de 2020, en los tiempos de la pandemia, y el precio del dólar se incrementó en 4.4 por ciento, el mayor incremento para un día desde aquel 9 de marzo hace cuatro años.

La razón, según consignó Enrique Quintana, director editorial del influyente diario El Financiero, fue la “inquietud” generada en los inversionistas, no por la victoria de Sheinbaum −que como dijo un vocero de JP Morgan en Nueva York “estaba dentro de las expectativas de los mercados”−, sino por el inesperado margen que obtuvo, estimado en casi 34 millones de sufragios (aproximadamente 59 %), el más elevado en términos absolutos que haya obtenido cualquier candidato presidencial, y los resultados de las elecciones para los diputados y senadores de Morena y sus aliados de la coalición Sigamos Haciendo Historia, que según las primeras estimaciones alcanzarían alrededor del 74 % de los asientos en la Cámara de Diputados, muy por encima del mínimo requerido para la mayoría calificada. Mismo efecto que se registró en el caso del Senado, donde el porcentaje alcanzado se estima en 64 por ciento, ligeramente por debajo de la mayoría calificada. Como apuntó Quintana, con cuatro senadores de algún otro partido que migraran a Morena alcanzarían los 86 asientos necesarios.

Esa circunstancia, que “espantó” (sic) tanto a The New Street Journal como a Bloomberg (medios dedicados principalmente al sector financiero y empresarial de Estados Unidos), hace pensar que las reformas constitucionales propuestas por el presidente López Obrador el pasado 5 de febrero, sean aprobadas. Entre ellas, la elección de los integrantes de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (y de otras instancias del Poder Judicial) a través de votación directa; la eliminación de los diputados y senadores de representación proporcional (plurinominales), lo que garantizaría una mayoría calificada a Morena por los siguientes años; el debilitamiento del INE y otros órganos autónomos, y un mayor “empoderamiento” del Ejército.

Según Quintana −cuyo medio impreso y televisivo es propiedad del Grupo Multimedia Lauman, que mantiene una asociación estratégica con la compañía estadunidense de asesoría financiera, software, data y media bursátil Bloomberg, fundada en 1981 por el megamillonario Michael Bloomberg, antiguo alcalde de Nueva York y ex precandidato presidencial−, el “nerviosismo” de los mercados financieros derivó “del temor de la excesiva concentración de poder en el Ejecutivo y de la pérdida de contrapesos al poder presidencial”. En el mismo sentido, The New Street Journal destacó que “el movimiento nacionalista (Morena) ahora tiene el poder para impulsar cambios constitucionales que opositores dicen podrían debilitar la democracia del país mientras elevan el papel del Estado en la economía”. A su vez, Citibanamex apuntó que esas reformas “eliminarían controles y contrapesos y avanzaría el proceso de centralización política”, lo que podría “disuadir la inversión y debilitar la estabilidad macroeconómica y las perspectivas de crecimiento”.

Con el fin de atajar los rumores desestabilizadores de los dueños de grandes capitales (eso que eufemísticamente los medios llaman “los mercados financieros”), la virtual presidenta electa salió a ratificar en la tarde del 4 de junio, junto con el secretario de Hacienda y Crédito Público, Rogelio Ramírez de la O, la línea económica para su futuro gobierno, cuyas prioridades serán, dijo: “estabilidad macroeconómica, prudencia fiscal, reducción de deuda y la viabilidad de nuestros objetivos fiscales”. Según Sheimbaum, quien confirmó que mantendrá a Ramírez de la O al frente de la SHCP, su proyecto “se basa en la disciplina financiera, acatando la autonomía del Banco de México, el apego al estado de derecho y facilitando la inversión privada nacional y extranjera”. Según reaccionó ese mismo día la poderosa Asociación de Bancos de México, el anuncio de que Ramírez de la O seguirá en Hacienda, “es un poderoso mensaje a la comunidad financiera global, así como a los mercados internacionales”.

En ese contexto, los barones del dinero deben tener presente que el próximo Poder Legislativo tiene la obligación de llevar al marco jurídico el mandato de las urnas, en este caso, los lineamientos de política de Estado que Sheinbaum presentó de manera detallada durante su campaña electoral. Y lejos de asustarse por ello, harían bien en recordar que, al brindar estabilidad y reforzar el mercado interno, el modelo económico impulsado por López Obrador y retomado por su virtual sucesora les ha traído enorme prosperidad. Como señaló un informe de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores el 17 de abril pasado, en el primer bimestre de 2024 los bancos privados que operan en México obtuvieron ganancias históricas en las utilidades que generan con un monto de 48 mil 368 millones de pesos, 12.8 por ciento superior respecto a las reportadas en igual lapso de 2023.

Asimismo, los grandes capitalistas ahora preocupados por el deterioro de la democracia, harían bien en recordar que el fundamento de toda legalidad es el respeto a la voluntad popular, misma que dio un contundente mandato para que Claudia Sheinbaum concrete los ajustes pospuestos por la anómala sobrerrepresentación de las derechas del PRI y el PAN en el Congreso y la connivencia del Poder Judicial con facciones políticas y económicas contrarias a los intereses nacionales, con la Suprema Corte como virtual agente encubierto para una guerra judicial (lawfare) a la mexicana.

Castañeda y las razones del triunfo: el dinero en el bolsillo

La discusión sobre las explicaciones posibles de la victoria aplastante del oficialismo y la debacle opositora −que tras reconocer inicialmente su derrota ahora ha lanzado una ofensiva para tratar de judicializar los comicios esgrimiendo que hubo “fraude” y fue una “elección de Estado” −, durará meses si no años.

De allí que pueda resultar ilustrativa la visión del excanciller Jorge Castañeda, intelectual orgánico de la plutocracia mexicana y asesor encubierto del ‘cuarto de guerra’ de la campaña opositora, que desató polémica durante los debates presidenciales al recomendar a Xóchitl Gálvez emprender una “guerra sucia, pero en serio” en contra de la candidata morenista. Dijo en abril pasado: “El manual ahorita es ‘go negative’ con Claudia, no con López Obrador, o también con López Obrador, pero ya con ella, con investigación de oposición, con chismes, con todo”.

El miércoles 5 de junio, en un artículo en el diario El Universal, al comentar el voto abrumador por la continuidad de un proyecto que, dijo, “arrojó en general resultados desastrosos”, Castañeda argumentó que el factor principal de la “derrota estrepitosa” de la oposición −además de sus “múltiples errores”−, fue “el dinero en el bolsillo” de la gente. Explicó: “No sostengo que el electorado se dejó comprar, ni que operó un fenómeno clientelar a la antigüita. Como en todos los países del mundo (…) la gente vota con su wallet (billetera o monedero)”. Pero también consignó como otro factor fundamental, el incremento del ingreso vía el alza del salario mínimo (que subió 116% en términos reales durante los primeros cinco años del sexenio de AMLO), del salario promedio y en menor medida de las remesas.

Tras preguntarse cómo pudo López Obrador darle tanto dinero a la gente sin que se reventara el equilibrio fiscal y/o se disparara la inflación ni quebraran las empresas, respondió que se debió a que los ingresos de la mayoría de los mexicanos eran “un salario de mierda, miserable” (sic). Y que lo mismo sucede con los programas sociales: el estipendio mensual para los adultos mayores, que a comienzos del sexenio era de 1,600 pesos, en términos macro, no era mucho. En otras palabras, “López Obrador pudo entregar dinero a carretadas porque era poco dinero per se, pero mucho para los destinatarios; el ingreso anterior era tan bajo, que cualquier incremento resultaba fenomenal para las familias”.

Según Castañeda, muchos de sus colegas de la comentocracia sostienen que, aunque todo eso pueda ser cierto, la debacle opositora se debe a la llamada “narrativa”, al “rollo obradorista” centrado en el “pueblo”, sin lo cual las cifras no hubieran alcanzado para desembocar en el “carro completo” parlamentario de Morena y sus aliados. No obstante, para él, que se define como un “marxista vulgar” y cree en el predominio de lo económico, la razón, en términos mexicanos, es “cartera mata rollo”.

Aguilar Camín y la ‘dictadura’ que viene

A su vez, para Héctor Aguilar Camín, uno de los principales ideólogos del bando conservador junto con Enrique Krauze y el propio Castañeda, el 2 de junio hubo una elección oculta a la vista de todos, por el hecho de que “fueron intervenidas y manipuladas por el gobierno” y se trató de una “elección de Estado”, signada por el activismo de López Obrador y el uso de recursos públicos en programas sociales “entregados a los beneficiarios como dádivas”. De acuerdo con Aguilar Camín, uno de los “capos” de las mafias culturales de México –según lo definió su ‘correligionario’ Roger Bartra−, México asiste de manera trágica “a la conversión gradual de una democracia en una tiranía”.

En sendas columnas de opinión en el diario Milenio los días 4 y 5 de junio, el también comentarista del poderoso oligopolio mediático Televisa, aseveró que la destrucción paulatina de los equilibrios y los contrapesos de la democracia mexicana no se da a partir de un golpe de Estado sino de la instauración de una “hegemonía política” que derivará en “una tiranía o dictadura (…) legitimada en las urnas”. El 2 de junio, agregó, la ciudadanía le entregó “un cheque en blanco” a Claudia Sheinbaum; “un cheque de poder sin contrapesos”. Y no se trata de un regreso al viejo PRI: “Es un nuevo animal hegemónico que no conocemos, legitimado por un tsunami de votos”. Con su peculiar tufo anticomunista y exudando rabia, vaticinó: “Si el futuro político de México es volver a una ‘dictablanda’ como la del viejo PRI, o ir a una dictadura simple, como la de Cuba, depende estrictamente de lo que decidan los políticos, empezando por la presidenta Claudia Sheinbaum”.

No cabe duda, que junto con las franquicias agotadas del PRI, el PAN y el PRD (que podría desaparecer como partido), la intelectualidad orgánica de la ultraderecha internacional fue también la gran derrotada. Con un dato adicional: sin restarle méritos al profesionalismo que mostró Claudia Sheinbaum durante la campaña, gran parte de su victoria se la debe a López Obrador. El espectacular dato de la encuestadora internacional Gallup, que una semana antes de los comicios colocó a AMLO con una aprobación de 80 por ciento, es prueba de cómo el diario ejercicio del actual Presidente a través de sus conferencias matutinas –las llamadas mañaneras−, ganó la batalla cultural por una nueva hegemonía, derrotando en la guerra propaganda a la ultraderecha vernácula.

El superliderazgo carismático de López Obrador, de corte populista, plebeyo y coloquial con tintes mesiánico-religioso y nacionalista, y un programa interclasista moderadamente reformista, extractivista e intensamente neodesarrollista, abonó el terreno fértil de unas masas marginadas, vilipendiadas y resentidas con las élites partidistas del antiguo régimen represor y autoritario de partido de Estado cuasi único (el PRI) y los dos gobiernos de Acción Nacional de principios del Siglo XXI (de carácter más oligárquico-empresarial), pero débiles y sin capacidad organizativa para representarse a sí mismas como fuerza contrahegemónica frente a las relaciones de dominación de clase existentes.

El domingo último, pues, millones de mexicanos y mexicanas transfirieron su apoyo a López Obrador a Sheinbaum, quien caminará rumbo a su toma de posesión el 1 de octubre próximo, en explícito acuerdo con su antecesor. Un breve período de la historia actual de México que parece será trepidante.

(*) Carlos Fazio, escritor, periodista y académico uruguayo residente en México. Doctor Honoris Causa de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo. Autor de diversos libros y publicaciones

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