Tratando de entender la lucha dentro del Imperio

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@mateamargouy

Colectivo Histórico Las Chirusas

En 1997 David Byrne, en su canción Miss America1, cantaba “I love America, Yo siempre he confiado en ti, I love America, ¿Por qué me tratas así?” También, en la misma canción, agregaba: tu secreto está a salvo conmigo y conozco tus malvadas maneras, las partes que nunca se ven para luego añadir: No soy el único corazón que has conquistado y yo amo a América, pero vaya si puede ser cruel.2

Que Estados Unidos se encuentra sumido en profundas contradicciones no es una novedad, pero estas no comenzaron con el gobierno de Trump, sus inicios las podemos rastrear a partir de los años “1999-2001 al interior de sus grupos, actores y clases dominantes, a lo que se le agrega un creciente malestar popular anti-establishment. La fisura por “arriba” comienza a observarse tenuemente al final del mandato de Bill Clinton (1993-2001)”3.

Entre otras cuestiones, las primeras discusiones versaban sobre la derogación de la Ley Glass-Steagall que permitieron terminar con la división entre banca comercial y banca de inversión, con lo que se crean inmensas redes financieras globales; el paso de un G-7 a G-20, impulsado por las fuerzas globalistas como nuevo ámbito de gobernabilidad mundial de un capitalismo transnacionalizado y por el fortalecimiento de las instituciones internacionales multilaterales (FMI, BM, OMC) en detrimento de las soberanías nacionales, incluso la de Estados Unidos.

Con George W. Bush (2001-2009) y el ascenso del neoconservadurismo, se produce una reacción nacionalista, apelando a la supremacía militar y al dominio de Medio Oriente para asegurar la posición hegemónica, se tensionan las relaciones con sus aliados occidentales y se busca recuperar el poder de decisión directa de Estados Unidos, aplicando un keynesianismo militar (déficit público y aumento del presupuesto militar), a la vez que se intenta dinamizar la economía interna desde el complejo industrial militar, científico y tecnológico.

Pero la crisis del 2007-2008 lleva a un momento crucial la puja entre las fracciones financieras y entre globalistas y nacionalistas.Citando a Nigra y Pozzi, la crisis “es producto de la trasnacionalización de las políticas neoliberales, eufemísticamente llamada globalización, y a su vez ha modificado el mundo capitalista. […] En ese contexto, Estados Unidos se vio obligado a aceptar el hecho de que China y Japón son potencias de peso mundial”4.

Dicha puja, que hasta hoy subsiste, está en relación a como resolver la crisis de coyuntura, en como manejar la crisis capitalista estructural y en como proceder con la transición histórica del orden mundial con la pérdida de hegemonía del polo de poder con centralidad en Estados Unidos.

Con el triunfo de Obama, el globalismo volvió al gobierno reinstalando su agenda, se dio impulso a tratados multilaterales de comercio e inversión, a las alianzas militares expansivas en la periferia euroasiática para contener a rivales geopolíticos y el multiculturalismo fue su ideología. Además, su programa fue favorable al capital financiero transnacional angloamericano y a intereses geopolíticos del establishment globalista, aunque también hizo concesiones a las clases populares y recuperó parcialmente la agenda liberal en relación a los derechos civiles y libertades individuales. Sin embargo, las disputas hegemónicas continuaron bajo su gobierno.

A partir del 2016 la lucha política en los Estados Unidos, entrelazada con la crisis capitalista y la pérdida de poder relativo en el escenario internacional, manifiesta una situación de empate entre fracciones/fuerzas dominantes, que se expresa en profundas polarizaciones en torno a todos los temas. Dicha fractura es producto de la reacción de un conjunto de actores que se ven amenazados o perjudicados en el proceso de globalización, agudizada por la crisis, que exacerba la lucha entre capitales y afecta a importantes capas de trabajadores y fracciones empresariales. Esta situación forma parte de una transición histórica en la que se está revirtiendo el proceso iniciado entre comienzos y mediados del siglo XIX cuando el poder de “occidente” (con primacía británica) superaba a “oriente” (con primacía China). La fractura y polarización al interior de los Estados Unidos, realimenta su declive relativo, lo cual se articula con una situación de crisis capitalista internacional que acelera los procesos de destrucción creativa.

Realizando un esquema reduccionista en “Estados Unidos la puja de poder tiene como elemento estructurante a dos fuerzas principales y un conjunto de grupos en ascenso que ubicamos en un tercer sector no por su homogeneidad o identidad sino por su incapacidad para aparecer como bloque con un proyecto propio, pero que tienen una influencia cada vez mayor”5.

Por un lado las fuerzas avanzadas del capitalismo transnacional, las redes financieras dominantes de Londres y Wall Street y las citys financieras asociadas, la vanguardia tecnológica de Silicon Valley y un conjunto de actores dominantes del establishment occidental transnacionalizado como los Medios de Comunicación, por ejemplo la CNN y Financial Times, o centros de investigación (think tanks) como el Council of Foreign Relations.

El segundo grupo enfrentado serian las fuerzas “conservadoras” del establishment y un conjunto de fracciones de capital multinacional más “retrasadas”, que se aferran al polo de poder. Dichas fuerzas se centran en la territorialidad anglosajona, para fortalecer unilateralmente dicho polo de poder y desde ahí disputar la hegemonía en la presente transición histórica.

El tercer bloque estaría conformado por fracciones de capital mercado internistas, las clases populares y grupos subordinados que no conforman una fuerza político-social, y que se expresan de múltiples formas, como ideológica de derecha (en componentes del “trumpismo”), en nacionalismos aislacionistas e industrialistas, o en su forma ideológica de “izquierda” (muchos de los componentes que expresa Sanders). Ante esto como escriben Preciado y Gandásegui, tenemos “metrópolis altamente educadas sin empleo y con mano de obra técnica y obrera altamente calificada igualmente desempleada o subempleada” y “poblaciones rurales y de tamaño medio en las que la vida comunitaria ha sido trastocada por el cierre de la industria o la mina alrededor de la cual fueron erigidas”6.

Todas estas expresiones crecen a medida que se agudiza la crisis de legitimidad y de representación del sistema político institucional en Estados Unidos.

El enfrentamiento queda lugar a la fractura política en los Estados Unidos, no se traduce de forma lineal, en términos políticos, con Trump bajo una forma ideológica de derecha y Bernie Sanders bajo una forma ideológica de izquierda, también expresan una crisis de los partidos políticos y una profunda crisis de legitimidad del régimen, poniendo de manifiesto este tercer sector.

En este sentido, Trump emerge expresando a un conjunto de integrantes de ese tercer sector bajo una forma ideológica de “derecha” en sus aspectos culturales, con una mezcla de nacionalismo económico industrialista y proteccionista, cierto aislacionismo en política exterior, un discurso anti-establishment y una promesa de retorno del sueño americano con fuertes reminiscencias neoconservadoras. Es la voz de gran parte del “viejo” EE.UU. que se resiste a perecer, la de los industriales no globalizados y mercado internistas, de una parte de los trabajadores industriales que vieron perder sus trabajos en los últimos años producto de la deslocalización industrial y las transformaciones tecnológicas.

En 2019, “un poco menos del 40% de la población estadounidense era no blanca o hispana. Se espera que los blancos no hispanos sean minoría en unos 25 años”7, es ese Estados Unidos “blanco” perdedor de la “globalización” que ve en el multiculturalismo cosmopolita del capitalismo transnacional una amenaza a su identidad nacional. En definitiva, Trump representa a una parte de quienes sienten que ya no existe el “sueño americano”.

1David Byrne. Miss America. Álbum Feeling. Warner Records Label, 1997

2I love America, her secret’s safe with me/ And I know her wicked ways/ The parts you never see […] I’m not the only heart you’ve conquered/ And I love America, but boy can she be cruel

3Castorena, Casandra; Gandásegui, Marco y Morgenfeld, Leandro (Coords. y Eds.). Estados Unidos contra el mundo. Trump y la nueva geopolítica. CLACSO. Buenos Aires, 2018. Libro digital, PDF. Pág. 21

4Pozzi, Pablo yNigra, Fabio. ¿El fin de la globalización? La crisis económica de Estados Unidos en Revista Política y cultura N° 34. México, 2010. Pág. 42

5Castorena, Casandra; Gandásegui, Marco y Morgenfeld, Leandro (Coords. y Eds.). Estados Unidos contra el mundo. Trump y la nueva geopolítica. CLACSO. Buenos Aires, 2018. Libro digital, PDF. Pág. 24

6Gandásegui, Marco y Preciado, Jaime (Coords.). Hegemonía y democracia en disputa. Trump y la geopolítica del neoconservadurismo. Universidad de Guadalajara. México, 2017Pág. 333

7Schneider , M. (2020). El anunciado vuelco demográfico de EEUU se hace realidad. Recuperado 6 de noviembre de 2020, de Infobae website: https://www.infobae.com/america/agencias/2020/06/25/el-anunciado-vuelco-demografico-de-eeuu-se-hace-realidad/

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