Los molinos de viento del neoliberalismo.

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@mateamargouy

Ricardo Pose

–¿Qué gigantes? –dijo Sancho Panza.
–Aquellos que allí ves –respondió su amo– de los brazos largos, que los suelen tener algunos de casi dos leguas.
–Mire vuestra merced –respondió Sancho– que aquellos que allí se parecen no son gigantes, sino molinos de viento, y lo que en ellos parecen brazos son las aspas, que, volteadas del viento, hacen andar la piedra del molino.
–Bien parece –respondió don Quijote– que no estás cursado en esto de las aventuras: ellos son gigantes; y si tienes miedo, quítate de ahí, y ponte en oración en el espacio que yo voy a entrar con ellos en fiera y desigual batalla.

La utopía del Quijote nos puede hacer terminar con la adarga quebrada y los huesos rotos, pero la racionalidad de Sancho, no transforma el mundo.

Si las aspas del Molino giran en sentido horario, pudiendo significar la evolución de la especie humana hacia una sociedad más justa, hoy soplan vientos que mueven las aspas en sentido contra reloj.

Con el diario del lunes, sería justo apreciar que en quince años de gobiernos progresistas, el molino estuvo inmovilizado.

La derrota electoral de la izquierda en Uruguay, su gestión de una distribución más justa de la riqueza, a seis meses del nuevo gobierno neoliberal, parece algo lejano en tiempo.

Los procesos de acumulación política de la izquierda, eliminaron del relato la cuestión del Poder (un Poder que ya no se conformaba como en los 70) y supeditó la batalla cultural, a una lógica de amplitud electoral.

La gran pregunta a responder en el medio de autocríticas que no llegan, es si es posible acumular con los métodos que permitieron el triunfo de la izquierda en el 2004, si es que esa acumulación fue la causa principal.

Vale señalar, que la crisis que revolcó en el suelo a buena parte de la clase media uruguaya, fue quizás el eje principal del viraje, por encima de la impunidad, la corrupción y la represión que vivió la sociedad uruguaya en los años de post dictadura.

El Frente Amplio no logra superar, como queja de bandoneón, el relato de todos sus logros en quince años de gobierno, y el movimiento sindical aún no encuentra un camino alternativo en un panorama de profunda transformación de las relaciones laborales.

La mejora de la calidad de vida de vastos sectores de la población, construyeron el nuevo y enorme molino del Consumo, y muchas de las medidas de lucha, les parece que atentan contra lo logrado, aunque quién se lo despoje sea el gobierno de Derecha.

Tantas odas al racionalismo de Sancho Panza, no solo ha dejado en soledad al Quijote con sus utopías, sino que peor aún, ha dejado al dúo de la histórica novela, sin tiempo para analizar las nuevas realidades.

El gran capital financiero de corte transnacional no necesita como antes de una expresión política que lo represente.

Los oligarcas y criollos burgueses se sientan como comensales de incomoda visita en las distinguidas mesas del Capital internacional, y a veces sobreviven ocupando el lugar de la servidumbre, aunque se perciban como caballeros.

Volvió al gobierno de Uruguay, la raquítica oligarquía cipaya.

Las organizaciones políticas y sociales de la izquierda, tienen como nunca en la historia el desafío de rascar donde pica.

El molino gira en sentido antihorario; la población no se aflige como en los sesenta por un caso más o menos escandaloso de corrupción, porque se ha instalado con fuerza el concepto de que en política, “son todos iguales”.

Las medidas de lucha a llevar adelante, la carga de caballería contra los molinos, deberán cuidarse mucho de no generar el descontento de los propios, que ya bastantes problemas tienen en sobrevivir a los impactos del neoliberalismo.

Si algo positivo se le puede adjudicar a la pandemia, es haber descubierto que hay un largo y tortuoso camino en la construcción de un modelo de auto gestión, alternativo, sostenible y soberano con sus idas y venidas.

Y en el marco de confrontación con el Poder Real, el palpable, tocable, herible, seguramente hay que innovar y recorrer nuevos caminos caminando sobre antiguas huellas.

Volver a ocupar masivamente las calles tiene un poder simbólico en la lectura política, pero no es allí donde pica.

Habrá que rascar allí por las vías donde circula el gran capital, en los portones de entrada y salida donde se produce materia prima con escasa industrialización, en las rutas por donde circula el valor agregado que se lleva las ganancias al extranjero.

Hay que recomponer urgente el mapa del Poder Económico en el Uruguay, el de los “grandes molinos” que mas que generar energía, consumen las energías de una nación.

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