Ayer y hoy: el silencio

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@mateamargouy

Mate Amargo

antes de existir computador existia tevê
antes de existir tevê existia luz elétrica
antes de existir luz elétrica existia bicicleta
antes de existir bicicleta existia enciclopédia

antes de existir enciclopédia existia alfabeto
antes de existir alfabeto existia a voz
antes de existir a voz existia o silêncio

Arnaldo Antunes

Ayer 18 de julio volvió a estar muda, como cada 20 de mayo desde 1996 cuando la Primera Marcha del Silencio fue convocada, como el 20 de mayo de 1976 cuando la Dictadura Argentina y la Dictadura Uruguaya -en el marco del Plan Cóndor- asesinaban a Rosario Barreda, a William Whitelaw, a Héctor Gutiérrez Ruíz y a Zelmar Michelini.

Pero el silencio de ayer no fue de dolor, ni de respeto, ni de memoria. Fue el mismo silencio cómplice, cobarde, de quienes insisten en dar vuelta la página porque no se arrepienten. Porque aprovecharon la situación sanitaria para agregarle más silencio al silencio, todavía pensando que con un par de gritos o mirando para otro lado van a poder con una memoria llena de PRESENTE.

Nuevamente, como con el 1º de mayo, le erraron feo. El mensaje se multiplicó, la inventiva y la empatía se esparció por todos los barrios de todo el país. Hasta el menos dispuesto a tomar partido, identificó su casa y sus redes sociales con el símbolo de la lucha de Madres y Familiares de Detenidos Desaparecidos, haciendo carne la consigna de que TODOS SOMOS FAMILIARES.

Mate Amargo conversó sobre la Marcha de Silencio con María José (31 años, Técnica Egresada de UTU) en Artigas, con Alberto (33 años, empleado y estudiante) en Durazno, con Emilihano (31 años, albañil) en Puntas de Valdez – San José, con Estefanía (29 años, administrativa y estudiante) en Canelones y con Adriana (53 años, Licenciada en Registros Médicos) en Maldonado.

¿Cuál fue su primer acercamiento al 20 de mayo?

Alberto. La generación de mi madre fue la primera en la familia en volcarse hacia la izquierda, a pesar de que siempre supimos que teníamos vecinos en el barrio -como la familia Luzardo- que fueron torturados. El caso más conocido es el de Perico” que, por orden de Gavazzo, recibió un tiro y fue trasladado al hospital, no se le brindó atención y a los días murió. Mi acercamiento a esta fecha y a la organización que nuclea a familiares de Detenidos Desaparecidos fue a través de mi madre y su militancia en el Frente Amplio.

Estefanía. No lo tengo muy claro, pero fue entre los últimos años de liceo y los primeros de Facultad, fueron años difíciles en lo personal. Si recuerdo que fué una charla sobre “historia reciente” lo que me acercó por primera vez a un Comité de Base (en el que participo hasta el día de hoy). Allí aprendí, sentí, investigué y asimilé lo que ningún libro es capaz de transmitir…las historias de vida de las/os propias/os compañeras/os. Me costó años vincular el sitio de Los Vagones en nuestra ciudad, en entender que el parque no era el lugar de esparcimiento que yo creí conocer. Todavía sigo en esa reflexión, incómoda, cuando estoy en ese lugar o alguna declaración/información me lleva hasta ahí.

Emilihano. Fue por curiosidad. Soy del interior, hijo de blancos tradicionalistas, mi crianza se caracterizó por un vacío tremendo en lo que tenía que ver con las causas populares, la historia reciente, etc. Además en San José no solía celebrarse la Marcha del Silencio hasta hace unos poquitos años, lo poco que veíamos eran las imágenes que pasaban por la televisión. En 2008, invitado por un compañero de Montevideo, participé por primera vez en la 13° Marcha del Silencio.

¿Qué lugar ocupa la memoria en tu diario vivir?

María José. La memoria ocupa un lugar muy importante en mi militancia social, es de donde yo me paro para comprender y elegir un camino por el cual caminar. En esta causa, reivindicamos una memoria colectiva, que los hace presentes, los mantiene vivos. La memoria es la que mantiene viva esta lucha, día a día, para saber ¿donde están?, por exigir verdad, justicia y NUNCA MÁS. Debemos construir y defender esta memoria, de esa parte de la historia que nos arrebataron, que hasta hoy nos esconden.

Adriana. Soy hija, nieta y sobrina de inmigrantes españoles. Primera generación nacida en Uruguay. Mi abuelo materno se fue de España cuando Franco gobernaba, buscando estabilidad para su familia. Yo nací en el 66’ en un barrio fundado por inmigrantes -en su gran mayoría-, algunos habían estado en la resistencia en España o Italia, le llamaban el barrio de los Italianos en Malvin Norte. Cuando la dictadura era muy chica, en mi barrio el padre de unas amigas no estaba en su casa y algunos días escuchaba a mis padres y vecinos conversar diciendo muy bajito, “anoche estuvo Anibal”. ¿Si no sé de dónde vengo, cómo sé adónde voy? Mi MEMORIA es colectiva, mi memoria se ha alimentado día a día desde que empecé a preguntar. Mi memoria se nutre de la memoria de mis compañeras y compañeros. Si no tengo memoria no puedo trazar mi camino.

Emilihano. Es sin duda una de las principales causas que me mueven en lo que refiere a la militancia. Porque tenemos: por un lado el deseo -quizás utópico- de querer cambiar el sistema como algo mas lejano; y por otro lado, hechos concretos muy cercanos que pasaron (aquí en uruguay) en el transcurso de una realidad no tan diferente a la actual, en los que se cometieron aberraciones contra personas solo por pensar diferente. Eso es algo que tenemos presente todos los días y sin duda es lo que nos motiva a no aflojar.

¿Dónde están?

Estefanía. En nosotras/os, no me cabe la menor duda. Actuando en consecuencia, asumiendo los errores y viendo cómo salimos. Este distanciamiento físico (y no social), nos ha conectado desde un lugar más personal al 20 de Mayo. ¡Nos quedamos sin materiales para repartir! Todas/os querían un pañuelo, una bandera, identificarse. Están en cada hogar, en cada organización y sindicato, en relatos vivos y muy valiosos, nos faltan a todas/os. “No son sólo memoria, son vida abierta, continua y ancha, son camino que empieza.” La canción toda alcanza para responder la pregunta. Viven también en la música, sin dudas.

Alberto. Están en todos lados, están en los estudiantes, trabajadores, sindicalistas, militantes sociales y políticos, están en los padres y madres que enseñan a sus hijos que pensar libremente y respetar el pensamiento ajeno -aún no compartiendo muchas cosas- es el camino más sano para una sociedad más humana en los próximos tiempos.

Adriana. En la memoria, en los corazones. Están presentes en cada una, en cada uno de nosotros. Están en nuestras utopías, están esperando que las y los encontremos. Están ahí en cada placa que las y los recuerda, en esa casa, esa vereda, ese cuartel. Están en cada baldosa que pisaron, en cada lugar que habitaron. Solo sé, que nunca tenemos que dejar de buscar.

¿Qué futuro te imaginás?

María José. Imaginar es algo lindo y siempre, cuando estás en una lucha o causa cómo ésta, te imaginás el mejor futuro. Entonces me puedo atrever a imaginar un futuro en el que todos y todas se apropien de la causa, que ya no exista impunidad, que se obtenga lo que se exige: VERDAD, justicia, un futuro en el cual nunca más haya terrorismo de Estado! Y que siempre esté viva la memoria!

Adriana. Más que el futuro que me imagino, pienso en el futuro que quiero. Por ese futuro milito todos los días. Quiero una sociedad más justa, más solidaria, que piense en el otro, que le duela el otro. Quiero que seamos mejores personas, que podamos ver al otro como persona, no por lo que tiene o por lo que llegó a ser. El mundo cambia, los tiempos cambian, las nuevas tecnologías revolucionan la forma de hacer las cosas. Eso pasó, pasa y pasará. Pero lo que no cambia a través de los tiempos es la empatía que puede tener el ser humano hacia el otro. Y eso hay que cultivarlo. Porque esa empatía, esa sensibilidad que nos humaniza, es lo que no podemos perder. Si perdemos eso, perdemos todo.

Estefanía. Me imagino un futuro con verdad y JUSTICIA, donde no hayan justificaciones absurdas para legitimar una desaparición. Un futuro con memoria, con nuestra historia en cada hogar y con un Nunca Más. Un futuro de esperanza, solidaridad y construcción colectiva hacia una patria para todas y todos.

¿Cuál es el mensaje, el aprendizaje, el legado que queremos dejarle a las generaciones que vendrán?

Alberto. Que todos somos familiares, que la diferencia está en el tiempo y en el espacio de la historia que nos tocó actuar, que aún sin conocer a nadie que vivió de cerca el terrorismo de estado deberíamos sentir como propias las heridas que aún quedan sin sanar. Infectadas por el silencio de algunos uniformados y otros sin uniformes, de sangre azul, que tanto daño le hicieron y le hacen a un país que tiene todo para ser vanguardia en derechos y libertades. La historia dirá, el presente lo está diciendo, un par de años nomás le alcanzan para romper “la joya de la abuela”, a la que hoy le siguen faltando piezas para poder rearmarla.

María José. El aprendizaje que nos deja esto, es que no podemos dejar de lados nuestros valores, debemos tener empatía, debemos reflexionar y no quedarnos solo con aquello que nos dicen. Debemos buscar respuestas siempre! Y no porque esta causa no sea la tuya la debes ignorar, olvidar, o simplemente pasar la página. Los y las jóvenes deberán abrazar esta bandera con firmeza, con la misma firmeza que han sabido mantener otras generaciones, todos y todas sin importar la edad.

Emilihano. mientras haya memoria, la búsqueda de verdad y justicia continúa. En ese entendido, las nuevas generaciones tenemos que darle continuidad a la lucha incesante de los familiares de Detenidos Desaparecidos, transmitirla de generación en generación, apoyados en su memoria y en los avances conquistados en materia de búsqueda. Es nuestro deber multiplicar su voz, abrir el pecho porque todos somos familiares, es necesario que todos sepamos y recordemos ¿qué fue lo que pasó?, ¿por qué los desaparecieron? y ¿DÓNDE ESTÁN?

Queríamos dejarles este aporte que pinta la dimensión de los acontecimientos, a 45 años de los mismos. Son heridas que trascienden edades porque son heridas sociales. Más allá de la justicia, si llega o si no.

El transcurrir de los años lejos de acallar las ansias de verdad, ha ido transformando el 20 de Mayo en una causa nacional. Es parte del sentido común, del sentir común. Esta causa hoy es pasado, es presente y por lo que se puede palpar en todo el país, es futuro.

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