La normalidad inaudita

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@mateamargouy

Martin Nessi

El pasado viernes el gobierno nacional anuncio que “el país se encamina a iniciar una etapa de nueva normalidad en la lucha contra la pandemia COVID 19” así lo anunció el Presidente de la República y dijo que “el mundo no va a ser el mismo. Esa nueva normalidad, la estamos probando en base a estudios científicos”.

En solo dos oraciones de una conferencia que duro más de media hora hay mucho para analizar.

En primer lugar decir que se utilizan dos expresiones lingüísticas que en las condiciones actuales resultan macabras a la vez que de extrema peligrosidad. La “normalidad” es la cualidad o condición de “normal” siendo lo “normal” aquello que se ajusta a las normas. En ocasiones suele también aplicarse el término “normalidad” a aquel o aquello que se ajusta a los valores medios. Lo que no se ajusta a estos valores medios es anormal y obtiene de por si una connotación negativa.

Uno debe decir que si primara en él un mayor espíritu republicano e incluyente se podría haber elegido por parte del gobierno expresiones más tendientes a manifestar la “necesidad de una nueva cultura de relacionamiento y contacto físico entre las personas” o algo por el estilo, incluso expresiones como “nueva forma de relacionamiento” o “nuevas conductas” hubieran sido mucho más inclusivas que la infeliz, deficiente y elitista “normalidad”. Normalidad es en definitiva una definición política del gobierno nacional que aferrado a sus concepciones neoliberales sin la brutalidad que se manejó hace un tiempo en algún medio de prensa. Maneja con la misma irresponsabilidad la idea de que todos y todas tenemos las mismas posibilidades porque en definitiva “el sol brilla igual para todos”.

La otra cosa que hace el gobierno es “probar” esa “nueva normalidad” y uno se pregunta ¿Qué prueban? ¿Si nos enfermamos o no nos enfermamos? ¿Si la gente muere o no muere? ¿Si tiene la posibilidad o no de bancarse en su casa? ¿Si nos inmunizamos? ¿Que prueban como si se tratara de caramelos? Muchachos acá no hay tiempo de pruebas, no hay que si sale mal volvemos atrás y arrancamos de nuevo.

El Estado debe garantizar la salud y el bienestar de la gente y acá ni una ni otra cosa se está haciendo y el gobierno está en lógica de dar a la población guías de conductas tendientes a evitar el contagio sin tomar una sola medida que vaya hacia el camino de la justicia social.

Nos hemos visto sorprendidos con sesudos análisis que hacen mención a la capacidad del manejo de los números y la buena estrategia comunicacional del gobierno y hasta puedo en buena parte estar de acuerdo con eso, creo que su estrategia comunicacional es acertada y acorde a sus intereses pero en lo concreto para la gente, sobre todo para la que no aplica la normalidad, se ha hecho poco y nada. ¿Además de la canasta de los mil doscientos pesos y el crecimiento en partida de la tarjeta Uruguay social, qué es lo que se vienen haciendo? Si se han tomado medidas necesarias, es cierto, pero se ha hecho muy poco para dar soluciones concretas tendientes a la reactivación productiva del país y a la salvaguarda de los y las que menos tienen. Se gesticula fuerte, se usan alegorías y recursos técnicos comunicacionales que están pensados con detenimiento pero se parte de un análisis de la realidad parcial y sesgado. Es desde allí que se maneja este concepto de “nueva normalidad”, con la presunción de que todos y todas estamos en igualdad de condiciones cuando bien sabemos que no es así.

Mientras en otros lugares se maneja la idea de un Estado Maternal aquí el gobierno rompe con las mejores tradiciones del país para dejar de ser un Estado protector para no aplicar medidas diferenciales y al mismo tiempo ir silenciosamente rompiendo y desarticulando un entramado de políticas públicas que es el que permite hoy cubrir situaciones que tienen que ver con los sistemas de cobertura en educación y salud entre otros.

En síntesis, la nefasta “nueva normalidad” viene sin una necesaria tendencia a la justicia social, viene discriminadora ya desde su terminología, pero viene también discriminadora desde sus acciones. Esta nueva normalidad viene sin distribución de la riqueza y también sin distribución del ingreso, viene sin aporte obligatorio de los grandes capitales y sin políticas que vayan en el camino de la igualdad social e igualdad de oportunidades. Viene la nueva normalidad sin justicia distributiva, sin regulación de precios ni control de la moneda, viene con aumento de tarifa y apretando el cinto fuerte de los y las que venían peleando pa verse en el medio y ni que hablar que, esta nueva normalidad viene sin ayuda concreta y sin más camino que la exclusión para todos aquellos y aquellas que por razones de las leyes del capital y las de la propia vida les cuesta ingresar al “mundo normatizado”.

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