Las raíces de la solidaridad

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@mateamargouy

Carlos Pereira Das Neves

En nuestros jóvenes y oficiosos 190 años que llevamos como país, hemos atravesado:

  • Matanza de Salsipuedes

  • Guerra Grande

  • Guerra de la Triple Alianza

  • Militarismo

  • Revueltas de Timoteo Aparicio y Aparicio Saravia

  • Primera Guerra Mundial

  • Golpe de Estado de Terra

  • Segunda Guerra Mundial

  • Guerra Fría

  • Estado de Excepción y Medidas Prontas de Seguridad

  • Golpe de Estado cívico militar de Bordaberry y las Fuerzas Armadas

  • Los 90’

  • La crisis del 2002

El pueblo siempre sufriendo en carne propia los caprichos de los caudillos de turno y los grupos económicos que los sostuvieron. Nadie nos va a venir a dar cátedra de resistencia, ni un virus, ni una clase política que pretende gobernarnos por Conferencia de Prensa.

El territorio, la(s) nación(es), el(los) pueblo(s)

El cientista social y político checoslovaco, Karl Deutsch, decía que “Dos hombres son de la misma nación si y solamente si ellos reconocen al otro como perteneciente a la misma nación. En otras palabras, las naciones hacen al hombre; las naciones son los artefactos de las convicciones, lealtades y solidaridades de los hombres”(1) Vaya si los uruguayos hemos sabido ser solidarios con las distintas comunidades de inmigrantes que nos acompañaron en la construcción de nuestra nación, a pesar de la mancha de sangre que recorre nuestra historia.

Para el historiador israelita, Shlomo Sand: “El nacimiento de la nación es sin duda un acontecimiento histórico real, pero no es un acontecimiento completamente espontáneo. Para reforzar una abstracta lealtad de grupo, la nación, igual que las comunidades religiosas precedentes, necesitaba rituales, festivales, ceremonias y mitos. Para forjarse a sí misma en una sólida entidad única, tenía que realizar continuas actividades culturales públicas e inventar una memoria colectiva unificadora.”(2) Nuestro nacimiento ni fue espontáneo ni fue romántico, la ‘memoria colectiva unificadora’ se tradujo políticamente en eliminar a todos aquellos que entorpecieran la posibilidad de parecernos a las mejores sociedades europeas, ese fue el destino de las distintas etnias indígenas que habitaron nuestro territorio.

Pero el genocidio indígena no detuvo la heterogeneización de nuestro “pueblo”. Incluso “pueblo”, hasta el día de hoy y en términos prácticos tiene dos claras -y contrapuestas- concepciones: para algunos pocos se refiere a una entelequia que no necesita ser comprendida sino gobernada; para muches otres es un sentido de pertenencia, es un gran grupo humano que jamás encontrará una silla en la mesa de las élites nacionales y/o transnacionales.

“Crece desde el pueblo el futuro” (3)

Muchas de las concepciones comunitarias y solidarias de la izquierda uruguaya se las debemos al artiguismo, pero fue con las acciones de algunes italianes anarquistas que ciertos procedimientos se volvieron comunes en las prácticas de “los de abajo”. Desde les primeres obreres que comenzaron la tarea de unificar a nuestros sindicatos, a tomar partido por conflictos en otros países: “La solidaridad internacional del movimiento anarquista uruguayo se puso en marcha desde el inicio de la guerra de España, en 1936. A las pocas semanas de recibir las noticias del golpe de Estado, se organizó en Montevideo un Comité de Ayuda a las Milicias Obreras Españolas de la CNT y la FAI. A través de los sindicatos afines, se recolectó dinero y ropa y se realizaron eventos de diversa índole.”(4)

El 24 de diciembre de 1963, nuestro pueblo concibió otra forma de solidaridad, no exenta de reflexiones: “Es cierto, muy cierto que lo que importa es que no solo sean buenos algunos días, sino todos los días de todos los años, de la vida de todos, absolutamente todos los seres humanos. Eso es lo que importa y por eso hay que luchar. Pero, ¿se desvirtúa esa lucha si quienes están consagrados a ella, proporcionan en algunas de aquellas fiestas, la elemental alegría de un poco de comestibles a algunos de los tantos que nunca los tienen?”(5) Fue cuando el comando juvenil “José Artigas” decidió apropiarse de un camión de la firma Manzanares S.A. y repartir los alimentos en un cantegril, junto a una acción de propaganda en la que se denuncia el alza del costo de la vida, la falta de viviendas y fuentes de trabajo, etc.

Las ollas populares, como tales, no tienen una fecha específica de nacimiento, pero como acción política concreta, existe un antes y un después de la crisis de 2002. Año y presidencia que hoy, con el paso del tiempo como aliado, algunos pitucos políticos oficialistas pretenden ponerlos como ejemplos de gobernanza. No hay nada de “pueblo” en esos ejemplos.

El 2002 fue un hervidero de organización social, por todo el país les uruguayes se organizaron para que les vecines más cascoteades tuvieran para pucherear. Y quedó claro que nadie quería que esta historia se repitiera, eso trajo aparejado cambios en la política que determinaron el ascenso del Frente Amplio al gobierno nacional.

El pueblo, unido, tiene coronaviru

La historia es irónica, es despechada. El mundo atraviesa una pandemia desde diciembre del año pasado, Uruguay no se iba a salvar, pero quiso la suerte o -mejor dicho- la desfachatez que quien iniciara el ciclo de contagios en nuestro país fuera una empresaria de alta alcurnia, hija de un Comandante del Ejército que ejerció su comandancia en plena dictadura.

Y aún más, esquiva e hija de puta, la historia de quienes siempre se saltearon todas las normas y se dedicaron a multiplicar sus recursos ideológicos y económicos, que hoy pretenden que seamos “pueblo” en el combate a un virus importado por quienes viajan a Europa como quien va al almacén a comprar salsa de tomate. No les basta con socializar las pérdidas, también quieren socializar el contagio, mientras disfrutan del aislamiento social exhortado en sus casas de múltiples cuartos y heladeras repletas, condenando a una gran cantidad de uruguayes a perder sus ingresos diarios.

Pero…ahí está el pueblo nuevamente, a pesar de que en el 2002 juró que no volvería a pasar por lo mismo, organizando la solidaridad, exponiéndose al contagio para que la gente no se quede sin pucherear. Vecines, en casi todos los barrios de Montevideo y el interior (sin contar los guetos de los pudientes), juntándose de a 4 o 5, cocinando para 200 todas las noches, mientras el gobierno habla de préstamos a Fondos Internacionales, aplicaciones para telefonía celular y aumento de tarifas.

La solidaridad podrá con la codicia, como dicen les gurises que se hicieron conocides por compartir sus conocimientos sin pedir nada a cambio y hoy dejaron los libros para agarrar los cucharones, el pueblo volverá a prometer no pasar por esta situación y allí estarán las organizaciones sociales/políticas/vecinales para ayudar a que se cumpla la promesa.

NOTA

  1. Ernest Gellner. Nations and Nationalism. Oxford; Blackwell Publishing; 2006

  2. Shlomo Sand. La invención del pueblo judío. Madrid; Akal; 2011

  3. Fragmento de la canción “Crece desde el pie” de Alfredo Zitarrosa

  4. Yanes Torrado, Sergio (et al). El apoyo mutuo anarquista.La sección uruguaya de Solidaridad Internacional Antifascista. Hemisferio Izquierdo; 18 de setiembre de 2017; en https://www.hemisferioizquierdo.uy/single-post/2017/09/18/El-apoyo-mutuo-anarquista-La-secci%C3%B3n-uruguaya-de-Solidaridad-Internacional-Antifacista

  5. Actas Tupamaros. Operación Cantegriles. 24 de diciembre de 2018; en https://www.mateamargo.org.uy/2018/12/24/operacion-cantegriles/

     

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