Crisis en España. El coronavirus nos enfrenta a nuestras carencias.

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@mateamargouy

Quatre Gats
Barcelona, marzo de 2020

Acaba de finalizar la intervención del presidente Sánchez, quien en nombre del gobierno ha tratado de trasmitir tranquilidad a la población, en relación al enorme golpe que está suponiendo la pandemia originada por el coronavirus COVID-19.

A lo largo de estas semanas, se pronostica una nueva gran crisis en Europa y quienes están dispuestos a sacar rédito político del momento, no escatiman esfuerzos en recalcar que este gobierno no está preparado para gestionar la situación ante la seria perspectiva de inseguridad y miseria.

El tema nos ha encontrado confiados de que se trataba de un problema restringido a una provincia de China y cuando menos lo esperábamos lo teníamos en la Comunidad Europea.

Primero fue el norte de Italia, con una virulencia brutal y sin las mínimas medidas de contención necesarias. Cuando anunciaron que cerrarían el acceso y salida de las zonas afectadas, una multitud huyó en estampida desparramando el virus por todo el país. El caos.

No carguemos las tintas con algunos inconscientes, que los ha habido; la globalización, con la movilidad ilimitada de las personas, ha ayudado a la expansión del virus, como también ha contribuido y mucho, la falta de medios materiales y técnicos, no por incompetencia pero sí por falta de la necesaria previsión. Así llegamos a la pandemia.

En España, a pesar de tener el ejemplo de Italia, se confió en la efectividad de las disposiciones de contención que luego llevarían a adoptar medidas más drásticas; pero el avance del virus ha sido más rápido de lo esperado. En este momento está extendido por todo el país, pero tres zonas, Madrid, País Vasco y La Rioja tienen la situación más complicada.

O sea, crisis sanitaria por un lado y crisis económica por otro. Para la primera hay que reconocer que nadie estaba preparado, es algo que mientras no llega no es motivo de preocupación. Solo cuando se propaga el agente que genera la enfermedad se toman medidas: en África, en unos pocos países, el ébola sigue siendo casi endémico y a pocos les importa, se ayuda a contenerlo solo para que no llegue al Primer Mundo (por suerte los africanos hacen pocos viajes turísticos y comerciales).

En cuanto a la crisis económica haya o no recursos, de algún lado saldrán; Juan Pueblo paga. Y si no, ¿cómo se salió de la crisis de los coronapapeles que nos vendieron los bancos y que no servían para nada?

Lamentablemente hay que darle la razón a Bill Gates en el tema de la carencia de recursos: las grandes potencias están preparadas para intervenir militarmente en cualquier lugar del mundo en pocas horas y son incapaces de hacerlo en caso de que se necesite una intervención sanitaria rápida.

Al igual que en Italia, el drama tiene dos vertientes, el riesgo de un desastre sanitario, con alto índice de fallecimientos (sobretodo ancianos), con colapso del sistema y el desastre económico por otro.

En Madrid, epicentro del drama, donde están el 50% de los afectados, se está pagando la política de austeridad y recortes aplicada por el gobierno autonómico (del PP) en los últimos 20 años. Las privatizaciones se han cargado, según cálculos de los técnicos, el 35% de la sanidad pública en beneficio de la privada. Han convertido los equipamientos sanitarios levantados con los impuestos de toda la población, en empresas privadas que sólo esperan un rédito económico.

No solo Madrid ha sufrido estos recortes. En Catalunya las privatizaciones han sido incluso mayores y las han perpetrado durante su gobierno, adalides del proceso independentista, los herederos directos de Jordi Pujol, concretamente mientras respondían al nombre de Convergència i Unió (CIU).

La sanidad privada se desentiende de la pandemia. En el colmo de la hipocresía, cobra 300 euros a quien quiera realizarse un test.

Se está librando una lucha muy dura, con mucho sacrificio humano por parte de los sanitarios, y del resto de colectivos que tienen que atender a la población.

El llamado hecho a la colaboración de la población, a raíz de la difusión tan vertiginosa del virus, pidiendo que todo el mundo se quedase en casa, salvo casos de necesidad, ha tenido en general una respuesta madura y solidaria. Pero como en todas las sociedades, hay versos sueltos. El miedo, la inconciencia y el egoísmo se manifiestan también: hay gente que se ha ido a las segundas viviendas, no sólo repartiendo el virus si lo tuvieran, sino colapsando de ser necesario los centros hospitalarios, preparados para mucha menos gente. Este es el caso (de los muchos), del ex presidente Aznar y su esposa, que han decidido “sufrir” en Marbella.

Se ha diseminado el virus en sitios donde no habría llegado y no se salva ninguna comunidad. Están los que salen a pasear, a hacer deporte, como si estuvieran de vacaciones. Así, a través de portadores asintomáticos el virus se ha ido diseminando por toda la geografía. Ahora se está penalizando a todo aquél que se salte sin motivos el confinamiento con multas muy abultadas, que esperamos disuadan a los irresponsables.

En estos días hemos visto dos fenómenos, las ciudades prácticamente vacías y los supermercados a rebosar, con una locura irracional de acaparar comida, ¡y papel higiénico! En muchos casos es tal el caos y la desesperación que no se mantienen las distancias de seguridad estipuladas. Caldo de cultivo para más difusión del virus.

Hoy, las aguas se están calmando; se ha garantizado el abastecimiento, para lo cual las restricciones de transporte no afectan a los vehículos proveedores de suministros.

En lo económico y esto es extensible al resto de Europa, significará una recesión de varios puntos y ya se están orquestando medidas de apoyo y liquidez a medianas y pequeñas empresas; se supone que las grandes corporaciones tienen capacidad de resistencia, pero aun así se tomarán medidas de mayor laxitud fiscal, a fin de impedir despidos masivos. Se ha prometido apoyo a los trabajadores autónomos, muy expuestos, a los que no les entrará dinero mientras dure la cuarentena.

Ya veremos cómo se distribuye el volumen de dinero disponible del Banco Central Europeo, a ver si realmente responde a las necesidades sociales.

(¿O se entregará a los bancos privados que estarán “faltos de liquidez” por la moratoria en el pago de hipotecas, si al final en España se aprueba?).

Esta situación, agrava algunos aspectos preocupantes, como la xenofobia hacia lo asiático, buscando culpables; esconderá por un buen tiempo el drama de los refugiados que malviven en las puertas de Europa (ahora más proclive a cerrar fronteras).

En España saltó la “bomba” de corrupción del rey Juan Carlos, con millones cobrados en comisiones y depositados en cuentas de paraísos fiscales. Este tema hará mucho daño a la credibilidad de la corona, pero ésta se ve nuevamente “salvada por la campana” de lo más urgente, la salud pública; con la importante ayuda de las vertientes políticas dispuestas a salvarle, como PSOE y PP que votaron en contra de una investigación de las finanzas del Rey Juan Carlos.

Mientras tanto tenemos que desarrollar nuestro ingenio para sobrellevar esta cuarentena, con niños o sin ellos, con animales de compañía o sin ellos. Y el aburrimiento es capaz de lo más risueño hasta lo más extravagante.

Quedémonos en Casa, seamos responsables y pacientes.

(En el siglo pasado, a una parte no significativa de la población, le quitaron los abrazos durante trece años y a casi todos los uruguayos, la sonrisa. Como en aquella ocasión, paciencia. Ya volverán, abrazos y sonrisas).

 

 

 

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