Alarma en la región: el caso argentino

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@mateamargouy

Economiapolitica.uy

“En casa del pobre: la alegría dura poco”

Pocas veces un refrán fue tan acertado.

El domingo 11 el pueblo argentino festejaba el resultado de las elecciones primarias porque, además de refrendar a sus candidatos, la alianza “Frente de Todos” obtuvo una victoria abrumadora sobre el sector del actual presidente.

El lunes 12, luego del vengativo y esquizoide discurso que recordaba viejos tiranos que con escalofríos supimos escuchar, el dólar dejó de sostenerse, enriqueciendo a toda la camarilla de especuladores y exportadores, y desatando un proceso inflacionario que -para el martes- había hecho perder prácticamente la cuarta parte de los salarios e ingresos de la población. De un día para el otro, se volvieron a empobrecer los más y se enriquecieron los menos.

El riesgo país, que el lunes -sobre las 10:30hs en Argentina- trepaba a 881 puntos, amaneció el martes a 1.467 (según luce en el cuadro). A las 11:31hs estaba a 1631 y a las 13:14hs. a 17091. Un espiral ascendente, en cuestión de minutos, que marca lo que el pueblo argentino tiene que pagar por encima de la tasa de interés media. Según ese último dato, por cada dólar prestado, los y las argentinas deberán pagar un 17,09% más.

Comparemos con otros países de la región, para tener una idea más clara de la dimensión de lo acontecido:

Lo más triste es que, en una visión neoliberal ortodoxa del funcionamiento económico, subir la tasa de interés fue la idea central que se le cayó al actual gobierno, la misma del año anterior. Evidentemente, pasó lo que tenía que pasar: no sirvió para nada. Y, luego de gastar lo que no tenían para intentar un mejor resultado electoral, sobrevino el descalabro.

Después, promesas y una limosna, incluso menor a la que Jorge Batlle nos tiró (intentando ganar algún votito) en agosto de 2004. El equipo económico no renunció, como -al menos- si lo hizo aquí en aquellos aciagos tiempos en que Alejandro Atchugarry sustituía al ministro Bensión y Talvi2 se lavaba las manos al mejor estilo Pilatos.

Paguen lo que paguen, ningún capital con algo de cordura guardaría sus ahorros o invertiría en Argentina hoy, porque el desastre económico neoliberal ya no da confianza. En un listado de 45 países del mundo que publica datosmacro.com, Argentina es el país con la tasa de interés más alta.

El siguiente cuadro nos da una pauta de lo expresado:

Esos mismos capitales que ayer acompañaron a Macri, con su visión cortoplacista de más y más ganancias, son los que hoy también lo abandonan.

La pregunta del millón: ¿Cómo se verá afectado Uruguay?

Antes de hacer esas afirmaciones tan soberbias, al estilo Talvi, preferimos mostrar algunos datos y pensar junto al lector. Pues, el flamante candidato del Partido Colorado, no solo auguró para Uruguay un futuro luminoso poco tiempo antes (solo 1 año y 7 meses) de la brutal crisis del 20023, sino que hace menos de 1 año calificó de “formidable”4 al equipo económico del Presidente argentino.

Lo primero a tener presente es, que las exportaciones de Uruguay hacia Argentina son de menor importancia relativa que hace 17 años. Pues si entre mayo 2001 y junio 2002 fueron el 11% del total de nuestras exportaciones, en similar período 2018/2019 fueron el 5%5.

Al mismo tiempo, es bueno recordar que el gran impacto sobre el sector turismo (pensando en la próxima temporada alta) ya se dio. En enero y febrero de 2019, en virtud de la devaluación y la caída de su economía6, el turismo argentino bajó un 40% (casi 359 mil turistas menos) y a nuestras costas solo llegaron 533.041 turistas de la vecina orilla. Difícilmente la temporada alta 2020 pueda tener un impacto tan gravemente negativo, aunque pensar en cierta recuperación es prácticamente imposible.

La dolarización de la economía es otro de los elementos que pudiera despertar alarmas ante una situación como la actual. Entre mayo 2001 y junio 2002, el 19% (promedio mensual) del M1 (circulante) fue de depósitos en Moneda Nacional, mientras que para 2018/2019 el promedio fue de 35%.

Otros elementos podrían señalarse, por ejemplo, el endeudamiento público.

En el año 2002, los vencimientos de la deuda (lo que teníamos que pagar) en menos de 5 años era el 35% del total, mientras que en el 2018 fue tan solo el 16%. La deuda, que en el 2002 representaba el 86% del PBI, en el 2018 representó el 64%. Alta, pero nada que ver en comparación.

Los activos de reserva, que en el 2002 eran solo el 12% del PBI, en el 2018 fueron el 28%. Por lo que la deuda neta (o sea la deuda total -o bruta- pública, restando estos activos) representó el 50% y el 3% del PBI, respectivamente… ¡Esa es una gran diferencia!

Estos activos, también, son un respaldo para que el peso uruguayo no se desplome de un día para otro y en caída libre, como ocurrió en el 2002. Además, según puede observarse en el gráfico, el atraso cambiario que hoy tenemos es fundamentalmente con Argentina. No es tan así con el resto de la región. Con el mundo fuera de la región el tipo de cambio nos favorece. Súmese esto a que el destino de las exportaciones es hoy mucho más diversificado.