Talvi en el país de nomeacuerdo

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@mateamargouy

Por EconomiaPolitica.uy

“Por supuesto que Ramón Díaz no estuvo solo en el programa de estabilización.” (Miguel Arregui “El ominoso 1990 y el gran ajuste”, el Observador 1/8/2018)

Una vez que estamos de acuerdo con algo publicado en El Observador y por este Sr., tenemos que decirlo, porque entre otros, Talvi estuvo con Ramón Díaz en aquella oportunidad1. Veamos entonces, que tiempos fueron aquellos y que implicaron, porque un país sin memoria, pierde mucho de sí mismo, y es difícil que pueda mirar hacia adelante.

La década de los 90’

Luego de la llamada “crisis de la tablita” o “crisis de la deuda”, la recuperación económica comenzó hacia 1985 retomando los niveles precrisis a fines de la década y con posterior crecimiento entre 1991 y 1998. ¡Expectacular logro!, pero lamentablemente duró muy poco, regresando nueva fase crítica en 1999, además, lo pagó íntegramente el pueblo. La deuda externa con el FMI recién pudo liquidarse en el 2008 (con el gobierno frenteamplista), y con ella sus ignominiosas cartas de intención que condicionaban gran parte de la política interna.

Aquel efímero resultado podría tener de base las recreadas formas de acumulación y los poderes económicos que tras ellas se movían en conjunción con la doctrina neoliberal de los dos partidos que ocuparon la presidencia a lo largo de todo este período2, en pro de un nueva fase pautada por otra etapa de globalización financiera en los años 90’, y los correspondientes acuerdos con los organismos de crédito multilaterales que en un renovado ascenso del endeudamiento externo y apertura en general, afianzarían los lazos de dependencia, con el consiguiente y continuado proceso de desestructuración productiva y debilitamiento del aparato estatal.

Los acuerdos de ajuste estructural con el Banco Mundial SAL 1 y SAL 2 (16 de junio de 1987 y 16 de mayo de 1989 respectivamente) y el Plan Brady de refinanciación de deuda a partir de 1990 marcaron el esquema inicial de la siguiente fase. Los años 90’ fueron tiempos de Reforma del Estado, establecidas en las distintas cartas de intención con los organismos multilaterales. El cumplimiento de los plazos de pago del endeudamiento público (salvo dos renegociaciones, la de 1986 y la de 1991), permitieron al país en 1997 obtener el manejado “grado de inversión” (“investment grade”) como cúspide en el proceso de afianzamiento de plaza financiera y apenas algo más de un año antes de desatarse la segunda crisis del modelo.

Pero, ¿de qué se trató en concreto? Se trataría de un proceso de privatizaciones (limitado en su profundidad por el plebiscito de 1992); de la reforma del sistema financiero estatal (sanción de la carta orgánica del Banco Central y transformaciones en el BHU y BROU) también limitadas por las prácticas de refinanciación de dichas entidades financieras. Reforma del Estado que se plasmó con mayor profundidad en la Reforma de la Seguridad Social y la Reforma Educativa.

A partir de 1992 y una vez superado el período crítico regresaron los saldos negativos de la balanza comercial, que, sumado a la acumulación de déficit públicos, hacen a un modelo basado en financiamiento foráneo. A pesar de los ajustes fiscales repetidos en los 90’ en pro de la refinanciación del endeudamiento externo, en la década continuó el ascenso acelerado de gastos y limitación de ingresos en un modelo fiscal por sí mismo deficitario. Se trató de una ascendente importancia de los impuestos indirectos al consumo (IVA e IMESI) y a las retribuciones personales (IRP) con tendencia negativa de impuestos al sector externo, industria, comercio y agro, más la prácticamente inexistente impositiva a la renta de las personas físicas y al sector financiero. Se trató a su vez de gastos crecientes vía intereses de deuda y con aproximadamente un 26% hacia el 2000, del presupuesto público comprometido con el BPS en virtud de su desfinanciamiento vinculado a los bajos salarios, el desempleo y la Reforma de la Seguridad Social.

Lo pagamos entonces las grandes mayorías tras el estancamiento salarial, desechando para tal fin los consejos de salarios. Vivimos descensos de los ingresos de la población que también se dieron vía precios con el aumento del impuesto más desigual (el IVA). Fueron épocas regresivas de alta concentración de la riqueza y de los ingresos. Fueron épocas de privatizaciones, de reforma de la Enseñanza y de la Seguridad Social que creó las AFAPs e incrementó los gastos públicos en favor del sistema financiero (además del propio crecimiento de la deuda externa y el consiguiente pago de intereses). La reestructura de los gastos públicos, a la larga, terminó asegurando una distribución que, a pesar de la disminución del gasto militar, recortó los gastos sociales y aumentó el déficit. El derrumbe del Modelo que comenzara 4 años después (1999), fue de los más abruptos que conocimos en el Uruguay.

Ese era el “desarrollo del país” en gran parte contenido en las cartas de intención con el FMI y que entre 1990 y 1995 trabajara Talvi, asesorando al equipo económico en sus relaciones con el FMI. Por estos servicios, tan caros para el pueblo uruguayo, y según dice en la biografía citada (www.talvi.uy) se ganó un trabajito de buen sueldo en el BID3 (Banco interamericano de desarrollo).

Sin embargo, lo escuchamos decir en aquel debate que él no tenía nada que ver con todo eso, ¿A qué se referiría? Tendría que tener cuidado, porque como cantaba la argentina María Elena Walsh “En el país de no me acuerdo…doy tres pasitos y me pierdo”

1 Así dice en una biografía suya publicada en www.talvi.uy: “Ernesto también colaboró con el desarrollo del país desde la gestión pública. De 1990 a 1995, trabajó en el Banco Central y asesoró al equipo económico en sus relaciones con el Fondo Monetario Internacional.”

2 Partido Colorado, J.M.Sanguinetti, 1985-1990; Partido Blanco, L.A.Lacalle, 1990-1995; Partido Colorado, J.M.Sanguinetti, 1995-2000.

3 Citamos de www.talvi.uy: “La calidad de su trabajo condujo a que el BID lo llamara para crear su unidad de investigación en Washington.”

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