¿De quién es el Futuro?

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@mateamargouy

Martin Nessi

«Una dictadura perfecta tendría la apariencia de una democracia, pero sería básicamente una prisión sin muros en la que los presos ni siquiera soñarían con escapar. Sería esencialmente un sistema de esclavitud, en el que, gracias al consumo y al entretenimiento, los esclavos amarían su servidumbre.»
Un mundo feliz’ (1932)

Quiero comenzar este artículo citando a Aldous Huxley (1894-1963), escritor y filósofo británico, novelista y escritor de artículos, cuya novela más famosa es la que llamó “Un mundo feliz” (1932). En la misma plantea temáticas referidas, básicamente, a la ética, a las relaciones de poder y al futuro de las sociedades. Hay en esa obra un hilo conductor entre el subconsciente humano, el dominio del individuo por parte del sistema, las drogas, las técnicas de comunicación y el perfeccionamiento tecnológico.

Huxley sostenía que en el futuro habrían dictaduras muy distintas y más sofisticadas, tomando como referencia las dictaduras que, hasta ese entonces, el mundo conocía y éstas serían de una sofisticación tal, que quienes  se vieran restringidos a la categoría de esclavos en ella serían, en definitiva, los seres que más la amarían.

Vislumbraba un tipo de dictadura que resultaría “democrática” en sus formas y apelaría al manejo del subconsciente y los sentimientos humanos para lograr el consentimiento y estado de felicidad de los oprimidos, lo cual derivaría en un poder absoluto e ilimitado en el tiempo de los opresores.

Vayamos de aquí al concepto de ética utilizado por Sócrates (470 A.C. – 339 A.C.) que concibe la misma como la ciencia del comportamiento moral de la conducta humana. Más claro, el estudio de la conducta de hombres y mujeres en esta sociedad. Tratemos justamente de realizar una línea de tiempo, y viaje imaginario en el mismo, que nos permita ver la proyección de lo planteado y su reflejo en nuestra sociedad hoy. Podemos agregar otros autores y conceptos que nos ayuden a transitar ese camino de pensamiento.

La Ética marxista, el concepto de hegemonía de Antonio Gramsci, o el estudio de las relaciones de poder de Foucault podrían ser parte del camino, pero la idea no es atomizar en autores o conceptos, sino tomar algunas ideas fuerza y conceptos que nos permitan analizar y enfrentar la realidad hoy. Éste debe ser el fin, refiriéndonos al mismo como objetivo al trazar el camino anterior.

Hay que formarse fuerte con el objetivo de crecer en conocimiento, claro que sí, pero debe ser este una herramienta que permita cuestionar la sociedad y analizarla con un claro objetivo de cambiarla. Acumular conocimiento como ejercicio de glotonería y/o con sentido mercantil es la más egoísta y reaccionaria de las acciones, el conocimiento debe ser compartido y puesto en acción en base a lograr transformaciones que pongan en el centro la vida de las especies como valor principal.

A los conceptos antes vertidos creo se debe agregar un elemento central, que también por algunas obras y cabecitas de aquel inicio de siglo XX, ya estaba en el plano del pensamiento, el perfeccionamiento de las tecnologías en aras de la reproducción del capital, en detrimento del bienestar general.  Convencimiento pleno de que se debe hacer el esfuerzo en integrar todos esos elementos a un análisis y una guerra general contra el sistema.

El paradigma hoy parece ser de qué forma lo combatimos y, así como negar la realidad que tenemos no parece ser el mejor de los caminos, adaptarse a ella con total resignación parecería todavía peor. El Socialismo o barbarie, de Rosa Luxemburgo, hoy parece más urgente que nunca y hoy hay quienes ya sin disparatar hablan de “Socialismo o barbarie, si tenemos suerte”.

Y ¿cuál es el fondo de todo este asunto? El socialismo no tendrá recetas, pero si tendrá un principio rector que será indispensable. No habrá recetas para lograr la torta socialista, pero ésta deberá estar hecha con ingredientes que aseguren el bienestar y la nutrición de hombres y mujeres y no del del bolsillo o del capitalista que en beneficio propio quiere venderla. Dicho en palabras del Viejo Julio “vivimos en una sociedad donde el centro es el capital, yo quiero una sociedad donde el centro sea el ser humano” y eso es el Socialismo, pero estamos lejos de él todavía.

Entonces, ¿qué tiene que ver todo esto con la etapa que nos toca vivir, el mundo que nos toca enfrentar y las definiciones que por estos días tenemos que tomar? Me pregunto y me respondo mucho. Mucho porque, entre otras razones, el rumbo del gobierno es un importante fiel de la balanza. Claro que no es el único, pero es importante y define. Hay que dar la discusión en todos lados, y organizar colectivos en todos los ámbitos, que pongan en cuestionamiento los temas y se definan ciertos caminos tácticos y estratégicos para enfrentar los nuevos desafíos que como humanidad tenemos.

La ideología es una herramienta indispensable para interpretar la realidad y transformarla. Hacer un uso correcto de la misma es una parte de las tareas de la hora. Que ésta no sea utilizada de forma dogmática e infantil, para negar la realidad y atarnos a lo que no es. Así como no se podía utilizar la ideología, en otras épocas, negando los efectos de la propiedad privada nacida en el mundo liberal o el taylorismo primero y el fordismo después, era imposible tampoco negar, antes de esto, los efectos de la masificación de la imprenta, o la aparición de la radio o la tevé.

Así como no se podía negar lo de aquellas épocas, hoy es imposible plantearse cambios que no involucren cuestiones tales como la revolución tecnológica, la deshumanización del trabajo, el cambio en la formas de empleo y la fusión de sistemas jurídicos, normativos, tecnológicos, organizativos de lo mercantil propiamente dicho. Técnicas aferradas a lo que Huxley sostenía, en referencia a la fineza con la cual los mercaderes se harían dueños de los sentimientos y las pasiones humanas.

Lo cierto es que no sólo hay una innegable trasformación de las relaciones laborales. Hay, también, una innegable transformación de las relaciones de poder y los instrumentos por los cuales se llevan adelante las mismas, y las formas en que humanos y humanas nos relacionamos entre nosotros y con el resto de los seres vivos. Hay desafíos a asumir respecto a estos temas y asumir responsabilidades, más allá de los costos coyunturales que conllevan las mismas.

Me parece, en síntesis, que lo más importante de este asunto radica en cómo lo atacamos en su globalidad y en cómo se genera un debate y un bloque de oposición, real y responsable, frente a estos nuevos fenómenos. Que, como decíamos hoy, tienen herramientas jurídicas, organizacionales y tecnológicas perfeccionadas de tal forma que cuentan, además de con el beneplácito de una importante cantidad de masa, con un respaldo jurídico internacional que doblega a los estados nacionales y con una cobertura donde el capital, los fenómenos de especulación y la falta de ética o la construcción de una moral perversa que define la misma son aliados.

Entonces, no caer en una cosa ni en la otra, ni en la infantilización demagógica de planteos, de negar por negar, ni en la ocurrencia de que allí está el futuro y debemos de enfocarnos en eso solamente, porque ésa es la panacea y todos nuestros recursos e impulsos deben de estar centrados en eso, en la educación para el mundo del futuro, pensando que éste es solamente un universo tecnológico. Porque el mundo del futuro precisará, si, de la formación tecnológica, pero precisará, más que nunca, de las reflexiones de Sócrates y de las y los amantes de las cuestiones sociológicas, filosóficas, políticas y humanas. Porque, en definitiva, si hay una precarización de relaciones en un ámbito de la sociedad, por ejemplo en las laborales, no están dadas, solamente, por el avance de las tecnologías o las técnicas de explotación, sino también, por la precarización de los marcos de referencia, las estructuras de pensamiento y la totalidad de las relaciones humanas.

En definitiva, el mundo del futuro será el de Socialismo o Barbarie y para esto, filosofía, ciencias fácticas, sociales, naturales y formales junto con cultura, tecnología y todas las artes, incluyendo la política, tendrán que potenciarse unas a otras en beneficio de los seres vivos y con una lógica donde estos sean el centro de la actividad y no el capital, porque de lo contrario no habrá futuro.

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