Don Guido…Artigas, era Tupamaro ( Primera Entrega)

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@mateamargouy

Ricardo Pose

De Venancio Benavidez a Manini Ríos.

“cuando puse esta alevosa frase en las redes con el provocativo objeto de animar el debate, llamó mi atención que algunos compañeras y compañeros de mi generación, cincuentones y bastante letrados, salieran a corregirme algunos y enmendarme la plana otros, sobre la calificación del Prócer como tupamaro, interpretando ellos que yo pretendía una grosera asimilación del personaje a las huestes del MLN-Tupamaros. Así que este artículo, que pretende disputar el artiguismo a don Guido, tal vez permita arrojar luz a algunos pensamientos imbuidos de cascos que cabalgan aun en estepas rusas y no en suaves y onduladas llanuras orientales”.

Hilos Invisibles

La Historia genera el antecedente y el antecedente nos salva de los constantes, abundantes y noveles nuevos Cristóbal Colon que emergen en todas las corrientes del pensamiento político; pero mirarnos en el espejo de la historia, como quien se re descubre en las fotos de su infancia, va cimentando nuestra identidad.

Son en los Contendidos tomados de la historia, más que en los hechos históricos, que el proceso de identificación, de noción de pertenencia, de embargarse emocionalmente en ese tironeo de hilos históricos, de una continuidad subjetiva, se va consolidando.

Fue un sello de identidad, de los Movimientos de Liberación Nacional, los independientes de cuanto internacionalismo institucional y pro soviético o chino, de la izquierda euro centrista, denominarse y arroparse, con los héroes de las primeras independencias o insurrecciones anti colonialistas.

Los Tupamaros en Uruguay, Montoneros en Argentina, Sandinistas en Nicaragua, Tupacamarus en Perú son alguno de los ejemplos.

También podríamos agregar que la elección de la bandera de Otorgues por parte del Frente Amplio, responde a esta lógica reivindicativa de encontrarse un sitio en la historia.

Dicho esto, aclarado este punto, vayamos al tema que nos ocupa: Artiguismos, militares y pueblo.

Con Venancio Benavidez…”

Fueron aquellos “gauchos ansiosos” del 28 de febrero, los del Grito de Asencio que en el relato primero de Eduardo Acevedo Díaz e inmortalizados musicalmente por Osiris Rodriguez Castillo, los que fueron calificados como tupamaros.

Recordemos, que a partir de la gesta insurreccional del indígena José Gabriel Condorcanqui, Túpac Amaru, tupamaro era el calificativo despectivo, sinónimo de forajido, bandolero, asesino, sanguinario, anarquista, que las autoridades españolas utilizaban contra todo integrante de un movimiento alzado.

En el relato de Eduardo Acevedo, en su novela Ismael, los tupamaros eran precisamente los gauchos más aguerridos, los que ocupaban las primeras filas en el combate, muchos de los que después formaron parte del cordón militar que protegió al pueblo en su éxodo.

Tal vez hoy sea difícil escapar a la visión subjetiva de la comparación ; dejo ese ejercicio para espíritus débiles que no pueden separarse de sectarismos; pero aquellos tupamaros de Artigas, reflejándose en su actitud y ejemplo, eran un pueblo en armas en la auto defensa de su soberanías, una soberanía independiente en todo aquel complejo tablero de ajedrez de intereses en pugna entre distintos imperios y oligarquías emergentes, era el tupamaro Encarnación Benitez, uno de los ejecutores de la Reforma Agraria, Andresito llevando adelante una lucha de dimensiones regionales y latinoamericanas.

En todo caso, es más sencillo mecanizar aquel espíritu Artiguista con los tupamaros que con el Ejército Oriental.

Usted soñaba otra cosa.”

La historia escrita a merced de las plumas que usaron como tinta la sangre de las derrotas militares, las intrigas y futuras traiciones nacidas en el Ayui y el exilio en Paraguay, dio lugar a este adefesio conocido como República oriental del Uruguay.

Una nación a espaldas de las Provincias Unidas del Rio de la Plata; una oligarquía que tejió una bandera borrando aquel diseño libertario y federal : “Yo he ordenado en todos los pueblos libres de aquella opresión, que se levante una bandera igual a la de mi cuartel general: blanca en medio, azul en los extremos y en medio de éstos unos listones colorados, signo de la distinción de nuestra grandeza, de nuestra decisión por la república, de la sangre derramada para sostener nuestra libertad e independencia”. (Al gobernador de Corrientes 4/2/1815).

Ni la bandera artiguista del Ayuí ni la Federal han querido dejar como símbolo de la patria.

Erigieron Artigas encima de un caballo de generales romanos, un Artigas inmortalizado en un himno hasta que Ruben Lena vino a aliviarnos con su A don José; un Artigas tan distinto de José Gervasio.

Ejército y orientalidades.

El ejército uruguayo, el ejército Oriental dice encontrar sus raíces, su nacimiento, en el éxodo del pueblo oriental.

Lo cierto es que los planes militares de Artigas se vieron alterados por esta voluntad irrenunciable de ser libres, insurrectos errantes, una Nación en marcha.

Un ejército que no apuntó sus armas contra su pueblo, que las presentó a todos los Imperios de la época e incluso, ante los nuevos déspotas de Buenos Aires.

Un ejército que actuando bajo los códigos de aquellos años y pudiendo pasar a degüello al enemigo acato la orden de “clemencia para los vencidos, curar a los heridos”.

Es harto difícil hacer el ejercicio de pensar este Ejército del siglo veinte, de esas camadas de oficiales y Generales algunos en actividad en este siglo, con aquel ejército artiguista.

Pero desde el punto de vista de la batalla cultural, fue en épocas de la dictadura cívico militar donde esos sectores en la conducción de las fuerzas armadas, en la rancia oligarquía patricia y Artiguista al estilo National Geographic, impusieron el Año de la Orientalidad, trajeron los restos del prócer a maquiavélico mausoleo.

Ese discurso, esa sub cultura en la interna militar permea el imaginario de las tropas y defender la Patria geográfica y simbólica, los hace sentir soldados artiguistas capaces de pelear hasta con perros cimarrones.

Cuando todo el espectro político nacional, desde la extrema derecha a la extrema izquierda abreva en Artigas, no se puede indilgar a Manini alguna extraña ocurrencia de apropiarse de los símbolos.

El caudal de votos obtenidos en estas internas del 2019, tenga además de su discurso un componente de asimilación, de identificación que desde el vamos está impreso en su denominación: Cabildo Abierto.

Tenientes de Artigas.

Manuel Calleros, Blas Basualdo, Andrés Felipe Latorre, José Llupes, Felipe Duarte, Manuel Pisani, Faustino Tejera, Adrián Medina, Benito Ojeda, Felipe Santiago Cardozo son algunos de los nombres de militares que desertaron para unirse al ejercito Artiguista.

Algunos de ellos se convirtieron en sus Tenientes, núcleo puro y duro no solo de la planificación estratégica y militar de Artigas, sino de sus ideales.

No era un logia militar ni un grupo de conspiradores como sus émulos del siglo veinte, salvo entendamos por conspiradores a todos los patriotas sublevados contra la Corona.

No fue desde las sombras y las intrigas generadas desde grupúsculos selectos de masones y logias que se batalló y defendió la Soberanía e Independencia, sino que fue en campo abierto, desde las tolderías, desde las órdenes emanadas por ese general sentado en un cráneo de vaca.

Es en esas tolderías, en ese pueblo reunido y armado en estado casi de asamblea que comunicaba a los Cabildos, pero que no dudó en enfrentarse al mismo, que surgió la República, la republicana, el republicanismo.

Queda para una segunda entrega, poder discernir por que el Artiguismo no es coto cultural ni simbólico de Manini Ríos.

Debate, disputa que debe darse sin tomar solo como eje central las atrocidades de estos militares en la violación de los Derechos Humanos.

Aunque estos militares hubieran llevado adelante la máxima artiguista de “clemencia para los vencidos”, de que jamás hubieran tocando un pelo del adversario, la cuestión del artiguismo, de su contenido, seguiría en disputa.

Si hay Cabildo Abierto…el Artiguismo sin Manini (segunda entrega)

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