Zona de diálogo

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@mateamargouy

  Carolina Ramos Dovat

Mi propuesta en este artículo es pensar el diálogo entre el territorio, las instituciones del estado y las organizaciones sociales, basada en mi propia experiencia. Conozco Casavalle por dentro. Por lo menos desde 2002, como maestra de la Escuela Nº 191 en el esfuerzo de inclusión pedagógica y de diálogo complejo con familias vulnerables cuyas transformaciones recayeron sobre chicas o mujeres jóvenes solas, pero también el reconocimiento de actores reales de su mapa humano, las realidades cotidianas de la violencia o la falta de horizontes de esperanza.

La educación es un proceso transformador, de socialización en el que se involucran diferentes dimensiones, lo social, lo pedagógico, lo cultural, la comunidad, entre otras. La educación pretende dar al individuo herramientas para enfrentar distintos desafíos de la vida, tanto en lo afectivo como en lo cognitivo.

La imagen del barrio Marconi que se proyecta refiere a la selección de temas con fuerte sesgo de estigma y la capacidad de imponer esa visión como sentido común a partir de medios masivos. Es muy distinta de la que hoy vemos y es muy distinta de la que supimos ver en 2002, cuando las imágenes eran pies descalzos, hambre, segregación, pero también resistencia. Esa resistencia la asumió la escuela pública, las maestras que compramos lápices porque nuestros niños y niñas no tenían, esa resistencia la asumieron las organizaciones sociales, que eran muy pocas en esa época, los liceos públicos, los profesores, las maestras comunitarias, esa resistencia fue una necesidad ética e histórica de aquellos tiempos.

Desde hace tres años integro, como técnica, un grupo interinstitucional para el diseño y ejecución del Plan Marconi que se inscribe en el Plan Cuenca Casavalle (esfuerzo integral de participación ciudadana y desarrollo), y en particular en el grupo de educación, cultura y deporte.

Articular y coordinar parece ser un ejercicio difícil, la configuración del propio sistema educativo nacional caracterizado por su fragmentación. Los y las estudiantes reales y su trayectoria biográfica sufren de esta fragmentación. Sin embargo existen propuestas que logran romper la lógica de chacras, y ponen el foco en las personas, en los niños, niñas y adolescentes, ponen el foco en el barrio y sus necesidades, ponen el foco allí donde debe estar.

Estas prácticas tienen una característica que las hace únicas: no hay grifa, las instituciones por si mismas son casi invisibles, pasan inadvertidas porque se mueven de manera sincrónica y porque al mismo tiempo los objetivos son claros.

Son múltiples las intervenciones urbanas para conectar zonas segregadas de los mismos barrios; la cogestión comunitaria de espacios públicos, deportivos, recreativos o las nuevas experiencias de innovación pedagógica y educativa de escuelas públicas y centros educativos del barrio en un momento de expansión de la cobertura educativa que creará nuevas oportunidades para las comunidades.

El conjunto de la experiencia interinstitucional de Casavalle, mirando hacia la agenda del futuro, ya dispone de un plan estratégico con acciones integradas y desplegadas en el tiempo, pero debería, sin embargo, contar con presupuesto propio como programa, en vez de “sumar” retazos de aportes de las diferentes instituciones.

Para que la experiencia piloto de Casavalle se vuelva un “modelo” para “aprender a aprender” en las políticas públicas debería estar enmarcada en acuerdos interinstitucionales precisos que determinen con claridad responsabilidades y aportes de cada entidad dentro de planes estratégicos y prospectivos precisos construidos por los técnicos junto a las comunidades, la participación ciudadana y los actores reales y relevantes de los barrios de la cuenca.

Este camino permitirá sobrevivir y perdurar en el tiempo al esfuerzo conjunto iniciado y dar un paso más para continuar el combate a la segregación socio espacial y el estigma que viven y sufren estas comunidades. Ya sabemos que pobreza y aislamiento físico van de la mano.

Ahora bien, la experiencia Casavalle aborda los problemas sistémicos, de gestión, de política pública y colaboración interdisciplinaria para la resolución de problemas de socialización reales de las comunidades.

Pero una prioridad estratégica transversal de cualquier plan integral de desarrollo humano y ciudadanía en Casavalle, desde esa mirada integral y macro, es la relevancia de la socialización que exige regresar a las prácticas del aula para enriquecerlas y traducirlas en logros de inclusión.

Hoy son otros los desafíos, el proceso educativo debe ser una herramienta de inclusión educativa, es una premisa de nuestra izquierda. La educación de calidad, es un derecho fundamental y para pensar en un cuarto gobierno del Frente Amplio, se requiere seguir caminando en este rumbo, con más convicción y energía. Aún hay escaleras que debemos transformar en rampas para que todos y todas puedan acceder a una educación de calidad, para que sean más libres, para que tengan nuevos sueños, para que sean felices.

Frente a enfoques pesimistas sobre el rol de la educación, tengo confianza en su potencial de transformación y socialización para la formación de ciudadanía activa, la contención y la generación de vínculos afectivos más plenos con niños, niñas y adolescentes. Ellos y ellas aportan el sentido del proceso de enseñanza-aprendizaje y la búsqueda de valores compartidos en la gran tradición emancipadora de la Ilustración orientada a la formación de personas solidarias y libres de las ataduras del mercado, la autoridad religiosa, de familias patriarcales o estamentos de privilegio. Siempre sentí que el aula es un caleidoscopio de la vida misma, siempre sentí que se trata de educar para una vida más libre, responsable y feliz.

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