El mundo del trabajo que se nos vino

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@mateamargouy

Rodney “Buba” Franco

“Socialismo o barbarie”

Arranco con esta frase de Marx ya que resumen de una forma excepcional el momento que venimos viviendo.

Mucho se habla en estos tiempos de crisis, caída de precios, tecnologías aplicadas, pobres, súper pobres, expulsados de este sistema asesino y enajenador.

Grandes discursos de empresarios, políticos de derecha y los medios nos venden esta realidad como la panacea, como lo mejor, como la libertad.

¿Pero que tan libres somos? ¿Cual lógica se aplica por este mundo nuevo de tecnologías que llegan a sustituir a tareas que antes hacían los humanos? ¿En el capitalismo podemos hablar de libertad?

Sesudas y profundas preguntas, trataré de dar mi punto de vista y responder alguna o por lo menos buscar caminos para que en colectivo busquemos y construyamos las respuestas.

En el mundo que habitamos viene ocurriendo una revolución tecnológica sin precedentes.

En poco menos de 50 años estamos viviendo uno de los cambios tecnológicos más grandes en el mundo laboral. La tecnología ha logrado suplantar el trabajo humano y perfeccionarlo al punto de lograr producir más de lo que la humanidad puede consumir.

Se calcula que a mediados del siglo XVIII surge la Revolución Industrial, donde la burguesía empieza a usar las grandes ganancias de la Colonia, la venta de esclavos, la piratería y el feudalismo, para transformar la materia productiva y la organización del trabajo. Siglo de muchos inventos aplicados a las tareas de producción y la transformación del trabajo artesanal en trabajo en serie, donde la intervención humana era para cumplir una etapa de la producción. Esto combinado con maquinarias que hacen la tarea más precisa y rápida.

Es en estos años que se define a estos nuevos trabajadores como el proletariado y que los encontrábamos reunidos, juntos, en grandes fábricas, donde hacían un trabajo colectivo con una tarea individual cada uno. Es en estos años donde estos miles de obreros se empiezan a organizar en Sindicatos para pelear por sus derechos y por mejor salario. También es por estos tiempos que se define a la riqueza que genera el trabajo del obrero, que se apropia el patrón o empresario, como plusvalía.

La burguesía fue generando cada vez más cuantiosas ganancias las cual acumulaba e invertía en tecnologías, en vías de transporte más económicas y en tierras. Así comienza o mejor dicho se agiganta el comercio internacional y la lucha por los mercados. Esta lucha y la acumulación de riqueza por esta clase a costa de explotar al obrero son la base de las crisis capitalistas de la época. Todas ellas fueron solucionadas con guerras, algunas de gran escala y millones de víctimas como las de escala mundial.

En todo este proceso se aceleró la generación de tecnologías que simplificaban, aceleraban y abarataban la producción de un producto, lo cual repercutía en que el burgués tuviera mayores ganancias a costa del trabajo del obrero, el cual veía como se precarizaba su tarea o su salario en pos de producir más para competir en precios en los mercados.

Esta es la base ideológica del Capitalismo, la libertad de mercado, de competencia y la mayor cantidad de ganancia que se pueda apropiar y concentrar.

Y así llegamos a nuestros días, donde ese modelo de producción está prácticamente obsoleto. Ya no se ven las grandes fábricas produciendo en serie, las grandes concentraciones de trabajadores, las grandes superficies llenas de gente trabajando en tareas individuales, en serie, coexistiendo con la maquina, siendo parte del mecanismo. Cada vez se ve menos este sistema de trabajo.

El Uruguay en la dictadura sufrió un ajuste de cuentas en el avance del movimiento obrero en derechos y salario. Se calcula que la pérdida del salario real frente a la inflación y por la congelación salarial fue arriba del 50%. Esto sumado a la abertura hacia el sector financiero internacional y el aumento de la deuda externa son el preámbulo de lo que se aplicó en la década de los 90′, el neoliberalismo.

Fue así que desde los 90′ se viene profundizando este sistema económico que tiene su principal transformación en el trabajo. Básicamente propone la des articulación del viejo sistema fabril y de concentración de trabajadores en un mismo lugar, además de una transformación en lo económico, social y estatal, privatizando lo público y llevándolo a su mínima expresión. Situación que directamente o indirectamente afecta el mundo del trabajo. Por ejemplo, en lugares donde se concentran muchos trabajadores en la producción de un producto o varios, de una misma marca o varias, es muy común ver como los viejos sectores ocupados por diferentes categorías u oficios hoy son llevadas adelante por diversas empresas tercerizadas. Este fenómeno irrumpió en los 90′ para quedarse y tuvo un alto costo social y de derecho laboral para nuestro pueblo y el de la región. Hoy, después de 14 años de gobierno frenteamplista seguimos manteniendo este sistema de contratación y de organización del trabajo que es altamente desfavorable para los trabajadores. Quizás, éste, es un debe, aunque debemos reconocer que se trató el tema y se regulo lo más posibles dentro de lo que la legalidad y la correlación de fuerzas nos permite. Aunque no podemos olvidar que la mayor contratación en esta modalidad la realiza el Estado, lo cual nos enfrenta a una gran contradicción como gobierno y como movimiento sindical.

La nueva embestida neoliberal

Es real que con los gobiernos progresistas los trabajadores de este país avanzamos en derechos y salario pero ¿hasta cuándo? A pesar de todo lo logrado hoy vemos como en la región se caen históricas conquistas de un plumazo, con la escusa de la competitividad, de la productividad, des regulan y atentan contra los derechos y salarios de los y las trabajadoras.

Se vuelve a instalar la lógica neoliberal, vuelve a estar en cuestión el rol del estado y la gestión.

Pero con un componente que antes existía pero con mucha menos eficiencia o definición política, que son las tecnologías aplicadas en el trabajo.

Es común por estos días ver aplicaciones que manejamos desde nuestros celulares que cumplen la función de brindarnos servicios o conectarnos con otros trabajadores que nos dan los servicios. Así encontramos servicios como el alquiler de casas, hoteles, piezas y hasta camas que nos cobran un porcentaje por hacer la tarea de mostrarnos u ofrecernos plazas, hacer la reserva, cobrar una seña, coordinar hora de llegada y salida, etc, tareas todas que antes hacia una persona o más. También podemos transportarnos a partir de solicitar un vehículo desde una aplicación, el cual viene manejado en el mejor de los casos por sus dueños, que tienen que pagarse la caja, el FONASA, el seguro, el combustible, el desgaste del auto y que estas gigantes trasnacionales llevan un porcentaje de lo que nos cobran solo por poner la aplicación (que con suerte el chofer cobra el viaje de 30 a 90 días después) con la cual regulan la tarifa a su antojo, variando a veces minuto a minuto. O como las que llegaron en estos últimos tiempos que cumplen la función de hacernos mandados, sin controles mínimos, sin ningún requerimiento de seguridad, sin ningún tipo de inversión en mantenimiento, motos, bicis, hasta patinetas se están viendo, disfrazados de naranja o rojo, con esas gigantes cajas colgadas en la espalda, ni de la salud de estos trabajadores se hacen cargo. La precarización en un nivel superior.

Pero no solo las aplicaciones precarizan el trabajo, también lo vemos en el comercio y servicios, dentro de grandes superficies y pequeñas, con la pesada de la verdura en los super, las cajas inteligentes, los super express, la digitalización en algunos trámites que antes hacían personas, las ventas por internet, los catálogos de ropa, las tele consultas, el teletrabajo, toda y cada una de estas aplicaciones o tecnologías.

Ni que hablar en la transformación del mundo financiero, donde se ve gravemente afectado el trabajo humano, con el avance del dinero electrónico.

Y es aquí cuando debemos volver al principio, cuando se cuestiona nuestra “Libertad”.

Pasamos a un nuevo nivel del modelo capitalista. Por un lado la especulación financiera y las líneas de crédito, las tarjetas, los prestamos, los contratos por servicios de cable, celular, seguridad, internet, etc, los alquileres, las garantías de alquiler, los seguros y los gastos de primera necesidad, forman un combo que nos hace vivir trabajando para lograr pagar todas estas cosas. Muchas veces en horarios extendidos, doble turno o con multi-empleo, generando vidas vacías, rotas, desvinculadas afectivamente de la familia, que sufren estrés permanente, enfermedades prematuras o depresión temprana; todas estas enfermedades modernas, generadas por este estilo de vida impuesto por este sistema esclavista que nos lleva a esto, que nos vende la felicidad por lo material y el no lograr llegar a lo material o lo último, genera una sensación de frustración y de baja estima que después repercute en la salud o en buscar satisfacciones momentáneas y artificiales como la droga, e incluso llevan a no querer vivir más terminando en algunos casos en suicidios.

Muchos de los fenómenos sociales que hoy vivimos como la delincuencia, violencia y locura se explican de buena manera por este estilo de vida que nos viene imponiendo el sistema; la sociedad de consumo. Analizar la transformación del trabajo sin tener en cuenta estos breves elementos nos llevarían a un análisis erróneo.

Por tal motivo creo que ya queda claro que en este sistema o sociedad de consumo, lejos estamos de ser libres. Somos la base del funcionamiento y sustento del mismo, pero dogmatizados y esclavizados bajo la ley del mercado.

Marx nos plantea en sus libros “Él Capital”, que el capitalismo es un sistema cíclico, que cada un tiempo sufre una crisis y que la misma es necesaria para volver a fortalecerse y seguir acumulando riqueza. Dicha acumulación repercute en generación de más pobreza o expulsión de más personas del sistema mismo. Justamente esto es lo que Marx marca como el fin o la muerte del capitalismo. Sinceramente este sistema despiadado ha durado más de lo que esperaba Marx, pero creo firmemente que sigue vigente la definición de la muerte del capitalismo y la construcción de un nuevo modelo social y económico.

En los tiempos en los que vivimos la profundización del modelo Capitalista y la incorporación de las tecnologías suplantando el trabajo humano, agudizan y aceleran la crisis sistémica, atentan directamente contra la plusvalía, sacándola de la ecuación al momento de sacar al obrero y generando una acumulación de riqueza sin precedentes a costa de matar el mercado, ya que los obreros expulsados del sistema no podrán seguir consumiendo del mismo.

Está barbarie ideológica es la que en otras crisis solucionaron con guerras, pero que en los tiempos que vivimos, una guerra, podría costar la continuidad de la humanidad sobre el planeta. Frente a este hecho y la velocidad que se viene avanzando en la expulsión de hombres y mujeres del sistema, es que los poderosos del mundo vienen buscando alternativas, como la renta básica, el salario básico o como lo recomienda la OIT en la “Garantía Laboral Universal”, un “salario vital”. Dicho Organismo Internacional, frente al aumento de la desocupación mundial a partir de la aplicación de las tecnologías, recomienda este “salario vital”, el cual tendría que garantizar el Estado, nuevamente favoreciendo a los grandes capitalistas. También aparecen recomendaciones como la reducción de la jornada laboral, la re conversión o formación permanente y el garantizar la Seguridad Laboral.

Como pudimos comprobar de forma muy general, las tecnologías vienen siendo impulsadas por estas grandes corporaciones en la lógica de tener mejores y mayores ganancias a partir de eliminar al obrero de la ecuación.

Hoy tenemos que la ciencia y los diferentes temas de investigación son impulsados y financiados por estas corporaciones, por ejemplo el modelo de coche autónomo que se viene desarrollando con fondos principalmente de Uber, empresa que maneja una aplicación que conecta choferes con su coche con pasajeros que precisan transporte. Aquí podemos ver claramente la barbarie de este sistema, lo desalmado que es, por un lado llama “socios” a los choferes que brindan el servicio y son explotados por el mismo y por otro lado usa sus cuantiosas ganancias para desarrollar un coche que no precise de estos “socios”.

Por tal motivo y en función de lo antes dicho es que podemos afirmar que la única salvación de la humanidad de la Barbarie es el Socialismo.

Medidas como la reducción de la jornada laboral, el cuidado del medio ambiente, la generación de impuestos que financien el “salario vital”, la reestructura de la Seguridad Social, la re capacitación laboral y una mejora en la educación e investigación son los nuevos desafíos que se nos presentan, estos tiempos que corren.

Para lograrlo precisamos lograr un gran debate nacional e internacional sobre este tema. Tenemos que trabajar en un bloque social que discuta, entienda y proponga en la línea de la defensa del trabajo humano y sus derechos. Hoy, esté, es el tema principal, la defensa del trabajo y sus derechos. Ese, es el producto del sistema capitalista, el ejército de desocupados, los expulsados del sistema, los excluidos, los pobres. Esa es la base social de la revolución, el pueblo a organizar. El avance de las tecnologías aplicadas por los capitalistas está barriendo con la clase media. Hoy más que nunca los trabajadores del mundo nos tenemos que unir y organizarnos, discutir el programa que socialice el trabajo y redistribuya la riqueza.

Hoy más que nunca, “Socialismo o Barbarie”.

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