Raúl “Bebe” Sendic: La tierra, la banca y la deuda externa – Reseña por Tajam, Rodriguez y Niki

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@mateamargouy

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Raul Sendic – 1986 – La tierra la banca y la deuda externa

Reseña por Héctor Tajam, Jorge Rodríguez y Jorge (Niki) Simón, Abril de 2019

Raúl “Bebe” Sendic fue liberado en marzo de 1985. Había caído casi 13 años atrás, el 1º de setiembre de 1972. Hasta su muerte en abril de 1989, tuvo una activa militancia en acción y pensamiento. En este libro, trato de desentrañar los principales obstáculos económicos y financieros que impedían avanzar en términos sociales a la población uruguaya, en particular, a los trabajadores de la ciudad y el campo. Con notable lucidez se ubicó en el nuevo contexto de la hegemonía burguesa en el Uruguay, que ya no recurría a militares en la calle para disciplinar a los sectores sociales subalternos, y dedicó su pensamiento y acción en el nuevo marco legal (democracia tutelada) a proponer y organizar en torno a problemáticas muy concretas.

Esto no fue en desmedro de su visión sobre la perspectiva macroeconómica y el marco internacional del cual dependía el Uruguay de entonces, y que constituyó un verdadero hilo conductor presente en todos sus escritos. Vivíamos en la llamada “década perdida” para América Latina”. La crisis de sobreproducción se intentó paliar con un nivel del crédito desconocido hasta entonces, que “como era obvio, paliar la superproducción con créditos para crear más superproducción no resultó” (pág.12). Lo que sí sucedió fue un nivel de endeudamiento de tal magnitud para las economías del tercer mundo “que ni siquiera pueden seguir comprando la superproducción vieja de la OCDE como lo hacían antes” (pág.13) coronando al capital financiero a escala mundial, regional y nacional.

La desocupación masiva fue la otra consecuencia de la crisis y de las “soluciones” implementadas, junto al “problema social creado por el desempleo tecnológico”, algo que Sendic ve con preocupación en el sentido de “aquello de que el proletariado iba a crecer acompasadamente con la mecanización de la producción no se ha confirmado” (pág.22). Por tanto, el crecimiento de la economía informal tiene por un lado, como mecanismo reciclador, un rol social, cuando mantiene el poder adquisitivo de los trabajadores, y por otro lado a través del consumo “atenúa las crisis de superproducción del régimen capitalista” (pág.26).

Las soluciones paliativas a esas problemáticas específicas, Sendic las ubicaba en el campo de la intervención estatal. En primer lugar controlando el poder monopólico de la banca, un plan de emergencia para la desocupación y la extrema pobreza, la distribución de la riqueza mediante la colonización, el incremento del consumo interno, la creación de empresas mixtas y promover las cooperativas. Y algo muy actual, “incluso los legisladores y gobernantes en general dieran el ejemplo reduciendo su sueldo… así se tendrá más autoridad moral para exigir a las clases altas” (pág. 56-57). La realidad de estos años de gobierno del Frente Amplio ha demostrado que dichas ideas eran correctas y viables, y nos ayudan también a dimensionar lo que nos falta por recorrer.

El título del libro bajo el cual se publicaron muchos de sus artículos escritos para diversos medios de prensa durante 1985-86 refiere a ellas, “La Tierra, la Banca y la Deuda Externa”, donde podremos asombrarnos muchas veces de su clarividencia. Claro que uno de sus principales ejes es la tierra, nuestro principal recurso económico, que además de concentrado continuaba produciendo para beneficio del sistema financiero local y extranjero. Este último en 1985-86 se apropiaba anualmente, por intereses de la deuda externa, de un valor que llegaba al 48% de nuestras exportaciones, donde siempre predominaron los productos agropecuarios.

Este es un tema que Sendic trató en forma muy inteligente cuando abordó la cuestión de la moratoria de la deuda externa. No hablaba simplemente del “no pago”, sino que lo planteaba de la siguiente manera: “no se trata de obtener moratorias, ni siquiera de no pagar, hay que desmontar el engranaje …” (pág. 6). Porque ese gran volumen de recursos “que va a los bancos … se resta de comprar a la industria de OCDE que pasaría a tener una demanda extra” (pág. 7) y a la par el sistema bancario, “hoy sobredimensionado”, volvería a sus proporciones racionales. Así, involucrando a ambas partes a través del propio circuito económico internacional, y no solamente en el reclamo de responsabilidades, Sendic va tejiendo una salida real y fundada por la cual organizarse.

La Deuda Interna, de los productores con la banca nacional, y que desde 1982 a 2002 se incrementó en base a su dolarización, también tiene su enfoque original. Eran cuatro los beneficiados por la rebaja salarial durante la dictadura, nos dice Sendic: latifundistas, industriales, comerciantes y banqueros. Pero “muchos despojadores fueron despojados” por la banca, dando origen a una deuda “tan imposible de pagar como la externa”, y a una paradoja, “expropiando a algunos latifundistas, cosa que los elocuentes y ubicuos discursos sobre Reforma Agraria no conseguían” (pág. 19). Así que, “solo se trataría de expropiar a los expropiadores” “para que salga de allí una colonización que dé nuevo empleo, un poco de justicia social y crecimiento al país” (pág. 38). Recordemos, eran tiempos en lo que el gobierno de Sanguinettí ya había estatizado los bancos Pan de Azúcar, Italiano, La Caja Obrera, el Comercial con un costo superior a los 400 millones de dólares. Saneados, luego serían devueltos a la banca privada

Cuando Raul Sendic escribía estos artículos, había ocurrido el gran salvataje de la banca por parte de la dictadura (1984), mediante la famosa Compra de Carteras, que no fue más que un traspaso de deudas incobrables (la mayor parte agropecuarias) de la banca privada la Banco Central del Uruguay (BCU), elevando la deuda externa al 90% del PBI.

Es ahora o nunca clama Sendic. “Hoy es la hora en que los slogans deben transformarse en proyectos concretos. ¿Qué es lo que ha cambiado?” (pág. 48). El Partido Nacional (en realidad Wilson Ferreira) se había comprometido a luchar contra el latifundio, y el BCU tenía en su poder como respaldo de la deuda “comprada” a la banca, nada menos que 500 mil hectáreas. La mesa estaba servida para que el Instituto Nacional de Colonización (INC) comenzara una muy importante distribución de tierras.

Lamentablemente esto no sucedió. En 1985 el INC tenía y administraba 494.000 há con 4.635 colonos. Cinco años después apenas habían comprado 5.000 há adicionales. En 2004, se había comprado muy poco y por añadidura, el entonces Presidente Batlle vendió 12.000 há. Antes del comienzo del primer gobierno del Frente Amplio, el INC apenas superaba las 500.000, pero al final de 2018 el instituto publica 606.859 há en su poder

Tal vez sea en la problemática del empleo donde nos adelantó más. A partir de la constatación de un ejército de reserva con características diferentes, al que se sumaba cada vez más en Uruguay los integrantes de la economía informal, los cuales jugarían varios roles, entre ellos mantener el poder de compra de los trabajadores no asalariados, y por tanto de la demanda de productos nacionales, atenuando la crisis. Pero él ya avizoraba que “este no es un fenómeno transitorio que desaparecerá no bien se supere esta crisis, tenemos que empezar a verlo como un sector social permanente que debe desarrollarse con pautas más productivas y coordinadas que las actuales para buscar colectivamente ocupar nuevos espacios en la economía … espacios económicos que va ofreciendo el capitalismo dentro de su crisis actual” (pág.27). Entre ellos, las tierras que se han vuelto accesibles por su endeudamiento, que hacen posible su pasaje al INC.

Preferimos ordenarlo en citas textuales por la claridad de su expresión, y porque parece trasladarse al Uruguay del siglo XXI donde esos espacios que deja el capitalismo en alguna medida y como experimentos iniciales, comenzaron a ser ocupados por las empresas autogestionadas y los emprendimientos cooperativos, en la ciudad y en el campo. Pero cuidado, alerta Raul Sendic, los trabajadores no han sido preparados para la gestión, “en los intentos de autogestión de la fábrica tradicional se ha visto esa carencia” (pág. 78), y parece que lo tenemos aquí, con nosotros, reflexionando estos desafíos tan actuales.

Y tan es así que no se le escapó el fenómeno de la robotización, y se preguntaba ¿Cómo será el proletariado de la economía robotizada? Al trabajador medio de esa economía futura se lo imagina más parecido a un oficinista, programando en una labor predominantemente intelectual. “Pero ¿no habrán cambiado su mentalidad estos hombres que han logrado tal especialización?” Para contestarnos, según Sendic, debemos rever los prejuicios acerca delos profesionales, “la tradición gremial puede ser sostenida por este nuevo trabajador del futuro” (pág. 80).

Siempre habrá un saldo sobrante, explosivo, que tienda a crecer con cada avance de la automatización, y en ausencia de la planificación solo habrá paliativos en torno a obras públicas, seguros de desempleo, escuelas de reinserción que preparan para un trabajo más intelectual que el anterior. Pero muchos quedarán librados a “la creatividad popular para sobrevivir en una economía que los margina” (pág. 80). Y aquí nuevamente Sendic se adelanta, cuando se imagina una demanda de empleos para deliverys, y hasta asocia esto con la necesidad de implementar las ciclovías en Montevideo (pg.27).

La problemática que analizó Sendic hace 30 años es similar, pero se ha transformado. La Deuda Pública sigue tan impagable como antes, pero se ha administrado posibilitando que su repago no inviabilice el funcionamiento económico global y el gasto público social. El sistema financiero ya no es el centro hegemónico, pero sí extranjerizado, y las empresas que cierran hoy lo hacen por la imposibilidad de atender sus deudas bancarias y de emisión de valores. Sobre el recurso suelo existe una inversión tremenda y la productividad ha crecido en gran forma, pero a costa de un gran aumento de la concentración de la tierra, y también de su extranjerización. Hay problemas de empleo por causas tecnológicas y un “ejército laboral de reserva” cualitativamente distinto.

Más adelante (años 1986/88), nos reuníamos jueves tras jueves con Raúl, para discutir estos y otros problemas. Nos provocaba con los temas, y sacaba sus propias conclusiones. Raúl necesitaba de la Economía Política y la estudiaba a conciencia y a profundidad, porque necesitaba comprender el mundo, desde su base más esencial, desmitificarlo, para aportar en su transformación. El libro que hoy volvemos a presentar aquí es un ejemplo más que fehaciente, de allí su actualidad.

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