¿Cuál es la madre del borrego de la lechería nacional? – Segunda parte

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@mateamargouy

Ing. Ernesto Agazzi

En la primera parte de este artículo, convidábamos al lector a reflexionar con objetividad, sobre reclamos y afirmaciones de algunas gremiales y analistas económicos, relativos a una supuesta “generalizada crisis” del sector lechero. En tanto que el asunto es extenso y no menor, dejamos para esta segunda parte comentar otros elementos del asunto, sin pretender agotar el tema, sino que simplemente, pensar con la objetividad requerida por la importancia del mismo para el conjunto de nuestra sociedad. Continuamos entonces con otros tres puntos.

Refiriéndose a los costos de producción suele hablarse del precio del gasoil y
de la energía eléctrica.
Estos argumentos son más de crítica al gobierno del Frente Amplio que análisis de costos. El combustible y la energía eléctrica no son más del 4% del costo de producción de la leche, y además han sido objeto de políticas específicas como la devolución del IVA para quienes tributan IMEBA o por tarifas bonificadas.
Lo que llama la atención es que no se mencionan otros costos que son apropiaciones de varios millones de dólares por parte de agentes privados externos a la cadena, como es el caso de los arrendamientos de tierras. La información estadística muestra que casi la mitad de la tierra dedicada a la lechería lo es en régimen de no propietario, es decir, arrendamiento, medianería, pastoreo, etc. En el cuadro se muestran las cifras de DIEA sobre el costo de los arrendamientos en dólares por hectárea;

 

 

El tambero es un arrendatario obligado, pues para él comprar la tierra es casi imposible, y aunque el precio de la renta suba, la tiene que pagar porque no puede trasladar parte de su tambo a una fracción alejada.
Muchos millones de dólares de los que producen anualmente los tamberos, van a parar a las arcas de los dueños de la tierra (los terratenientes), y de esto nada dicen quienes se refieren a la crisis lechera.
La legislación actual relativa a arrendamientos, a partir de la modificación realizada en 1994 de las históricas leyes que daban prioridad al productor en relación al propietario, considera que la tierra es una mercancía más, determinándose su valor en el mercado por el libre juego de la oferta y demanda. Este es un tema muy importante, si se le compara con la situación de los productores en los Países más desarrollados.

El sector primario de producción lechera está constituido por 3.718 establecimientos
Los establecimientos del sector tienen una diversidad muy grande en hectáreas, tipo de alimentación a las vacas, tecnología aplicada, nivel de capitalización, etc., que los estudios del INALE (Instituto Nacional de la Leche) categorizan en 7 modelos analizando su producción, su desempeño, y sus resultados económicos.
Los estudios demuestran que el resultado económico es negativo para los tambos más chicos, entre 40 y 120 hás, pero que en los establecimientos de más de 400 hás y hasta 700, el resultado económico es positivo y creciente.
Ello demuestra que los productores que están en problemas no son todos, sino que son los más pequeños que tienen comprometido su futuro si no mejora su economía. Esto se corrobora por los datos de DIEA que muestran que los remitentes pasaron de 3500 a 3000 entre los años 2009 y 2017, según el siguiente cuadro:

 

 

En 7 años abandonaron la actividad 400 productores pequeños (-36%), pero los de tamaño medio disminuyeron en 200 (-9%), y los mayores no tuvieron ninguna pérdida. Los productores que quedan en el camino son los más chicos, que son los que hay que atender. Los más grandes reclaman en nombre del sector, poniendo a los más chicos por delante porque quieren ganar más, aumentando sus ingresos y siempre argumentan en contra de las políticas diferenciales, diciendo que no hay que alterar el libre juego de la competencia. Es la lógica capitalista la que no puede dar respuesta a ésta situación, pues en una economía con libre empresa y propiedad privada de los factores de producción esto es inevitable y
conduce a una desigualdad en el reparto de la renta producida con la consecuencia de, por un lado, más concentración del capital y deterioro de los recursos naturales por la lógica de maximizar ganancias, y por otro, crisis de los segmentos más vulnerables de los sectores productivos.
Pero además, si con información estadística disponible, se compara la evolución del número de
empresas lecheras en distintos países, observamos los siguientes valores:

 

 

 

 

Los datos muestran que la reestructuración de los tambos es un fenómeno general en éste momento, aún en países en los que crece la producción de leche, como en Uruguay. Ello es consecuencia de la lógica de sistemas productivos no planificados, salvo en Holanda y Nueva Zelanda, donde el crecimiento de la producción no va acompañado de una disminución de las explotaciones. En los demás hay un proceso de desaparición de tambos en el marco del ajuste por rentabilidades decrecientes. Lo que hay es un importante problema estructural, pero no una grave crisis, porque la producción no para de crecer. En nuestras condiciones, destinar más recursos del presupuesto nacional a todo el sector va a aumentar los beneficios de los terratenientes y de los tambos más grandes en detrimento de los pequeños productores, y del presupuesto para la educación, la salud y las políticas sociales. Queda pendiente el asunto del papel de las organizaciones gremiales para definir estrategias inclusivas de desarrollo de la cadena, generar organización y fuerza política para su implementación y para lograr un reparto más justo del ingreso generado por la cadena, que es lo que lograron algunos Países.

La lechería nacional vivió a lo largo de su historia muchas situaciones críticas
Esas situaciones obligaron a todos los actores de la cadena y al gobierno nacional a tomar decisiones estratégicas. Hemos aumentado la producción y la productividad, hemos ampliado los mercados,
estamos compitiendo en el mundo con las tesorerías de países poderosos y las grandes trasnacionales. Hoy debemos analizar todos los aspectos estructurales de transformación en épocas de estrechamiento de la rentabilidad con el riesgo de concentración creciente del capital y la expulsión de productores chicos.
A ello puede aportar mucho la investigación, el intercambio, la negociación sana. Pero muy poco aporta la repetición de información parcial, distorsionada, destinada a instalar en la ciudadanía la idea de una crisis terminal del sector sin fundamento. Y menos si a ello se suma el accionar de actores políticos interesados en afirmar que la crisis económica terminal, se puede solucionar sólo con un cambio de gobierno.
El problema central del agro no son los salarios de los trabajadores rurales ni de la industria, tal como lo han expresado los representante de los grandes empresarios capitalistas, que además culpan al gobierno frenteamplista de no actuar en contra de los trabajadores o no darles más asistencia económica.
El problema es mucho más profundo, porque lo que está en juego son los mecanismos del reparto desigual del ingreso en el mundo lechero y en el país, que es el asunto de fondo que los sectores conservadores no discuten.

¿Cuál es la madre del borrego de la lechería nacional? – Primera parte

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