Las cuatro crisis

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El Sistema Mundial Imperialista Contemporáneo (que de ningún modo se agota en las pretensiones estadounidenses) se caracteriza por proponer e imponer una “utopía” o “modelo” sacrificial, en el sentido que a esa palabra le dan los católicos: se trata de una propuesta bárbara (en el sentido de la barbarie) que, para poder realizarse, propone, como condición ineludible, la eliminación de una gran parte de la humanidad.

Ese sacrificio inexcusable en el altar del proyecto incluye no sólo regiones enteras (y hasta continentes) de lo que se ha denominado mundo subdesarrollado, sino también a sectores sociales que por ahora sobreviven en los países denominados desarrollados.

Hay sures en el norte y nortes en el sur. Esa propuesta llamada vulgarmente “consumismo” conduce inexorablemente a estas crudas realidades.

Si toda la humanidad (por ejemplo, la India y China), tuviera el mismo nivel de consumo, o de automóviles, o de heladeras, que los EEUU, Alemania o España, por poner algunos ejemplos, el planeta colapsaría de inmediato. Ahí radica el monumental problema. A las viejas “contradicciones fundamentales y principales” se agrega ahora y ya desde hace un tiempo la contradicción Vida o Muerte, no sólo en lo inmediato para vastos sectores sociale,s sino para el planeta y la humanidad.

Ello es la más cabal expresión de que el capitalismo no tiene forzosamente por qué desembocar en el socialismo, porque puede también, en su defecto, hacerlo en el caos y en la barbarie. En eso estamos, y dicha constatación revienta los ojos.

Tanto los revienta que, en nuestro país, las consecuencias de lo que venimos afirmando producen forzosamente estrategias de salvación nacional y de refundación nacional bajo pena de lisa y llana emigración en masa, marginación creciente, barbarie desencadenada, o desaparición como entidad.

Sin este análisis internacional, carece de fundamento nuestra propuesta nacional.

Sólo quienes no ven o no quieren ver esta realidad pueden criticar nuestras propuestas estratégicas concretas en base a viejos esquemas abstractos.

Esta “nueva” contradicción fundamental (que tal vez ni soñaron los que nos precedieron) se basa en una constatación no prevista: los bienes disponibles no son infinitos, el planeta y sus recursos puede no sólo agotarse sino colapsar, el crecimiento no es ilimitado, la escasez es y será un hecho permanente lo que, dicho sea de paso, parece indicar la imposible futura disolución del Estado y, por ende, su necesidad permanente, así como la de la economía política o economía a secas.

Dicha contradicción se expresa, concreta y materialmente hoy, a nivel mundial, y a nivel de cada comarca, en cuatro grandes crisis que, si bien ya están presentes, harán eclosión imponente dentro de pocos años.

1) La Gran Crisis de la Energía

2) La Gran Crisis Poblacional

3) La Gran Crisis Alimentaria

4) La Gran Crisis del Agua Potable

Las cuatro están, como es obvio, íntimamente concatenadas y retroalimentadas. No existe hoy ningún gran problema internacional o nacional que no se refiera a ellas.

La “locura” imperante contiene, como no podía ser de otra manera dentro de su rigurosa “ilógica”, una Doctrina Militar que se basa, resumidamente, en el concepto jurídico de soberanía limitada, en el de guerras “preventivas”, en el de estabilidad mundial, en el de intervención rápida en cualquier lugar del planeta donde entiendan que sus intereses vitales pueden estar amenazados o donde existan recursos escasos que se requieran para el exclusivo uso de los “elegidos”.

Contiene también una propuesta científica y tecnológica acaparada y monopólica, funcional a su proyecto. En esa horrenda perspectiva, la Sociedad del Conocimiento es para ellos; y lo es tanto que, sin exagerar, se puede afirmar que hoy por hoy la ciencia y la tecnología en sus manos han devenido en el principal sostén de su bárbaro proyecto.

Algunas consecuencias

De manera muy resumida, porque no dispongo de espacio, las Cuatro Grandes Crisis amenazan hoy (ya no son solamente riesgos) a Uruguay:

Energía: pagamos y pagaremos una “factura” cada vez más grande por los hidrocarburos (gas incluido), de los que somos absolutamente dependientes. Esa fuente de energía pasará dentro de pocos años a ser “escasa”, y por lo tanto a no tener precios de mercado sino precios de bien escaso, con todo lo que ello implica.

En materia eléctrica, ya somos dependientes de las empresas privadas de generación argentinas y no hemos hecho nuestra interconexión con Brasil para, por lo menos, diversificar el riesgo.

No hemos desarrollado absolutamente ninguna política de sustitución: fuentes de energía alternativas, ya sean eólicas, geotérmicas (aguas termales), fotovoltaicas, biodiesel, biogás, alcoholes, hidrógeno, etcétera. La única política frente a este gigantesco problema ha sido la falta de políticas.

Población: ante una expansión mundial que nos llevará a los nueve mil millones de habitantes en el planeta en pocos años; limítrofes con dos países en franca explosión demográfica, nos estamos envejeciendo, no crecemos, emigramos… Parece obvia la inexorable y desagradable consecuencia con el paso de los años.

Alimentos: somos campeones mundiales en materia de tierra y mar fértil por cabeza. Tierra y mar prácticamente inexplotados, en medio de un mundo famélico, limítrofe y lejano con plata en el bolsillo (el colmo del hambre será ése) y con armas en el cinto.

Agua: poseemos extraordinarias reservas de agua potable tanto abajo como arriba de la tierra, en medio de un mundo sediento y que además tiene dinero y armas en el bolsillo.

Porque la crisis de población, alimentos y agua no sólo aqueja y aquejará en breve a países y zonas paupérrimas, sino a los países del Primer Mundo: Europa, Japón, dentro de muy poco China, etcétera. Esos poderosos países ya hemos visto qué modelo tienen y qué doctrinas militares proponen.

Las crisis son o pueden ser también oportunidades, pero a la ocasión, o sea: a la oportunidad, siempre la pintan calva. O la aprovechamos o será demasiado tarde. Esta realidad (de la barbarie o de los Dos Mundos, por llamarla de algún modo) arroja, además, y de inmediato, gravísimas contradicciones en el seno de lo que hasta ahora se ha denominado pueblo.

Hay contradicciones entre los marginados y los asalariados. Graves contradicciones en el seno de los asalariados entre los que pertenecen a empresas o sectores que “se salvan” y los que pertenecen a los “condenados”. Entre los que con tal de salvarse están dispuestos a defender a ultranza todo tipo de ataque contra otros, la ecología (por ejemplo) o el interés general.

La aparición de un fuerte corporativismo no es solamente la recaída en un viejo vicio, sino la emergencia de una nueva y cruel realidad que reproduce estrategias de “sálvese quien pueda” y mentalidades de naufragio: de vida o muerte para personas y grupos de personas.

Contradicciones incluso antagónicas entre burgueses y trabajadores del Primer Mundo unidos contra burgueses, trabajadores y marginados del otro mundo o del mundo a sacrificar. Esto a su vez explica la aparición de enormes estructuras de capitalismo criminalizado: droga, mercenarios, tráfico de niños y mujeres, guerras por sobrevivir, venta de armas, etcétera. Y también ciertas formas de violencia y de guerra, hasta incluso la guerra por la guerra misma, como mejor y único modo de poder vivir (un retorno a la “horda” visible hoy en muchos lugares de la tierra).

El viejo análisis de clases entró en obsolescencia, y el que se debe hacer en cada lugar y a nivel mundial resulta más complejo, menos sencillo y menos maniqueo desde que puede incluir en el bloque dominante a vastos sectores de trabajadores y de obreros.

Si bien no es novedad alguna desde el nacimiento del imperialismo capitalista, lo es en cuanto a su masividad y a sus efectos, porque ahora ya no se trata solamente de explotar a otros o conquistar países o establecer
factorías en ellos, sino de marginarlos o eliminarlos lisa y llanamente. La contradicción se torna cuantiosa y fatal. *

Eleuterio Fernandez Huidobro

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