Los dilemas de cara al balotaje

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Por Dora Molina

Reflexiones de una militante del Proyecto Nacional y Popular

Ya estamos sobre la hora. El final de este duro y largo año electoral vino a cerrarse para todos los que conformamos el amplio espacio kirchnerista, no como lo esperábamos. Evidentemente, la elección del 25 de Octubre, a muchos, nos sacudió de la modorra; a otros, los despojó de las dudas acerca de si el candidato elegido era el mejor. Lo cierto es que ese cachetazo, nos plantó de golpe en la calle, militando la campaña, como no lo hicimos ni para las PASO ni para la primera vuelta. Para los que aún tenían dudas de Daniel Scioli, y aún, para muchos que ni siquiera lo habían votado en primera vuelta, significó darse cuenta de un plumazo de lo que los argentinos nos estamos jugando en esta instancia, del valor de este momento histórico, de la importancia de no retroceder un ápice de los avances políticos, económicos, sociales y culturales de estos años para el país y para la Región. Sin duda, la situación nos impulsó y nos cohesionó detrás de la figura de Daniel Scioli.

El kirchnerismo va a terminar su tercer mandato dejando un país en marcha. Eso indican las principales variables macroeconómicas, el desendeudamiento, luego de años de padecimientos; con un PBI, que después de crecer en los primeros años a altas tasas, no ha mantenido el ritmo en los últimos, pero que en un contexto internacional complicado y con la caída de los precios internacionales de los principales productos de exportación, no ha descargado un gran impacto en la dinámica interna, debido a las políticas de sostén implementadas (Procrear; diversos subsidios a la población -AUH, Progresar- ; crediticios -Ahora 12-; regulación de precios – precios cuidados-) . Esto que sin duda es un logro de la gestión, ha sufrido en el mismo período un virulento ataque permanente comandado por los medios de comunicación dominante, que apelaron a todo el repertorio de maniobras ampliamente conocido en América Latina. Y ésta es una de las cuestiones con las que llegamos al resultado electoral del 25 de Octubre: la distorsión de la realidad con la que han operado, indudablemente, en una porción significativa del electorado . Pero claro, no es la única.

Otra de las explicaciones hay que buscarlas por el lado de lo que no se hizo bien, o no se transmitió como debiera haberse hecho, dentro de las limitaciones en que se opera y de las mismas disputas dentro del amplio abanico oficial. Hay muchísimo de todo esto, para evaluar, corregir y tratar de ir superando dentro del Proyecto Popular, que precisamente por su misma condición y por los adversarios que enfrenta, lo primero que debe estar consciente es de la permanencia, y de la falta de límites de la lucha. Por eso que el primer error que cometimos, fue la escasa campaña que se hizo en esta oportunidad. Entramos en un letargo, imperdonable para los que, por lo menos, siempre hemos estado “de este lado del mostrador”. Podrán no saberlo los miles de jóvenes que nutren y que son indudablemente mayoría dentro del proyecto oficial, pero no los que ya tenemos varios años y golpes encima. Un error grave, pero que el mismo 26 supimos rever, y que nunca más nos puede volver a pasar.

Van a ser muchas las cuestiones para reflexionar a partir de la medianoche del próximo domingo, donde, independientemente del resultado, se hará centro en los errores cometidos. Pero hay un aspecto, por demás positivo y no del todo novedoso que irrumpió, estos días: la gran movilización ciudadana que, a lo largo y ancho del país, salió a defender lo construido durante estos años de la mano de Néstor y Cristina, y a alertar sobre los riesgos de que se vuelva a instalar el proyecto neoliberal, con sus secuelas de dependencia de los centro del poder internacional y de despojo interno. Y digo que éste no es un elemento novedoso, porque ya pasó desde el 2003, con el conflicto con el campo en el 2008 y cuando se produjo el fallecimiento de Néstor Kirchner. Casi diría que, estas tres sucesivas irrupciones ciudadanas se presentan como momentos de consolidación del movimiento popular, que fue la base del proyecto y que de ahora en más irá redefiniendo su rumbo, con un nuevo Presidente y con varios liderazgos -el de Cristina sin duda muy fuerte- en marcha. Insisto, creo que este hecho es vitalizante, muestra la movilidad y la capacidad de respuesta y reacción de un Proyecto Nacional y Popular, dinámico, contradictorio, rebelde, que está dando pelea y que sin duda la seguirá dando cada vez que sea necesario.

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