Sigue siendo con miles

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Por: Gabriela Dobal y Leticia De Torres

Lo que no quisieron ver…

Las maestras de Montevideo están en conflicto. Las maestras de todo el país. Los profesores, los trabajadores de los organismos de educación pública, los estudiantes, los trabajadores en general…

En agosto se cumplió una primer etapa, en la que los colectivos definieron realizar un gran esfuerzo, fundados en la idea de lograr el mejor mensaje posible tanto del Codicen como del Ejecutivo. “Hay que quemar las naves ahora”, se dijo muchas veces. Este planteo es importante, porque responde a una estrategia que se apoya en un hecho relevante: hay un descreimiento notorio sobre el alcance de los debates parlamentarios. Gana espacio y votos en cualquier asamblea la tesis de que finalmente, en aras de la unidad, la interna de la fuerza política en el gobierno se calma y sus legisladores votan a mano de yeso el mensaje del Ejecutivo. De parte de algunos puede ser un juego político con intención, en la mayoría es una demostración de cuánto se va desgastando la confianza en los ámbitos de debate de qué se hace con los recursos de la sociedad en materia de política pública.

El verdadero problema del presupuesto

Si bien, como generalmente sucede, el conflicto fue poniendo el centro en lo salarial, es claro que las manifestaciones y medidas sindicales y gremiales giran en torno a algo más importante: la necesidad de una inversión en Educación Pública intencionada en cierto sentido. Uno enunciado por todos pero distinto al actual. Al menos, lo que dice el programa de la fuerza política de gobierno, que es tender a alcanzar el 6% del PBI para la educación a fin del quinquenio.

Incluir a los niños de tres años en salones adecuados a ellos, alcanzar a todos los niños del país con la educación primaria, lograr que todos los adolescentes estén dentro de un liceo y a su vez, pensar en instituciones con el tamaño, espacios y población que favorezca los aprendizajes, sale plata.

Sin embargo, los números no dan. No se está apostando realmente a cambiar la matriz de la Educación Público-Estatal para habilitar que pensemos en una distinta, mejor Escuela Pública al menos para dentro de 20 años. Una vez más, no se está haciendo el esfuerzo suficiente. Se hace esfuerzo, sí, pero no el esperable para lograr ciertos avances. Lejos estamos todavía de asociar el proyecto educativo a un proyecto de país con diversidad productiva, más independiente y con mayor justicia social. Nos invitamos a pensar que este desafío aún está en construcción.

Así también se construye sindicato

IMG-20150824-WA0048Una característica que tuvo este conflicto, y que los medios no supieron ver, y otros tantos tampoco quisieron ver, fue llevarlo al mano a mano, a la puerta de la escuela, a la calle. El conflicto de la educación se transformó en el conflicto de lo educativo. Para las maestras este conflicto no es un conflicto del sindicato de maestros sino que es un conflicto que disputa recursos para la educación de los más desfavorecidos.

En este sentido pasaron algunas cosas que no pasaban, se lograron habilitar espacios de reflexión y acción con las comunidades, se lograron habilitar guardias gremiales para que a nuestros gurises no les faltara la comida -a pesar de que se entiende que esta función no es de las instituciones educativas- se entendió que la pelea por recursos para la educación pública estatal es una cuestión de clase y por tanto se hace con la clase.

Se desarrollaron en varios lugares de Montevideo contra-cursos organizados por maestros de distintas escuelas en locales barriales cercanos a las mismas. Estas actividades tuvieron la intención de acercar no sólo a la familia, para poder explicarles qué es lo que estaba sucediendo en relación al conflicto, sino a los gurises que durante dos semanas estuvieron sin clases. Cada colectivo planificó durante estas dos semanas cómo acercarse a la comunidad convencidos que sin el apoyo de ella este conflicto no se gana ni ayer ni hoy.

Maestros que recorrieron los barrios, nuestros barrios, puerta a puerta para informar en qué se estaba. Maestros que fueron a las puertas de sus escuelas a realizar asambleas con las familias y vecinos, para aclarar dudas, compartir información, poner sobre la mesa los por qué del conflicto, de lo que sucedía día a día. Que también llenaron las calles en movilizaciones por decenas de miles, que sostuvieron encuentros en asambleas de más de mil maestros casi a diario.

Se logró, en definitiva, un trabajo colectivo hacia la comunidad como hace tiempo no se ensayaba. Un esfuerzo que da mayor legitimidad a las medidas, que nos involucra a todos estemos donde estemos trabajando.

Y esto tiene que quedar claro: sin el involucramiento de la gente no hay posibilidad de lograr el mejor presupuesto para la mejor educación pública.

Hacia ahí vamos. Juntar voluntades, encontrarnos con los vecinos, ayudar a las familias a apropiarse de una lucha que creemos que es de todos.

En el acierto o en el error, elegimos construir las derrotas o las victorias con miles.

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