El zorro en su laberinto

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El 14 de mayo, la corporación Mozilla, desarrolladora del navegador web Firefox, anunció la implementación de tecnologías de restricción de derechos (DRM) en Firefox. La decisión de Mozilla sorprendió a no poca gente: en 2003, Mozilla se había propuesto desbancar a los navegadores comerciales y de software privativo, como Internet Explorer, que imponían exigencias a sus usuarios, los sometían a constantes amenazas a su privacidad y comprometían la estabilidad del desarrollo de los navegadores.

Mozilla tenía, entonces, mucho más que una ventaja técnica comparativa, un rol político que servía para limitar los constantes intentos corporativos de modificar los estándares de la web. Muchos de estos intentos buscaban también privatizar estos estándares, a través de la inclusión de código que sólo Internet Explorer pudiera interpretar.

El anuncio presentó la implementación de DRM como un “mal necesario” para poder dar soporte a las compañías proveedoras de contenidos audiovisuales, como Netflix y la BBC, que utilizan DRM (Digital Rights Management, gestión digital de derechos, o gestión digital de restricciones) para mostrar sus videos en los navegadores. El DRM es una tecnología desarrollada por las principales corporaciones de distribución de contenidos, que permite controlar la reproducción de obras en formatos digitales.

En líneas generales, el DRM no respeta la privacidad ni los derechos de los usuarios: controla quién, cómo y cuándo se accede a la obra; autoriza o deniega el acceso a la obra, y puede cambiar estas condiciones con independencia de lo que haya aceptado el usuario cuando adquirió la obra; e impone sus condiciones restrictivas al usuario, de manera independiente de las excepciones establecidas en la ley de derecho de autor. Incluso, una compañía puede ponerle DRM a una obra que se encuentra en dominio público (es decir, que el derecho de autor ha expirado, y por lo tanto el usuario es libre de copiarla), limitando así el ejercicio de los derechos de los usuarios de esas obras.

En síntesis, cuando un usuario adquiere una obra a través de servicios como Amazon, Netflix, o similares, no adquiere realmente un archivo digital, sino una licencia de uso a cambio de ser controlado, a través del DRM, por la corporación que le provee los contenidos. La decisión de Mozilla de implementar DRM en Firefox, sin embargo, no es responsabilidad única de Mozilla. Desde hace años, la W3C (el consorcio dedicado a gestionar los estándares de la web), ha negociado con la industria la implementación de estas tecnologías de restricción en HTML5. Esa es, al menos, la explicación de Andreas Gal, jefe de tecnología de Mozilla.

La decisión de Mozilla causó revuelo entre la comunidad de desarrolladores y usuarios de software libre, y Cory Doctorow sintetizó en un excelente artículo publicado en The Guardian las principales opciones que tenía Mozilla para evitar el DRM. Las corporaciones de contenidos vienen tratando desde hace años implementar DRM en la mayoría de sus productos. La decisión de Mozilla parece allanarles el camino para conseguir su objetivo más preciado: cercenar las libertades de los usuarios y seguir ejerciendo control total sobre sus contenidos y la forma en que estos se acceden.

¿Tenía alternativa Mozilla?
Por: Enrique Chaparro, presidente de Fundación Vía Libre (Argentina)

La respuesta no es sencilla. Si por “tener alternativa” se entiende que podían hacer otra cosa, la respuesta es sí. Si se entiende como “¿Tendrían éxito haciendo otra cosa?”, la respuesta debe relativizarse. Dependerá de qué se entienda por éxito y de cómo Mozilla se ve a sí mismo. El problema no es Mozilla, sino el DRM. Eso está claro. Pero a mi juicio también es claro que buena parte de la culpa de encontrarse en esta encrucijada es de la propia fundación Mozilla.

A mi modo de ver, por tres razones:

  • Por hacer software “open source”, es decir, por creer que lo único importante de las libertades de software es que proporcionan un mejor modelo de producción para hacer software funcionalmente equivalente al privativo.
  • Por despreciar la inteligencia de sus usuarios, suponiendo que al usuario final no le importa su libertad, y no haciendo nada para cambiarlo.
  • Por comportarse como una empresa de Silicon Valley, salvo en la codicia, y creérselo1Mozilla Corp., subsidiaria comercial de Mozilla Foundation, facturó en 2011 más de 160M de USD, y tiene más de 1000 empleados. Mozilla Corp. es, en última instancia, la responsable de Firefox..

Firefox es la más usada de las herramientas de software libre que tiene “contacto visual” directo con sus usuarios finales (es decir, el usuario final sabe que está usando Firefox; hay mucho otro software libre que tal vez está usando y no sabe que existe). Sin embargo, pocos usuarios saben que Mozilla es software libre; para la amplísima mayoría de ellos, sólo es otro software gratis, en nada distinto a Internet Explorer o Chrome. Y esto es culpa, pura y exclusivamente, de Mozilla. No han querido (e insisto, “querido”, no necesariamente no sabido) crear empatía ética con los usuarios, crear comunidad, esto es, la adhesión consciente que proviene no de las leyes de mercado (“uso firefox porque navega mejor”) que te permiten cambiarte a otro en cuanto ese otro navegue mejor, sino de la convicción ética (“uso firefox porque favorece mi libertad”). ¿Cuándo han visto, al instalar o actualizar Firefox, algún cartelito “marketinero” (o aunque sea un cartelito chiquito) que diga que Firefox es software libre, y qué significa eso, y por qué es importante?

Mozilla jugó a la lógica neoliberal de Silicon Valley, pero sólo, en la práctica, en la parte del tecnolibertarianismo de opereta. Los que juegan en la misma liga, con una mano hacen de tecnolibertarios y con la otra revisan la contabilidad. Y a la hora de la verdad, es la segunda mano la que decide. Su “mentalidad empresaria” los ha puesto contra la pared: su principal fuente de ingresos es lo que reciben de uno de sus competidores, Google, a través de hacer de Google el buscador por defecto.

Mozilla podría haber usado el poder relativo de su número de usuarios para instarlos a hacer oír su voz a la hora de discutir DRM. Sin embargo, sus usuarios ni siquiera saben cuál es la posición de Mozilla respecto del DRM. Trataron a sus usuarios con el mismo desprecio con que lo hacen las compañías de software privativo. A la larga, pagarán eso muy caro; pero en su caída arrastran la libertad de sus usuarios. Si cien mil usuarios de Firefox le hubieran enviado un mail al megalómano Tim Berners-Lee diciéndole que no se pronunciara en favor del DRM en HTML5, es muy probable que no lo hubiera hecho (por razones psicológicas). O tal vez lo hubiera hecho de todos modos, pero nada se perdía con probar.

¿Cómo pudo haberse hecho? Por vía de avisos en las instalaciones y updates de Firefox. ¿Es un número realista? No lo sé… pero es uno de cada cuatro mil usuarios de Firefox. Si no podés convencer de algo al 0,025% de tus usuarios, algo estás haciendo mal en el mundo del marketing, al que Mozilla es tan afecto.

Mozilla, antes de llamarse Firefox, bancó a pie firme la tentativa de Microsoft de hegemonizar el mercado de los navegadores con Internet Explorer. Con menos base de usuarios, y con una pequeña fracción de los recursos financieros con los que cuentan ahora. Pero, sin dudas, con más principios. Yo, mientras tanto, voy a desinstalar Firefox: apt-get purge firefox.

Por: Colectivo Mate Amargo

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Referencias   [ + ]

1. Mozilla Corp., subsidiaria comercial de Mozilla Foundation, facturó en 2011 más de 160M de USD, y tiene más de 1000 empleados. Mozilla Corp. es, en última instancia, la responsable de Firefox.

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