Autocrítica

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Las pasadas internas dejan un sabor amargo, no de un buen mate, sino de una acidez que cuesta digerir.
 
La población uruguaya ha preferido en su gran mayoría no ir a votar. Disminuyó de manera importante el número de votantes con respecto a la elección interna anterior, de un 44.8 % de los votos en 2009 a un 37 % en 2014. Esta configuración electoral debe llamarnos a la reflexión, tomando en cuenta también el gran número de votos en blanco y anulados que rondan el 10%.
 
¿Por qué el sistema político no convoca? ¿Por qué la gente no se siente parte?  ¿No quiere ser parte de las definiciones políticas?
 
Primero habría que analizar cuanta gente va  a votar cuando las elecciones no son obligatorias en otros países para valorar con más elementos si fue tan baja la votación. Vamos a comprobar que no.
 
Pero seguro igual hay causas para haber bajado el nivel de votantes de una elección a otra. ¿Falta de empatía? ¿Convencimiento de que es una elección ganada de antemano por Tabaré Vázquez? ¿Descontento? ¿Acaso los avances del gobierno no son suficientes? ¿Existe o empieza a existir un divorcio entre el FA y las clases medias? ¿Es posible que si el FA no camina más hacia la izquierda siga perdiendo el apoyo de sectores que históricamente fueron sus aliados? Da para preguntarse muchas más cosas pero ahora me detendré en algunas “conclusiones”:
 
Por un lado ganó lo conocido, lo ya establecido, un ex presidente y “los hijos de” que claramente para el pueblo uruguayo ocupan otro lugar en la política uruguaya distinto al de las organizaciones y los partidos.
 
En todos los partidos ganaron los candidatos más conservadores, parecería que hoy lo conservador es hegemonía en la sociedad uruguaya. Lo cual parecería dificultar la posibilidad de renovar un sistema político, que viene desgastado, y se aleja cada vez más de la población y peor aún de la juventud.
 
En los partidos tradicionales ganaron los candidatos que apoyan el plebiscito por la baja de la edad imputabilidad, suponiendo con esto un apoyo a esta medida, que largamente se ha explicado no solo no es una solución sino que agrava los problemas de exclusión y convivencia ciudadana.
 
Ganaron pues las visiones más conservadoras y de derecha, como parece viene ocurriendo en más de un lugar del Mundo, pensemos solo en el caso de Europa (aunque con grandes matices) para corroborarlo.
 
Si bien esto es real en relación a los candidatos y los partidos Colorado y Nacional en lo que respecta a sus sectores, dentro del FA paso desapercibido algo hacia la interna que para adelante pude ser promisorio.
 
Los sectores que se supone tienen una visión más a la izquierda (más allá del candidato que apoyaran en esta instancia), juntos representan casi a un 60 %, lo cual parece un potencial interesante si se logra coordinar y consolidar con acuerdos marco que habiliten pensar en otra perspectiva.
 
Por otro lado otro de los elementos que surgen es que a la interna del FA, todos los sectores de larga data o “históricos”: FLS, PS, PC y MPP, han perdido votos. Parece ser que estos sectores han sido los más dañados electoralmente, a cada uno le cabe el análisis de tal situación. Quizás no han logrado entender por donde debe conducirse el proceso actualmente, quizás no han logrado transmitirlo claramente. Unos bajaron su votación y otros no pudieron crecer.
 
Esto no es casualidad, viene acompañado de procesos internos, donde la base militante no encuentra el espacio donde sentirse parte, y muchas veces no se sienten representados por las definiciones que han tomado las direcciones, que no concuerdan con el sentir de la militancia. Es decir, no hay correlato del arriba con el abajo, lo que no solo deja ver puntos débiles si no que no potencia el trabajo del militante “común” o “de a pie”, generando una crisis de confianza y de participación, a la interna de estos sectores.
 
A contra pelo de esto es positiva la aparición de nuevos grupos y nuevas figuras en un FA vetusto, da aire y genera recambio en una dirigencia que es prácticamente la misma desde la salida de la dictadura hasta acá.
 
Es necesario hacer muchas autocriticas, pensar mucho, reunirse y ver por donde pasaron los errores que hemos cometido. Porque el país creció y eso es indiscutible, los problemas de hoy, lejos están de ser los problemas de un Uruguay en crisis, pero con esto no alcanza.
 
Desde malas alianzas, definiciones erradas y caer en métodos no propios de nuestra tradición de izquierda, así como en luchas de poder y soberbias personales y colectivas.
 
Se ha generado en el conjunto del FA una cúpula que cada vez convoca menos, y una masa de militantes que no logra encausarse y hacerse del proceso, lejos estamos de aquellos actos de masas donde el entusiasmo se sentía a cuadras.
 
No podemos seguir haciendo o reproduciendo las lógicas pasadas de moda. Debemos poner ideas sobre la mesa, discutir proyectos. Es verdad que el FA tiene un programa, pero la discusión no para ahí, hay que buscar perfeccionarlo y llevarlo a cabo entre todos. Escuchar a los que no tienen vos ni voto, buscar soluciones que pasan por lo colectivo, y que deben ser llevadas adelante por figuras nuevas, con métodos nuevos. Hay que revitalizar las organizaciones sociales, son la punta de lanza para profundizar los cambios y defender el proceso ante una derecha que crece.
 
Debemos ser humildes y  darnos cuenta que la gente voto caras nuevas, es por esto que es necesario también  que nuevos compañeros asuman las responsabilidades y llenen de nuevas ideas y fuerza las organizaciones políticas de izquierda.
 
Es con organización y participación, no con más verticalismos que revertiremos la actual situación. No es hora de cobrar cuentas, de quién dijo qué o quién votó a quién. Precisamos a todos los militantes juntos y tras un mismo objetivo.
 
Debemos pasar de las lógicas verticalistas, a la lógica de mandar obedeciendo como dicen allá por Chiapas.
 
Aún estamos a tiempo de revertir lo sucedido en las internas,  debemos tomarlo como una alarma. Aún el FA puede seguir construyendo un país más justo y digno para todos, tiene de sobra personas y colectivos para esto. Esta en nosotros, si preferimos seguir mirando nuestros ombligos, o estamos a la altura de la historia y ponemos a los colectivos organizados donde deben estar, al frente de la lucha y conduciendo el proceso.
 
Poco nos queda si seguimos jugando a las figuritas selladas, a los apellidos. Si todo el proceso de acumulación del pueblo uruguayo, depende de una o dos figuras políticas.
 
O todos somos parte del cambio, o los apellidos estarán solos para realizar su campaña.
 
Es necesario que el FA asuma una actitud más proactiva, y gobierne buscando cambiar las estructuras de la sociedad. Son necesarios más proyectos de ley, más política inclusiva. Es necesario dejarse de hablar de la necesidad de cambiar la constitución y hacerlo. Debemos dar respuesta al campo, a la industria, a la infraestructura.
 
Queda mucho por hacer en salud, y mucho más en educación y vivienda. Ahora estos cambios, no esperemos que salgan de las cúpulas. Estos cambios profundos solo salen de la movilización de masas. Solo se concretan o alcanzan si la gente los lucha, los pelea y los defiende. Si no será imposible avanzar.
 
También es necesario recordarle al pueblo que debe hacerse cargo de que si no gana el FA, como lo han planteados los candidatos de la derecha, todo lo que se ha avanzado caerá. Todo será revertido si hay un gobierno Blanco o Colorado: los consejos de salarios, el acceso a la salud para todos, la inversión social, la amplitud de derechos individuales y un largo etcétera que no solo no apoyó la derecha si no que promete desarticularlos, y estos en definitiva no son más que logros de todos los uruguayos.
 
Que no se confunda nadie, acá no están en juego los cargos, lo que se juega es el futuro de los más pobres, que hoy tienen mucho más para perder que hace diez años, que hoy solo pueden seguir encontrando respuestas en un tercer gobierno del frente amplio, que seguramente se gane en octubre, pero tiene muchas posibilidades de ser el último gobierno del FA, si no nos replanteamos nuestro accionar y nuestras definiciones políticas.

Por: Piero Sabini

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