Trabajar por la cuenta en Montevideo

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Intentamos en el número anterior de este mate compartido, poner sobre la mesa algunos conceptos en discusión, en base a un fenómeno concreto: las llamadas Ferias Especiales de Montevideo.

En el intercambio con feriantes y compañeros, enseguida surge la duda del por qué de esa denominación, y la necesidad de debatir, acordar y actuar sobre el fenómeno general de la venta callejera. Sin embargo, abarcar la totalidad en este medio, así, tan en solitario, puede llevarnos a respuestas dogmáticas o soberbias, así que por ahora mantengamos la concreción del objeto de análisis y tratemos de seguir aportando.

Parte II. La administración y la vida en las ferias.
Una mirada al paisaje

Desde hace ya varios años, los que somos habitués de las ferias de Montevideo hemos visto cambiar el entorno.

En algunas ferias, las periferias de las de fruta y verdura, o éstas mismas, se han rotado las posiciones o se ha modificado la ubicación. De hecho, en su momento las llamadas Ferias Especiales se crearon para evitar la proliferación de estos puestos en torno a las ferias de fruta y verdura.

Otras ferias, las del este (eje de Camino Maldonado) por ejemplo, parece que crecen y crecen, siempre podemos encontrar nuevos manteles donde revolver para comprar los más diversos objetos.

En las Ferias Especiales de fin de semana, han aparecido sectores (periféricos) donde se ubican artesanos con sus productos. En cierta forma, se alarga un brazo de la feria con una idea de lo temático, mostrando que, en definitiva, hay gente que está interesada en ese espacio para vender lo que hace. Pero estas ferias en sí, se achican.

En Villa Biarritz por ejemplo, se convocó en octubre de 2013 a un sorteo de reubicación. Llamó la atención, porque recién a principios de ese mismo mes se habilitaron las adjudicaciones de las reubicaciones del año anterior1Esto significa que puesteros que ya son parte de la feria, eligen (en un orden que se genera por sorteo) cambiarse a otros puestos que quedaron vacíos. Se va dando así un proceso donde quienes tenían su lugar en los extremos o en las afueras se van hacia el centro, buscando que la aglomeración les permita mejores ventas..

Otrora, luego de un reordenamiento interno como éste, la intendencia llamaba a ingreso de nuevos feriantes. Habiendo quedado puestos libres, se daba oportunidad a que quienes quisieran trabajarlos lo hicieran. Pero ésto hace años que no se cumple, tanto por omisión de la IM como seguramente por falta de demanda de AFFE2Asociación de Feriantes de Ferias Especiales.. Lleva tanto este proceso, que se han perdido casi la totalidad de puestos de Leyenda Patria, y la feria se redujo notoriamente.

En otras ferias y lugares de venta callejera es usual que sucedan cosas similares. O se prohíbe la venta, o se restringe en un mal momento, o parece que naturalmente los puestos van desapareciendo.

Intentando mirar más allá
Muchas pueden ser las respuestas a la pregunta de por qué los puestos callejeros desaparecen, o las ferias “se achican”. Me gustaría reflexionar un poco sobre ello.

Algunos dirán que responde a que, gracias a una época de bonanza, quienes necesitaban de este recurso para cubrir sus necesidades materiales encontraron otro más provechoso, un trabajo “formal”, un empleo fuera de las condiciones de riesgo de estar al aire libre. Pero, qué pasa con los que no quieren ese tipo de empleo? Qué pasa con quienes quieren vender su producto sin intermediarios? Con quienes generaron tal forma de vida y conocimiento que hicieron de esta ocupación un oficio? Debemos asumir que no todos optamos por el mismo estilo de vida, ni tenemos la misma idea de nuestro ideal de trabajo, ni nos agradan o gustan las mismas cosas. Por ejemplo, en su momento ser organizó en el CCZ 5 un cabildo entre feriantes y vecinos, y éstos (contra lo que seguramente esperaban algunos de los organizadores) votaron masivamente a favor de la permanencia de las ferias que se intentaba reubicar.

En realidad, me afilio más a la idea de que la extensión o no de los lugares de venta callejera no responde solamente a la necesidad que tengan ciertas personas de vender, sino a las políticas que directa o indirectamente fomente la administración pública.

Para ésta, el espacio público adquirirá determinado significado, sustentado en la idea de ciudad, Estado y ciudadano que la anime. “Desde la perspectiva administrativa el espacio público se define en torno a categorías normativas, como el grado de accesibilidad, las instancias encargadas de su gestión, o su estructura física”3Filardo, V. et al; Usos y apropiaciones de espacios públicos de Montevideo y clases de edad, FCS, UdelaR, p20 Filardo, V. et al. Dept de Soc. FCS. Entendiéndolo así, el rol de la administración sería quizás velar, organizar, regular y nada más. Sin embargo, puede también promover o no ciertas acciones en territorio, algunos usos o no de los espacios comunes, habilitar o censurar determinadas prácticas.

Si “… la ciudad no se reduce al mero espacio físico de aglomeración, sino que adquiere valores, identidades e imaginarios construidos históricamente. Y la ciudad construye la tensión entre los socio – centirsmos de clase o sectores (…) y las perspectivas relativistas que la propia heterogeneidad socio – cultural de la ciudad produce”4Gravano, A.: Ciudad y derechos humanos – ciudad y hechos humanos. Primeras jornadas ítalo latinoamericanas de defensores cívicos y defensores del pueblo, Bs As, 2008, entonces tanto lo que hagamos como ciudadanos o como administración incidirá en la construcción de uno u otro modelo de ciudad.

Siguiendo con los aportes, según el material de Filardo, desde la perspectiva de los habitantes la definición es muy otra; “el espacio público sería cualquier lugar físico de una ciudad cuya función de uso dominante es el encuentro y la expresión de convenciones sociales más o menos alejadas de los modos de expresión de la vida íntima”5Filardo, V et al; op cit, p21.

El significado de ese encuentro estará dado por los “otros” y por los “otros significados” que allí se encuentren. Un paseo que se va deteriorando, que no ofrece renovación, que deja de habilitar el encuentro con lo diferente puede volverse un espacio que cada vez va siendo menos público… El gobierno de la ciudad puede combatir el fenómeno de la venta callejera tanto en el “hacer” como desde el “no hacer”, así como los ciudadanos directamente involucrados pueden actuar en consecuencia o permanecer pasivos.

Por acción y omisión podemos estar favoreciendo o restando al crecimiento o supervivencia de cualquier espacio público, y estoy convencida que ello se aplica al fenómeno de la venta callejera. No agotamos el fenómeno solamente por decidir en contra; también lo hacemos cuando caemos en omisión de innovar y protegerlo. Juegan también los intereses de las asociaciones que nuclean a los trabajadores, así como los grupos de empresarios y vecinos.

Sin embargo, en este juego de intereses, no todos tienen el mismo poder, y he ahí la preocupación sobre cuáles son las políticas que impulsamos. Si continuamente nuestras decisiones afectan al trabajador de venta callejera, no estaremos favoreciendo directamente un modelo de ciudad centralizado en determinado modelo de comercialización?

Por: Gabriela Dobal

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Referencias   [ + ]

1. Esto significa que puesteros que ya son parte de la feria, eligen (en un orden que se genera por sorteo) cambiarse a otros puestos que quedaron vacíos. Se va dando así un proceso donde quienes tenían su lugar en los extremos o en las afueras se van hacia el centro, buscando que la aglomeración les permita mejores ventas.
2. Asociación de Feriantes de Ferias Especiales.
3. Filardo, V. et al; Usos y apropiaciones de espacios públicos de Montevideo y clases de edad, FCS, UdelaR, p20 Filardo, V. et al. Dept de Soc. FCS
4. Gravano, A.: Ciudad y derechos humanos – ciudad y hechos humanos. Primeras jornadas ítalo latinoamericanas de defensores cívicos y defensores del pueblo, Bs As, 2008
5. Filardo, V et al; op cit, p21

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