Matrimonio Igualitario: entrevista a Michelle Suárez

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Por: Paola Beltrán

Con la intención de profundizar en las implicancias culturales que se generan a partir del debate y la aprobación del “Matrimonio igualitario”, de la realidad que viven día a día las mujeres trans, del rol de las organizaciones sociales a la hora de proponer y generar cambios, conversamos con la Dra. Michelle Suárez, integrante de la organización “Ovejas Negras”.

P- El matrimonio igualitario habilita derechos que hasta ahora eran patrimonio de una parte de la sociedad. Desde la institucionalidad se construye una visión de la realidad ¿cuánto contribuyen a generar el cambio cultural necesario para que lo  legal sea aceptado y respetado a nivel del cotidiano de una sociedad?R- Durante gran parte del debate, uno de los temas que se planteaba al hablar de derechos humanos y la democratización de los mismos  ha sido que este tipo de temáticas de avances en derechos era una cuestión no prioritaria. Entonces planteaba una metáfora en la que comparaban las sociedades como si fueran una especie de árbol. Muchas veces, en épocas de bonanzas, nos distraemos con su copa  frondosa, con el tronco y nos descuidamos de sus raíces que es lo que sostiene toda esa estructura. Las raíces de una sociedad son las instituciones y las leyes. Cuando el tiempo de bonanza acaba, toda esa estructura envenenada porque tiene instituciones que no son creíbles o leyes que son malas y existe una negación de justicia a gran parte de la sociedad, al darle un pequeño empujón, se cae. Desde este punto de vista, la aprobación del “Matrimonio Igualitario” hizo que las bases del estado de derecho sean mucho más fuertes y generó que la  población en general asuma estas decisiones como legítimas, profundas, respetadas, debido a que hubo un debate lúcido, profundo y abierto en el que se escucharon todas las voces. Nos hizo empezar a visibilizar un montón de mecanismos de discriminación que teníamos totalmente naturalizados. Se logró instalar el verdadero debate social en lo cotidiano, porque lo escuchaste, porque lo leíste, lo hablaste en tu diario vivir con tus hijos, con tus hermanos, con tus amigos, con el almacenero de la esquina. Creo que en eso contribuyó mucho este proyecto. También se aunó una evolución institucional muy interesante en la última década, y por el otro lado, una evolución de la sociedad civil organizada. La sociedad generalmente se acercaba al sistema político mediante demandas que eran muy justas, con reclamos, pero casi nunca con propuestas. Esta es la primera vez en que la sociedad civil, además del reclamo, además de exigir respuestas, propone, y esa propuesta es tomada por el sistema político; a todo eso se le sumó una actitud madura de dicho sistema. De hecho, es uno de los pocos proyectos que tiene votos a favor de todas las trincheras políticas. Entonces creo que hubo elementos muy  positivos del sistema político, de la sociedad civil organizada y del debate social.

P- ¿Luego de la aprobación del matrimonio igualitario, cuál es la nueva meta?

R- Este debate se dio en otros países en los que han aprobado el proyecto. Esta cosa de “bueno nos quedamos sin agenda”. Desde afuera parece ser que se vaciaría la agenda cuando se consigue un mojón de este tipo. Lo que me parece que se agota es la “agenda predecible”. En realidad se empiezan a poner sobre la mesa otros debates, incluso a nivel legislativo. En este momento hay un proyecto con media sanción que es el proyecto de “Técnicas de reproducción asistida”, el cual es sumamente limitante para las parejas del mismo sexo, especialmente para las mujeres lesbianas ya que solamente en los casos en que exista enfermedad que tenga que ver con la reproducción y con la infertilidad se permite llegar a estas técnicas. Por otro lado, la normativa de inseminación que tiene nuestro país es deseablemente perfectible y tiene una serie enorme de problemas endémicos que deberían ser solucionados en la reforma legislativa. A esto hay que sumarle el empezar a luchar, también, por políticas públicas sustentables a largo plazo que es el debate que actualmente está dando Brasil. Una vez que tenés la norma, una vez que tenés la consagración de un derecho, cómo es el monitoreo de ese derecho, cómo se aplica en la práctica, cuáles son las políticas que el Estado desarrolla para que haya un empoderamiento real de los ciudadanos de ese derecho. O sea que creo que queda mucho camino por recorrer.

P- Mara Sofía, una chica trans mexicana realiza la siguiente reflexión: “Yo creo que la lucha contra la transfobia, es la lucha contra las causas de muchos de quienes nos llaman minorías. Si sumáramos a ancianos, mujeres, discapacitados, indígenas, homosexuales, gente de la diversidad, seríamos una mayoría en contra de esa visión hegemónica. No solo hay que quedarnos con una marcha o manifestación y al otro día todo vuelve a la normalidad. Necesitamos organización”. En este sentido ¿crees que los colectivos que trabajan por la reivindicación de derechos de las minorías corren el riesgo de perder de vista otras situaciones de vulnerabilidad sufridas por otras minorías o mayorías?

R- Creo que en realidad eso tiene que ver con un planteo de perspectiva de cada organización. Yo vengo de un colectivo de la sociedad civil que es “Ovejas Negras” que realiza una serie de actividades –algunas prácticamente institucionalizadas- como la “marcha”, como fue el proceso legislativo que llevó a la aprobación del “matrimonio igualitario”, y tomo estos dos mojones porque son visibles y cotidianos –uno porque es un evento anual y el otro porque es lo más reciente-. El proyecto de matrimonio igualitario no fue impulsado por el colectivo “Ovejas negras” como una isla, fue impulsado por un conglomerado de organizaciones de la sociedad civil formados en comisión. Participaron organizaciones de afrodescendientes, religiosas, el PIT-CNT, la FEUU, organizaciones feministas y podría seguir nombrando. Sus ejes de declaración son en realidad otros, otras vulnerabilidades que no necesariamente van de la mano. La marcha, por ejemplo, tiene toda una proclama de objetivos en la que existe un montón de cuestiones que “Ovejas Negras” apoya, se compromete y acompaña y que en realidad no tiene conexión exclusivamente con diversidad sexual, como es la despenalización del aborto, la legalización del consumo de marihuana, el no a la baja de la edad de imputabilidad y así podría seguir nombrando ejes. Creo que en Uruguay la mayoría de las organizaciones tratan de tener una visión muy respetuosa de toda la heterogeneidad y de concebir que las miradas no deban ser fundamentalistas y homogeneizantes. Deben respetar la pluralidad y festejarla.

P- Las reivindicaciones de la población trans están dirigidas a cuestiones más cotidianas. Muchas de ellas tienen que ver con la necesidad de sobrevivir en la pobreza extrema, de combatir la depresión, de no querer trabajar más en la prostitución, además de los problemas sanitarios que padecen, muchos de ellos vinculados al HIV. Desde Ovejas Negras ¿cómo se viene encarando esta problemática?

R- Uno de los temas más graves que tiene la diversidad sexual, y dentro de la diversidad sexual el eje más vulnerable es la población trans y su acceso al sistema sanitario; reclamos de que la identidad que una persona manifiesta no es escuchada. Cuando una mujer trans llega al sistema, pretende, por ejemplo, conocer sus “hormonizaciones” y cómo se la pueden practicar, porque van a desaparecer los rasgos secundarios  que revelan un aspecto físico que no coincide con su identidad de género. Lo mismo pasa con aquellos que quieren empezar a hacer o cumplir con todo el tratamiento, para el cual actualmente existe un protocolo, para poder realizar la reasignación de sexo.

Al mismo tiempo, cuando van por un tema común y corriente que no tiene que ver con su identidad de género sino con que tienen un resfrío, deberían existir mecanismos en la salud por los cuales esté sensibilizado el personal para que las atienda de forma tal que no las excluya por sentirse estigmatizadas y violentadas. Entonces, en todo ese abanico, varias son las cosas que se fueron haciendo. Se instaló una policlínica que funciona como centro libre de homofobia. Aclaro que cuando se utiliza la palabra “homofobia” se utiliza de forma genérica, en verdad sería “homo-lesvo-transfobia”. En este centro, se prepara a los funcionarios administrativos y médicos para que puedan asistir a cualquier persona sin dar por hecho que esa persona no es homosexual o transexual y permitan en las preguntas la apertura para que esa persona se explaye y no se sienta limitada. Ese modelo es el único que existe, lleva más de un año funcionando correctamente y lo que se pretende es que se amplíe, no solo en Montevideo sino también en el interior del país. Por otro lado, hasta hace poco tiempo para la reasignación de sexo no había protocolo, lo cual implicaba que quien empezaba el tratamiento hoy, en diez años no tendría aún el diagnóstico para saber si existía cierta probabilidad de acceder a esta reasignación o si debería cumplir requisitos previos para poder acceder a la misma. Se logró hacer el protocolo por el cual además no se le diera acceso únicamente a quienes se atienden por salud pública, sino también aquellos que se encuentran en el mutualismo y que como el único lugar donde se realiza el tratamiento es en el Hospital de Clínicas puedan acceder de igual forma. Ese protocolo colocó por primera vez un plazo. A los dos años, como máximo, debe existir una primera aproximación. Al mismo tiempo las personas lleguen o no “hormonizadas” o con cambios morfológicos previos deben ser atendidas por especialistas, de forma tal que los problemas generados por la automedicación y tratamientos brindados en forma absolutamente clandestina puedan ser por lo menos mitigados. Por otro lado, también se propuso y fueron incluidos en documentos del MIDES como políticas de inclusión la “tarjeta alimentaria” para las personas trans. También está en proceso de aplicación la confección en los liceos o en salud pública de listas por los nombres “usuales” y no por los nombres documentarios. El nombre es el que aparece en tu partida de nacimiento y el nombre usual es con el que vivís en tu vida relacional. Esto permitiría el respeto, no violentar a una persona y no excluirla de un sistema.

P- En una nota afirmaste: “El aparato institucional no está hecho para amparar a las mujeres trans”, ¿qué implicancias tiene esta afirmación a nivel de derechos, identidad y dignidad?

R- Las personas trans a muy temprana edad empiezan a ser excluidas del sistema educativo, sanitario, del seno de su propia familia, las mayoría de las veces, de forma indirecta. Si bien hay casos muy extremos: que llegan a la puerta del liceo y les dicen “si usted no viene vestido de varoncito aquí no entra”; en la mayoría de los casos la violencia está solapada, se da de manera invisible. Como tener que levantar todos los días tu mano cuando te llaman por tu nombre de documento “Juan” cuando en tu vida de relación sos  “Juana”, lo cual no solo violenta tu identidad de género sino que expone tu historia de vida, la cual no tenés por qué compartirla con el mundo. Tenés todo el derecho del mundo de elegir qué es lo que querés contar y qué no. Creo que eso a su vez se reproduce en todos los ámbitos. En el ámbito sanitario, por ejemplo, se considera que los tratamientos identitarios que tienen que ver con cambios morfológicos, hormonales, e incluso con cirugías de reasignación, son meros cambios estéticos y que no tienen que ver con el acceso a la salud. Entonces después tenemos muertes, porque se realizan tratamientos en forma clandestina y se auto-medican.

P- En Uruguay muchas mujeres mueren asesinadas por violencia doméstica. El machismo que ubica a la mujer en un rol de objeto, sumisión y propiedad puede rastrearse en la raíz de esta problemática. ¿Crees que esta situación se toca de algún modo con la particular violencia con que son tratadas las mujeres trans?

R- Creo que sí, absolutamente. Ser mujer trans no es lo mismo que ser un hombre trans. Ser lesbiana no es lo mismo que ser gay. Cuando se dice “yo soy una mujer trans”, vos no solo estás hablando del eje de discriminación de la transexualidad, sino que estás hablando interseccionalmente de ser mujer y de ser trans. La discriminación funciona en forma espiral uniéndose una a otra hasta dejar de ser discriminación y pasar a ser marginación. Te pongo un ejemplo, yo no soy discriminada solo por ser trans sino también por ser mujer, por ser obesa, por ser joven.

P- Bombardeados por la imagen vivimos en una sociedad que se caracteriza por marcar claramente al diferente que debe ser temido: el que vive en un barrio marginado, los jóvenes que se visten de tal o cual forma. El temor se funda en el desconocimiento de una realidad que no nos toca y sobre la cual podemos, por este alejamiento, idealizar o deformar. ¿Qué tan difícil es poder acercar la realidad de las mujeres trans?

R- Es la misma dificultad que tienen las mujeres para plantear temas de mujeres que no sean cómo me peino, cómo me maquillo y qué perfume uso. Son igual de difíciles. Lo que sucede es que para ello debemos empezar a no creernos que el único perfil válido que existe sea el de femineidad hegemónicamente estereotipada, sino que en realidad existen tantos perfiles de mujeres como mujeres. Y que esta especie de operativo donde merecés ser llamada mujer mientras más te acerques a esta imagen hegemónica es una clasificación de cuerpos donde se clasifica en original o copia según como se acercan a ese ideal. La innovación en los aspectos de identidades, el utilizarlos políticamente, implican liberarnos de esos mecanismos de opresión.

P- ¿Las diferentes organizaciones sociales y políticas están preparadas para unirse y, como decíamos antes, pelear por la igualdad a la hora de elegir, no solo la identidad sino también, la igualdad de derechos, oportunidades, sin exclusiones culturales y económicas?

R- No hay manera de concebir la realidad y operar en ella si no tomás en cuenta todos sus elementos, no hay forma; porque el considerar que las contradicciones de género son una pérdida de tiempo que dividen la clase – como se habla desde algunos sectores de la izquierda- es olvidarnos que las contradicciones que tiene que ver con las contradicciones de clase dentro del capitalismo van de la mano con las contradicciones del patriarcado, que una va de la mano de la otra y se retroalimentan. Tener un enfoque uni-direcconal lo único que hace es que tengamos visiones fundamentalistas que no reconocen la heterogeneidad.

Recomendaciones de la entrevistada:

Un libro: “Yo maté a Sherezade” de Joumana Haddad

“La escritora plantea que el modelo de mujer arábica, es un modelo inspirado en Sherezade. Una mujer que para lograr sobrevivir lo que hace es negociar con el poder masculino pero jamás oponérsele. Plantea que quiere matar a ese modelo de mujer Sherezade porque la limitó a un rol a la sociedad que no necesariamente tiene que cumplir”

Una película: La lección de piano. Escrita y dirigida por Jane Campion.

“Trata sobre una mujer llena de dolor que no sabía cómo manejarlo y encontró una forma de comunicación distinta al habla, a las predecibles, que fue la que la hizo sobrevivir. Una mujer que a su forma muestra una profunda valentía que se enfrenta como puede a un mundo que no sabe cómo encarar”

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