Poesías para negar la indiferencia

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Por: Claudia Magliano

Marita García Pose nació en Montevideo, en 1950. Es profesora de literatura, correctora, psicóloga social y poeta.

Ha publicado: La melodía tiene siete tiempos. Poemas de café, en El País Cultural, en junio de 2010; En sepia/en blanco, Ediciones del MEC, 2009- Poesía; Tal vez un hombre roto, Ediciones del autor, 2008, Poesía. (Marga Creus);  El cuervo y el abañil y La casa de las piedras, en Cuentos de Inmigrantes, Trilce, 1997. Participó  en Poesía femenina uruguaya: Una muestra en Un libro un abrazo, Biblioteca Nacional, Uruguay, 2009. Obtuvo los siguientes premios: – Mención del MEC, Poesía Inédita, 1999 por Miradas mínimas.– Segundo Premio del Concurso de Poesía Inédita V. Roslik, 2009, En sepia/en blanco, MEC, DDHH. – Primer Premio de Concurso de Poesía de El País Cultural, 2010, Poemas de café.– Mención en Concurso de Cuentos sobre inmigrantes de Trilce, 1997. El cuervo y el albañil.- Mención en Concurso de Cuentos sobre inmigrantes de Trilce, 1997. La casa de las piedras.

Las hojas sepia y las hojas blancas

1

Las hojas blancas a la búsqueda de las hojas sepia.

Lo guardado. El porqué de la guarda.

Cruces exactos de las diacronías.

Tiempo de días y días.

Guarda, con ángel o sin él.

Cumplimiento de un mandato de mi sangre.

 

2

Hoy, a solas, con los poemas sepia.

Si existiera lo lineal, las adherencias serían,

tal vez,

un salto intrépido a la contradicción.

Busco nociones conocidas.

Repito mi pasión -de memoria-

Sin definiciones busco.

Sé que hay segmentos que se desplazan solidarios

atravesando tiempos

porque veo mástiles indicando conexiones.

 

3

¿Quedan solo las palabras?

¿Por qué no los di a la tierra, al fuego, al agua o al olvido?

Nada pudo inducirme a ese suicidio.

Hoy a solas con ellos en esta mesa con mantel.

Son ojos en la nuca, dirían.

Es museo, dirían.

Y no saben qué fuerza tiene aquello

cuyo bautismo fue la soledad.

A mi casa no le dejaron ni rincones.

-¿Por qué estás tan callada, mamá?

-¿Por qué estás tan callada?

Y yo disimulaba

estirando la masa para hacer galletitas Sara Key.

Ultratón estaba en ese entre.

¿Quedan solo palabras?

 

4

Resistir la obligación del desencuentro.

En el lenguaje sepia, los epígrafes, las citas.

Inscripciones.

Algo que fije,

algo que no se mueva,

alguien que dijo antes el daño que nos llegó después.

Las citas son encuentros.

Dime con quien andas…

Dejaban decir con sus palabras

porque desplegar permite.

Eran acompañantes de perímetros

para poder nombrar lo extraño.

Convivencias cómplices que saltaban los límites del reto.

 

5

El lenguaje sepia dijo como pudo,

manoteó metáforas y ritmos que son tiempos.

Era otra forma de decir.

Tiene un aire intocado porque fue casa contigua

y no tuvo el privilegio de la conjetura.

No sé decir si tiene un gesto de reliquia.

¿Es antiguo por haber nacido en otro tiempo?

¿Es un vestigio, un resto?

¿Es un mapa, es un sitio paralelo?

 

6

En el lenguaje sepia no cupieron

cuatro mil quinientos días,

por eso no pudo traducir la realidad.

Lo constituyen huecos, grietas, fragmentos, esquirlas,

ausencias, espacios en blanco y agujeros negros.

Tan minúsculo como una interjección.

 

7

-¿Podría traducirme el lenguaje sepia a lenguaje blanco?

-No. No podría.

Son necesarias equivalencias

con las que hoy ya no contamos.

Y además, tiene un tufo atroz.

 

8

El lenguaje sepia, ¿es ancla o es motor?

Sé que de la estrategia de la desaparición

nació su opuesto :  la permanencia.

 

9

Hoy estoy a solas con ellos en un lugar doméstico.

De domus, casa. A mi casa los traigo.

No se gavilla la dispersión

pero se hace evidente la existencia de un cimiento.

Se ven líneas subterráneas donde hay envueltas imágenes,

sonidos sólidos de piedras, sustento de sentidos.

Un duelo para el que no alcanza la memoria.

 

10

¿Quiénes éramos los del lenguaje sepia?

¿Quiénes somos, ahora, los de la hoja blanca?

Los escalones del encuentro clandestino.

Contraseñas para la trasgresión.

En los días sepia la condena era perder la vida

el territorio

la palabra

y el miedo de los dedos de los pies

le ordenaba hierro a todo  el cuerpo.

Quise burlarles la esperanza aquella

haciendo que dos se vuelvan una.

Esta que soy, leyendo a la que fui.

Metáfora de lo que no prescribe.

Empedrado de continuidad.

Cumplimiento de un mandato de mi sangre.

 

La melodía tiene siete tiempos  (poemas de café)

1

La melodía tiene siete tiempos

y vuelve a comenzar.

Hay un lugar suficiente para el ensayo y el inicio,

unos lo llaman lunes; otros, tiempo líquido.

Un punto marrón acompaña sobre el mármol.

Es un punto en movimiento, es un nudo

atado, no, desatándose. Se abre y sigue siendo nudo ahora

como si quisiera enlazar lo que está con lo perdido.

Cuando digo lunes quiero decir grano, molienda, borra.

Lo que emerja debe ser real

y existir en el mundo.

2

No fue la guerra ni fue un dios.

No fue una perfomance de cuerpos con movimientos esquivos.

No fueron gritos ni silencios.

Fue otra la forma.

-¿Tomamos un café? –dijimos.

Era en las imágenes de las pantallas

donde se sucedían las catástrofes.

Fue un martes, no fue un dios.

No entendí que era en nosotros que cavaban la vida, el giro, la cuchara.

El encuentro contigo

también estuvo hecho de lo que nunca sucedió.

3

Ya al entrar se percibe.

Lo anuncian el perfume y la madera.

A las palabras las atrae, las reorganiza;

son capturadas e inventan relaciones entre ellas.

Van asomando voces de confianza,

expresiones recurrentes

que son bastones para apoyar la biografía,

sonidos apretados como días a mitad de semana,

cuevas, nidos, refugios.

La taza más pequeña deviene cosmos,

expansión,

suburbio.

4

Ya es jueves.

Hay un mensaje que viaja en el aroma

y espera a que alguien lo despliegue.

Aquí no conozco a nadie por nombre o apellido.

Sin embargo, llegan muchos que son otros de mí.

Digo: este pocillo es uno y no tiene adjetivos.

Es un viaje quieto y su aventura.

Es un mapa en donde ninguno de ustedes es turista.

La Paix, La Biela, El Cairo, El Brasilero, Habana.

Me asomo al borde de la taza

y siempre hay alguien.

5

Nunca aprendí a leer el futuro en la borra de café

y ya no quiero

andar buscando migajas de pasado.

Esta es una buena foto:

La columna de humo que sale de la taza parece moverse.

Tomé un café contigo

y sucedió un evento titulado viernes.

6

Nombre de consecuencia:

sábado.

Sábanas,

            líquido tibio, espuma, abrazo.

7

Entre el gentío, la voz de Mama Inés

sigue ahuyentando espíritus malignos

con humos de habanos y café.

Se multiplican los sitios,

aldeas, ciudades, universos migrantes,

trueques, negocios, seducciones.

En otra mesa

la escritura conjura

            caminos blanquinegros de ajedrez

y busca.

Algo comienza a llegar y algo parte.

De raíz a barco,

De lo inesperado a lo más previsible de la tarde.

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