El enigma del cannabis

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Por: Richard J. Miller*

¿Es “peligroso”? ¿Es “adictivo”? ¿Te vuelve “loco”?

El debate en torno al cannabis (también conocido como marihuana o cáñamo hindú) continúa. Todo el mundo tiene una opinión, pero ¿cuál es la verdad y cómo debería influenciar el estatus legal de esta droga?

En el presente, las leyes relacionadas al cannabis en los Estados Unidos son muy confusas. Consideren esto: el gobierno federal ha clasificado al cannabis como una droga Tipo 1, el mismo estatus que tiene la heroína. Las drogas Tipo 1 son las que supuestamente no tienen aplicación médica o terapéutica al tiempo que son consideradas las más adictivas y que llevan a abusos mas fácilmente. Es muy difícil obtener estas drogas, incluso con fines de investigación.

Por otra parte, algunos estados han avanzado hacia la descriminalización de su consumo o de la posesión de pequeñas cantidades de cannabis. La molécula psicotrópica más importante del cannabis, el Δ9–tetrahidrocannabinol (Δ9-THC), está disponible a través de prescripción médica a lo largo de los Estados Unidos. Esta droga, conocida como dronabinol y vendida bajo la marca Marinol, está catalogada como una droga Tipo 3, y por lo tanto es considerada mucho menos peligrosa que el material original de la cual es aislada.

Entendamos como se originan las leyes del gobierno federal en torno al cannabis. Básicamente fue a causa del trabajo de Harry Anslinger, el primer encargado de la Oficina Federal de Narcóticos. En la década de 1930, Anslinger decidió que el cannabis  era un objetivo político sencillo para que la Oficina Federal de Narcóticos probara su efectividad en proteger a los norteamericanos del problema de las drogas. Esta droga era usada principalmente en aquel tiempo por trabajadores inmigrantes mexicanos y no se había extendido al resto de la sociedad estadounidense. Anslinger convirtió la marihuana en un tema político de grandes proporciones. Apoyado por la prensa reaccionaria y racista, hizo afirmaciones absurdas referidas a que una sola pitada de marihuana podía convertir a quien la fumara en un violador asesino o una ninfómana. La influencia política de Anslinger logró finalmente que se aprobaran leyes que restringían fuertemente el consumo de marihuana a la vez que estrangulaba la industria emergente del cáñamo, para alivio de sus sponsors industriales que temían una potencial competencia.

Pero, ¿hay alguna verdad en estas afirmaciones, que finalmente provocaron que el cannabis fuera clasificado como una droga Tipo 1 en la década de 1970?

El hecho es que los efectos del cannabis en la población han sido estudiados numerosas veces a lo largo de los años. Para empezar, la Comisión de las Indias Británicas para el Cáñamo publicó un reporte de 3800 páginas en 1894. Los Estados Unidos llevó a cabo un estudio del uso del cannabis por parte de militares en la Zona Central de Panamá en 1925.

En 1944 el gobernador de Nueva York, Fiorello LaGuardia, auspició un reporte de gran escala sobre los efectos de la marihuana y en 1969 el comité British Wootton elaboró un reporte sobre el uso de marihuana en el Reino Unido. En cada uno de estos casos que el uso moderado del cannabis no constituía un problema real y que no era particularmente “peligroso”. Asimismo hace años que los Países Bajos tienen en vigor una política que básicamente despenaliza el uso moderado del cannabis. ¿Qué les ha pasado a los holandeses?. ¿La sociedad holandesa se ha convertido en una masa apestosa de haraganes? Por supuesto que no.

Uno podría sorprenderse por la unanimidad en todos estos resultados. No obstante el gobierno de los Estados Unidos ha elegido ignorarlos completamente.

Hoy en día sabemos mucho mas de cómo funciona el cannabis. Los estudios realizados a lo largo de los últimos 30 años han han identificado con precisión los sistemas de señales celulares relacionadas específicamente con los receptores de cannabinoides y los endocanabinoides derivados del ácido araquidónico. Las señales del endocanabinoides regulan las funciones y procesos de cada tejido del cuerpo, que incluyen el metabolismo y la inflamación, así como las funciones cognitivas1Di Marzo V (2009) The endocannabinoid system: Its general strategy of action, tools for its pharmacological manipulation and potential therapeutic exploitation. Pharmacol Res 60(2):77–84..

Este estudio ha planteado la posibilidad de que las drogas como el cannabis y similares podrían ser utiles en muchas áreas terapeuticas. La investigación en señales del endocanabinoides sigue activamente, con resultados excitantes y reveladores. Esto no significa que el uso de cannabis esta completamente libre de problemas. Algunos estudios sugieren que el uso por parte de adolescentes puede incrementar el riesgo de futuras enfermedades psicóticas, aunque aún no hay consenso en torno a este tema2Rubino T, Zamberletti E, Parolaro D (2012) Adolescent exposure to cannabis as a risk factor for psychiatric disorders. J Psychopharmacol 26(1):177–188.. Asimismo parece claro que el excesivo uso de cannabis puede resultar en distintos grados de dependencia a esta droga3Danovitch I, Gorelick DA (2012) State of the art treatments for cannabis dependence. Psychiatr Clin North Am 35(2):309–326.. En suma, como ocurre con la mayoría de las drogas, el cannabis puede tener efectos positivos y negativos4Hall W, Degenhardt L (2013) The adverse health effects of chronic cannabis use. Drug Test Anal, 10.1002/dta.1506.. Presumiblemente, el estatus legal del cannabis debería ser el resultado de una discusión informada que considere todos estas cuestiones.

Curiosamente hay un grupo de personas que no han tenido virtualmente ninguna influencia en la política en torno al cannabis por parte de los Estados Unidos desde su introducción: los científicos que efectivamente estudian la droga.

Como fue indicado más arriba, prácticamente todas las políticas del gobierno relacionadas con el cannabis han sido elaboradas por abogados en vez de científicos. A lo largo de los años los diferentes gobiernos de EEUU han desestimado los datos científicos que no se adaptaban a su posición política. Esto no parece tener mucho sentido. Uno podría creer que la gente que estudia efectivamente el cannabis tendría algo útil para aportar en la materia. Así que, vamos gobierno –por favor, dennos una oportunidad- estamos listos para conversar!.

* E-mail: r-miller10@northwestern.edu Departamento de Farmacología de la Northwestern University Medical School, Chicago.

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Referencias   [ + ]

1. Di Marzo V (2009) The endocannabinoid system: Its general strategy of action, tools for its pharmacological manipulation and potential therapeutic exploitation. Pharmacol Res 60(2):77–84.
2. Rubino T, Zamberletti E, Parolaro D (2012) Adolescent exposure to cannabis as a risk factor for psychiatric disorders. J Psychopharmacol 26(1):177–188.
3. Danovitch I, Gorelick DA (2012) State of the art treatments for cannabis dependence. Psychiatr Clin North Am 35(2):309–326.
4. Hall W, Degenhardt L (2013) The adverse health effects of chronic cannabis use. Drug Test Anal, 10.1002/dta.1506.

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