Nuestra estrategia

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Por: Gabriela Dobal

“Mi estrategia es en cambio, más profunda y más simple…”

Vuelvo una y otra vez a la poesía. Me lleva a lo profundo de lo humano, al soñar, al imaginar otra situación, otro momento, otra época, otra realidad.

Vuelvo una y otra vez, porque muchas veces nos dibuja y nos explica con la sencillez que nuestras disquisiciones no logran.Festejamos como nunca cuando el FA alcanzó los votos necesarios para ser gobierno. Dimos la discusión, entonces, como se pudo, sobre cómo encarar los temas claves del país. Más tiempo a algunos temas, otros menos, se fueron acomodando las fichas. El presupuesto quinquenal marcó la cancha entonces; íbamos a mejorar mucha cosa, pero era claro que no se podían emprender todos los proyectos que pensábamos. Pero nos permitimos seguir soñando.

Mi táctica es mirarte…

Algunos de esos sueños se concretaron. En este gobierno, y en el anterior, se ha destinado al tema educación mucho más que en otros momentos. Más presupuesto, tiempo de medios masivos de comunicación, debates, congresos, recursos humanos. Mucha tinta y saliva corrió y corre desde los más diversos centros de opinión.

Accedí hace unos días a un folleto en una casa de cobranzas, quizás lo hayan visto; enumera los avances del CEIP en 10 años, en números que no faltan a la verdad: en promedio, pasamos de 30 a 24 niños por maestro, repiten menos niños cada año, es mayor el dinero volcado al organismo por niño y para salarios docentes. Se ha atendido parcialmente la emergencia edilicia, la escuela pública atiende cada vez más a la diversidad de formas de aprender que tienen nuestros niños.

Los docentes, siendo honestos, vemos avances de estos todos los días. Hace diez años, la mayoría de nuestras escuelas no tenían cuadernos ni lápices para dar a los gurises, en las fichas de datos vivíamos repitiendo un desesperante “sin atención médica”, lo más normal era trabajar con más de 30 estudiantes en la clase. No todos accedían a la Educación Física, y a veces tener profesor dependía de las posibilidades de la Comisión de Fomento. Pensar en un concurso para la impresión de libros de primaria era casi una utopía, ni que hablar de pedirles en clase que buscaran algo en Internet.

Sin embargo, la Escuela Pública y la Educación Pública toda ha sido blanco de golpes de la derecha, y de una clara ofensiva en fomentar lo privado o lo público – no estatal como alternativa. Y algunos dirigentes del progresismo aplauden. Desde allá y desde acá se piden resultados, generalmente en números, se navega entre acusar al gobierno por darle “el poder a los sindicatos” y acusar al gobierno por no atender claramente las peticiones justas de los trabajadores… por momentos parece que la esquizofrenia ganó la batalla en estas discusiones.

Algunos referentes del FA han salido (otros no), con mayor o mejor tino, a responder a estos ataques. Principalmente a señalar los avances y los esfuerzos que todos, en el gobierno actual y en el anterior, han hecho por el Sistema Educativo Uruguayo.

Y es cierto. Mucho se ha hecho. Mucho que muestra que para el FA, la educación es importante. Pero no basta.

Aprender cómo sos…

Las formas de funcionar son las mismas, el presupuesto aún no es suficiente para cambios estructurales en el sistema, aún nos faltan docentes, aún no todos estamos comprometidos con un proyecto claro que vaya atrás de un país mejor y justo.

Aún no nos ponemos de acuerdo en cómo caminar para lograr algo diferente. Volvemos otra vez a una discusión vieja ya para los tupamaros: el carácter de la Educación, y de lo cultural en general, en la construcción de una nueva sociedad.

Muchos argumentarán que el sistema educativo es una de los aparatos ideológicos del Estado y por tanto está destinada a perpetuarlo. Dado que reproduce el status quo, hasta que no cambiemos la sociedad toda, no vale mucho la pena pensar en cambiar desde allí; cambiaremos el sistema cuando cambie la sociedad.

Afirmación bastante pesimista y demasiado básica para explicar fenómenos complejos. Es cierto que el sistema se reproduce con sus diferencias de clase a través de lo que enseña. Es cierto que el actual sistema está armado de una forma tan vertical, burocrática y coercitiva, que parece muchas veces imposible encontrar intersticios para hacer algo diferente. Pero muchas cosas “diferentes” se hacen en el día a día que cambian en algo la vida de algunos, que uno más uno, se convierten en muchos.

Por voluntad de muchos, programas como el maestro comunitario o las aulas comunitarias demuestran cómo el trabajo de cercanía con las familias, con la realidad de cada niño, con seguimiento, cambian las condiciones del aprendizaje y favorecen el vínculo con las instituciones educativa. Por fuera de programas, miles de docentes y maestros que ponen de sus bolsillos para materiales, que se actualizan como pueden, que se entrevistan con padres, que planifican diversificadamente, que crean redes. Y claro, también, otros tantos que no. Pero no podemos basar políticas educativas en la capacidad y voluntad de cada quien. En los procesos educativos, el tiempo y la persistencia es fundamental. No se pueden pensar en cambios y logros en menos de una generación; es decir, en menos de 7 u 8 años de educación inicial y primaria o 6 años de educación secundaria. En esos países con los que algunos nos quieren comparar, la inversión ha sido sistemática, en aumento, por décadas, y los cambios no dependen de la buena disposición de cada docente.

Mi estrategia, en cambio…

En suma, hemos debatido demasiadas veces sobre este tema, sin llegar a acuerdos. Seguimos soñando con el hombre nuevo, con una sociedad distinta, sin lograr entramar las distintas aristas que ese cambio supone. Hablamos de los cambios culturales de la sociedad, pero no le hincamos el diente a cómo contrarrestar las imposiciones culturales a que estamos sometidos.

Se termina una etapa de rendición de cuentas más, con bastantes heridas desde el “campo popular” y desde el sistema político, demasiadas distancias, quizás, y pocas expectativas de cambios ciertos a mediano plazo.

Se viene una nueva campaña electoral, se vendrán nuevas promesas, se vendrán nuevos planes y discusiones. Pero poco podremos avanzar si no nos queda, de entrada, algo claro; compañeros: en la construcción del hombre nuevo y en el camino hacia el socialismo, pensar, analizar, acordar, actuar e invertir en la educación del hoy no sólo es importante, es estratégico.

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