MAPI. Un museo para todos y para cada uno

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Por: Paola Beltrán

Cuando decimos “Museo” a cada uno se le viene una imagen a la cabeza… por lo general, vinculada a exposiciones estáticas, piezas que se “admiran”, pasillos que se recorren y silencio. Esta idea nada tiene que ver con el Museo de Arte Precolombino e Indígena –MAPI-. Por el contrario, conversando con su director Facundo de Almeida, descubrimos una idea puesta en marcha: este museo es un espacio dinamizador de debates, oportunidades, inclusión y aprendizajes.

El MAPI nace en el año 2004, con una colección privada que fue cedida a la Intendencia de Montevideo -IM-. En la actualidad, tiene un modelo de gestión mixta, bastante innovador para la escena local ya que se administra a través una Comisión Administradora que crea la IM y a través  de una Fundación que es la encargada de administrar los recursos diariamente. Es un modelo en el cual, el Estado está presente, no solo desde el punto de vista del control sino también políticamente, ya que el museo depende de la IM, por tanto, está integrado a las políticas culturales de la misma.

“Pienso – afirma Facundo Almeida– que si bien, esto es cada vez más necesario en todos los ámbitos de gestión, me parece que en el área cultural es imprescindible. La flexibilidad de este modelo también genera mayor responsabilidad porque la flexibilidad en la gestión hace que uno tenga que rendir con resultados. En las estructuras más piramidales, más jerárquicas, el modelo burocrático estatal más tradicional, lo que uno tiene que hacer es cumplir determinados procedimientos, no salirte de esos procedimientos, pero normalmente no hay una evaluación de los resultados. El modelo mixto de gestión plantea más margen para gestionar, tomar decisiones, pero por otro lado tiene que generar resultados concretos y evaluables… Si bien, los resultados cuantitativos en el área cultural son importantes –agrega– no puede ser el único parámetro. Es un error trasladar instrumentos y parámetros de evaluación de otras áreas al área de la cultura. Obviamente “cantidad de gente” es importante porque si no viene nadie es un problema. Pero me parece que eso tiene que ir acompañado de una evaluación más amplia y también de una evaluación cualitativa.”

Crecer y avanzar

Al llegar a la dirección del MAPI se encontró con “un concepto y un proyecto de trabajo muy interesante que había que potenciar”. El pilar sobre el cual se apoyó fue “potenciar algo que ya existía y que funcionaba muy bien: el programa educativo del MAPI.”

“Esto lo hicimos con dos o tres decisiones o líneas de trabajo –nos cuenta– por un lado ampliar los espacios físicos destinados al programa educativo, por otro lado incrementar los recursos humanos en el área; no necesariamente personal estable sino tallerístas, etc… y ya en el segundo año, 2012 y 2013, lo que hicimos fue ampliar la oferta de propuestas. Esto nos llevó a pasar de 3800 niños aproximadamente en 2010, a 11495 en 2011, 20837 en 2012 y la proyección que teníamos, a la cual tendremos que hacerle correcciones, era de casi 30000 en ese segmento. Obviamente, mucho más de eso no podremos crecer. La verdad que es un impacto importante.”

¿Para quién es el MAPI?

“La respuesta unánime, correcta pero incompleta es “para todos”. Ahora, si ese “todos” uno después no lo segmenta, no empieza a explicar cómo está compuesto ese “todos”, entonces uno termina haciendo cosas para algunos. Cuando se empieza a segmentar, uno genera actividades o propuestas para cada uno de esos segmentos. Eso, necesariamente genera un aumento de la cantidad de público que viene. Por ejemplo, nosotros teníamos, como todos los Museos, problemas para convocar a los jóvenes. Los niños vienen, de última porque los trae la escuela. Los adultos, más o menos, con ciertas características, no todos, pero muchos van… Pero los jóvenes: ¡no pisan un museo! Entonces hicimos una exposición sobre tatuajes y pintura corporal con piezas arqueológicas, fotografías indígenas, fotografías contemporáneas de uruguayos tatuados, hicimos un encuentro con tatuadores en vivo, un encuentro de body painting.  Obviamente, eso generó que en dos fines de semanas –después siguió la muestra- vinieron 7000 personas de las cuales el 95% eran jóvenes… Pero después también había que hacer cosas para los niños, para las familias, los adultos, para los adultos mayores, para el ambiente académico estudiantil universitario profesional vinculado con la temática del museo.”

Una pata en el Museo y la otra en la comunidad

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Almeida entiende que las instituciones culturales tienen que tener un oído puesto en la comunidad de la cual es parte y saber lo que está pasando en ella, al mismo tiempo ser vanguardistas, impulsar debates y siempre intentar que exista una combinación de las dos cosas. En ese sentido señala la exposición llamada “Placeres originarios, sexualidad, identidad y género en la América indígena” a realizarse en el mes de setiembre –Mes de la diversidad- la cual no está planteada “para convocar a determinado segmento de público, sino que está directamente vinculado con los debates que hubo esta año en Uruguay en torno a la “Ley de Matrimonio igualitario” que es un tema que está en debate no solo a nivel de Uruguay, sino también a nivel mundial. En este caso, el MAPI tiene para aportar desde su temática, su propia mirada, qué pasa con este tema en el presente y en el pasado de la América indígena.”

Apoyado en la máxima de que “la función de un Museo y de cualquier institución cultural en general es aportar conocimiento al debate” plantea una crítica a la “museología del siglo XIX y que se extendió sobre el siglo XX – todavía en muchos casos vigente-, que poseen un énfasis en las colecciones, en la conservación de las colecciones… La función de un Museo, es proteger las piezas, pero protegerlas para darles un uso social que es su exhibición y a partir de esas piezas poder aportar conocimiento, valores, ideas y aportar al debate. Ahí se empieza a entender por qué es un servicio público y por qué el Estado, en definitiva, tiene que financiar esos servicios públicos. Ahí sí, uno empieza a encontrar el sentido de que existan los museos, que existan los teatros, los centros culturales.”

Incluir… a través de la cultura

En conjunto con el programa “Uruguay trabaja” del MIDES y “Girasoles” de la IM, el MAPI brinda trabajo y capacitación en oficios específicos vinculados a la restauración de inmuebles catalogados como patrimonio. De esta forma transformaron “una necesidad en virtud” ya que la sede del museo es un edificio histórico, con más del 60% aún sin restaurar.

“A nosotros nos sirvió para ir avanzando en la recuperación de espacios del edificio que tenían que ver con poder hacer todo lo que estábamos proyectando y, al mismo tiempo, brindamos una capacitación específica a este grupo de población pero con un plus, porque además de recibir ese oficio, pasaron a formar parte de la vida del museo. Hay algunos datos que son como síntomas de esto. Una de las cosas que son bien interesantes es como, tanto la gente de “Uruguay trabaja” como los chiquilines de “Girasoles” han asumido su pertenencia al MAPI. Esto se ve en cosas muy simbólicas, por ejemplo, en sus perfiles de Facebook en la descripción de “Lugar donde trabajo” señalan “Trabajo en Museo MAPI” y la foto de su perfil es una foto haciendo un taller o trabajando en el museo. Además, esta forma de trabajo genera derrames, porque ahora no vienen solo los propios beneficiarios de esos programas sino sus amigos, sus familiares. Inmediatamente se genera una situación de derrame y apertura que hace que gente que tal vez de otra forma jamás hubiera entrado a un Museo, hoy lo tome como un espacio propio. Si el museo no contribuyera al desarrollo de ese tipo de políticas, a generar oportunidades de integración a la población que más lo necesita, nos transformaríamos en un museo para una elite. Lo cual no quiere decir que no tengamos que hacer cosas para la elite también, insisto, esta institución tiene que ser para todos.”

Uruguay indígena

“Yo creo que, cada vez menos, el Uruguay tiene un divorcio muy grande con el pasado indígena americano. Y me parece que hasta en algún punto es algo exagerado. Es cierto que en Uruguay no hay grupos indígenas que sigan manteniendo sus costumbres, sus tradiciones, que sigan viviendo más o menos vinculados con sus pautas previas y no hay una situación como puede pasar en México, Ecuador, Guatemala, Argentina, Brasil, Chile donde todavía siguen siendo grupos muy potentes y muy presentes a nivel numérico. Incluso también con conflictos políticos derivados de esas diferencias. En Argentina y Chile en este momento hay peleas concretas y reales por tierras… Ahora más allá de esta diferencia, me parece que es necesario conocer y tener presente la más o menos influencia de las culturas indígenas en la cultura nacional. Nosotros el año pasado hicimos una exposición en los días del Patrimonio, donde el eje estaba puesto en el tema del lenguaje y el idioma y el título fue “Uruguay en Guaraní” que era en principio un juego de palabras porque “Uruguay” es una palabra guaranítica. El país que supuestamente no tiene prácticamente una influencia indígena, lleva como nombre de su país una palabra guaranítica. Por otro lado, la toponimia (referido a los nombres propios de un lugar/es) en Uruguay son casi todos de origen Guaraní. La bebida nacional no la trajeron ni los italianos ni los españoles, ni los húngaros, ni los rusos. Es el mate y es de origen Guaraní… Me parece que un museo de estas características tiene que hacer presente esos elementos… Por otro parte, es una puerta de entrada para conocer las culturas latinoamericanas o americanas.  El conocimiento de los vecinos de nuestro continente abre la puerta al respeto a la diversidad, a conocer otras costumbres, otros valores, otras formas de transitar por este mundo. Poder transmitir al conjunto de la comunidad que hoy, si uno toma el continente como un conjunto, un altísimo porcentaje de la población es indígena, es muy importante. Es muy difícil respetar lo que no se conoce.”

El deber ser

“Me parece importante que las instituciones culturales no sean lugares cerrados, endogámicos, que solo hable de los temas que le interesan solamente al Director o al curador o exclusivamente a la comunidad artística, científica vinculada a esa temática. Sino que desde los temas que maneja, en este caso el Museo, pueda aportar al debate tratando de enriquecerlo y abriendo perspectivas y expectativas. Aportar conocimiento y al debate es la función de un Museo y de cualquier institución cultural en general.”

Para ello, el desafío planteado por el MAPI se centra en  “hacer un esfuerzo, redoblar el ingenio, la imaginación y la creatividad para ver cómo se llega a todos. Pero para llegar a ese “todos” hay que llegar a cada uno o por lo menos a cada segmento, a cada grupo y después a cada persona”.

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