Algunos apuntes sobre integración e identidad Latinoamericana…

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Por: Martín Nessi

Intentaremos en estas líneas contribuir respecto a aspectos que creemos circunstanciales a la hora de seguir aportando al tan debatido, estudiado y analizado tema de la integración latinoamericana.

No abordaremos en forma general acerca de la necesidad de una integración, ya que vemos es un tema por demás entendido por todos nosotros. El desarrollo de nuestras naciones, su real independencia y soberanía dependen del accionar conjunto de la Gran Nación Latinoamericana.

Más allá del cambio de rumbo en la conducción política de varios de nuestros Estados y un visible e incesante esfuerzo de los actuales gobiernos por lograr unidad, existen diversos aspectos que deben ser tomados en cuenta  para lograr este tan preciado y necesario objetivo.

Por un lado la necesidad de un análisis histórico que contenga todos los ángulos, visiones y análisis de las acciones y hechos partiendo de los mismos, de forma de ver también los efectos contrarios generados por  esas circunstancias.

La identidad es un elemento crucial para lograr integrar,  y es prácticamente imposible llegar a trazar los puntos de unión y por tanto también los que nos “diferencian” sin un método de estudio claro.

Una de las principales  disyuntivas es ¿cómo aportar con el accionar cotidiano teniendo elementos que aporten a una conciencia individual y colectiva que nos identifique a todos?  Es decir, ¿cómo pasar al menos al consciente el hecho de que soy de aquí pero también de allá? ¿Cómo reforzar la idea de sentirnos todos parte de un mismo suelo?

Por un lado la identidad implica el “diferenciarnos” del otro, aquí una primera clave, la identidad será factor de integración en la medida que seamos capaces de integrarnos teniendo en cuenta los factores comunes pero también aquellas cosas que nos “diferencian” entendiendo que diferencia no implica división.

Aquí es entonces que la comprensión, el estudio y el respeto de la historia, costumbres, culturas del mosaico latinoamericano juegan un papel preponderante.

En cuanto a los factores comunes, América Latina ha tenido desde los primeros días de la llegada de los conquistadores un lamentable factor común, el saqueo, la crueldad y la violación constante por parte de las distintas fuerzas imperialistas que en diferentes periodos históricos han violentado Nuestro Lugar, Nuestra América, Continente, Nación y Patria.

Así es que la rebeldía y el espíritu de combate contra los imperios ha sido un elemento que ha caracterizado nuestros pueblos. Ya en enero de 1493 (apenas tres meses después de la llegada del conquistador) los habitantes de la isla denominada La Española, en lo que es actualmente República Dominicana, dieron dura batalla contra el ejército de mercenarios liderados por el Almirante Cristóbal Colon, el mismo que en nuestras escuelas nos era presentado como personaje ilustre, reflejando otro de los grandes flagelos que han sufrido nuestros pueblos, la mentira, no solo del papel que jugaron ellos sino también del papel que hemos jugado nosotros, nuestro accionar, nuestra cultura, nuestra historia, nuestra Identidad.

Como decía la rebeldía y el espíritu de combate para con los conquistadores ha sido desde la conquista a esta parte un rasgo común, por tanto podemos afirmar que es el carácter Anti imperialista lo primero que nos une.

Antecedentes históricos, el carácter Antiimperialista de nuestros pueblos.

En los primeros meses de 1494 aparece el primer cacique rebelde Caonabo que “buena tunda” supo darle a aquellos que vinieron a robar sus tierras, Nuestras Tierras.

Desde esos tiempos hasta acá América Latina  ha sido un cúmulo de rebeliones, rebeldías, resistencias y revoluciones, el espíritu emancipador ha quedado intacto desde aquellas épocas, pasando por las primeras experiencias de cooperativas de producción de comuneros,  las primeras repúblicas de agricultores/as y trabajadores/as despegadas del colonialismo español (1494) el gran levantamiento de Túpac Amaru (1780) logrando unidad de acción junto a negros y esclavos. Luego de esto llegaran los movimientos  emancipadores en Minas Gerais liderados por Tiradentes(1788).

Ya en esta época era notorio también el aporte de las compañeras mujeres que se comprometieron en la lucha por la libertad, de aquellos años destacaremos la presencia de Bartolina Sisa quien en 1781 lideraba el ejército rebelde que derrotara a los colonizadores españoles.

Rumbo al primer proceso independentista es notoria la importancia del papel que jugara Francisco de Miranda  para comenzar  los procesos de la primera independencia, siendo Haití en 1804 la primer República en lograr semejante objetivo.

Durante este proceso de primera independencia latinoamericana fueron varios los hombres y mujeres que tuvieron relevancia, de los cuales en este caso vamos a resaltar dentro de los varones solo cuatro que a nuestro entender jugaron un papel fundamental en las distintas regiones del continente José Gervasio Artigas, Simón Bolívar, Manuel Rodríguez y el muchas veces postergado José Gaspar Rodríguez de Francia.

También en este proceso el papel de las mujeres fue fundamental, mujeres como María Quiteira en Brasil, más al norte la coronela Manuela Sáenz, pieza importantísima en la batalla de Ayacucho y gran compañera del Libertador Simón Bolívar, Xaviera Carrera en Chile, María Parado de Bellido en Perú, Manuela Cañizares en Ecuador  y Juana Azurduy (una de las tantas mujeres andinas que participaron en la lucha independentista) con su presencia en Bolivia pero también importante en la lucha contra el Virreinato del Río de la Plata, fueron ellas solo algunas de aquellas heroicas mujeres olvidadas por la visión patriarcal de los autores de los libros de historia.

Siguiendo adelante en el tiempo  sobre fines del siglo XIX aparece en escena el glorioso José Martí, pensador, filosofo, periodista, poeta, pero por sobre todas las cosas organizador, luchador y guerrero de primeras filas por la causa cubana pero también por la causa de Nuestra América siendo justamente él quien pronunciara con mayor fuerza este término que tanto nos pertenece y nos conmueve

Nuestra América.

Llegado el siglo XX apenas comenzado el mismo, otro gran acontecimiento sacude el continente, la grandiosa Revolución Mexicana liderada por dos fenómenos militares como Emiliano Zapata y José Doroteo Arango Arambula (quien no fuera otro que el popularmente conocido como Pancho Villa) estos acompañados por otros enormes combatientes como Pascual Orozco, Venustiano Carranza y Pánfilo Natera fueron los forjadores de una de las revoluciones mas heroicas que tuvieron lugar en Nuestra América, dando un sin fin de batallas imborrables hasta el día de hoy en la memoria colectiva del pueblo mexicano.

Allí también la presencia de las mujeres ha sido importante y en la brava Carmen Parra reconoceremos a todas aquellas que participaron en esta hazaña.

En finales de la década del 20 figuras como Agustín Farabundo Martí y Augusto César Sandino en El Salvador y Nicaragua respectivamente unido ambos en la Liga Antiimperialista de las Américas cumplen un papel fundamental en la Unión Latinoamericana y en la defensa irrestricta de los derechos de sus pueblos.

Ya pasada la mitad del siglo XX aparecen procesos y figuras que por la cercanía en el tiempo nos resultan más familiares, la gran Revolución Cubana de 1959, la figura de Fidel, el Che, Camilo y otros. Surgen también los Movimientos de Liberación Nacional, la Revolución Nicaragüense y en medio de todo esto nace un movimiento inédito esencialmente latinoamericano como la Teología de la Liberación, allí se destaca principalmente la figura de Camilo Torres Restrepo quien integrara el ELN y quien fuera asesinado en el año 1966 en su primer combate contra el ejército opresor .

Religiosidad y espiritualidad.

La religiosidad y espiritualidad de América Latina es otro de los factores casi comunes en la mayoría de los territorios, pueblos y naciones del continente. Guste o no esta condición, debe ser este un elemento central a la hora de tener en cuenta la integración latinoamericana.

Relacionado a la teología de la liberación destacábamos la figura de Camilo Torres pero también hubo otros como el sacerdote asturiano Gaspar García Laviana, combatiente en Nicaragua, el brasileño Leonardo Boff, el peruano Gustavo Gutierrez Merino, el uruguayo Juan Luis Segundo y el español Manuel Pérez Martínez.

Esta teología luego se expandió de diversas formas logrando diversas expresiones  tanto en América del Norte como en África.

Fuera de este movimiento está el caso del papel que jugara en El Salvador Monseñor Romero, denunciante respecto atropellos a los derechos humanos con coraje suficiente para ubicarse del lado del pueblo en aquel contexto, pero sin aportes teológicos discrepantes con la línea clásica y dominante en la Iglesia Católica de la cual no cuestionó su esencia sino su posicionamiento ante algunos hechos.

La teología de la liberación ha sido denostada y combatida por la oficialidad de la Iglesia Católica entre otras razones por poner en el tapete discusiones tales como que “la fe sea un elemento emancipador  en lugar de un elemento alienador y dosificador de las masas” tal como propone la institución antes mencionada.

Este es un cambio por demás crucial a la hora de entender la fe, religiosidad y espiritualidad de los seres humanos.

El continente ha sido históricamente oprimido no solo por cuestiones económicas, políticas y  sociales si no también desde el punto de vista de las cuestiones étnicas (muy pegadas a la religión) y ni que hablar desde la cuestión eclesiástica, muestra clara de esto es incluso la composición urbanística de las distintas ciudades, pueblos y localidades donde casi siempre vemos alrededor de sus plazas centrales los edificios que albergan o albergaron sus principales instituciones tanto políticas, eclesiásticas (con su iglesia en general bien católicas y gigantes comparadas con el resto de la estructura edilicia del lugar), y las instituciones encargadas de aterrizar el poder coercitivo del estado sobre la población que habita ese lugar. Son estas tres lamentables  referencias bien claras a la hora de visitar cualquier pueblo por minúsculo que este sea.

De ahí que la mayoría de la población latinoamericana profese el cristianismo católico, institución que viene aparentemente “perdiendo” su peso en algunas partes del continente, evidentemente a esto responde también la tan fomentada designación del papa argentino (como jugada estratégica de la institución que entiende a la fe como elemento alienante y no como elemento emancipador), además de la visible preocupación por el nacimiento de nuevos caminos en Nuestra Patria Latinoamericana.

Más allá de este predominio profético del catolicismo es indiscutible la importancia en nuestro continente de la religiosidad y espiritualidad popular que contiene en algunos casos elementos de carácter emancipador provenientes de fuentes tales como las indígenas y mestizas, las afro americanas y las provenientes del medio rural.Vale aclarar también que religión y espiritualidad están atadas pero no son precisamente la misma cosa.

La espiritualidad hace más bien a la esencia y alma del ser humano y es más bien un conjunto de ideas no dogmático, mientras que la religión es en general dogmática y mecánica e incluye la presencia de un dios, doctrinas y practicas concretas que incluye no solo la divinidad sino también la consecuente adoración y temor hacia ella.

En el caso de la institución católica, esta, consecuente con el principio de la propiedad privada incluye un dios que es “dueño” del mundo ya que no puede existir en el mundo del capital  tanta riqueza que no tenga patrón.

Heterogeneidad étnica racial y lingüística.

En nuestra América Latina es claro que el idioma predominantemente hablado es el español conjuntamente con el portugués en Brasil, sin embargo es claro que existe una infinidad de lenguas y que en la mayoría de los países aunque sea en pequeñas regiones se hablan distintas lenguas de carácter autóctono, lenguas no europeas,  excepto en nuestro Uruguay tal vez única excepción en América Latina donde no existen otra lengua que no sea el español, salvo el obvio caso de las localidades fronterizas con la hermana República Federativa del Brasil.

El porcentaje de población indígena es en algunos países muy alta, teniendo casos como Guatemala y Bolivia más de un 50% de indígenas en la población. Siendo además América Latina todo un gran mosaico étnico. Lo cual deriva en multiplicidad de lenguas en las distintas regiones. Yendo a lo concreto, en Colombia se hablan unas 70 lenguas, en Perú unas 60, en México unas 50, en Bolivia alrededor de 30, 20 en Guatemala, 10 en Chile, está luego el caso de Brasil donde se calcula se hablan unas 170 lenguas de origen indígena siendo estas practicadas por una muy pequeña cantidad de personas, entre ellas se destacan la tupi, la arawak y algunas de origen caribeño.

Es importante remarcar esto para poder integrarnos mejor  ya que los números no son para nada menores, el náhuatl (lengua hablada por los aztecas) es hablada por unos 2 millones de personas en México, Guatemala y El Salvador; el quiché (lengua maya) es hablado por bastante más de medio millón de personas en México, Honduras y Guatemala; el quechua (lengua inca) es hablada nada más y nada menos que por aproximadamente siete millones de personas recorriendo el sur colombiano, Ecuador, Perú y Bolivia llegando hasta el norte argentino; en el caso del aimara llega a unos tres millones de personas entre los territorios de Bolivia, Perú y parte del norte argentino. Llegando a Chile el mapuche es la lengua autóctona más hablada siendo practicada por más de medio millón de personas.

Proyección y Conclusiones:

Como decíamos al principio de este artículo, la identidad de Nuestra América es un elemento a seguir construyendo, siendo imposible generarla sin tener en cuenta la heterogeneidad existente, centrándonos en los puntos en común que nos unen, siendo el carácter antiimperialista de nuestros pueblos es el principal elemento fuerza para construir algo en este sentido. La religiosidad y espiritualidad juegan también un papel importante y debe ser tenido en cuenta.

A modo de síntesis, antiimperialismo, religiosidad, espiritualidad, heterogeneidad étnica y racial son factores comunes.

Queda mucho por caminar  en la conformación de elementos culturales que compongan unidad latinoamericana teniendo en cuenta que somos iguales pero somos también diferentes, debemos contemplar  también entre otras cosas  el peso de los diversos Estados y naciones, su heterogeneidad que lejos de debilitarnos  debe fortalecernos para poder poner el acento en las cosas importantes  que nos unirán y potenciarán.

El proyecto de integración actual debe mantener la poética (que tanto alimenta el alma) pero debe forzosamente  trascender la misma y ser capaz de  concretar  cuestiones tales como:

1) Construir  elementos más efectivos relacionados  a infraestructura y logística, que nos permitan comunicarnos mejor;

2) Seguir generando elementos relacionados a la economía y el comercio que permitan mayor equidad y reducción de las asimetrías existen entre nuestros países, tomando también en cuenta que las mismas existentes aun hoy a la interna de nuestros países y  naciones como consecuencia de gobiernos que no han hecho más que aliarse con los de afuera para matar a los de adentro, poniendo a funcionar  la maquinaria del estado para beneficiar a su minoritaria clase la cual no ha cumplido en la mayoría de los caso otro papel que ser aliada histórica y estratégica de los intereses imperiales hace ya más de cinco siglos.

3) Mejorar en políticas de carácter social y cultural de nuestros Estados que nos ayude entender mejor quiénes somos, de dónde venimos pero sobre todo hacia dónde vamos.

Finalizando queremos señalar que estamos hoy ante un momento histórico donde o vamos hacia un lado o vamos hacia otro. ACÁ SE DEFINE LA HISTORIA. En este tiempo histórico y en este pedazo de tierra, en Nuestra América.

Somos todos protagonistas y tenemos la oportunidad de iniciar un camino que pueda cambiar la lógica actual del mundo, ponerlo de cabeza.

Está en nosotros la hermosa responsabilidad de hacer girar el eje y lograr que el mundo pueda ser visto con la óptica de los pueblos y no con la óptica de  un infame “puñado” de seres que, creyentes de una superioridad y potestad definitoria que les fue otorgada (según ellos) de una forma natural, creen que pueden pintar el mundo de un solo color, sin importar la diversidad de colores que existen (les guste a ellos o no) en toda la faz de la tierra.

Pues  saben qué Sres. A LA MIERDA CON USTEDES, guárdense el gris y el verde olivo allí donde no les da el sol y por favor no nos pongan en la disyuntiva de tener que realizar tan espesa tarea, quedan en sobre aviso…

Aquí mientras tanto, siempre alertas, seguiremos dando vida a los colores de nuestra hermosa tierra.

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