La cuestión relativa al conocimiento

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Por: Nicolás Caitán

Para comprender por qué una nueva política de la propiedad intelectual está surgiendo hoy, debemos primero comprender por qué el conocimiento es importante, comprender cómo el conocimiento hace la diferencia en este mundo y cómo está implicado en la materialización de ese mundo.

No es algo novedoso el considerar que el conocimiento siempre haya importado para la organización de las sociedades humanas, desde Babilonia y Alejandría pasando por la Ilustración y la Revolución Industrial. Pero en años recientes, la relevancia del conocimiento y la tecnología ha tomado otro peso, y tanto economistas como científicos sociales han buscado demostrar cómo el conocimiento empezó a importar de una manera diferente. Cómo sucedió ese cambio y lo que significa depende de cómo sea caracterizado el mismo.

Desde una perspectiva económica, el conocimiento importa en su capacidad tecnológica, por su efecto en la productividad y el crecimiento. Marx y Schumpeter, desde un principio postularon que el capitalismo se basa en el dinamismo tecnológico, pero el rol del conocimiento no fue reconocido hasta el paradigma neoclásico con el trabajo de Robert Solow en la década del 50.

Solow postula una relación entre el conocimiento y el crecimiento económico, con el argumento de que la inmensa mayoría de las ganancias en productividad a principios del siglo XX en Estados Unidos se puede atribuir a factores no relacionados con el uso de mano de obra o de capital, sino a un “residual” que él describe como cambio técnico. El “residual” de Solow llegó a ser entendido como una serie de avances en el conocimiento, desde nuevas máquinas (como los tractores) a nuevas técnicas de gestión (como el fordismo), que hicieron que los procesos de producción fueran más eficientes.

Los cambios que ha tenido el análisis del vínculo entre conocimiento y producción, se conceptualiza actualmente como “economía de conocimiento”. Quizás el teórico que más claramente caracterizó este cambio sea Manuel Castells, cuando se refiere a la transición a un modo de desarrollo informacional. El informacionalismo no se define por la importancia del conocimiento para la economía, dado que el conocimiento fue esencial también al modo de desarrollo industrial. Por el contrario, proviene del hecho que la acción del conocimiento sobre sí mismo es la fuente principal de productividad. Las Tecnologías de la Información y Comunicación permiten acelerar la retroalimentación (feedback loops) en la innovación y el procesamiento de la información, convirtiendo la mente humana en la fuerza productiva directa, no únicamente en un elemento decisivo del sistema de producción. Para Castells las industrias primarias no van a desaparecer, pero en este esquema, el procesamiento de información (por ejemplo en computación, ingeniería genética, técnicas de gestión, etc.) determinará decisivamente su productividad.

Hasta aquí queda claro que el conocimiento y la tecnología son factores determinantes para el crecimiento económico y la productividad. Pero, la distribución desigual de estos factores, ¿no es determinante?

A nuestro entender tratamos con 2 problemas: 1) el del acceso al conocimiento y a la tecnología, y 2) el de la propiedad del conocimiento y la tecnología.

En principio el conocimiento es un bien común socialmente producido (así lo concebimos nosotros), a priori es accesible a todos, nadie queda excluido. Como bien demostró Platón hace más de dos mil años, un esclavo puede aprender matemáticas al igual que un noble. El razonamiento lógico y las demostraciones excluyen la autoridad, su sujeto de enunciación es por definición universal.

Esto lamentablemente dista mucho de la realidad, dado que existen barreras (sobre todo de corte económico) para el acceso al conocimiento científico-tecnológico. El mercado de las de bases de datos de información científica se ha tornado en un negocio extremadamente lucrativo, que aún en tiempos de crisis exhibe amplios márgenes de ganancia. El mercado de la edición científica es un oligopolio con 3 o 4 grandes empresas que dominan el mismo. El ochenta y cinco por ciento de los artículos científicos publicados permanece inaccesible detrás de los muros de suscripción, accesible solo para aquellos que trabajan en universidades o grandes centros de investigación, para aquellos que pueden pagar un pay per view, o para aquellos cuyos Estados han emprendido la difícil tarea de desarrollar Portales que garanticen el acceso (con algunas restricciones) a la literatura científica, como son el caso de Uruguay, Argentina, Chile, Brasil, y otros países de la región. Nos encontramos en una situación en dónde las investigaciones científicas son financiadas en un ochenta o noventa por ciento con fondos públicos, y esas investigaciones y las innovaciones que pueden generar, quedan en manos de privados, dónde lo que realmente importa es el aumento de las ganancias y seguir perpetuando relaciones de dependencia. Es decir que en cierta medida el conocimiento está privatizado, y esta privatización se sustenta en los regímenes actuales de propiedad intelectual (antes se hablaba de la propiedad de la tierra como factor productivo, ahora de la propiedad de las ideas), y en un desconocimiento por parte de los autores de los mismos.

En esta área hay vientos de cambio con algunos avances, sobre todo gracias a Internet y al movimiento de acceso abierto al conocimiento científico conocido mundialmente como Open Access1Acceso Abierto https://es.wikipedia.org/wiki/Acceso_abierto. Estos avances no han ocurrido sin resistencias, sobre todo de las grandes editoriales que han recurrido al lobby para promover legislaciones que no permitan a los gobiernos hacer accesibles sus investigaciones científicas a través de Internet y limitar las libertades de los usuarios en la web, como son por ejemplo SOPA/PIPA2Stop Online Piracy Act https://es.wikipedia.org/wiki/Stop_Online_Piracy_Act ; PROTECT IP Act https://es.wikipedia.org/wiki/PIPA, Research Work Act3Research Work Act https://en.wikipedia.org/wiki/Research_Works_Act, etc. Estos intentos de regulación fueron derrotados gracias al activismo de los usuarios de Internet (SOPA/PIPA) o de la comunidad científica (Research Work Act).

El conocimiento tiene un potencial emancipador que nadie puede negar, y en este sentido la educación es fundamental como práctica de transmisión de conocimientos a las futuras generaciones para que estas puedan afrontar los desafíos que tenemos por delante como civilización.

La pregunta clave del presente es: ¿estamos de acuerdo con la naturalización predominante del capitalismo, o el capitalismo global actual contiene antagonismos que son suficientemente fuertes para impedir su reproducción indefinida?

Slavoj Žižek ha mencionado varias veces en su profusa producción filosófica que existen cuatro de esos antagonismos: la amenaza de una catástrofe ecológica, la inadecuación de la noción de propiedad privada en relación con la llamada “propiedad intelectual”, las implicaciones ético-sociales de los nuevos desarrollos tecno-científicos (especialmente la biogenética), y por último pero no menos importante, la creación de nuevas formas de apartheid, nuevos muros y barrios marginales.

Según Žižek, hay una diferencia cualitativa entre el último antagonismo, la brecha que separa los excluidos y los incluidos, y los otros tres, que designan diferentes aspectos de lo que Hardt y Negri llaman los “bienes comunes” (commons), la sustancia compartida de nuestro ser social, y cuya privatización implica actos violentos que, en caso necesario, deben ser resistidos con el mismo ímpetu. Estos son:
– los bienes comunes de nuestra cultura, las formas inmediatamente socializadas de capital “cognitivo”, primariamente el lenguaje, nuestros medios de comunicación y educación, pero también la infraestructura (transporte, electricidad, energía, etc.);
– los bienes comunes de la naturaleza externa, amenazados por la polución y la explotación (desde el petróleo a los bosques lluviosos, el medioambiente en general);
– los bienes comunes de la naturaleza interna (la herencia biogenética de la humanidad); con las nuevas biotecnologías, la creación del Nuevo Hombre en el sentido literal de cambiar la naturaleza humana, se convierte en una posibilidad real.

Con estas líneas, quisimos mostrar los problemas y desafíos que se enfrentan en el dominio del conocimiento científico, parte de los bienes comunes de nuestra cultura. Lo que la lucha en todos los dominios de los bienes comunes comparte es la conciencia del potencial destructivo, al punto de la auto-eliminación, si se deja proliferar indefinidamente esta lógica de encercamiento. Lo que está en juego es nada menos que el control del stock actual de información/conocimiento y sus flujos, junto con la gestión y el aprovechamiento de las innovaciones que esa información/conocimiento puede ayudar a generar. En este contexto, es el acceso y la propiedad a estos bienes lo que debe ser garantizado. Es por esto que este es un tema central en la actualidad y es lugar de tantos conflictos.

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