Costa Rica. Élite político-económica receta autoritarismo frente a la crisis

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Por: Héctor Solano-Chavarría*

Los acontecimientos recientes, dan cuenta de una situación política caracterizada por tres grandes movimientos: i) aumento de la desigualdad social y de la pobreza, ii) incremento progresivo de la “anti-política” y iii) derechización y autoritarismo. Dichas tendencias si bien suponen una correlación de fuerzas desfavorable para los sectores del campo popular-progresista, al mismo tiempo, dan cuenta de fisuras importantes dentro del bloque hegemónico. Fisuras que, en caso de ser aprovechadas, podrían abrir espacios para la esperanza.

Las últimas semanas han estado muy movidas en Costa Rica. Acontecimientos tales como la ley mordaza, la represión policial y la no re-elección del Magistrado Fernando Cruz en la Sala Constitucional por parte de la Asamblea Legislatva, entre otros, así como los diversos movimientos a nivel de los partidos políticos, han arrojado diversas preguntas sobre el mediano plazo del país. 

En ese contexto: ¿cómo orientar la praxis del campo popular-progresista de cara al próximo año?

El presente artículo es un esfuerzo de sistematización de los principales movimientos políticos de las últimas semanas.

Ricos cada vez son más ricos y pobres son cada vez más pobres.

Costa Rica es cada día más desigual, constató el último informe del Estado de la Nación publicado en días recientes.

A pesar del crecimiento económico mostrado por el país, de acuerdo con dicho informe, el coeficiente de Gini (que mide la concentración del ingreso) creció de un 0.508 a un 0,515 en el 2011, si bien la tendencia predominante en América Latina apunta en la dirección contraria.

De 15 países analizados por el Banco Mundial, en 12 de éstos, la desigualdad social disminuyó un 4% en promedio durante el período 2000-2010. En Costa Rica, por el contrario, aumentó en un porcentaje similar (El Financiero, 3/10/2012).

Organismos tales como la ONU y la CEPAL, por su parte, han destacado a países como Venezuela y Uruguay como los más igualitarios de la región. Dichas naciones están gobernadas por fuerzas progresistas y de izquierda.

Por su parte, de acuerdo con el Estado de la Nación, las desigualdades sociales en Costa Rica no solo se expresan a nivel del ingreso, sino que también en términos regionales. El acceso a las oportunidades y a los servicios está concentrada en la Gran Área Metropolitana, destacó el informe (La Nación, 8/11/2012).

Según los datos del MIDEPLAN, mientras regiones tales como el Pacífico Central, Huetar Atlántica y Brunca muestran porcentajes de pobreza de alrededor el 25%, en la región central del país, la misma asciende apenas al 14%.

La pobreza en el país es aproximadamente del 20%, en promedio, cifra que los gobiernos han sido incapaces de disminuir en los últimos 20 años.

La Nación promueve el abstencionismo y afina sus armas contra la democracia costarricense 

De acuerdo con la última encuesta-UNIMER para La Nación, “Los ciudadanos que dicen estar “muy satisfechos” con el sistema político nacional pasaron del 55% al 35% entre el 2006 y el 2012” (La Nación, 4/11/2012).

Sectores políticos y académicos coinciden en señalar la instrumentalización de las encuestas con la finalidad de naturalizar “verdades” entre la población, y así formar una “opinión pública” favorable a los intereses políticos y económicos de las clases dominantes.

Una de las estrategias más recurrentes por parte de estos, durante el último tiempo, habría venido siendo la naturalización de la anti-política.

En otras palabras: la promoción de lugares comunes tales como que “Todos los partidos son iguales”, “no vale la pena meterse en política” y demás, que en lo fundamental, habrían venido siendo promovidos con la finalidad de promover la apatía, la pasividad y la desesperanza ciudadana respecto de los asuntos públicos.

Uno de los ideólogos más insistentes en esa dirección ha sido Julio Rodríguez, editorialista de La Nación, quien culpabiliza a los partidos políticos (por igual) de la crisis política que experimenta el país.

La empresa comunicativa para la que trabaja Rodríguez, considera que los partidos políticos “son los malos de la fábula” (La Nación, 4/11/2012), a pesar de que –por ejemplo- diversas leyes fundamentales para el país (reforma procesal laboral y ley del fotocopiado) y que fueron aprobadas recientemente con el aval de todas las fracciones políticas representadas en el Congreso, fueron vetadas más bien por el Poder Ejecutivo.

Según Rodríguez, los partidos políticos “No tienen noción del significado y alcance de la política, y ni siquiera del país en que están viviendo y que pretenden dirigir. Ellos son los responsables, como dice la encuesta, de la situación actual” (La Nación, 9/11/2012).

“El veneno lo llevan dentro, y así será hasta el día de las elecciones”, concluyó (La Nación, 19/11/2012).

La estrategia parecería estar clara: promover el abstencionismo en las próximas elecciones y -a la larga- el establecimiento de formas autoritarias de gobierno en Costa Rica.

Como se recordará, la represión policial del pasado 8 de noviembre fue aplaudida por la empresa comunicativa de Llorente.

“Un “Deber bien cumplido”, sentenciaron en uno de sus editoriales (La Nación, 10/11/2012), al tiempo que –con gran espectacularidad- anunciaron durante esos días la caída del apoyo ciudadano a la democracia y el aumento de las percepciones favorables al establecimiento de regímenes autoritarios en Costa Rica (La Nación, 4/11/2012).

Por lo pronto, en el corto plazo, la promoción del aumento del abstencionismo parecería guardar una relación otro elemento: la caída del apoyo electoral del PLN.

Centro se está corriendo hacia la derecha

La situación interna en el Partido Liberación Nacional (PLN, otrora socialdemócrata), por su parte, no ha experimentado mayores cambios.

Jhonny Araya y Rodrigo Arias, tras el retiro del ex-presidente Figueres, se están preparando para la convención interna del próximo año, mientras en medios de comunicación se maneja la idea que, pase lo que pase, de allí saldrá el próximo presidente de la República.

Esto, pese a la grave crisis de popularidad experimentada por el gobierno liberacionista y el hecho que, según la misma encuesta-UNIMER para La Nación, solamente el 20% estaría en disposición de votar por la agrupación verdiblanca en febrero-2014.

Así las cosas, el último componente de la estrategia vincula a la oposición. 

Con la finalidad de plasmar sus objetivos, a los sectores hegemónicos del país parecería “haberles caído el cuatro” de que, por sí solo, es insuficiente proyectar una imagen de fragmentación en la oposición.

Dichos sectores hegemónicos, por el contrario, entendieron la necesidad de complementar lo anterior con el posicionamiento, como parte del imaginario, de la idea de que cualquier posibilidad de re articular a la oposición, pasa por la derecha, bajo el discurso “todos contra Liberación”.

O lo que es lo mismo: arrebatar al campo popular-progresista la bandera de la coalición, bandera que ha venido sosteniendo el Frente Amplio en los últimos años.

Ese es el contexto en el que se explican tanto las iniciativas de coalición entre Otto Guevara, líder del Movimiento Libertario, y el ex-presidente Calderón Fournier (del Partido Unidad Social Cristiana (PUSC), otrora socialcristiano), así como otras tales como la promovida por Jorge Guardia (economista neoliberal).

Otro tanto para el caso de los referentes progresistas del Partido Acción Ciudadana (PAC), Luis Guillermo Solís y Juan Carlos Mendoza, quienes en vez de promover la articulación con sectores sociales y partidos más a la izquierda, al parecer estarían privilegiado la articulación con sectores no-calderonistas del PUSC.

Pistas para reconstruir la esperanza

La tendencia a la derechización de lo político está relacionada con el manejo político autoritario con el que el gobierno parecería estar abordando la crisis que experimenta el país.

La tendencia a vetar desde el Ejecutivo la legislación aprobada en el Parlamento (falta de dialogo), la represión y criminalización de la protesta social (8 de noviembre) y la imposición de restricciones al ejercicio de la libertad de prensa (adopción de la “ley mordaza”), no son más que una muestra clara de ello.

Si bien la correlación de fuerzas es desfavorable para los sectores del campo popular-progresista, todavía queda margen para la esperanza.

Frente a la crisis de los partidos tradicionales, el Frente Amplio tiene ante sus pies una enorme posibilidad de posicionarse como una fuerza política alternativa.

El Frente Amplio tiene la responsabilidad histórica de proyectarse como la opción de cambio y esperanza que necesita el Pueblo de Costa Rica.

Para ello, no solamente debe promover formas distintas de hacer y representar la política (mediante nuevas figuras, tales como el diputado José María Villalta), sino que además, convertirse en un factor de unidad que contribuya a la articulación de la tan anhelada coalición progresista, para desalojar a los neoliberales del gobierno y restablecer sobre nuevas bases la democracia y el Estado Social.

Autoritarismo (Gobierno y cámaras empresariales) vrs. Democracia (El Pueblo), esa es la contradicción fundamental de la sociedad costarricense en este momento.

* Politólogo. Director del Periódico PUEBLO y coordinador de la Comisión de Formación Política del Frente Amplio de Costa Rica.

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