La minería a cielo abierto en el Uruguay

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Con la vista en el desarrollo productivo. Reflexiones profundas sobre la necesaria re-activación de nuestro interior.

Queridos/as Compañeros/as:

Vivo en las montañas de Gerona a menos de 50 quilómetros con la frontera entre España y Francia por Catalunya, en lo que se denomina y falta completar “el corredor mediterráneo de Europa”. Hacia nuestro Poniente y a menos de 3.000 metros se alza la represa de Susqueda con 200 metros de altura sobre el río Ter; hacia el Levante se sitúan dos canteras a cielo abierto, una para mármol a menos de 2 quilómetros y otra para la extracción de arena y pedregullo a poco más de cinco. Nuestra zona con sus bosques, lagunas, corrientes de agua y animalitos de variadas especies voladoras como caminantes, van desde alces, zorros, marmotas, ardillas, hasta halcones y jabalíes, etc; siendo considerado uno de los rincones de mayor biodiversidad del territorio por expertos en Medio Ambiente. Mientras escribo, en mi ventana, comparto el calor del sol otoñal con los tritones milenarios (lagartijas) que viven de cazar moscas y mosquitos.

En la imagen: al fondo una de las canteras a cielo abierto escalonada y ya repoblada de árboles en sus terrazas.

He nacido y vivido muchos años en el Uruguay donde reconozco existen en mi país rincones ricos de fauna y flora, pese a sus solitarias y pedregosas cuchillas por donde he transitado para asistir como médico en ranchos sin luz ni agua a señoras en trabajo de parto. Gente joven pero pronto curtida por los soles, el frío, la malnutrición y la soledad de una vida que pintó como nadie Serafín J. García hace un montón de años y que por desgracia no ha cambiado para bien… Nuestro Interior pierde gente y gana en tacuruses. (R.A.E: Nido sólido y resistente en forma de montículo de hasta dos metros y medio de altura, que hacen las hormigas o las termitas de sus excrementos amasados con tierra y saliva.)

En estos días he visto un mapa y he leído con atención noticias sobre marchas y comentarios acerca de la importancia trascendente del Medio Ambiente y el riesgo que supondría para el futuro del Uruguay el desarrollo de la minería a cielo abierto en el nordeste del Interior como lo fuera hace una punta de años la cantera de Malvín para extracción de granito a donde íbamos a buscar piedras para los cimientos del Paso Carrasco o, incluso antes, Minas de Corrales o las canteras de mi abuelo en Cufré que se conectaban con el puerto de Montevideo por ferrocarril y permitieron la construcción de la escollera de Sarandí en los comienzos del siglo XX.

Es posible que todo lo anterior significase un “atentado contra el medio ambiente, la seguridad de los vecinos y la estampida de las aves autóctonas” pero los hechos históricos dicen otra cosa. No pasó nada y por desgracia se fueron perdiendo las instalaciones y los puestos de trabajo en Cufré y Minas de Corrales junto con todo lo que significaron las explotaciones para el desarrollo de esas zonas.

Y el Uruguay pasó más de sesenta años retrocediendo en población y calidad de vida del Interior Profundo (léase a Domínguez: “El Norte Profundo”) por los vaivenes de un modelo de explotación rural basado en la ganadería extensiva, de mala calidad y bajísima participación humana. En la inmensa mayoría de los latifundios que he conocido, lo único que me acompañaban eran las perdices, alguna gallineta y unas vacas u ovejas desde la lontananza. Poco o nada más…Alguna tapera, otro rancho miserable y un casco de estancia donde vivía, por regla general, el capataz con dos o tres peones para todo.

¿Feudalismo? Ni eso. La gente del Uruguay no conoció el feudalismo porque nunca tuvo una población asentada en las zonas rurales de extensa propiedad privada donde conviviese la nobleza con sus vasallos en cultivos y crías de ganado. En el Uruguay, desde que se abandonara el territorio por los indios y gauchos libres sólo quedaron – exceptuando el sur desarrollado y litoral – el paisanaje de tropero “arriero” con sus penas y soledades. El resto es patraña para ignorantes con residencias en la costa – siempre por abajo de Avenida Italia – desde Montevideo a Punta del Este.

No hay que ir demasiado lejos para saber del Interior idílico que plantean los círculos de protección ambientalista. Sólo dar unas vueltas para charlar con la gente del cinturón pobre de la Capital y hacerse una idea de lo que dejaron atrás para asentarse en nuestros ya tristes e inseguros arrabales.

No existe posibilidad de desarrollo humano sin la radical transformación y diversificación en el modelo de producción – repoblación del Interior Rural con el desarrollo de la minería en páramos improductivos verde-piedra. Todo esto puede ser complejo y hasta para algunos/as, aventurado; pero por supuesto abre la esperanza a otro modelo de Uruguay posible, distinto al de la bosta seca, el tacurú, la miseria, el boliche y la peona preñada – abandonada en un rancho aislado con sus críos.

Un saludo fraterno, Perico.

Por: Perico Montero

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