El periplo de la música grabada en Uruguay

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La incapacidad del sector privado en recuperar el patrimonio musical uruguayo y las iniciativas de la sociedad al respecto.

La era del vinilo

La historia de la música grabada en Uruguay hasta finales del siglo XX es, a grandes rasgos, la historia de los sellos discográficos Sondor y Orfeo.

Sondor se creó en 1938 y comenzó a editar discos en forma comercial, en los primeros años de la década del 40. La familia Abal, dueña de este sello, estuvo históricamente vinculada a la industria tabacalera. La vinculación de sus propietarios con la industria del tabaco probablemente ha permitido a este sello sortear las dificultades económicas que hicieron naufragar a otros sellos que dependían únicamente de los ingresos de la venta de álbumes. Los catálogos de los sellos pequeños que fueron quedando por el camino en la década de los 70s como Clave, Macondo y APSA fueron adquiridos por Sondor, engrosando aún más su enorme índice de títulos. En la actualidad, si bien sigue en funcionamiento, su porción del mercado se redujo y hoy por hoy edita una veintena de discos por año lo que representa menos del 10% de los discos que se lanzan en total.

Orfeo, por su parte, creado en la década del 60, fue propiedad de otro grupo comercial llamado Gioscia S.A. Este grupo dueño del Palacio de la Música, que era la empresa más importante de venta de discos, tenía además varias sucursales que funcionaban como puntos de venta de instrumentos y álbumes musicales. Al igual que Sondor, este sello terminó adquiriendo el catálogo de algún sello menor como Tonal (donde Zitarrosa grabó sus primeros discos). En la década de los 90s este grupo económico decide retirarse practicamente del mercado musical y vende las sucursales del Palacio de la Música a CD Warehouse y su catálogo de discos al sello inglés EMI. En principio el interés de EMI era seguir editando álbumes y reeditar parte del los antiguos títulos lanzados en vinilos, pero luego de algunos intentos y con la crisis del 2002 como tiro de gracia, sus planes se abortaron. Después de algunas gestiones finalmente el catálogo de Orfeo fue comprado por un sello uruguayo llamado Bizarro Records.

Entre estas dos empresas que fueron líderes en el mercado de la música hasta mediados de los 90s, editaron o concentraron por medio de absorciones de otros sellos, el 90% del catálogo de álbumes nacionales.

En 1991 se editó el último vinilo y el casete fue el medio mas común de venta de álbumes hasta la estandarización del CD hacia 1995. Esto significa que en mas de las tres cuartas partes de la historia de la música grabada en Uruguay la misma se almacenó en medios analógicos, como en vinilo y el casete.

La era del CD

De toda esos álbumes grabados, solo una ínfima parte del orden del 8% ha sido reeditada en CD. Esto en números significa que (solo tomando los long play), de alrededor de 3400 editados entre 1952 y 1995 han aparecido en CD unos 280.

Quienes han sido reeditados son los músicos que siguen en actividad y tienen cierto éxito y algunos de los que fallecen, cuyas obras vuelven a presentar alguna veta comercial -por aquello de que la muerte es el mejor publicista-.

Es así como luego de la muerte de Darnauchans salió una edición de Sansueña 30 años con una impresionante presentación como nunca el autor la vio en vida, o luego de la muerte del Sabalero se han hecho varias reediciones de sus álbumes, incluyendo una edición en CD de un disco que había editado hacía 40 años.

En suma, la situación actual es que es prácticamente imposible acceder a esa parte del acervo cultural, ya que los sellos no venden la música en esos medios y no la reeditan en CD. La única alternativa para acceder a algunos de estas obras, si es que se dispone de los instrumentos adecuados, es conseguir los vinilos en alguna feria.

La era de Internet

Pero es ahí donde entran los sitios de descarga y grupos de intercambio de archivos. Desde hace algunos años han aparecido en internet grupos de personas que se dedican, en forma altruista y colaborativa, a digitalizar álbumes y compartirlos en foros y blogs creados para esa finalidad. Estas personas se toman el enorme trabajo de buscar y comprar estas obras y dedicar tiempo para su digitalización y restauración, que considerando el estado de muchos de los ejemplares, sometidos a años de pasamanos o descuidos, es una tarea bastante ardua.

La industria discográfica y asociaciones como la Cámara Uruguaya del Disco han respondido con denuncias a los titulares de los blogs y foros y denuncia de enlaces de descarga, llegando incluso a mecanismos de presión reñidos con la ética. El motivo es que aunque estas obras no se reeditan, las empresas que tienen su copyright actúan en el entendido de que es su derecho decidir si una obra vuelve a ver la luz en forma de reedición o si como es la norma, sigue almacenada por décadas.

Afortunadamente estos lugares de internet se han multiplicado y hoy son varios los sitios que de una forma o de otra se dedican a este tipo de recuperación patrimonial. Es a través de ellos que obras que nunca hubieran vuelto a ser escuchadas, han reaparecido, regresando incluso a las manos de sus propios autores que por distintos motivos ya no contaban con esos ejemplares.

Para entender la magnitud del trabajo de estos sitios, basta comparar la cantidad de álbumes reeditados por las discográficas que como mencionaba totalizan unos 280, frente a los álbumes digitalizados por estas comunidades, que asciende (en números conservadores) a alrededor de 1000.

Si bien esta tarea se realiza en condiciones adversas con los peligros que acarrea una legislación de derechos de autor en la que no están contemplados limitaciones y excepciones como el uso justo o la copia privada, la importancia de que se siga manteniendo es de carácter histórico.

La creación artística no puede entenderse como un hecho aislado del entorno y de las expresiones anteriores. El hecho de que la sociedad actual no pueda acceder a las obras de su pasado, no solo perjudica a los destinatarios originales, si no que no contribuye al círculo virtuoso de la producción cultural.

Por: Colectivo Cultura

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