Editorial

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Hablar de la situación de la tierra en Uruguay, sin tener en cuenta, las transformaciones que ha tenido el modo de producción agropecuaria en los últimos diez años, sin medir la necesidad creciente de producción de alimentos para una población mundial que también crece y consume, no dimensionar las crisis que esto provoca, puede llevarnos a respuestas fáciles, o lo que es peor quedarnos solo en consignas.

El enfoque hegemónico en esta discusión es el que propone la derecha, instalando así una especie de contradicción campo vs cuidad, negando las verdaderas contradicciones a las que hoy nos enfrentamos.

Hace ya un tiempo, el Ñato esbozaba la evolución de las condiciones en el modo de consumo, el modo civilizatorio del sistema capitalista y las contradicciones que se estaban desarrollando. Hablaba de las cuatro crisis. En una de ellas ubicaba a los alimentos, hoy parece ser que se confirman sus predicciones.

En algún momento debemos impulsar un debate nacional sobre la soberanía de nuestro país en el mundo actual. De hecho hay Estados que compran tierra para asegurarse la soberanía alimentaria de sus poblaciones.

Según un informe de la FAO “en el año 2050 la población mundial será de 9.100 millones de personas, un 34% superior a la de hoy en día, y prácticamente la totalidad de este incremento de la población tendrá lugar en los países en desarrollo. La urbanización continuará a un ritmo acelerado y aproximadamente el 70% de la población será urbana (en la actualidad esta cifra es del 49%).

El nivel de ingresos será varias veces superior al actual. Para alimentar a esta población más numerosa, más urbana y más rica, la producción de alimentos, excluyendo a aquellos que son empleados en la producción de biocombustibles, deberá aumentar un 70%. La producción anual de cereales deberá de aumentar desde los 2.100 millones de toneladas actuales hasta los 3.000 millones, mientras que la producción anual de carne deberá aumentar en más de 200 millones de toneladas hasta alcanzar los 470 millones (…)”

En los países en desarrollo, el 80% del incremento de la producción requerido procedería del aumento del rendimiento y la intensidad de los cultivos, en tanto que tan sólo el 20% sería producto de la expansión de las tierras cultivables.

En un país de base esencialmente agroexportadora como el nuestro deberíamos pensar, por un lado, cómo se construye condiciones mínimas para sostener un marco de soberanía alimentaria y, por el otro, cómo explota sus recursos naturales.

Desde la llegada del Frente Amplio al gobierno -porque los gobiernos no son de sectores- parece que solo hemos afirmado el desarrollo del “aumento del rendimiento” de la producción agropecuaria.

Incorporando modos de producción, que implican nuevos paquetes tecnológicos, más dependencia y pérdida de valor. Otro elemento no menor es el proceso de concentración y extranjerización de la tierra.

Todo así, la acciones se reducen y el movimiento social relacionado con las demandas del campo aparece cada vez más fragmentado. Podríamos afirmar que existe una proletarización del trabajador rural (el trabajador rural pasa a tener una relación de dependencia, ya no con el terrateniente sino con una empresa netamente capitalista).

El problema tierra en Uruguay es un tema nacional, no solo de los que en ella viven o trabajan, pues es la mayor dotación de nuestro territorio y del trabajo en ella surge la riqueza de nuestro país. Por lo tanto, en la perspectiva de la liberación nacional la tierra es el cimiento en la construcción de un país productivo y solidario. Necesitamos un modelo de desarrollo rural que contemple estos aspectos y que sea inclusivo de nuestra población.

Todos los artículos publicados en el mateamargodigital son de entera responsabilidad de sus autores.

Por: Colectivo Mate Amargo

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