¿El tema es generacional?

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La política de lo políticamente correcto, no es más que la victoria de las mentalidades conservadoras.

Mucho se ha hablado del recambio generacional, de la necesidad de que se abran espacios dentro de nuestras organizaciones de izquierda.

Sin embargo los recambios no se decretan, se conquistan. El camino de los decretos, como mucho, abrirá espacio a jóvenes u a otros excluídos (mujeres, homosexuales, trans, negros, pobres, etc.) de la vida social y política, con la convicción de que estos estén suficientemente socializados y reproduzcan el “status quo”.

En realidad un cambio generacional poco tiene que ver con la edad, o con espacio para jóvenes. Se podría en todo caso hablar de proyectos generacionales en pugna.

Por lo tanto hablar de cambio generacional debería ser hablar de un cambio de ciertos esquemas, que como sujetos históricos hemos adquirido. La generación del 60, si algo pudo es romper los esquemas de las generaciones anteriores. Pero esta ruptura no se hizo para ocupar un espacio dentro de las organizaciones, se hizo porque la generación tomó un planteo, lo hizo suyo y lo transformó adecuándolo y transformándolo en perspectiva de lucha y futuro, planificando y actuando, generando análisis estructurales, definiendo tácticas y estrategias para andar.

Para esto se debió hacer un profundo análisis de conceptos y acciones que se habían convertido en anacrónicas o ya no tenían un carácter revolucionario. Quienes levantemos las banderas del socialismo, de un mundo diferente, debemos ver y analizar qué sigue siendo acertado en el planteo y qué cosas como izquierda debemos corregir, reinventar. Debemos pensar en un cambio de táctica profundo, de planteo, así como de dirección y de enfoque del poder. Un cambio de prácticas y valores, de formas de sentir y vivir el mundo.

Sin duda la pelea sigue siendo la liberación nacional y socialismo. No habrá equidad sin una sociedad donde el centro sea el hombre y su relación con el ambiente y no el capital y el lucro. Pero esto es imposible como Uruguay solo, debe ser construido en el marco de la Patria Grande.

La re construcción de una ética revolucionaria, una persona solidaria que se apoya y construye como ser social, en colectivo, está en contradicción con el modelo actual donde la persona centra su vida en la oficina, en el trabajo de sol a sol, para consumir, buscando una felicidad impuesta.

Como un caballo atrás de la zanahoria corremos por un modelo de vida definido por el capital, nunca definido por nosotros mismos. El hombre nuevo es libre, primero porque es libre en su pensar y sentir.

Los grandes discursos sobra la militancia full-time, donde el hombre nuevo es un súper-militante, ha demostrado fracasar. Debemos, antes que nada, desarrollarnos como individuos, como personas, con una vida en contacto diario y cotidiano con el interés humano.

Un militante responsable, con la vida y sus actos. No importa el tiempo que se dedique a la militancia, importa ser responsable, particularmente a la hora de tomar decisiones que impliquen a la sociedad o parte de ella. Militar es ponerse a cambiar la sociedad y esto debe hacerse responsablemente. Debemos poner el valor de la coherencia como eje central.

Pero ojo, no hay un modelo de hombre nuevo, no se trata de ser un Che Guevara, un Sendic, se trata de que cada individuo sea un hombre nuevo a su manera, somos diferentes, eso es lo que nos hace humanos. Al socialismo no lo podemos ver como la construcción de uniformes homogeneos sino como la más amplia gama de heterogeneos.

Un cambio generacional es plantearse en la discusión también del método y del poder. No habrá sociedad más igualitaria mientras las organizaciones de izquierda no superen la contradicción “secretario general” o “pope”, versus organización colectiva. La historia ha demostrado que en su mayoría reproducir estas lógicas deviene en fracaso.

No se evoluciona como sociedad si se reproduce la lógica vertical del capitalismo. No podremos avanzar en cambios culturales, si nosotros no practicamos esos cambios.

En el socialismo no hay reyes, en el socialismo solo hay peones, el peón bien entendido es un ser fundamental. Podría decirse para algunos que esto es igualar para abajo, que todos deben ser reyes. Pero si las organizaciones de izquierda no tienen espacios de igualdad donde todos sean iguales en el decir y el definir, si delegamos lo directo por lo representativo, estamos hipotecando futuro y recreando el sistema.

Acá entra la dinámica del poder y el recambio, debemos tener un poder que se recambie constantemente. Esto no implica cambiar a los de ayer por los de hoy y dejar las cosas así durante cuarenta años más. ¡No!. El recambio y el relevo deben ser constantes, continuos.

La izquierda debe tener en sus filas a todas las generaciones, a todos los excluidos, a todos aquellos que quieran vivir mejor sin pisarle la cabeza al de al lado. Como izquierda debemos construir un poder repartido socialmente. Sino solo seguiremos reproduciendo y convirtiéndonos en conservadores. Seremos calentadores de asientos y nos traicionaremos a nosotros mismos. Por tanto debemos generar una organización más amplia e inclusiva.

Históricamente las organizaciones de Izquierda se han organizado en colectivos barriales. No podemos dejar de ver la importancia de estos, pero partiendo de la base que deben ser re dibujados y transformados en expresión de poder local autónomos, que nuevamente convoquen a la participación. No a todos motiva lo barrial, cada vez más el barrio se va convirtiendo en un lugar para dormir y no para construir la vida cotidiana, el barrio ya no es lo que era antes.

Debemos generar espacios temáticos de participación, donde uno pueda acercarse y desarrollarse a partir de su interés y saber. Espacios que busquen dar soluciones reflexionadas colectivamente.

No es que en el marco del territorio no haya que trabajar más, sin embargo la realidad empírica demuestra que hoy estos espacios no son tan incluyentes como podrían haber sido antaño. La gente ya no se arrima para discutir todo, pero si para trabajar en temas específicos de los cuales sabe y/o les interesa.

Pero esto no quiere decir generar espacios estancos y especializados, debemos ver cómo interactúan todos estos espacios y realidades para poder, entre todos, dibujar una visión global y política de la realidad. Estos espacios deben ser ampliamente solidarios y cooperativos entre los diferentes intereses y colectivos.

Como izquierda no debemos esperar que la sociedad se acomode a nuestras formas, para participar tenemos que generar todas las formas posibles. El socialismo se debe hacer en toda la sociedad, en todas sus partes y por ende debemos generar tantos espacios como encontremos para ir pensando en ese socialismo.

La discusión está abierta y es necesario darla. Porque no se puede hipotecar lo avanzado hasta acá por el conjunto de fuerzas de izquierda de nuestro país

Es hora de dejar de mirar todo con el lente electoral, con el lente de asegurar el poder establecido y empezar a arriesgarse, a disfrutar de la lucha por un bien social. Hagamos todo aquello que es políticamente incorrecto dentro del la hegemonía dominante y estaremos aportando nuevamente como izquierda a la construcción de la liberación nacional y del socialismo.

Así nuevamente podremos decir que estamos en la construcción de una Patria para Todos.

Por: Piero Sabini

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