La Constituyente en Venezuela ¿por quién doblamos las campanas?

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Regional Exterior |

El próximo domingo el Gobierno Bolivariano de Venezuela convoca a una consulta Constituyente, marcado por una situación de inestabilidad política y económica. La derecha desde el Parlamento, y desde las manifestaciones de extrema violencia, continúa en la ruta de desconocer el Gobierno instalando una y otra vez la idea de un gobierno paralelo. La Fiscalía, así como parte del Tribunal de Justicia se alinean en el mismo sentido.

La campaña de aislamiento, sanción y propaganda internacional en detrimento del gobierno se intensifica (y pueden haber distintas lecturas de porqué y de sus resultados), y la planificación desde instituciones vinculadas a EE.UU no llama la atención a nadie, además de que es cada vez más evidente.

Es así que consideramos aquella puntualización de Marx,K. :

“Hegel dice en alguna parte que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal aparecen, como si dijéramos, dos veces. Pero se olvidó de agregar: una vez como tragedia y otra vez, como farsa”. (El 18 de Brumario de Luis Bonaparte. Die Revolution, Nueva York, 1852).

Compartimos el siguiente artículo que escribiera el investigador y economista brasilero Theotonio Dos Santos viviendo desde el exilio en Chile. Siendo conscientes de la atemporalidad, y las diferencias en los actores locales, hay escenarios que tienden a repetirse y es preciso considerarlos como insumo, para no cometer errores.

La irreversible pendiente de la guerra civil

Vivimos en este momento la más profunda ofensiva contrarrevolucionaria lanzada contra el Gobierno Popular y su programa. Esta ofensiva es, al mismo tiempo, muy extensa: abarca el orden constitucional, sindical y de masas, militar y político partidario.

En el orden institucional, la mayoría parlamentaria de derecha ha planteado un desafío radical al Poder Ejecutivo al atribuirse el derecho de derrumbar sus vetos con simple mayoría. Como lo dijo el Presidente Allende, “quedaría abierta de este modo la brecha para la arbitrariedad, que podría desembocar en una eventual dictadura del Congreso”. En una acción paralela, que tiene por claro objetivo plantear su ilegitimidad, la Corte Suprema acusa al Gobierno de haber roto el estado de derecho.

Y completando este cuadro de abierto cuestionamiento institucional, la Contraloría amenaza tomar medidas para devolver empresas a sus antiguos propietarios. En el plano sindical y de la llamada “oposición en las bases” se ha buscado utilizar las dificultades causadas por la inflación para dividir al movimiento obrero a través de un economicismo frenético. A la huelga del cobre, la de los marítimos, la de la locomoción, se suma la actitud permanente de los médicos, los comerciantes y otros sectores gremiales que tradicionalmente promueven un clima de intranquilidad. La campaña contra la ENU, con todas las distorsiones que implicó, muestra el interés de la oposición por convulsionar al país. En el plano militar no solo vemos los aparatos armados en las calles, sino que también aparecen las bombas de trotil profusamente utilizadas contra las casas de políticos, negociantes o simples ciudadanos, las marcas con círculos rojos en sus paredes, anunciando un movimiento terrorista de gran envergadura.

Esto se complementa con el abierto llamado a la guerra civil por parte de “respetables” senadores o de personajes de segunda categoría como Thieme, de “Patria y Libertad”. No disminuyen los llamados a la actuación de las Fuerzas Armadas y los esquemas paramilitares se proponen claramente servir a una rebelión militar.

En el plano partidario, la facción derechista de la DC se impone definitivamente y lanza violentas amenazas contra el Gobierno, trazando una línea de oposición abiertamente fascista. La Juventud Nacional hace un llamado a la unificación del comando de la derecha. La conspiración deja de ser cerrada. El MIR, que siempre ha demostrado un buen conocimiento de los planes de la ultraderecha, denuncia que el ex Presidente Frei asumió directamente el comando de las operaciones sediciosas e involucra a altos personajes de su Gobierno en estos planes.

Se trata, por lo tanto, de una ofensiva muy extensa que busca coordinar y usar en una acción unificada todas las fuerzas con que se cuenta en el país y en el exterior (papel de los hombres armados por Marshall en Bolivia; acción de agitación de Thieme en Argentina, con plena cobertura de la prensa internacional; amenaza de falta de acuerdo posible en las próximas reuniones del Club de Paris, etc.) Una ofensiva tan extensa no puede dejar de tener un objetivo político significativo. Todo parece indicar que se tiene en la mira el 21 de mayo, cuando se inaugura el Parlamento. Se trata de probar, a través de alguna manifestación espectacular, que el país está dividido en dos poderes opuestos y conflictivos; de un lado, el Ejecutivo, fuertemente apoyado en las masas y en las formas emergentes de poder popular, o “una organización anti-Estado que va incrustándose dentro del Estado”, como lo dijo “El Mercurio”, de otro lado, el Parlamento, el Poder Judicial y la Contraloría, respaldados por el movimiento “gremial”.

Toda guerra civil necesita de una oposición clara de poderes para realizarse. La división del país en dos poderes conflictivos permitiría a la oposición reivindicar la legalidad y pedir la fidelidad a estos poderes por parte de sectores de las Fuerzas Armadas.

El país entraría claramente en la pendiente de la guerra civil, de manera inevitable. Los que están dispuestos a servir a este esquema en nombre de la fidelidad partidaria, pretextando el “sectarismo” u otros errores menores de la Unidad Popular, deben asumir toda su responsabilidad histórica. El momento es muy adecuado. Porque desde el punto de vista internacional, la toma de posesión de Cámpora en Argentina puede dar un importante vuelco en la correlación de fuerzas internacionales a favor de la Unidad Popular. Al mismo tiempo un quiebre institucional en Chile podría disminuir el impacto reformista del Justicialismo. Rogers no pasea en vano por América Latina en estos momentos, y no puede estar ajeno a este desarrollo de los acontecimientos en Chile y su relación con Argentina. No hay duda de que, si este es el plan de la burguesía como lo indican los hechos, se trata de un plan desesperado, muy audaz y definitivo, una lucha a muerte por la retomada del Estado y la contrarrevolución.

Chile Hoy, 18 a 24 de mayo, 1973

Libro: ¡Bendita Crisis! Socialismo y Democracia en el Chile de Allende. http://ru.iiec.unam.mx/3088/1/BendCris.pdf

 

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