¿Cómo reintroducir singularidad en la universalidad de la transacción y la comunicación?

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Carlos Pereira das Neves |

Creo que, a pesar de todas las oportunidades que generamos para sintetizar lo vivido, todavía seguimos escasos de conclusiones. Aunque la falta de hoy no es por la ausencia misma, sino por la multiplicidad, por el bombardeo de verdades, por la inmediatez, por la primicia.

Demasiadas síntesis, todas más importantes que las otras, por ende, ninguna más importante que la otra.

Hace tiempo que vengo maquinando, alrededor de esa reflexión primaria y necesaria del “¿qué podremos mejorar?”, intentando descifrar ¿porqué nos cuesta tanto juntarnos en un proyecto común todos los marginados, los trabajadores, los militantes de izquierda y los militantes de la vida, esos que quieren colaborar con lo que pueden y no con lo que nosotros esperamos de ellos?.

¿Porqué nos cuesta tanto juntarnos todos los ‘no ricos’, que somos el 99% del mundo, y decirles a los dueños del mundo que ya nos cansamos de estas relaciones?

Perdón, pero yo no pierdo el asombro al ver trabajadores o emprendedores con Lacalle y Novick.

Hoy desayuné Guattari

Y entre la angustia pude descifrar un pienso rezongón, esperanzador. Una vuelta, un poco más rebuscada, al vulgarizado y sobre utilizado problema comunicacional de la izquierda.

Ese que intentamos resolver con unos cuántos tweets y reproduciendo noticias a como dé lugar, ocupando atropelladamente los espacios que por años tuvimos vacíos, llenándolos pero de nada, porque a la falta de contenidos la inundamos de encimados titulares. Dejando librado al sintético azar de que sea el lector quién establezca las prioridades, que sea el receptor quién elija las verdades como si estuviera eligiendo la prenda más barata en ‘Forever 21’.

Leyendo una entrevista al filósofo francés Félix Guattari, por Stéphane Nadaud, no puedo evitar detenerme en un “Me parece que el modelo comunicacional actual tiene el defecto de perder las dimensiones existenciales de las relaciones interhumanas, sociales y maquínicas”. Deténganse también en la palabra “maquínicas”, porque no se trata de caer en un pensamiento dualista, en una categorización moralizante respecto de estos problemas de comunicación en su relación con las nuevas tecnologías.

Decir, decir, decir

Esa parece ser la lógica. Una lógica destructiva, de sensiblería mediática.

Ser los primeros en decirlo, lo que sea. La búsqueda de la primicia mata el acontecimiento, lo condena a la repetición de un afecto, de una falsa sorpresa.

El verdadero acontecimiento nunca es una primicia sino una ruptura. Vamos condenando las verdades a una caída libre de diez segundos que se irán a dar de frente contra una foto trucada o una noticia mal intencionada, que se parece tanto a nuestra buena intención apresurada.

Ellos y nosotros, ellos

¿Los periodistas? ¿Los dueños? ¿Los consumidores? Es un partido entreverado en el que siempre ensayamos la media chilena de culpar a la derecha y a los medios de comunicación, porque el “0 a 0” es el mejor resultado que el status quo está determinado a alcanzar.

Un deseo recurrente de odiarlos pero necesitarlos, denostarlos pero leerlos, no darles bola pero basar toda nuestra agenda en función de. Y lo digo desde ese lugar mágico que establece Benedetti, en el que “Uno no siempre hace lo que quiere, pero tiene el derecho de no hacer lo que no quiere”.

Pero volviendo a esa dialéctica de interrelación continua, adictiva, para con los medios y esa manía de sentirnos ajenos, me despido con otra perlita de la entrevista a Guattari:

“El primer punto consiste en reconocer el carácter de droga de los medios de comunicación, de sistema fascinador y, al mismo tiempo, la reintroducción posible de dimensiones cognitivas, estéticas, analíticas de las que son virtualmente portadores. Me parece muy importante hoy en día burlarse, ridiculizar el profesionalismo de las personas de los medios y analizar hasta qué punto funcionan dentro de estereotipos que contaminan toda la sociedad incluida la vida política.

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