Editorial

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Todo proceso político atraviesa por momentos de quiebre en los que las principales contradicciones hacen síntesis en base a la correlación de fuerzas que habitan dentro de dicho proceso. En el caso de Uruguay, los y las militantes por la liberación nacional y el socialismo debemos ser conscientes que estamos en uno de esos momentos. Tal vez como nunca antes el proyecto de la izquierda se encuentra ante una crisis de identidad, cuestionado en su alcance, su rumbo y el transcurso cotidiano. Hay problemas en el plano de lo táctico, y no conviene hacerse los distraídos ni tampoco seguirse equivocando.

Mientras tanto la derecha está agazapada. No solo la decadente derecha uruguaya, con sus instrumentos conocidos y personajes ridículos de telenovela, sino también y sobre todo la derecha fascista translatina, regional, viene por todo, por barrer con todas las conquistas que mal o bien se pudieron alcanzar durante el período de los gobiernos progresistas. No deja de operar ni por un segundo. Y nos están cazando de a uno, Argentina, Brasil, antes Paraguay, ahora Venezuela. Esa derecha translatina operó y opera en cada uno de esos escenarios de operaciones, y los resultados están a la vista.

Esta vuelta del Mate Amargo plantea la discusión a fondo en el tema educativo, por varias razones y quizás por el principal motivo de que estamos en un momento clave de la disputa de la conciencia. Porque hablar de educación es hablar de recursos, este momento necesita que saquemos punta al lápiz y hagamos cuentas; de las simples pero también de las combinadas, las que te dan los resultados en función de tiempos históricos y no de los tiempos presupuestales o electorales. En tiempos de la inmediatez, el big data y la disputa que la mosqueta presupuestal impone, no hay que olvidar que hablar de educación es hablar de transformación.

Está pronto el mate

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