Uber: el mutante que nos desayunará mañana

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Martín Nessi (1)

Este se vende como el siglo de los cambios: es la innovación, la tecnología, es la inmensa capacidad humana de avanzar. Es un siglo que viene a hacer de nuestras vidas algo particular; es el elegido para darle a nuestras vidas una experiencia nueva todos los días. Y si bien esto es en parte cierto, el significado que le da el mercado es banal, confuso y dañino en extremo. Nadie sabe muy bien a que se refiere el mercado cuando la vida se nos plantea desde ese lugar, pero si esa fórmula sirve para que sigamos gastando y ayuda al engorde excesivo en materia de acumulación de riqueza bienvenida sea.

No tenemos muy claro si la nueva experiencia es el Pokémon Go, el gusto a nada de una gaseosa rara que nadie puede decir a que sabe o llegar copado a una fiesta con toda la onda regalandole nuestra identidad, datos, tráfico y detalle de movimientos a la empresa UBER.

Paradojalmente lo que el hombre con acumulación de saberes y trabajo ha generado, en algunos casos no hace más que volverlo en su contra, atenta contra su libertad, contra su independencia, su salud física y mental, así como contra su planeta, su hogar, su formación, su evolución y su propia sobrevivencia. Mas bien un puñado en beneficio propio y con mirada de corto plazo atenta contra la inmensa mayoría e incluso en su burrada atenta a largo plazo contra si mismos.

Nos hacemos mal, nos atrofiamos, compramos modernidad cuando por el mal uso de la misma generamos retrocesos y esto se agrava con nuestra casi nula habilidad de preguntarnos qué estamos haciendo y generando con nuestro accionar cotidiano y concreto. En paralelo el Estado-Nación y nuestros derechos sufren también una serie de ataques sistémicos que nos perjudican a todos y todas.

Así vamos rumbo en lo que se ha dado en llamar el nuevo paradigma, a la precarización del trabajo y a un retroceso de por lo menos 150 años en la historia de la Humanidad respecto a nuestras libertades y el derecho. Una nueva relación laboral, una jugada que mueve el mundo y las relaciones del trabajo Un peligroso disparador.

El Paradigma (APPs)

La “aparición” de estas “aplicaciones” y la injerencia directa que tienen estas en la soberanía y las políticas de Estado son uno de los tantos paradigmas (palabra de moda) que nos depara este siglo XXI. Otro es el de la generación de las no lecturas, la segmentación y la aparición de mayores distancias en el plano del conocimiento. Y como consecuencia de este y otros fenómenos se da la ampliación en términos palpables y objetivos de las brechas entre los seres humanos. Generamos cada vez más herramientas que lejos de integrarnos y colocarnos en un plano de igualdad, nos desigualan y separan aún más en todos los sentidos.

La venta de nuestras libertades es otro de estos paradigmas tan de moda. Esto tiene repercusión en la soberanía del Estado, pero lo tiene también en la libertad colectiva, en 150 años de retroceso en la lucha de la clase obrera pero que es “cómodo”, “lindo”, “novedoso”, “útil” y a la vez “divertido”.

Hay mucho más de lo que a veces vemos. Y entiendo que esta discusión lejos está del paralelismo entre lo nuevo y lo viejo o entre el coche limpio y último modelo con choferes de pelo corto afeitados y bien perfumados contra el tacho mugriento y el chofer sucio, fumador mal educado y con malos habitos que nos encontramos en el taxímetro.

Entendiendo si que el servicio de taxímetros debe mejorar su servicio, prefiero colocarme lejos de esa gran mentira que no solo banaliza la discusión sino que además coloca a los taximetristas en un lugar de interpelación y estigmatización pública que realmente no merecen. Por otra parte existen otros servicios regulados como el Remise que también sufre duramente las consecuencias de una competencia desleal a manos de una de las multinacionales con mayor poder y en mayor expansión a nivel mundial que posee millones de choferes y está por la vía de los hechos yendo en camino a la monopolización del servicio de transporte privado en el mundo.

Un estudio realizado por la Universidad de Chile hace mención a que esta empresa multinacional “en Junio de 2015 celebraba sus 5 años alcanzando 1 millón de conductores cuando meses después informaciones no oficiales hablaban de 1,5 millones de conductores a nivel mundial. Esto la convertiría en la empresa privada con más trabajadores después de Walmart actualmente con 2,2 millones y Mc Donalds con 1,9 millones siendo cuestión de meses para que pasara al número uno superando los 2,2 millones de trabajadores. Con este crecimiento es fácil entender por que Uber es considerada actualmente como la start -up de mayor valor en el mundo. El tema de Uber y otras compañias que están usando grandes volúmenes de datos para dibujar un nuevo escenario laboral y económico no es algo que debamos mirar a la ligera. El modelo está para quedarse y la pregunta es cómo la sociedad se adapta, las adopta o busca alternativas y las comparaciones simplistas del tipo ´´prohibirlo sería como prohibir el correo electrónico para volver al servicio postal´´, son frases que poco aportan a una discusion seria”.

Hecha esta salvedad y concluyendo en que debemos de bregar también por una mejoría en los servicios de transporte regulados, una puntualización obligada es la siguiente: esta empresa nos vende modernidad y en gran parte por ello la compramos; sin embargo, sus consecuencias son el retroceso de 150 años en Derecho laboral y unas cuantas décadas en materia de seguridad vial. Los derechos de “socios” y usuarios están excentos en todos los sentidos y al instalar este tipo de aplicaciones (en general y Uber en particular) estamos firmando un contrato donde todos los derechos están en favor del administrador, es decir la empresa, multinacionales a las que poco importa nuestra salud y la de sus “socios”.

La linea divisoria entre “socio” y empleado no está para nada clara y el producto final de esto es que los choferes terminan siendo “socios”. El trabajo de esos choferes genera riquezas para el otro “socio” que no trabaja y se queda con parte de lo generado por el trabajo de otros.

Una clara explicación de lo difuso de estos límites queda claramente expresado en expresiones recogidas por el periódico La Diaria en una mesa jurídica realizada en la UDELAR referente al tema: “Gustavo Gauthier también propuso evitar tomar partido sin información. Habló de la “uberización” del trabajo, o sea, una nueva forma de prestación de servicios que no está dentro de la organización del trabajo actual -la que surgió en el siglo XIX con la Revolución Industrial-, y de un modelo de negocio en el que el contratante y el proveedor están más cerca. La acumulación de los intermediarios es una “atomización del mercado”.

“¿Los choferes de Uber son empleados o son socios contratistas independientes?”, fue la pregunta sobre la que giró la exposición de Gauthier. Y enumeró elementos del trato que podrían volcar la discusión hacia uno u otro lado. A favor de que son empleados: que Uber retenga una parte de lo que cobran; que ponga condiciones a los choferes, como la vestimenta; que la empresa determine las tarifas y sus variables; que se entreguen smartphones para trabajar; que se les pueda dar de baja según las quejas de los usuarios; que tengan que esperar diez minutos al cliente; que no puedan aceptar propinas; que estén controlados por GPS en sus rutas de viaje.

En contra de que haya una relación de dependencia: que el conductor determine la cantidad de tiempo, días y horas que se encuentra disponible para trabajar (“decidir cuánto y cuándo se trabaja no es posible en un empleo común”, argumentó); que tenga que hacerse cargo de todos los gastos del coche; que no haya órdenes directas” *

Algo esta claro: Uber se queda con una nada despreciable 25% de lo que cobran estos trabajadores sin arriegar absolutamente nada. Tiene todo para ganar y nada para perder y el “socio” es quién debe hacerse cargo de los gastos del coche y gastos que por todo concepto genere este servicio. Además claro está, quedan al costado del camino junto con las leyes nacionales vigentes trás 150 años de luchas obreras.

Acá no hay normas de seguridad laboral, ni aguinaldo, ni salario vacacional, ni aportes jubilatorios, ni jubilaciones, ni seguro de desempleo, ni seguro ante accidentes ni nada. Ante un siniestro Dios ampare no solo al trabajador, sino a las personas que van dentro de esos vehículos. También se genera un vacío legal que es de esperar se genere cuando existan “socios” que acudan al Dios Estado -que antes también ellos deslegitimaron- para que los ampare en caso de accidente laboral.

Claro está que la aplicación tampoco se hará cargo de los problemas que puedan tener sus “socios” en los distintos países por romper las normas y leyes nacionales que ellos mismos incitan y que por la vía de los hechos consumados contribuyen a desligitimar.

Por otra parte cabe también preguntarse si es seguro para nosotros viajar por intermedio de esta plataforma. ¿Cumplen con las normativas departamentales para choferes? ¿Están preparados para conducir trasladando pasajeros? ¿Qué sucede en caso de siniestro? ¿Hay cobertura médica y seguro para el usuario?

En noviembre de 2015 la Comisión de Movilidad Urbana de la Junta Departamental de Montevideo recibió al representante de Uber para Latinoamerica y a un conjunto de “profesionales” de otras empresas que trabajan para la anterior (ya que todo lo tercerizado está tercerizado) y las respuestas fueron bastante dudosas en este sentido.

En primer lugar dejaron claro según su concepción que “Uber es una plataforma tecnológica. En ese sentido, es un intermediador entre un particular que desea encontrar una fuente de ingreso mediante la provisión de un servicio de transporte y un particular que requiere este servicio. Uber está en medio de estos actores y facilita esta interacción. (…) –Es una empresa tecnológica, no es una empresa de transporte. En este sentido, no es la dueña de los vehículos. (…) -La plataforma garantiza que la oferta sea un poco más amplia, dinámica, segura y trazable”.

Nosotros nos preguntamos ¿para quién?

Respecto al origen: “Todo comenzó con una simple idea: ¿qué pasaría si a través de las tecnologías modernas pudiera solicitar un servicio con un solo botón? Como decía, es tan fácil como abrir la aplicación, pedir el viaje, estar en trayecto y tener información relativa a tu ubicación y el tiempo esperado de arribo a tu destino”.

Luego aclararon que “DGI y BPS es una responsabilidad del proveedor del servicio”.

Respecto a la capacitación y requisitos de los choferes aclararon que “por el momento se están solicitando libretas normales”. Esto obviamente va a contrapelo de las normas departamentales y las regulaciones con las cuales cumplen los servicios legales y regulados de transporte en nuestra ciudad: todos los conductores de estos servicios cuentan con libreta profesional.

Respecto al seguro, solo se exige el SOA, que es para vehículos particulares. Y en una temática tan importante como es el servicio médico en caso de siniestro, lo que surge de las actas de dicha Comisión es que ni siquiera contestaron en lo referente al tema. Como decíamos, “socio” o usuario si te accidentás arriba de uno de estos vehículos, andá que te cure Lola…

¿Adónde está entonces la seguridad?

Respecto a las tarifas, subir a uno de estos vehículos implica no saber muy bien cuanto te van a cobrar. Según día, hora, lugar y hasta aspectos climáticos las tarifas varían a su antojo. Es sabido que el 14 de Julio de 2016, día en que la Central de trabajadores realizó un paro general los numeros aumentaron por 4 (es decir un 400% respecto a la tarifa en otros días para el mismo servicio). Algo similar sabemos que sucedió los dias de alerta meteorológica y sería bueno saber también cuanto varió la tarifa para la noche del 24 de agosto.

Volvemos a insistir en que los servicios regulados deben mejorar, claro que si, pero aportan al país, dan seguridad y garantías a trabajadores y usuarios, que este novedoso sistema no proporciona.

Por último el tema de las políticas de privacidad: ¿qué hacen con nuestros datos? -Es todo un tema que debemos empezar a tomar con una seriedad mayor. Tenemos grandes recaudos en darle nuestro datos al Estado, incluso cuando se trata de políticas que hacen al control de nuestra salud. Sin embargo no tenemos dudas de ningún tipo en hacer click y darle todos nuestros datos a estas multinacionales y allí van nuestros nombres, apellidos, edades, direcciones, lugares de residencia, de estudio. Incluso en estas aplicaciones en particular estamos dando el consentimiento para que puedan realizar un seguimiento de nuestros movimientos por GPS (incluso cuando no estamos utilizando la aplicación).

Entonces, a abrir los ganchos! -Además de utilizar un servicio ilegal y que no ofrece garantías para usuarios ni para quienes conducen, se está contratando un espía sobre si mismo, se estan regalando todos sus datos y sus movimientos incluyendo su ubicación y actividad específica, vaya a saber a quien y con qué fines.

Para finalizar, una última interrogante sobre los paradigmas que supuestamente se vienen: ¿habrá una nueva división internacional del trabajo? -Parece que por ahí vamos. Tal vez eso no importe demasiado, pero el día que una aplicación venga a ofrecer tu trabajo de forma ilegal, a menor precio y sin mano de obra especializada, nos preguntaremos de que iremos a vivir, que vas a hacer con tus años de trabajo acumulado, con la experiencia adquirida durante años e incluso con tus estudios, que para nada te sirvieron. Ante cada acción concreta debemos pensar adonde vamos y tener cuidado en no alimentar hoy al gigante que te va a comer mañana.

(1) Edil por el FA-MPP Montevideo.

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