Construir otros gérmenes de Poder Popular

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Por: Piero Sabini

No se trata de negar o estar en contra de lo ya construido; se trata de soñar y aportar otras construcciones.

Es innegable todo lo que el Uruguay ha avanzado como sociedad. Son innegables todos los aportes y luchas que han hecho las fuerzas de izquierda en este país. Tanto el Frente Amplio como los sindicatos y el movimiento estudiantil, las organizaciones sociales todas.

Pero no menos real es lo lejos que estamos de ser una sociedad sin explotados ni explotadores, una sociedad igualitaria, sin desclasados, una donde todos puedan crecer y ser partícipes de sus vidas.

La existencia de estos espacios de lucha históricos, no niega la existencia de otros frentes de lucha que no se han desarrollado con tanta relevancia.

Por ejemplo los espacios culturales. Desde una perspectiva gramsciana, es necesario no sólo construir y acumular fuerzas en las estructuras económicas y de poder en el Estado, sino que también es necesario desarrollar una contrahegemonía cultural.

Entendemos aquí la cultura como un concepto amplio, donde el arte es sólo parte de la cultura.

Este frente de lucha es a mi entender fundamental, pero ha sido totalmente relegado. Seguramente no era una prioridad en épocas de crisis, en las que no había para comer. Hoy podemos hablar de esto entre otras cosas porque no tenemos el 15 % de la población económicamente activa desempleada.

Aunque repito, por más que sea redundante: lejos estamos de que las condiciones materiales sean las mínimas aceptadas para la vida digna dentro de la sociedad; aún falta mucho en salud, educación y vivienda, necesidades a mi entender básicas para realizar una emancipación como sujeto.

Parece más que claro que no sólo es un tema de estructura de medios de producción o de quién gobierna. O la sociedad toda se apropia de otra forma de vida o no hacés ni mella al sistema.

Dar la pelea cultural contra el sistema no es tan simple, no es decir un mensaje diferente simplemente. Implica desarrollar un sistema donde la cultura alternativa nazca y se fortalezca, se desarrolle.

Esto implica conseguir espacios para desarrollar una cultura alternativa, entiendo que deben ser autogestionados. Difundir esas expresiones culturales es sólo una parte, pues debemos formarnos colectivamente para que el constructor de cultura sea el pueblo; se deben generar medios de producción para que la gente pueda experimentar hasta cómo nos vinculamos, se deben estudiar formas de capacitación populares para que el conocimiento y la sensibilidad se expandan solidariamente y no a través del mercado.

Para mí es por esto que los espacios colectivos socioculturales, pueden ser gérmenes de verdadero poder popular.

Un germen es un minúsculo “ser”, que puede crecer y contaminar a todo un organismo vivo.

Siempre entendí la necesidad de ver al capitalismo como un sistema vivo y a las actividades colectivas con fines humanos y socializantes, como virus que intentaban penetrar las defensas del sistema.

Para mí lo primero que tiene que existir es un colectivo (más de una persona) que, teniendo necesidades o visiones en común, se junte para alcanzar sus objetivos. Esta relación, si se da desde la cooperación, ya es en sí un posible de germen de poder popular.

Es que la sociedad ha llegado a un extremo de segmentación e individualismo que casi cualquier intención de juntarse para cooperar entre sí y no competir (como dictan los axiomas del sistema capitalista), es un posible germen antisistémico. Claro está que para que éstos sean gérmenes, tienen que tener la voluntad de transformar la realidad.

Si ya es difícil lo anterior -que sea un colectivo que tenga intenciones de cambiar la realidad- le sumamos que debe tener una “práctica revolucionaria” (tomaremos como práctica revolucionaria a aquellas acciones cotidianas que sean antagónicas a los valores axiomáticos del sistema).

Dicho de otra manera, se precisa gente, voluntad y coherencia para generar cambios estructurales y supraestructurales.

Gramsci habla de microrevoluciones; esas que pasan casi desapercibidas, que nunca aparecen en los discursos ni en los libros, pero que son gestos humanos que diferencian a un ser solidario, luminoso, en contraposición a un ser oscuro, alienado por el sistema capitalista.

El pensar trabajar en la cultura y en el vínculo humano como forma de acumular estratégicamente hacia el socialismo, implica vincularse en la construcción de colectivos y vínculos humanos que se sienten sobre otras bases; éstas deben centrar el valor en lo humano y no en el capital.

Claramente un sistema que centre su existencia en el valor de consumo y la competencia, que tiene al lucro como bien mayor, que instala su (escala) de valores individualistas, que impone estos valores y que los mismos deben ser aceptados, o éste te apresa y reprime, un sistema que usa el miedo como forma de perpetuar la alienación sobre las personas, no dejará que esta emancipación ocurra.

Imposible bajo esta “democracia”, que si bien innumerables veces más justa que otros sistemas como el dictatorial, dista mucho de ser un sistema justo. La democracia burguesa existente nunca eliminará las injusticias porque es parte de su ADN.

Me detengo un párrafo en esto. La democracia al ser representativa, promueve la enajenación de poder de la población a una porción de “elegidos democráticamente”, generando y reproduciendo la estructura vertical propiciada por capitalismo, en el patriarcado y en toda relación desigual donde uno deja de ser para que otro sea. Generando personas de clase A y de clase B.

No alcanza con las estructuras políticas, ni gremiales, ni partidarias o de adquisición de derechos, que tanto bien nos han echo como clase trabajadora. En última instancia solo construir otros valores podrá construir otro sistema social que sea más justo. O se cambia ambas cosas o no se cambia nada. Solo se amortigua. Y ojo que es fundamental amortiguar, hay gente que no va a pensar en esto si no tiene donde dormir o que comer. Por eso igual en esta etapa es necesario usar el Estado burgués.

Pero no podemos ser ingenuos y pedir peras al olmo. No será desde el Estado burgués que nacerá el Estado socialista, comunista, anarquista o el significante que el lector entienda deba ir en este párrafo.

Debemos buscar espacios de encuentro, que nos interroguen sobre este y otros temas.

Debemos buscar la emancipación de los sujetos colectivamente, pasar de ser sujetos que miran tele a sujetos que son protagonistas de las historias, debemos dejar de ser espectadores y pasar a ser actores. El sujeto en la sociedad capitalista es educado para ser un espectador, un consumista pasivo. El sujeto en una sociedad socialista (me gusta llamarle así), debe ser un sujeto emancipado creador, pro-activo, libre.

Se precisan espacios para aprender por fuera del sistema, donde lo que se dicte sea a partir de las necesidades reales que aporten a transformar a los sujetos y a la sociedad. Formar para sobrevivir en este sistema y combatirlo desde la construcción de otro sistema.

Espacios que no centren el vínculo en el lucro, colectivos que no tengan diferentes escalafones para sus integrantes, espacios donde uno pueda ir a aportar lo que sabe y ese conocimiento sea respetado y tenido en cuenta, en la transformación social.

Es necesario generar espacios donde lo importante sea el abrazo, el encuentro, no el lucro o el egoísmo, espacios que habiliten la cultura, su difusión, su aprendizaje, su producción, el lector desprevenido o punzante pensará que hablo de arte y no de cultura. No señor la cultura es todo, es la forma de relacionarnos como seres humanos. El arte una expresión y una herramienta que puede o no ser emancipadora dependiendo de qué espacio se le de al arte en la cultura cotidiana de nuestras vidas (aunque esa ya es otra discusión).

Espacios que entiendan a la necesidad de crear como forma de liberar, de emancipar, la sociedad nos hace dependiente nos aliena la capacidad de crear. Esto es lo que se debe recuperar pa ganarle a este sistema.

Yo creo que no es el valor económico creado lo importante, lo esencial es que cuando uno es creador genera condiciones para vivir más austeramente.

Una sociedad que constantemente crea, centrará su andar en seguir creando, y no en consumir lo que otros crean. Cuando uno crea le pone un valor a las cosas que no tiene que ver con el valor de capital.

Precisamos que los gérmenes sean variopintos, que se den la forma que entiendan necesaria, pero que miren y hagan colectivamente, hay que ser abiertos, el dogma es el mejor amigo del sistema capitalista, pues llevan indisociablemnete a una construcción de conservadurismo.

Debemos ser abiertos, muy abiertos pero no debemos dejar de ser celosos del sistema que todo lo acecha, y buscará a través de mil formas tangibles e intangibles convertir los posibles gérmenes revolucionarios en reproductores del sistema, podríamos pasarnos la vida escribiendo de cómo esto ha pasado en la historia.

En una urbe capitalista como las actuales donde se vive de puertas adentro apresados por el miedo y el consumo, ofrecer espacios en los barrios para ver al vecino en vez de ver a Tinelli o escuchar a Nacho Álvarez parece a priori un aporte sustancial para combatir el sedentarismo consumista mediático.

No somos ingenuos, seguramente estos espacios no logren ganar ninguna revolución pero si la gente no tiene espacios de encuentro, donde vincularse desde un lugar más humano, que permitan y promuevan la reflexión y práctica crítica en el quehacer diario difícilmente logremos transformarnos en una sociedad más justa y solidaria, más libre.

Debemos convertir en gérmenes a todos los espacios colectivos, los cotidianos, los íntimos y los públicos así como los privados. Esto se hace generando gérmenes en las personas que habitan y se encuentran en esos espacios.

Es impostergable cambiar la mirada sobre dónde se debe hacer política, todo es política, debemos tener claro que es tan grande la derrota que nos está propiciando el sistema que, si no apuntamos a minar como una bomba de racimo de gérmenes populares, difícil será contrarrestar posibles crisis o articular necesarias profundizaciones como sociedad.

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