Colombia movilizada por paz, justicia social y democracia*

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Avance de las fuerzas populares:

Sin lugar a dudas el movimiento social y popular colombiano ha tenido significativos avances en los últimos 3 años; en especial, porque se ha unificado en la lucha por alcanzar el gobierno, haciendo suyas las banderas de las clases subalternas que resisten al neoliberalismo y al más feroz militarismo.

De la atomización de organizaciones sociales y del sectarismo de los partidos políticos, hemos iniciado un camino sin retorno hacia la unidad programática en medio de las diferencias, es decir, la unidad en medio de la diversidad. Aunque aún no estamos todos unidos, se han dado grandes avances, sobre todo en el terreno de la movilización popular y la lucha social. Por ello, para el 2014, vendrán escenarios de ascenso en las protestas populares y en la misma unidad, se avecina la cumbre agraria y popular y el paro nacional.

El antecedente más reciente fue el paro agrario nacional y popular que se libró en el país, entre agosto y septiembre se dieron grandes huelgas, paros y movilizaciones de trabajadores, del campesinado, estudiantiles e indígenas, que por primera vez en muchos años, fueron no solo aplaudidas por la sociedad, sino, respaldadas en las calles por las mayorías. Se quedó sólo el gobierno con un discurso neoliberal y enviando los batallones de militares a las calles de las principales ciudades, recrudeciendo la represión en los campos. Tan sólo contaron con la complicidad de los medios de comunicación hegemónicos.

Los resultados de esos paros, huelgas y movilizaciones fueron contradictorios, de un lado más de 600 ciudadanos fueron detenidos temporalmente, miles fueron brutalmente heridos o golpeados y 22 asesinados por las fuerzas policiales. Aún quedan dos de los principales dirigentes del paro en prisión, judicializados y acusados por delitos ajenos a sus actuaciones civiles y públicas. Sin embargo, al final de la fuerte represión y de la heróica resistencia agraria y popular, el gobierno abrió varias mesas de negociación con todos los sectores en huelga. Así las cosas, la movilización se ha convertido en la única alternativa para que el gobierno hable con las mayorías empobrecidas, quienes están cansadas de soportar más de 25 años de neoliberalismo, y de la represión estatal sistemática tras 65 años de conflicto social y armado.

Esa es la situación de disputa de las clases sociales colombianas, que del lado popular viene demostrando la capacidad de desafiar al poder establecido, a través de la movilización organizada. De esa manera, el camino señalado por el movimiento agrario y popular para cambiar el país, es la participación política expresada en la movilización y lucha en las calles y carreteras. Hoy este gran movimiento agrario y popular nos ha demostrado que esa es la alternativa, la cual debe estar acompañada de más y más unidad.

Con el panorama anterior se termina el año 2013 y se prepara un año 2014 que de seguro traerá más movilización social y popular por justicia social.

El proceso de paz

En ese contexto se realizan los diálogos de paz en la Habana entre Gobierno y FARC-EP, y se ambientan los diálogos de paz del Gobierno con el ELN.

En el primer caso, las partes han avanzado en discutir los dos primeros puntos de la agenda pactada y han llegado a algunos acuerdos parciales (política agraria y régimen político), dejando para el final los mayores disensos en ambos temas. En el tema agrario se acordaron cinco puntos (de los treinta que componían el temario), que corresponden a los procedimientos de inversión y acompañamiento técnico a los agricultores, dejando abiertos algunos de los temas centrales como la limitación de la propiedad y el uso de la tierra. En el segundo tema, se desarrolló un texto enunciativo sobre el marco del nuevo orden democrático, que resulta muy interesante, por cuanto reconoce el profundo rezago democrático que vive el país.

Se puede decir que el proceso de paz ha tenido significativos avances, aunque el camino sigue siendo largo y complicado para la firma de un tratado de paz estable y duradero. Entre otras cosas, porque el país ha entrado en el debate electoral que definirá un nuevo parlamento y un nuevo presidente. En marzo y mayo respectivamente serán las contiendas electorales, en el que el tema de la paz se convertirá en el centro, tanto para sus defensores como para el militarismo que viene atacándolo con todas sus fuerzas.

De un lado, el ex-presidente Uribe se lanza al senado para arrastrar los votos que aún le son fieles con el propósito de elegir un número significativo de parlamentarios (cómplices de la corrupción y el paramilitarismo durante su gobierno) con la intención de equilibrar los ataques que le viene propiciando la justicia, por cuenta de la presión del movimiento popular, y de otro lado, Santos con un discurso neoliberal se quiere mantener en la línea del diálogo sin concesiones, es decir, la famosa estrategia gatopardista “de cambiar todo, para que todo siga siendo igual”, representa a la oligarquía que reconoce en el fin del conflicto la posibilidad de expandir los agronegocios y los contratos para la megaminería.

En ese panorama, la izquierda colombiana y el conjunto del movimiento popular ha salido con unanimidad a defender la solución política del conflicto, articulando un discurso en torno a la paz con justicia social y a la construcción de una constituyente que exprese un nuevo momento político y social, en tal sentido, sabemos que la alternativa es que los sectores populares impongamos, con la movilización y la unidad, una solución política que traiga consigo justicia social y límites a la voracidad del capital.

De otro lado, los cálculos políticos del “establishment” han impedido avanzar en la agenda de diálogo con el ELN, que se ha mostrado dispuesto a avanzar en conversaciones, dejando clara sus propuestas de paz y dando algunos gestos y señales que no han sido respondidas aún por el gobierno. En tal sentido, la tarea del movimiento popular es impulsar la exigencia del inicio sin dilación de una mesa de diálogo con el ELN.

En este contexto, debemos decir que Latinoamérica debe acompañar con todas sus posibilidades al movimiento popular colombiano que está impulsando la paz con justicia social y el proceso constituyente, entendiendo que la paz de nuestro país es la posibilidad de soñar en realidad con un continente en paz.

Podemos afirmar que si no llegamos a la paz es porque derrotaron las intenciones populares de paz y justicia social.

Los aportes de nuestramerica:

Los pueblos de Cuba y Venezuela han hecho enormes esfuerzos en el apoyo a la paz de Colombia, están comprometidos con el proceso en su calidad de garantes los primeros y facilitadores los segundos, así como el jugado apoyo por la paz de Colombia del presidente Pepe Mujica en diversos escenarios internacionales.

Sin embargo, como está planteado anteriormente, se requiere de un apoyo latinoamericanista más decidido y en profundidad para avanzar en la conquista de la paz con justicia social, sobre todo, porque sentimos una ofensiva muy grande de los Estados Unidos en Latinoamérica, cuyos efectos vienen siendo la dispersión regional y las acciones defensivas de las fuerzas progresistas en todos los rincones del subcontinente, debilitando la acción progresista de la Unasur y de la Celac que no han podido ampliar la integración de los pueblos, que sabemos es una herramienta poderosa para alcanzar la segunda independencia. Entretanto Colombia, Chile, México y Perú se mueven en la ofensiva neoliberal por el libre comercio a través de la Alianza del Pacífico, generando una verdadera lucha por la hegemonía regional.

Para avanzar en los propósitos populares y seguro para alcanzar la paz con justicia social en Colombia, el Mercosur puede jugar un papel fundamental, en cuanto tienen la fuerza para apoyar el movimiento popular por la paz, así como para defender los sectores que luchan por la democratización de las instituciones colombianas.

No es posible que haya paz si siguen asesinando sindicalistas, líderes campesinos, estudiantes. No es posible que haya paz si Colombia emprende su carrera como potencia armamentista apoyada por Israel y Estados Unidos, no es posible que haya paz si desde el poder persiguen y destituyen líderes elegidos popularmente de la izquierda como Piedad Córdoba o Gustavo Petro. La paz es posible si hay una real apertura democrática en el país, en eso la comunidad de estados latinoamericanos y caribeños son fundamentales.

A modo de conclusión:

El movimiento popular es optimista y está dando todo lo que esté a su alcance para conseguir la paz con justicia social, lo cual implicará mayores movilizaciones, paros y huelgas.

Se logrará la paz, si el pueblo colombiano impone su voluntad constituyente que exprese el anhelo general de justicia social, democracia y soberanía.

El pueblo latinoamericano es fundamental para que logremos esos propósitos, por lo cual les convocamos a todos y todas a levantar con mayor fuerza las banderas de solidaridad con la paz de Colombia.

Finalmente, quiero transmitirles la fuerza con la que seguimos en las calles luchando por trabajo, por vida digna, por comida, por salud, por educación. El pueblo colombiano no se rinde y su persistencia nos permitirá lograr la segunda y definitiva independencia.

Salud hermanos uruguayos, la única lucha que se pierde es la que se abandona. Por un 2014 exitoso para las luchas sociales y populares de Nuestra América.

*Comisión de Relaciones Internacionales
Movimiento Político y Social Marcha Patriótica

Por: Javier A. Calderón Castillo

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