Tiempos difíciles para el Paraguay

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Por: Ricardo Canese*

Como cuando se instauró la dictadura de Alfredo Stroessner (1954), en plena guerra fría, la ascensión de Cartes tiene hoy un significado parecido. En aquel momento, la dictadura stronista fue la avanzada del imperialismo yanki para desestabilizar los gobiernos democráticos y provocar una regresión, lo que se logró plenamente en la década de 1970, con el “Plan Cóndor”.

El Paraguay hoy está viviendo un momento crítico aunque, al mismo tiempo, esperanzador. Como pocas veces en su historia, el poder oligárquico instaurado después de la Guerra de la Triple Alianza (1864-1870), fue puesto en duda durante el gobierno de Fernando Lugo (2008 – 2012). Luego de 61 años de ejercicio, el poder oligárquico estaba totalmente desgastado y fue en dicha ocasión  que un amplio sector democrático pudo constituir una alternativa de cambio, la Alianza Patriótica para el Cambio, con la candidatura de Fernando Lugo, que triunfó con el 41% de los votos. La izquierda, la centro izquierda y otros sectores democráticos no liberales obtuvieron un 13% de los votos al senado y el Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA) obtuvo el 28% restante. El Partido Colorado obtuvo un 31%, el oviedismo (Únace) un 20% y Patria Querida (conservador) un 8%.

Aún con un Congreso compuesto por una abrumadora mayoría conservadora (ANR, PLRA, ÚNACE y PQ), el gobierno de Fernando Lugo inquietó a la oligarquía porque dio amplia participación a todo tipo de organización social, incluso las más estigmatizadas por terratenientes y agroexportadores, como es el caso de los “carperos” o campesinos sin tierra. Los muy moderados planes sociales del gobierno de Fernando Lugo atentaron contra la base misma del poder de la oligarquía. Por eso ésta se decidió a actuar y planificó la masacre de Curuguaty, así como el golpe de Estado parlamentario. La oligarquía no quería correr ningún riesgo en las elecciones de abril del 2013, y no tuvo inconvenientes en romper el orden constitucional, como siempre lo hizo en la historia paraguaya.

Las elecciones de abril del 2013 fueron enteramente fraudulentas, comenzando con la misma candidatura de Horacio Cartes. Los sectores progresistas no liberales fueron, a las elecciones de abril pasado, algo más agrupados que en el 2008. Mientras que en el 2008 habían obtenido 13% de los votos para el senado, en el 2013 obtuvieron –los mismos grupos– 28% de los votos (más que duplicación) y 11 senadores (en lugar de 3): 5 del Frente Guasu, 3 del Partido Democrático Popular, 2 de Avanza País y 1 del Encuentro Nacional. Se ha dado, así, una restauración conservadora, con un marcado tinte neoliberal y autoritario, gestado ya en la masacre de Curuguaty y la subsiguiente criminalización de la lucha social, al mismo tiempo que, paradójicamente, ha surgido como actor de mucho más envergadura el progresismo –desde la izquierda hasta el centro– que hoy tiene un peso importante en el Congreso, como nunca antes tuvo en la historia del Paraguay.

El 15 de agosto asumió la Presidencia Cartes. Lo hizo en medio de una gran indiferencia de sus propios correligionarios colorados, que abuchearon a varios ministros por él designados ese día. En cambio, lo hizo con gran júbilo de selectos grupos de la prensa, terratenientes y agro exportadores.

Llamativamente, un día antes, el 14 de agosto, se produjo el asesinato del dirigente campesino y del Frente Guasu, Lorenzo Areco, por sicarios. Dos días después, el 16 de agosto, supuestamente como un atentado del fantasmagórico Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP), fueron ultimados cinco  guardias de seguridad de estancias de la misma zona Norte del Paraguay, donde actúan narcotraficantes y el EPP. Como resultado de estos hechos –en nuestra opinión fríamente calculados– en menos de una semana (el 22 de agosto) fue sancionada e inmediatamente promulgada la Ley de Militarización, por la cual las FFAA pueden actuar represivamente sin necesidad de declarar el Estado de Excepción en cualquier sitio de la República. En nuestra opinión, tal ley de militarización es enteramente inconstitucional.

La rapidez con la cual actúa Cartes en el área militar y en la intimidación al movimiento social, se extiende a otras esferas del poder. Ha impulsado dos proyectos: la ley de la participación pública privada que hipoteca todos los recursos y bienes públicos a favor de grandes empresas privadas de construcción, incluso transnacionales, con media sanción el 24 de setiembre, a 40 días de haber asumido Cartes. Esta ley deja de lado al Congreso para cualquier concesión (privatización), lo mismo que al Poder Judicial. Este jueves 26 de setiembre también se ha aprobado la ley de Responsabilidad Fiscal, que congela todos los salarios públicos y el gasto público corriente (educación, salud y asistencia social).

Todo el poder económico, político y militar se está concentrando en manos de Cartes, quedando –como durante la dictadura de Alfredo Stroessner– los poderes Legislativo y Judicial como meros objetos de decoración. ¿Quiénes están detrás de este plan de Cartes? Indudablemente el Imperio y las oligarquías regionales. Buscan expandir los agro negocios, la maquila y las privatizaciones, convertir al Paraguay en un renovado modelo neoliberal en la región, así como en una traba firme al proceso de integración de los pueblos en el MERCOSUR, UNASUR y CELAC. Se trata de una mala combinación de la  Colombia de Uribe, el México de las maquilas y la Argentina de Menem. Es un proyecto que, como el de los Chicago’s Boys de Pinochet, pretende ser un modelo desde el cual operar en contra del proceso de la integración progresista de América del Sur, ante el agotamiento de los modelos neoliberales en la región, como la Colombia de Santos, ahora en proceso de paz, y el Chile de Piñera, con pronto recambio hacia posturas progresistas que impondría Bachellet.

Creemos que es la hora de la unidad de todo el pueblo, incluso con sectores no progresistas aunque sí democráticos. Debemos acordar acciones que nos permitan enfrentar un proyecto tan peligroso para el Paraguay como para toda la región, como fue la dictadura de Alfredo Stroessner que, en el momento de su implantación, en 1954, pasó poco menos que desapercibida. Ese fue un grave error de todas las fuerzas democráticas de la región, lo que hoy se quiere evitar.
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Notas:
* Parlamentario del Mercosur y Secretario de Relaciones Internacionales del Frente Guasu (Grande). Resumen de la exposición del Frente Guasu ante el Foro de San Pablo, regional Sur, realizado los días 26 a 28 de setiembre de 2013.

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